Portada :: Espaa :: La indignacin toma las plazas
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2014

Tres aos de indignacin: una reflexin

Antonio Antn
Rebelin


En mayo del ao 2011 surgi el movimiento 15-M. En los meses siguientes se consolid un amplio proceso de protesta social cuyo elemento identificador fue la indignacin. Se trata de un movimiento popular masivo, con un carcter social y democratizador. Convergan tres fenmenos: un amplio descontento popular, en muchos aspectos de la mayora de la sociedad, que vena de antes y que ya expresaba su desacuerdo con la involucin socioeconmica y su desconfianza con la clase poltica gobernante; una masiva y contundente participacin de centenares de miles de personas en la movilizacin ciudadana, y numerosos grupos de activistas y organizaciones sociales que sirvieron de cauce para la expresin de esa indignacin. El acierto del movimiento 15-M fue que supo vincular sus objetivos y actividades con las aspiraciones y demandas de esos dos niveles de la sociedad: la gente indignada, que los vea con simpata, y la ciudadana activa, que participaba de alguna manera en las movilizaciones pblicas.

El movimiento de los indignados fue capaz de representar esa gran corriente social indignada y adquiri enseguida una gran legitimidad ciudadana, que super al 60% de la poblacin. Simboliz y expres en la calle el profundo enfado ciudadano por la injusticia de las graves consecuencias de la crisis econmica y la poltica de austeridad (paro masivo, recortes sociales, desahucios, prdida de derechos). Y se enfrent a la gestin antisocial y autoritaria de la lite gobernante (estatal y europea) y frente a su grave incumplimiento de sus compromisos democrticos y la falta de respeto a la opinin y las demandas de la mayora de la sociedad.

Al cabo de tres aos de experiencia podemos hacer una reflexin de sus caractersticas y su impacto sociopoltico y cultural. La actitud ciudadana de indignacin social se conforma en varias etapas, con la combinacin de dos tipos de motivos y demandas populares socioeconmicas y democrticas- y se combina con la expresin de una masiva protesta social progresista con nuevos y renovados sujetos sociopolticos.

La formacin de esa conciencia cvica de indignacin no surge en un momento, es un proceso acumulativo; cobra un fuerte impulso con los dos acontecimientos y etapas de mayor impacto en la gente: primero, con el comienzo de la crisis econmica y sus graves e injustas consecuencias, con un fuerte y masivo descontento popular; segundo, a partir del ao 2010 se produce un paso cualitativo y se aade el desacuerdo popular y la oposicin sociopoltica a las polticas de austeridad y sus gestores gubernamentales y europeos.

Al malestar socioeconmico y la exigencia de responsabilidad hacia los mercados financieros y el poder econmico, se aade la indignacin por la gestin regresiva de las principales instituciones polticas, la clase gobernante y su dficit de democracia. Esa doble indignacin de una amplia corriente social, al juzgarla desde valores democrticos e igualitarios, refuerza una actitud progresista de oposicin ciudadana y exigencia de cambios. Se favorece y legitima la accin colectiva de una ciudadana ms activa. Es un factor de fondo que permanece.

Veamos, brevemente, el proceso. En el ao 2010 ya se haba producido una fuerte contestacin social, incluida la huelga general del 29 de septiembre, frente a la reforma laboral y los recortes del gobierno de Zapatero. Pero es en el ao 2011 cuando emerge el nuevo movimiento de los indignados o 15-M. En el ao 2012, frente a los recortes del gobierno del PP, se impulsa la movilizacin sindical y ciudadana y se constituye una representacin dual: sindicalismo que promueve dos huelgas generales y diversos conflictos y grandes manifestaciones-, y 15-M -que contina con un gran prestigio social y capacidad movilizadora-. Ambos con algunos objetivos comunes y con colaboraciones y frmulas intermedias o mixtas, como las mareas ciudadanas enseanza, sanidad-, pero con relaciones tensas derivadas del conflicto por la hegemona de su influencia y sus respectivas legitimidades. En los ltimos meses han tenido un menor protagonismo las movilizaciones promovidas por cada uno de ellos. En su lugar se han constituido diversas coordinaciones de mltiples asociaciones y grupos sociales, incluido grupos de activistas vinculados al movimiento de los indignados y organizaciones sindicales.

Es decir, permanece un amplio movimiento de protesta social, pero han variado la composicin y la forma de su representacin social u organismos promotores. As, han sido diversas plataformas convocantes, con el apoyo de cientos de grupos sociales, las que han encauzado las ltimas grandes movilizaciones populares: Marea Ciudadana (23-F), Cumbre Social (23-N), Marcha de la Dignidad (22-M) Todo ello junto con una ampliacin de actividades locales y sectoriales, entre las que cabe destacar la Plataforma contra los desahucios.

En su conjunto, persiste el desafo de la configuracin de un liderazgo social, unitario y respetuoso con el pluralismo interno. Capaz, por una parte, de articular grandes movilizaciones populares por objetivos comunes, y por otra parte, coordinar actividades descentralizadas, con reivindicaciones muy concretas y favoreciendo el arraigo de un denso tejido asociativo de base.

Por otro lado, el xito o el fracaso de una dinmica de indignacin y protesta social se deben medir en una doble dimensin: conquista reivindicativa a corto plazo; avances y retrocesos de las fuerzas en presencia, de sus capacidades y legitimidad, manifestados tambin de forma concreta e inmediata, y que favorecen o perjudican las transformaciones a medio plazo.

Es verdad que este proceso de protesta social (incluido las huelgas generales) no ha conseguido avances reivindicativos relevantes, slo algunas victorias parciales que han tenido un gran valor simblico. Es la parte de la realidad que puede generar cierta frustracin y abandono entre los sectores ms cortoplacistas o con menor compromiso pblico. El bloque del poder institucional y financiero es muy fuerte y es difcil su derrota a corto plazo; entre gente indignada, a veces, aparece el cansancio o la impotencia. Pero los poderosos tienen un gran punto dbil: su escasa legitimidad ciudadana. Al contrario, lo fuerte para el movimiento popular es su apoyo social y legitimidad que siguen siendo muy amplios. Por tanto, el desacuerdo ciudadano con la austeridad y frente al incumplimiento de los compromisos sociales y democrticos de las lites dominantes, condiciona sus polticas y su gestin, las erosiona e inicia el camino para su cambio.

Frente a la resignacin y el fatalismo siguen vigentes la indignacin y la apuesta transformadora del s se puede. La cuestin es que otras vas, como el dilogo institucional y la paz social, en el actual y desfavorable equilibrio de fuerzas, no reportan ningn avance progresista frente a la gestin regresiva y autoritaria de la crisis sistmica y, adems, pueden debilitar las opciones sociopolticas para una salida justa y democrtica.

Por tanto, para calibrar los desafos del presente hay que partir de un balance equilibrado y realista de los dos elementos: por un lado, dificultad, a corto plazo, de conseguir mejoras sustanciales, socioeconmicas y de cambios institucionales, en Espaa y en Europa; por otro lado, ampliacin y consolidacin de una oposicin cvica y democrtica a la involucin social y poltica, como posibilidad y garanta para el cambio progresista. Respecto del primero hay que reafirmarse en la deslegitimacin social y la derrota de las derechas y su proyecto conservador. Sin embargo, hay que destacar el segundo aspecto, como resultado concreto y operativo de este movimiento popular para avanzar en la democratizacin y la reorientacin de la poltica socioeconmica.

Sintetizamos su impacto positivo en los mbitos social y cultural. Estamos ante un nuevo ciclo sociopoltico, en una pugna social prolongada derivada, por una parte, de una ofensiva antipopular del poder econmico e institucional y, por otra parte, de una resistencia cvica con una nueva y heterognea dinmica de movilizacin social. Este proceso se ha configurado con la interaccin de tres dinmicas paralelas: una amplia indignacin popular; una nueva dimensin de la protesta colectiva, y la expresin de distintos grupos de activistas o representantes sociales como cauce y orientacin para expresar pblicamente ese descontento.

Se ha conformado una ciudadana activa, un movimiento social diverso pero con unos perfiles comunes. Se confronta con el agravamiento de los problemas socioeconmicos y polticos (consecuencias de la crisis, polticas de recortes y austeridad, clase gobernante con dficit democrtico) y la gestin regresiva de unos adversarios poderosos (lites dominantes). De ah que sus movilizaciones y propuestas tengan un doble objetivo, progresista en lo socioeconmico y democratizador en lo poltico. Todo ello se articula en un proceso pacfico, de participacin democrtica y con gran legitimidad ciudadana. Se configura un nuevo campo social crtico frente a los poderosos y tiene implicaciones positivas en el mbito poltico y electoral. Su impacto y su horizonte apuntan a un cambio social, cultural e institucional ms justo y democrtico y, al mismo tiempo, canaliza acciones reivindicativas ms concretas.

En definitiva, podemos destacar la interrelacin entre diversos procesos: el agravamiento de las condiciones materiales de la mayora de la poblacin; la conciencia social de los agravios e injusticias, enjuiciadas desde unos valores democrticos y de justicia social, opuestos al discurso de la austeridad; el bloqueo institucional y el carcter problemtico de la clase poltica gobernante como representante, regulador o solucionador de los problemas y demandas de la sociedad, y la necesidad de una accin popular que va creando una identidad colectiva diferenciada de las lites dominantes. Y todo ello es un bagaje colectivo que permite, con las adecuaciones necesarias, la continuidad de los tres fenmenos entrelazados que constituyen el reto inmediato, ms all de los procesos electorales y la imprescindible derrota de la derecha: un fuerte movimiento popular, una amplia corriente social indignada y una representacin social que de forma unitaria acierte en la vinculacin con la ciudadana activa y la mayora indignada de la sociedad.

Antonio Antn. Profesor honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter