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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2014

Jos Mart: Mdico de las tribulaciones ajenas y enfermero de las Maluquera de los dolientes

Wilkie Delgado Correa
Rebelin


Cuando Jos Mart desembarca en un bote junto al general Mximo Gmez y otros cuatro compaeros en una noche procelosa por Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 1895, para incorporarse a la guerra necesaria por la independencia de Cuba, estaba haciendo vlida su afirmacin al general Antonio Maceo de que los jefes en el exterior podan venir en una ua.

Mart, el lder poltico y Gmez, el general en jefe de la contienda, entraban por un punto inhspido de la regin oriental en circunstancias adversas, de ah que flotaran ideas diversas y revueltas en el bote, en que en medio de la oscuridad reinante, llova grueso y se pierde el timn, y los tripulantes reman y ayudan en la maniobra por mantener el rumbo al abra. En un instante, como para guiar a los expedicionarios, la luna asoma, roja, bajo una nube. Y al fin se arriba a una playa de piedras. Al pisar tierra, aquellos hombres experimentan dicha grande e inician el largo periplo que los conducir al cabo de varios das a encontrar e incorporarse a las fuerzas revolucionarias de la regin y del pas que les esperaban.

Mart llegaba con la conviccin que un da haba expresado: A servir modestamente a los hombres me preparo; a andar con el libro al hombro, por los caminos de la vida nueva; a auxiliar, como soldado humilde, todo brioso y honrado propsito; a morir de la mano de la libertad, pobre y fieramente. Pero tambin con la determinacin de estar a la altura de los actos heroicos que entraaba la guerra que desataba despus de muchos aos de estrategias polticas unitarias. Y el da 14 de abril seala en su Diario de Campaa: Sigo con mi rifle y mis 100 cpsulas, loma abajo... Y el da 15 se produce un hecho excepcional que reconoce como verdaderas batallas las que haba librado durante aos en la preparacin de la guerra que lidera. Y as lo describe: Gmez, al pi del monte, en la vereda sembrada de pltanos, con la caada abajo, me dice, bello y enternecido, que, aparte de reconocer en mi al Delegado, el Ejrcito Libertador, por l su gefe electo en consejo de gefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos.

Sobre el comportamiento de Mart en estas jornadas, dio testimonio Gmez en su Diario: El 14 apunta: Nos admiramos los viejos guerreros acostumbrados a estas rudezas, de la resistencia de Mart que nos acompaa sin flojeras de ninguna especie. Y ms adelante, el 21 de abril, seala: Mart, al que suponamos dbil por lo poco acostumbrado a las fatigas de estas marchas, sigue fuerte y sin miedo.

El acto heroico supremo se produjo finalmente el 19 de mayo de 1895 cuando cay abatido por las balas espaolas en un instante aciago en que el recin nombrado Mayor General Jos Mart libraba su primer y ltimo combate, para alcanzar la inmortalidad despus de su viaje humano. Ratificaba en ese hecho, la idea que transmiti en carta una semana antes a Antonio Maceo: Vea eso en m, y no ms: un peleador: de m, todo lo que ayudea fortalecer y ganar la pelea.-

En campaa, la sensibilidad de Mart se evidencia en las numerosas referencias a los heridos y a las caractersticas de sus heridas, aunque est preparado para enfrentar cara a cara la muerte y las tragedias de la guerra. El 25 de abril inicia sus apuntes con las palabras: Jornada de guerra. En su Diario apunta:cmo no me inspira horror, la mancha de sangre que vi en el camino?, ni la sangre a medio secar, de una cabeza que ya est enterrada, con la cartera que le puso de descanso un jinete muerto?

Ese mismo da refiere en su Diario: Ahora hurgo el jolongo, y saco de l medicina para los heridos. Luego describe la labor de auxilio o asistencia a los heridos y su participacin directa. Al respecto seala: Y adnde, al acampar, estaban los heridos? Con trabajo los agrupo, al pie del ms grave, que creen pasmado, y viene a andas en una hamaca, colgando de un palo. (). Y el agua, que no viene, el agua de los heridos, que al fin traen en un cubo turbio? (). Y el practicante, dnde est el practicante, que no viene a sus heridos? () Al fin llega, arrebujado en una colcha, alegando calentura. Y entre todos () de tierna ayuda, curamos al herido de la hamaca, una herida narigona, que entr y sali por la espalda () lavamos, iodoformo, algodn fenicado. Al otro, que se vuelve de bruces, no le sali la bala de la espalda: all est al salir, en el manchn rojo e hinchado: de las sfilis tiene el hombre comida la nariz y la boca: el ltimo, boca y orificio, tambin en la espalda  

 

Y siendo consecuente con aquella idea original sobre lo hermoso de la profesin de enfermero, sobre la que expres en carta a Gonzalo de Quesada: La ms noble de las ocupaciones, y quin sabe si la ms grata, es la de enfermero, Mart narra, en forma admirable, cmo interrumpe sus faenas para ir a socorrer a los enfermos del campamento, enfatizando el valor que tiene el trato carioso a estos. Con ello realza el efecto positivo que tiene el componente psicolgico y el trato adecuado como parte del tratamiento mdico.

Y han de saber -escribe a Carmen Mantilla y sus hijos- que me han salido habilidades nuevas, y que a cada momento alzo la pluma, o dejo el taburete, y corte de palma en que escribo, para adivinarle a un doliente la maluquera, porque de piedad y de casualidad se me han juntado en el bagaje ms remedios que ropa, y no para m, que no estuve ms sano que nunca. Y ello es que tengo acierto, y ya me he ganado mi poco de reputacin, sin ms que saber cmo est hecho el cuerpo humano, y haber trado conmigo el milagro del yodo, y el cario, que es otro milagro.

Y es as como Mart desempea o ejerce la prctica mdica en forma real, aunque elemental, en los campos de Cuba, en los das previos a su cada en combate. Era as consecuente, una vez ms, con las ideas que expresara unos aos antes: Es que con vivir yo tan triste, donde no se lo ve, y con trabajar y mis deberes pblicos, an parece que me alcanza espritu para andar de mdico de tribulaciones ajenas.

Su obra portentosa de unir a las viejas y nuevas generaciones de patriotas cubanos en torno a la idea de la guerra por la independencia en una nueva y definitiva etapa histrica, fue posible gracias a ese arte difcil de conjugar voluntades a travs del sentimiento de la amistad que equiparaba a la profesin de la medicina, ya que segn l hay mdicos diversos, -y el mejor, es un buen amigo. Y valoraba mucho lo que representaba el amor apostlico y la rara ciencia que asista a los mdicos, por lo cual consideraba que los mdicos deberan tener siempre llenas de besos las manos. Y eso cosechaba Mart en los campos de la Cuba insurrecta, donde sin ser proclamado oficialmente Presidente de la Repblica de Cuba en Armas, se le nombraba espontnea y naturalmente como tal en determinados momentos y crculos.

Es indudable que Jos Mart tuvo una especial sensibilidad para captar en su tiempo las principales ideas y situaciones sobre la medicina, y se proyect sobre diversos aspectos de la misma, pero adems, tuvo y desarroll una vocacin por el ejercicio de la medicina, que fue coherente con su propia personalidad y los sentimientos de amor y solidaridad hacia las personas, que animaron y sustentaron el quehacer infatigable durante su fecunda vida.

Quiso la historia que Mart siguiera los pasos del primer presidente de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Cspedes, que durante aos socorra y comparta medicinas y tratamientos con las personas enfermas y proyectaba concepciones y soluciones sobre problemas sanitarios diversos en los territorios insurrectos.



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