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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2014

Ensayo crtico sobre el nuevo gobierno Bachelet
Progresismo transformista, neoliberalismo maduro y resistencias sociales emergentes

Franck Gaudichaud
Revista OSAL - CLACSO


Nota: Este texto ha sido escrito entre fines de enero y principios de febrero del 2014, en el momento en que se instalaba en Chile el gobierno de la Nueva Mayora. Se public en el ltimo nmero de la Revista OSAL (Observatorio critico de Amrica Latina) - CLACSO (Buenos Aires) / N* 35 mayo 2014 (en lnea en: www.clacso.org.ar/institucional/1h3_libro_detalle.php?idioma=&id_libro=875&pageNum_rs_libros=)

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Elecciones en tiempos de neoliberalismo maduro y de despertar de la sociedad [2]

El 15 de diciembre 2013 la candidata presidencial Michelle Bachelet festej en el centro de Santiago ante militantes y seguidores su nueva victoria electoral. "Chile, ahora, por fin es el momento de hacer los cambios", declar en el discurso desde la cntrica avenida Alameda, para despus reconocer: "No va a ser fcil, pero cuando fue fcil cambiar el mundo para mejor?". Con el 62,16% de los votos emitidos, la ex mandataria socialista venci frente a su rival de derecha Evelyn Matthei, quin obtuvo el 37,83% de los sufragios, el peor resultado para la derecha desde el fin de la dictadura militar (1989). En noviembre, en primera vuelta, la nueva titular del ejecutivo haba derrotado a su contrincante por el 46,6% (o sea con ms de 3 millones de sufragios) contra un 25% por ciento para Matthei . El presidente saliente Sebastin Piera (derecha) tambin felicit pblicamente a la nueva mandataria, prometindole una actitud "patritica y constructiva" de la futura oposicin: "Ha tenido un gran triunfo, quisiera desearle el mayor de los xitos [3] ...

A cuatro dcadas del derrocamiento del gobierno Allende, Chile sigue siendo un smbolo de la implantacin - a sangre y fuego- del neoliberalismo en Amrica Latina. Con la derrota de la Unidad Popular (1970-1973), la dictadura militar del general Pinochet, al mismo tiempo que someti al pas a una contrarrevolucin capitalista conservadora, implement un nuevo patrn de acumulacin, articulado a un Estado subsidiario. Como lo reconocen hoy en da la mayor parte de los investigadores [4] , Chile se situ como pionero, a nivel mundial, de un ciclo histrico planetario. El pas experiment tanto un nuevo modelo econmico, inspirado de las teoras monetaristas de Friedman, como la refundacin de sus instituciones y relaciones sociales: se conform una sociedad neoliberal triunfante (Gmez, 2010) donde predomina una nueva racionalidad y subjetividad individualista, una visin de mundo y sentidos comunes, propios de lo que Lipovetsky llam era del vaco (Lipovetsky, 1983) . Ese carcter refundacional temprano (comparado con los otros pases de la regin) tambin le dio su impronta a una transicin democrtica tarda, pactada entre una izquierda renovada y la derecha civil como militar, bajo el alero de las clases dominantes y de las fuerzas armadas, edificando un rgimen hibrido estudiado por los trabajos ya clsicos del socilogo Toms Moulian (Moulian, 1998). Asimismo, la coalicin que ha gobernado Chile durante veinte aos (1990-2010), denominada Concertacin de partidos por la democracia [5] -y de la cual Bachelet es una de las mayores figuras-, ha integrado y posteriormente legitimado ese modelo, siguiendo una lgica de adaptacin pragmtica al orden hegemnico imperante (Silva, 1991; Grate, 2012). Con esa in-transicin democrtica, se mantuvieron -con reformas- mltiples enclaves autoritarios [6] , tan importantes como la Constitucin de 1980, parte del rgimen electoral, el cdigo laboral, varias leyes orgnicas que validaron la privatizacin-mercantilizacin de la educacin, de la salud, de las pensiones, la atribucin reservada (hasta el ao 2012) del 10% de las utilidades de la Corporacin del Cobre (CODELCO - empresa pblica) a las Fuerzas Armadas [7] , las leyes antiterroristas que permiten criminalizar la protesta social, la ley de amnista de 1978 que protege a los violadores de los Derechos Humanos, etc

Una contrarrevolucin de larga duracin que se convirti en neoliberalismo maduro (Agacino, 2006). Un modelo de ya casi 40 aos, fuertemente asentado, con un bloque de poder hegemnico solido, una concentracin de la riqueza nunca alcanzado pero tambin inmensas desigualdades sociales, un nivel de mercantilizacin de los bienes comunes generalizado y un modelo atravesado, de manera dialctica, por grandes tensiones. En los ltimos aos, este rgimen poltico y socio-econmico parece parcialmente agotado, dominado por un poder real que opera fuera del Estado subsidiario y sus instituciones para desplazarse esencialmente hacia poderes facticos, practicados por grandes corporaciones, think tanks neoliberales, y un reducido puado de medios de comunicacin: todas las reformas estructurales las pensiones, el trabajo, la salud, la educacin, el sistema de medios, la gestin monetaria, la canasta productiva exportable, etc han dado ya sus frutos y ahora comienzan a desplegarse sus contradicciones. En estas condiciones, la emergencia de la cuestin social cambi el panorama y mostr la incompletidud de la utopa neoliberal del orden del mercado. La institucin mercado se revela insuficiente para procesar todos los conflictos y transformarlos en meras contiendas entre partes privadas (Agacino, 2013a: 40-44).

Sin lugar a dudas, el flamante gobierno empresarial de Sebastin Piera (2010-2014), primer gobierno de derecha democrticamente electo desde 1958, ha significado -en un primer momento- un signo de posible renovacin y una clara inflexin poltica (Gaudichaud, 2012). Pero ms all de los reajustes institucionales, unos de los mayores elementos del Chile actual, por lo menos desde el ao 2006, y ms aun desde el ao 2011, es que afloraron y, en un segundo momento, irrumpieron fuertemente movimientos sociales crticos del orden social [8] , comenzando por el estudiantil. L a reciente experiencia chilena s e ha caracterizado por las masivas movilizaciones y el amplio descontento social por parte de estudiantes y ciudadanos, quienes exigen cambios sustanciales. Es comn ver tanto, las principales avenidas de la capital chilena, Santiago, como las capitales regionales y provinciales, rebosadas de miles y miles de estudiantes secundarios, universitarios, profesores, dueas de casas, activistas ecolgicos, trabajadores del cobre, entre otros, indignados exigiendo soluciones claras y concretas (Mira, 2011). Lo novedoso estriba en que estas acciones colectivas tienden a impactar el campo poltico gubernamental y partidario, como a la opinin pblica. Ese despertar de la sociedad ha acelerado el proceso de desgaste de la democracia neoliberal protegida chilena (Gmez, 2010) y la imagen de las dos coaliciones que dominan la poltica del pas [9] : Crisis de credibilidad puede ser la mejor manera de nombrar la actual coyuntura poltica en relacin al gobierno, pero si se atiende al tiempo largo de los movimientos sociales, y ya no solo a los estudiantes, sino las demandas de los mapuche, los ecologistas, las minoras sexuales, la perspectiva de anlisis varia y se puede sugerir que estamos en medio de un asunto ms complejo y de fondo: el de la legitimidad del sistema poltico (Garcs, 2012: 16).

La hiptesis central desarrollada en este artculo es que este regreso de la conflictividad y de irrupciones masivas desde abajo del descontento social, despus de dcadas de miedo, autorregulacin y control represivo, evidencian, sin por eso zanjar el anlisis, la crisis creciente de legitimidad y la fisura parcial de la hegemona del neoliberalismo maduro chileno [10] . En estas condiciones, valen las preguntas: Cmo evaluar en tal contexto la clara victoria electoral de Michelle Bachelet y de su coalicin? ; En base a qu orientacin programtica, reformulacin poltica y articulacin con la sociedad? Y con qu perspectivas para el bloque en el poder y las clases dominantes, frente a un complejo escenario de grandes expectativas populares y, a la vez, baja participacin electoral? Intentaremos, en un primer momento hacer un balance general de las ltimas elecciones, y volveremos rpidamente hacia la figura de las dos principales candidatas. Analizaremos de manera crtica el programa y gabinete de la nueva presidenta, as como los elementos de cambio-continuidad que pretende encarnar. Esbozaremos, en un segundo tiempo, un balance de la parcial recomposicin poltica en curso, para enseguida estudiar la enorme tasa de abstencin que marc el periodo electoral, pensando la politizacin de los subalternos, bajo el manto de la sociedad neoliberal triunfante. Nuestra conclusin ser la oportunidad de retomar algunos elementos de un escenario poltico convulsionado y su relacin con la dinmica del flujo conflictual y protestatario actual [11] .

Las hijas de los generales, la figura de Bachelet y el programa presidencial

Si bien, siguiendo a Pierre Bourdieu, un anlisis de sociologa poltica no puede caer en la ilusin biogrfica [12] centrndose nicamente en la trayectoria de algunos dirigentes, vale la pena dar aqu algunos elementos recordatorios de la biografa de las dos principales candidatas de esa secuencia electoral. Es menester recalcar que a 40 aos del golpe de Estado, y cuando la impunidad es todava inmensa, el escrutinio fue dominado por dos figuras sobre las cuales sobrevuela la sombra de la dictadura. En ese duelo de damas (dejando atrs a otros siete candidatos), combati Evelyn Matthei, proclamada en noviembre 2013 por la ultraderechista Unin Democrtica Independiente (UDI), despus de la sorpresiva renuncia oficialmente por depresin- del vencedor de las primarias, el diputado Pablo Longueira. Poco tiempo despus, Matthei obtuvo el apoyo de Renovacin Nacional (RN - partido de orientacin ms liberal), confirmando as la oficialista Alianza por Chile. Frente a la insumergible Bachelet, Matthei (59 aos) intent vanagloriarse de su larga trayectoria: diputada, luego senadora y ministra del trabajo en el gobierno de Piera. Es hija de un general de la Fuerza area, que form parte de la junta militar y conoca de larga data al padre de Bachelet y eso hasta su muerte: el general Matthei diriga el centro militar en el cual el General Bachelet fue encarcelado y torturado por ser un militar legalista opositor al golpe. Evelyn, que en su juventud jugaba con Michelle, era -hasta el momento- conocida como parlamentaria por tener algunas posiciones ms abiertas que su partido (por ejemplo, sobre unin entre homosexuales), pero se aline rpidamente y emprendi una campaa claramente reaccionaria, a la par de un discurso que vanagloria el xito del neoliberalismo chileno, la gestin del gobierno Piera y que busca representar a las llamadas clases medias aspiracionales [13] . La nueva mandataria, al contrario, supo cultivar su figura carismtica y una gran popularidad nunca cuestionada desde 2009 [14] . Medica pediatra de profesin y diplomada de la academia de guerra, divorciada y madre de tres hijos, la dirigente socialista es profundamente marcada por la dictadura: no slo su padre, pero tambin ella y su madre han sufrido encarcelamiento y tortura. Ministra de la salud (2000) y ministra de la defensa (2002), ser la primera mujer electa presidenta del pas en 2006. Bachelet, por su trayectoria, es un producto de los gobiernos de la Concertacin y ha tenido la capacidad de mantenerse inmune frente al desgaste de los partidos tradicionales. Sin duda, su estancia en Nueva York, a la cabeza del programa ONU Mujeres (2010-2013) fue un divino regalo, que le ha permitido permanecer al margen de la poltica cotidiana y cultivar una imagen mtica de gran estadista. Cuando al calor de recientes experiencias como el proceso bolivariano, se ha retomado el estudio de los leadership carismticos en Amrica latina (Raby, 2006; Stefanoni, 2011), valdra la pena integrar el bacheletismo en alguna categora de dirigencia carismtica-emocional femenina (incluso si es claramente diferente del chavismo y no busca la movilizacin controlada de la sociedad civil en torno a sus proyectos). El socilogo Alberto Mayol recuerda que este fenmeno ha intrigado a varios medios de comunicacin en el mundo. As, en junio de 2012, el peridico britnico Financial Times afirm que Bachelet podra traficar osos panda sin daar su imagen, cuando en Chile, el diario La Tercera preguntaba: por qu Bachelet sigue siendo incombustible? (5 de enero de 2013): Las respuestas eran las de siempre: liderazgo emocional, el factor de comparacin con Piera, su distancia con la crisis poltica, el silencio, su fuerte llegada a mujeres y sectores pobres. Haba buenas descripciones, pero ninguna contena el poder explicativo capaz de dar cuenta del rasgo descrito con tanta asertividad por Financial Times. Mayol sugiere, en base a varios estudios, y en particular una investigacin sobre la economa de valores (Mayol, 2007), que habra que entender tambin el bacheletismo como fenmeno cristolgico: Los estudios cualitativos revelan a Bachelet como el smbolo del dolor, del padecimiento, del sufrimiento. Vimos cmo su ecuacin era simple y clara: ella es doctora (sabe del dolor), ella fue detenida y torturada (ha vivido el dolor), su padre muri torturado (su vida est rodeada de dolor). En medio de esta ecuacin, interviene un elemento central de nuestra cultura: ser del pueblo implica ser el dolor. Desde esta ptica, Bachelet se inscribe en la dimensin poltica del sufrimiento, estudiado por Marie-Christine Doran (2009).

No obstante, primero cabe interrogar si la figura de Bachelet no sera ms bien claramente mariana, presentndose -en el plano simblico- como la madre de la nacin, sonriente, protectora y comprensiva, tal como supo forjar su personaje a travs de las ltimas campaas. Y, ante todo, habr que descifrar esa conduccin poltica, desde la solidaridad de gnero: un tema crucial para las elecciones 2013 como de 2005 (Doran, 2010). Investigaciones universitarias han demostrado que el apoyo de las mujeres fue determinante para el primer triunfo de Bachelet, y en particular con una alta votacin en familias pobres encabezadas por una mujer (Quiroga, 2008). Por ltimo, recordemos q ue esta imagen es construccin y comunicacin desde los aparatos polticos, desde la poltica del espectculo, apoyado en el uso intensivo de la Televisin, sitios Web y redes sociales. Dotada de un comando presidencial desmedido (conformado por cerca de 500 personas) y de un presupuesto considerable, la candidata edific un marketing poltico milimetrado, digno de futuros estudios. De hecho, tanto los partidarios de la derecha como algunas revistas crticas de izquierda (Punto Final) han subrayado que su campaa habra recibido tres veces ms de financiacin provenientes de grandes empresas que la candidata oficialista. El diario conservador El Mercurio del 24 de noviembre de 2013 lleg incluso a denunciar la disparidad en el aporte del mundo empresarial entre Bachelet y Matthei [15] . Ms all de las cifras, un elemento fundamental del xito del Bacheletismo es que ofrece a la Concertacin la posibilidad de superar su falta de credibilidad (despus de 20 aos de gobierno) y, al mismo tiempo, presentar un programa de recambio validado por las principales fracciones de las clases dominantes. Antes de la primera vuelta, algunos miembros eminentes del sindicalismo patronal no dudaron en apoyar a la expresidenta. Empezando por Jorge Awad, demcrata-cristiano, presidente de la asociacin de los bancos chilenos y gran adepto del capitalismo inclusivo [16] . Existe un amplio acuerdo tcito dentro del empresariado y de las instituciones financieras internacionales, para reconocer en Bachelet un factor de estabilidad y garanta para las inversiones, sobre todo cuando Piera se va dejando una imagen negativa y grandes conflictos sociales. El programa de Bachelet sobre temas sensibles como derechos del agua, inversiones mineras, apertura al mercado mundial, da solidas garantas al capital nacional y transnacional [17] . Es tambin el caso para cuestiones aun ms centrales, como los Tratado de Libre Comercio (Chile es el pas del mundo que ha firmado ms TLC) y la necesidad de seguir con la Alianza del Pacifico (aunque en una perspectiva no excluyente con otros proyectos de integracin), dejando el camino despejado hacia al Acuerdo de Asociacin Transpacfico (TPP), uno de los mayores proyectos geopolticos de Estados-Unidos en la regin latino-americana para las futuras dcadas [18] .

Sin embargo, explicar la victoria electoral de la Nueva Mayora desde la mera continuidad de los gobiernos neoliberales de la Concertacin, despus de un breve intermedio de derecha, sera un error de perspectiva. Creemos que se puede comprender el nuevo gobierno como un proyecto de reformas en la continuidad en un contexto de cambio de poca.

La Nueva Mayora, las reformas y el transformismo poltico

Si la coalicin que defendi los colores de Bachelet se llama Nueva Mayora -y ya no Concertacin-, es reflejo de un intento (logrado?) de renovar una coalicin exhausta, pero tambin de los cambios que atraviesan la sociedad chilena. Dentro de esta renovacin-reconfiguracin, la capacidad que tuvo Bachelet -a pesar de los ruidosos resquemores provenientes de la Democracia Cristiana (DC) - de integrar, por primera vez, al Partido Comunista (PC) no es un hecho menor [19] . El PC, principal fuerza de la izquierda -hasta ahora no digerida por la Concertacin-, dio un paso ms hacia la institucionalizacin, despus de varios intentos de acercamientos electorales, cuando decidi defender a la candidata en primera vuelta. La organizacin, presidida por Guillermo Teillier, tras haber ganado tres diputados en elecciones anteriores, gracias a acuerdos por omisin con la Concertacin, persegua el objetivo de aumentar su representacin parlamentaria: un espacio considerado clave para pesar sobre el futuro cuadro poltico-nacional. El histrico partido de Luis Emilio Recabarren -otrora pilar del gobierno Allende- defiende la idea de que la Nueva Mayora representa un avance democrtico frente a la derecha, y una va posible hacia futuros gobiernos de nuevo tipo. En el estricto plano de la cifras, la tctica fue exitosa: el PC duplica su nmero de diputados (pasando de 3 a 6) y cinco de sus cartas son electas con primera mayora en sus respectivos distritos. Un resultado extraordinario segn Teillier. Logran adems hacer entrar al parlamento, a representantes de las luchas estudiantiles, comenzando por Camila Vallejo, expresidenta de la Confederacin de estudiantes de Chile (CONFECH), electa con un arrasador 40% en la comuna de La Florida (Santiago) y Karol Cariola, secretaria general de las juventudes comunistas . Asimismo, los comunistas regresan al gobierno despus de 40 aos de exclusin, con el nombramiento de Claudia Pascual como Ministra Directora del Servicio Nacional de la Mujer. Pero, cmo explicar tal reconversin pragmtica cuando, durante aos, la Concertacin fue presentada por la direccin comunista como herramienta del neoliberalismo? Frente a las crticas que florecen desde la base del partido, e l timonel del PC reconoce: Esa desconfianza existe, est latente, sin embargo en los ltimos 20 aos nunca hubo un programa como ste. Los anteriores no se cumplieron porque haba otras condiciones, con boinazos y ejercicios de enlace que generaron temor. Despus vino la crisis de la Concertacin que termin con un gobierno de derecha, y se dieron cuenta de que no podan seguir igual, ni con las mismas ofertas. La novedad fue la Nueva Mayora y un programa que interpreta al movimiento social [20] .

La situacin puede entonces considerarse como confusa: Cmo algunos sectores movilizados o analistas pueden leer el programa de Bachelet como continuismo neoliberal, cuando otros desde la izquierda lo asumen como progresista? Lidiando con precarios equilibrios internos (CIPER, 2013 ), l a flexibilidad discursiva de Bachelet y la inteligencia de los equipos programticos, coordinados por el socialista Alberto Arenas, permitieron integrar, por primera vez desde 1990, reformas sustanciales a la agenda de las polticas pblicas, escuchar lo que suena desde las calles y, a la vez, dar garantas de gobernabilidad al capital. Una de las fuerzas de la campaa ha sido centrarse en algunas grandes reformas progresistas. Esta orientacin fue validada en las elecciones primarias abiertas de la ex Concertacin (en la cuales participaron ms de 2 millones de votantes), los cuales fueron muy desfavorables para el candidato ms conservador, Claudio Orrego (DC), marcando as un acierto para el polo progresista.

Las promesas de cambio tuvieron tres ejes principales. En primer lugar, una reforma constitucional participativa, democrtica e institucional, que requerir un acuerdo en el Congreso con la derecha (para obtener los qurums requeridos). La discusin podra ir precedida de una consulta a la sociedad civil y ser validada por referndum. La candidata, reina de la ambigedad, se ha negado a pronunciarse a favor de una verdadera Asamblea constituyente y popular (AC), para gran desilusin de los colectivos que animaron la campaa Marca tu voto AC [21] . El segundo eje se centr en una reforma fiscal, equivalente al 3% del producto interior bruto (PIB), destinado a tasar moderadamente (segn reconoci uno de los nuevos ministros) los enormes beneficios de las principales empresas, en un pas con un nivel tributario extremadamente bajo. Y, por ltimo, una reforma gradual de la educacin que busca responder, en parte, a las grandes movilizaciones de los jvenes que repletaron las calles, reclamando el fin de la Educacin-Mercado que reina en Chile y la creacin de una educacin gratuita, publica y de calidad (Mayol, 2012). La Nueva Mayora supo as tomar en cuenta el pulso de la sociedad, con la promesa de terminar con el lucro con fondos pblicos en educacin y financiar una educacin gratuita en todos los niveles, en particular en el acceso a las universidades acreditadas (pblicas pero sobre todo privadas, las ms numerosas), un objetivo a alcanzar dentro de 6 aos [22] . Tambin cabe mencionar los anuncios de algunas evoluciones progresivas del cdigo laboral (que data de la dictadura) o el proyecto de creacin de una administradora estatal de fondos de pensiones. Estos anuncios tuvieron un rendimiento electoral muy elevado y la Presidenta electa tiene hoy un muy amplio respaldo para llevar a cabo su plan de reformas [23] .

Pero no es por eso que el prontuario y las dos dcadas de poltica econmica neoliberal de la ex Concertacin hayan desaparecidos. La solidez del edificio hegemnico y la redes de poder construidas durante los ltimos 35 aos son extremadamente resistentes, ancladas y resilientes. L a profunda incidencia de los TLC en la economa nacional, la participacin de personeros claves de la Concertacin en el negocio de las universidades, en los consejos de administracin de grandes empresas o la colusin con los fondos de pensiones [24] , etc. significan que con este gobierno Chile seguir siendo, de manera indirecta, un pas gobernado por sus dueos (Fazio, 2011; Fazio y Parada, 2010). Pero ahora con reformas modernizadoras. La Nueva Mayora sabe que la democracia de los acuerdos con la derecha que domin el Chile de la postdictadura no da para una segunda versin y que el andamiaje institucional que contribuyeron a remozar se est resquebrajando. Si hasta el anterior gobierno de Bachelet, las organizaciones sociales quedaban mordindose los dientes sin que a la elite concertacionista les importara, ahora el equilibrio apuesta a desarrollar polticas que dejen a todos contentos ( Becerra, 2014). Hasta el Fondo monetario internacional (FMI) defiende esta opcin reformadora: en una entrevista al Diario Financiero de Santiago a principios de enero 2014, Alejandro Werner, actual Director para el hemisferio occidental del FMI, destacaba la necesidad de reformas estructurales y alababa las propuestas de la Nueva Mayora, como una importante oportunidad para construir un sistema educativo y un mayor capital humano que de productividad a la fuerza laboral del pas [25] .Una simple mirada al nuevo gabinete deja entrever lo que viene. Si de los 23 ministros se puede valorar la presencia de nueve mujeres (un record histrico) o de 5 ministros que se pronunciaron a favor de una Asamblea Constituyente, los puestos claves estn en manos de connotados agentes de la hegemona neoliberal. As Javiera Blanco, la ministra del Trabajo, es antigua subsecretaria de Carabineros y exdirectora ejecutiva de la Fundacin Paz Ciudadana (1998-2006), importante think tank financiado por grandes multinacionales y destinado a instalar el tema de la delincuencia como prioridad pblica, bajo el alero de la seguridad ciudadana: un concepto que se desarroll a la par de mecanismos de control social y criminalizacin de la protesta social (Stevenson, 2013). No es menor recordar que Paz Ciudadana est presidida por el exgolpista Agustn Edwards, dueo de gran parte del duopolio que domina el campo meditico chileno (El Mercurio y La Segunda entre otros).

As se da al mundo sindical una seal negativa para las futuras discusiones sobre salario mnimo y flexibilidad laboral. En energa, sector estratgico, fue nombrado el demcrata-cristiano Mximo Pacheco Matte, exponente del mundo empresarial, ex colaborador del presidente Piera y que lleg a ser vicepresidente de la multinacional papelera estadounidense International Paper. Pacheco es adems miembro de una de la familia ms pudiente del pas, los Matte, dueos de Colbn e involucrados en el mega-proyecto energtico Hydroaysen, rechazado por las organizaciones ecologistas y ciudadanas [26] . Otra cartera estratgica, cuando las expectativas en este plano son inmensas: el ministerio de educacin, atribuido a Nicols Eyzaguirre, ex alto funcionario del FMI y ministro de Hacienda del gobierno Lagos. Eyzaguirre ha sido denunciado por organizaciones estudiantiles por su gestin favorable a los bancos (en particular con la creacin del Crdito con Aval del Estado para los alumnos de la educacin superior) [27] . En el interior, economa o exterior aparecen sobre todo hombres de confianza de Bachelet, bajo la conduccin de Alberto Arenas, ex jefe programtico de campaa, ahora catapultado ministro de Hacienda en su calidad de economista, hacindose notar el estilo personalista-carismtico de la presidenta, por encima de una conduccin desde los aparatos partidarios. A penas conocido el nuevo gabinete, Andrs Santa Cruz, presidente de la Confederacin de la Produccin y el Comercio (CPC), el gremio de la burguesa residente en Chile, no pareci impresionado por la presencia de una ministra comunista feminista o de un ministro de medioambiente con cierta cercana en las ONG: Es un buen gabinete, un buen equipo, que tiene las capacidades tcnicas y profesionales para enfrentar los desafos que tiene Chile. A algunos los conocemos y estamos confiados [28] .

Desde una ptica gramsciana, Moulian ha insistido en el transformismo sociopoltico de la postdictadura, sostenido en un modelo gestionado y, en no pocos aspectos, profundizado por ex izquierdistas y revolucionarios renovados en el seno de la Concertacin: Llamo "transformismo" a las operaciones que en el Chile Actual se realizan para asegurar la reproduccin de la "infraestructura" creada durante la dictadura, despojada de las molestas formas, de las brutales y de las desnudas "superestructuras" de entonces. El "transformismo" consiste en una alucinante operacin de perpetuacin que se realiz a travs del cambio de Estado. Este se modific en varios sentidos muy importantes, pero manteniendo un pacto sustancial. Cambi el rgimen de poder, se pasa de una dictadura a una cierta forma de democracia, y cambi el personal poltico en los puestos de mando del Estado. Pero no hay un cambio del bloque dominante, pese a que s se modifica el modelo de dominacin (Moulian, 1997: 140-141). La poca poltico-social que se abre ahora, tomando en cuenta las modificaciones de las relaciones entre clases populares y el bloque en el poder, podra definirse como una etapa ltima del transformismo chileno: ms que un supuesto neoliberalismo corregido por un progresismo limitado, que se podra ir democratizando paulinamente como lo ha sugerido Manuel Antonio Garretn (Garretn, 2012), el gobierno de Bachelet 2.0 abre una fase que proponemos denominar como poca de progresismo neoliberal o social-liberalismo maduro, en un contexto de crisis de legitimidad del sistema de dominacin forjado en dictadura.

Leve reconfiguracin parlamentaria, abstencin masiva y malestar neoliberal

Al mismo tiempo que las presidenciales, Chile enfrent una secuencia electoral indita con otras tres votaciones simultneas: para senador, diputado y -por primera vez- elecciones directas para consejeros regionales. Si bien no es nuestra intencin en estas lneas, analizar en detalle los resultados por circunscripcin, vale la pena adentrarse en algunas tendencias notorias que podran nutrir nuestra problemtica. Tenan derecho de votar 13.573.143, sin contar los centenares de miles de chilenos en el exterior, desposedos de su derecho a voto por la constitucin de 1980. Signo de una lenta pero sostenida fragmentacin de los dos pactos que han capturado el parlamento desde los aos 90, nueve candidatos se disputaban el silln presidencial (cifra indita) [29] ... Y tanto desde la centro-derecha (candidatura de Antonio Parisi) como desde el centro-izquierda (candidatura de Marco Enrquez-Ominami) se comenz a cuestionar, desde el propio sistema, la dominacin del duopolio poltico: disputndose la posicin de tercera fuerza (cada uno con algo ms del 10%), Parisi y Enrquez-Ominami se negaron explcitamente a apoyar a una de las dos candidatas en el balotaje.

Los resultados legislativos evidencian tambin los reacomodos en curso en las alturas del sistema partidario, tanto por la disminucin de los parlamentarios de la extrema-derecha (RN aumenta de 18 a 19, la UDI disminuye de 37 a 29), como por el aumento de diputados socialistas (de 11 a 16) y comunistas (de 3 a 6). Desde la Nueva Mayora, es notable la prdida de figuras histricas como Soledad Alvear o Camilo Escalona, y los resultados de su ala ms conservadora: la DC gana diputados pero con un importante retroceso en el Senado [30] . Una vez ms el sistema electoral binominal [31] , enclave autoritario y legado del intelectual orgnico de la dictadura Jaime Guzmn, funcion como sistema proporcional (o mayoritario corregido) excluyente, reforzando artificialmente la representacin de los dos principales pactos y dando estabilidad a las instituciones de la democracia protegida neoliberal (Couffignal, 2011). Mediante el juego de los doblajes en varias circunscripciones, se confirmo -una vez ms- una situacin de copamiento coalicional consensual  del campo poltico parlamentario por las dos pactos dominantes (Moulian, 2010), impidiendo un cambio real en el sistema de partido y la expresin diferida del creciente descontento social. De hecho, como ya haba sido el caso en el pasado reciente, la ex Concertacin se ve favorecida por los enclaves autoritarios, pues controla 56% de la cmara baja, con un 47% de los votos [32] . Adems, a diferencia del periodo abierto en 2010, Bachelet puede ahora contar con una confortable mayora y su coalicin mantiene el control del Senado. Ese escenario le da los votos necesarios para aprobar varias reformas como la tributaria e, incluso, si buscase el apoyo de dos de los cuatro diputados independientes y de Carlos Bianchi (nico senador independiente), alcanzar el qurum de los cuatro sptimos, posibilitando cambio de leyes orgnicas y dando cancha a reformas importantes, por ejemplo en la educacin. No obstante, en lo que concierne cambios constitucionales, la Nueva Mayora podr invocar -una vez ms- necesarios consensos con la derecha para obtener los qurums indispensables, en el momento de explicar a la ciudadana su falta de osada, as como lo hizo durante veinte aos de democracia tutelada [33] .  

Pero, a pesar del blindaje del rgimen poltico, algunos signos evidentes dan muestra de lo que pasa en la sociedad, de manera todava diferida. Ya mencionamos la eleccin de dos jvenes mujeres comunistas y ex lderes estudiantiles. Tambin se podra hacer mencin en la eleccin de Ivn Fuentes, lder de grandes luchas en el sur del pas y diputado cooptado por la DC o, en Santiago centro, en la llegada a la diputacin de Giorgio Jackson, exdirigente estudiantil y electo bajo los colores de la recin creada Revolucin Democrtica, esto gracias a la omisin de la Concertacin en esta circunscripcin. El nico diputado que logr romper el binominal fue Gabriel Boric (tambin exlder estudiantil y miembro del colectivo Izquierda Autnoma), diputado independiente por la Regin de Magallanes y de la Antrtica. Sin dudas, son caras nuevas, que podran aportar un aire fresco a un envejecido Congreso. Marcan la nueva geografa poltica del pas, pero esencialmente desde la integracin-cooptacin y dentro de los espacios dejados por los enclaves autoritarios.

Otro aspecto notable de un panorama fluctuante: la profunda crisis de las derechas. La candidatura de Matthei no convenci incluso dentro de las propias filas de su partido y varios empresarios sienten que Piera no los represent como lo haba anunciado. La UDI, bajo la batuta de Pinochetistas nunca arrepentidos, sigue siendo la principal colectividad parlamentaria del pas, gracias a su red de alcaldes y de su insercin clientelar en muchos barrios populares. Sin embargo, vivi un significativo desbande, quedndose incluso sin senadores en la regin metropolitana de Santiago (zona que haba controlado durante 16 aos). La otra fuerza de la Alianza, RN, est hecho trizas y la relacin con la UDI va de mal en peor, fruto de la derrota y, fundamentalmente debido a orientaciones divergentes dentro de las clases dominantes entre capitalistas modernizadores y nostlgicos de los tiempos autoritarios. Varios sectores apuestan a la creacin de una nueva derecha, ms liberal y centrista, abierta a las reformas, objetivo inicialmente seguido por Piera y su brazo derecho Rodrigo Hinzpeter (Gaudichaud, 2012). Las luchas fratricidas por el control de RN toman dimensiones insospechadas y dirigentes como el ex alcalde Manuel J. Ossandn y el actual senador Andrs Allamand hacen pblico su descontento. Paralelamente, otros cuadros renunciaron al partido con el fin de crear su propia colectividad, como el movimiento Evolucin Poltica (Evpoli), conformado por ex ministros del Gobierno Piera o el grupo Amplitud que estara preparando la plataforma electoral para Piera, en 2017 [34] . Frente a tal descalabro, las operaciones transformistas de la exConcertacin, su comprensin ms fina del periodo son evaluadas con envidia por los sectores ms pragmticos de la derecha. Como lo recalca Sebastin Farfn, dirigente de la Unin Nacional Estudiantil y joven candidato a diputado en Valparaso: La Alianza fue incapaz de leer adecuadamente el escenario, con lo que qued con un relato inconexo, o sea, una lectura y propuestas que aparecan como anacrnicas en relacin a los nuevos elementos que el sentido comn haca suyo [35] .

Miremos ahora el proceso electoral desde otro ngulo: la participacin. Excluyendo las municipales, stas elecciones presidenciales y parlamentarias fueron las primeras elecciones organizadas con voto voluntario (con inscripcin automtica), despus de dcadas de voto obligatorio (con inscripcin voluntaria) [36] . Numerosas son las publicaciones que se enfocaron a discutir los efectos particulares del rgimen de inscripcin electoral y los (des)incentivos que este tipo de procedimiento llega a generar en la participacin ciudadana (Navia, 2004). Tambin desde hace aos se discute para saber si la adopcin del voto voluntario iba a reforzar la fuerte abstencin que se instal (a pocos aos de terminar el rgimen militar) (Valenzuela, 2004). Es un hecho que despus de la importante participacin en el plebiscito de 1988, y de la victoria del No a Pinochet [37] , comenz a cundir la desilusin y la desafeccin poltica, especialmente en la generacin post-plebiscito. Chile se encuentra en el ltimo lugar de las Amricas en trminos de participacin electoral de los adultos de menos de 37 aos, superando incluso a aquellos pases que tienen un sistema de voto voluntario, como Venezuela o Colombia ( Sergio Y. Toro , 2008). Queda por estudiar detalladamente los efectos de la adopcin del voto voluntario en estas ltimas elecciones, en particular en los barrios pobres donde los niveles de abstencin fueron elevadsimos [38] . Pero, esta eleccin confirma una tendencia profunda del rgimen poltico: la abstencin electoral y la desafeccin juvenil y popular hacia la poltica formal representativa. L a mayora electoral real del pas es abstencionista: casi un 60% en las municipales de 2012, alrededor de 51% en las presidenciales y parlamentarias del 17 de noviembre 2013 y 58% en la segunda vuelta realizada en el mes siguiente. Slo cuatro de diez chilenos opt por votar en segunda vuelta, la cifra menor desde 1990. En rigor, se podra afirmar que la presidenta Bachelet fue elegida con un reducido 25% de los electores y no slo no obtuvo la vaticinada mayora absoluta en primera vuelta [39] , sino que incluso perdi 120.000 votos en comparacin con 2005. En las parlamentarias, el fenmeno es aun ms marcado: los representantes de la Nueva Mayora representan slo 21% del electorado, y los de la Alianza un escaso 16% [40] .

Ms all de la discusin sobre regmenes electorales, la masividad de esta dinmica confirma la existencia de una politicidad y ciudadana neoliberal, analizada por varios estudios anteriores. Emerge una profunda crisis de la poltica -entendida en su sentido liberal-representativo- y s e solidifica la figura del "ciudadano-Credit Card" abstencionista, reacio a la accin colectiva como al voto, correlato obligado de la sociedad neoliberal triunfante. L a privatizacin del ciudadano", replegado en sus espacios comunitarios y familiares, en el rea del hiperconsumismo y del mercantilismo individualizado, alejado de la polis y de sus debates, es un dato estructural de la realidad chilena. No obstante, la actual coyuntura de fuertes movilizaciones y en particular en los estratos jvenes, tradicionalmente abstencionistas, permite anticipar que dentro de los cambios actuales se va ampliando lo que Juan Carlos Gmez denomina el partido de los no electores: Este grupo de ciudadanos son activos polticamente, pero no participan en los actos electorales por distintas y variadas razones, desde el rechazo a los polticos, a los partidos polticos, a la democracia representativa, etc. Su participacin en las elecciones se manifiesta en la abstencin, en el voto nulo o en blanco. Su decisin electoral es no elegir (Gmez, 2010: 183).

Si bien todava son minoritarias esas fuerzas polticas disruptivas, incluso dentro de los actores de los movimientos sociales, han logrado que se multipliquen los llamados a la "huelga electoral constituyente", a la "abstencin activa" o " bulliciosa", a "anular el voto", para priorizar la organizacin desde abajo, horizontal, asamblearia y autnoma. En este campo heterogneo de la izquierda desconfiada (Agacino, 2006), se codean intelectuales crticos, colectivos libertarios, trotskistas o marxistas con organizaciones vecinales, ecologistas o sindicales, tales como la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES). Algunas declaraciones de Elosa Gonzlez, ex vocera de la ACES, grafican bien este sentir: la abstencin es un fenmeno que refleja la situacin en la que estamos actualmente. No va a generar cambios, pero como acto poltico o como fenmeno que expresa este malestar y esta realidad, tambin expresa desafos que tenemos que tomar en cuenta. El conjunto de la poblacin no siente que sus demandas y problemas vayan a ser resueltos por la va institucional [41] .  Este cuestionamiento gana terreno en varios estratos sociales, como lo pudimos constatar a travs de conversaciones directas con la gente de a pie y de entrevistas cualitativas, realizando un reportaje para Le Monde Diplomatique, el da de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales (Gaudichaud, 2013a).

La reconstitucin de nuevas subjetividades antagnicas y algunos escenarios posibles

El malestar neoliberal est en va de politizacin, gracias a la irrupcin de nuevas subjetividades subalternas que comienzan a rebasar la democracia tutelada y su baja conflictividad de clase. La latencia del malestar tuvo su final, o al menos una suspensin significativa, durante 2011, a partir de un proceso de movilizacin social de gran envergadura que ancl la energa del malestar en los problemas de la educacin chilena. La ilegitimidad anterior de la protesta pblica invirti su signo y el acto de protesta pas a ser parte fundamental del modo en que las demandas ciudadanas lograron, legtimamente, escalar hacia las autoridades, mientras stas reducan su ya menguada aprobacin (Azcar y Mayol, 2011).

Si en la primera parte de este articulo, mencionamos la crisis de legitimad del sistema institucional imperante, podemos constatar que esta crisis tiende a orientarse hacia un cuestionamiento -desde abajo- del neoliberalismo maduro, ahora reconfigurado bajo un reacomodo transformista progresista. La sola existencia de ese progresismo y las promesas de la candidata Bachelet demuestran, al mismo tiempo, las fisuras del bloque en el poder y de qu manera el despertar de la sociedad instal en la polis temticas impensables hace algunos aos atrs, como por ejemplo el no al lucro o la necesaria renacionalizacin del cobre. En el flujo de conflictos que se inicia en 2011-12, fue el movimiento estudiantil que se hizo vocero de las mltiples demandas acumuladas: desde las entraas del mismo sistema educacional, no slo alz la voz con respecto a un problema que le afectaba como grupo particular de la sociedad, sino que logr hacer de esa demanda un sentir universal de toda una poblacin que vea resquebrajadas aquellas promesas de una alegra venidera (Azcar, 2013: 115). Por otra parte, n o slo estas demandas de los jvenes -apoyadas masivamente por la opinin pblica- trizaron el sentido comn neoliberal, sino tambin reinventaron formas de organizacin y repertorios de accin ms horizontales, autogestionarios y democrticos. Tomas de liceos, colegios y universidades, actos culturales alternativos, flash-mob y besatones, voceras controladas en asambleas, cacerolazos y marchas multitudinarias festivas, etc. provocaron un desplazamiento de la poltica desde los espacios institucionales clsicos a la sociedad misma. Aunque de manera muy rudimentaria an, entre los sectores ms activos e independientes, comienzan a circular ideas cmo el control comunitario, una suerte de poder popular resignificado, como contrafuerte del estatalismo y/o del predominio de los mercados, y otra como la recuperacin de la soberana popular sobre las necesidades, hilo orientador de las demandas con horizonte emancipador (Agacino, 2013b). A pesar de su gran creatividad, y en ausencia de alternativas polticas globales y de aliados estables dentro del espacio de los movimientos sociales [42] , esas movilizaciones explosivas tendieron a decrecer a medida que se acercaban las elecciones, pero sin haber sido derrotadas. La enorme bisagra existente entre esa creciente politizacin desde lo social y la ausencia de herramientas polticas genuinas para acumular fuerzas, hace parte de las debilidades intrnsecas de la naciente reconstitucin de la conflictividad antagnica en Chile.

Para numerosos colectivos y jvenes que se movilizan desde principios de los aos 2000, la va electoral dentro del sistema heredado de los tiempos de Pinochet, no encarna ningn atajo posible hacia la construccin de alternativas polticas. El rechazo a la figura del partido y su potencial verticalismo es muy fuerte (como en otras latitudes). En paralelo, una tendencia de fondo es la gran fragmentacin de las izquierdas extra-parlamentarias, todava marcadas por el impacto represivo-destructivo de la dictadura, como por la marginacin poltica de la transicin pactada (y no pocos conflictos y dogmatismos internos). El fracaso de la apuesta electoral de las dos candidaturas que afirmaron ideas de ruptura con el neoliberalismo durante la ltima presidencial, corroboran las inmensas dificultades existentes para la proyeccin poltica del malestar popular. No est dentro de la ambicin de este artculo analizar estas dos campaas, que intentaron disputar la hegemona cultural neoliberal, utilizando el momento meditico-electoral como tribuna, teniendo as un eco nacional, difcilmente alcanzable antes. Slo mencionaremos que el universitario Marcel Claude, apoyado por el Partido Humanista, algunos conglomerados del movimiento estudiantil y el movimiento Todos a la Moneda [43] slo obtuvo 185.072 votos ( 2.81%), a pesar de un inicio de campaa notable en el plano meditico. Por otra parte, Roxana Miranda busc representar la voz de los nadie dentro de la ronda electoral, con un perfil de mujer combativa y un lenguaje popular sin tapujos. No por eso pudo cosechar muchos votos ( 1.24%), ni aglutinar mas all del pequeo Partido Igualdad y parte del movimiento de los deudores habitacionales o de algunos sindicatos de trabajadores flexibilizados [44] .

Si nos parece una exageracin hablar de nueva era (en el sentido de cambios estructurales) o de derrumbe del modelo de la economa de mercado en las condiciones actuales (Mayol, 2011), es cierto que dicho patrn de acumulacin y de sociedad se encuentra en jaque. En los ltimos 20 aos, la economa chilena ha crecido a un promedio anual del 5,1% y el 2010 alcanz un PIB per cpita de 14.341 dlares, no obstante, permanece entre los 15 pases ms desiguales del planeta. Y aunque la prosperidad econmica del pas ms avanzado de Amrica Latina es perceptible, resulta incuestionable que no se plasma en una mejora de la calidad de vida de las familias chilenas (Mira, 2012). Los sper ricos estudiados por el Departamento de Economa de la Universidad de Chile, son todava capaces de capturar la parte del len del ingreso nacional: el ingreso per cpita del 1% ms rico es 40 veces mayor que el ingreso per cpita del 81% de la poblacin y peor an: si se suman a los ingresos tributables las utilidades retenidas, se verifica que el ingreso del 0,1% de los ms ricos es 241 veces el del 99,9 de la poblacin restante (Lpez y al., 2013). Pero , el bloque en el poder est confuso, sintiendo que aborda definitivamente un cambio de poca, y tal vez de era. A corto plazo, las operaciones transformistas del bacheletismo intentaran responder a este desconcierto. La propuesta de la Nueva Mayora es reformar en la continuidad, pero para eso necesitar tambin lograr canalizar y domesticar -en la medida de lo posible- los movimientos sociales ms crticos y enfrentar un periodo que ser probamente de fuerte presin desde abajo y grandes movilizaciones [45] . El nuevo gobierno tendr que jugar tanto en el plano de la consulta-cooptacin (con la ayuda de sus nuevos integrantes de izquierda y de los nexos que conserva con el espacio de los movimientos sociales), como desde la coaccin-represin estatal. En una nota editorial para El Mercurio, Eugenio Tironi, destacado artfice intelectual del transformismo social-liberal de la izquierda chilena, lo expres con todas sus letras y no poca ingenuidad lirica: con Bachelet, la razn de ser de las instituciones polticas no es defenderse de las mayoras, sino canalizar sus anhelos, que en el caso del Chile actual es el cambio. Reforma o revolucin: un viejo dilema que vuelve a tomar actualidad [46] .

El panorama chileno parece todava muy lejos de la revolucin, invocada como un temible espectro del pasado por Tironi. Pero, el cambio de poca es innegable: un cambio lleno de nubes, claroscuros y contradicciones. Mirando a pases vecinos, como Bolivia, Argentina, Ecuador, en los cuales la crisis de legitimidad del modelo neoliberal se transform en crisis de hegemona con grandes movilizaciones y rupturas institucionales, la elite chilena busca evitar un escenario similar. Las tensiones en las derechas, como la recomposicin de la ex Concertacin, dan a ver que las clases dominantes piensan a tientas encontrar nuevos aires y posibles correcciones sustentables para el rgimen poltico. Las grietas del modelo pueden provocar sobresaltos, como reacciones violentas por parte de los de arriba. Al terminarse la etapa hegemnica del neoliberalismo, la dominacin neoliberal se resiste a morir. Las resistencias al cambio de poca se bifurcan entre reaccin y revolucin pasiva [47] : la reaccin violenta que se asoma en el retorno de prcticas represivas focalizadas y la revolucin pasiva que asume el rostro de gobiernos que defienden la continuidad mediante correctivos conservadores (Modonesi, 2008: 139).

Si bien por el momento hablar en Chile de trmino de la etapa hegemnica del neoliberalismo puede sonar a poltica ficcin , podemos constatar que estn surgiendo nuevos actores sociales antagnicos y no pocas subjetividades disconformes (aunque minoritarias). En paralelo a las demandas estudiantiles, permanecen las luchas del pueblo Mapuche a pesar de la militarizacin de sus territorios; acciones colectivas socio-ambientales en contra de mega-proyectos, movilizaciones feministas y de pobladores. Para coronar este cuadro, el movimiento obrero, actor histrico esencial del pas, est reencontrando las vas del clasismo sindical. Desde 1979, la actividad huelgustica aument paulatinamente hasta llegar, en 2009, prcticamente a los niveles del comienzo de los setenta, aunque de forma mucha ms atomizada y en condiciones legales extremadamente restrictivas (Armstrong y guila, 2011) [48] . El movimiento sindical sigue siendo fragmentado y dbil, pero importantes resistencias han contribuido a darle nuevamente centralidad al conflicto de clase, cuando la caracterstica del neoliberalismo maduro era precisamente la represin y posterior des-constitucin de estos conflictos. La larga lucha de los portuarios es un ejemplo de esta re-constitucin molecular, adems en un sector clave de la acumulacin primoexportadora. En 2011, el gremio portuario fue uno de lo ms activos en solidarizad con el movimiento estudiantil. El ao siguiente, las uniones portuarias unificaron progresivamente los asalariados contratados y precarios de varios puertos, aun cuando la negociacin por rama productiva est proscrita por ley. Los niveles de cohesin alcanzados y la prctica de huelgas de solidaridad lograron en 2013, y de nuevo en enero 2014, a pesar de los niveles de represin, obligar al empresariado naviero -con el aval del Gobierno- a negociar, alcanzando conquistas histricas frente a un sector patronal muy combativo (Walder, 2013b). Cuando la Central Unitaria de los trabajadores (CUT) est sumergida en la parlisis , y control ada por la Nueva Mayo r a (su presidenta es Brbara Figueroa, dirigente del PC), el surgimiento de este sindicalismo de nuevo tipo podra reanudar progresivamente el hilo roto del poder popular y de las luchas obreras de los aos 70 (Gaudichaud, 2004). Nada est escrito todava. Sin referentes polticos capaces de vertebrar una masa crtica anticapitalista y cuando las subjetividades neoliberales todava dominan la sociedad, queda mucho camino por recorrer. Pero ese cambio de poca podra dejar atrs dcadas de democracia tutelada y de aislamiento regional para, bajo nuevos horizontes utpicos, entrar en consonancia con las gramticas de emancipaciones en construccin que cabalgan en el resto del continente (Gaudichaud, 2013a).

 

Santiago de Chile, 5 de febrero de 2014

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[1] Franck Gaudichaud es doctor en Ciencia poltica (Universidad Paris 8) y profesor titular en Estudios latinoamericanos en la Universidad de Grenoble Francia. Es tambin miembro del colectivo editorial del sitio Rebelion.org, de las revistas ContreTemps y Dissidences, como colaborador de Le Monde Diplomatique (Francia). ltimos libros publicados: 2013 Chili 1970-1973. Mille jours qui branlrent le monde (Rennes: PUR/Institut des Amriques) y (coord.) 2013 Emancipaciones en Amrica latina (Quito: Instituto de Altos Estudios nacionales). Correo: [email protected] .

[2] Agradezco por sus lecturas crticas y comentarios a Rafael Agacino y Roco Gajardo (FG).

[3] Declaraciones sacadas de: RFI 2013 Michelle Bachelet, nuevamente electa presidenta en acceso 19 de enero de 2014.

[4] Consultar la pgina y comunicaciones en lnea del Coloquio internacional que coordinamos con un equipo de jvenes politlogos de la Universidad de Grenoble - Francia, en septiembre 2013, sobre: Chile actual. Gobernar y resistir en una sociedad neoliberal, acceso el 19 de enero 2014.

[5] La Concertacin de Partidos por la Democracia se fund en 1988 como una coalicin de diecisiete partidos polticos de derecha, centro y centro-izquierda que se oponan a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), reagrupa sectores que van del Partido socialista renovado la Democracia-cristina, pasando por pequeas organizaciones social-demcratas instrumentales como el Partido por la democracia, PPD. Los sucesivos presidentes de la Concertacin fueron Patricio Aylwin (1990-1994), Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000), Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010). En 2011 asume el gobierno de derecha de Sebastin Piera, empresario multimillonario que pretenda formar una nueva derecha, ms liberal y moderna.

[6] En diversos trabajos el socilogo Manuel Antonio Garretn ha insistido sobre la existencia de enclaves autoritarios, aludiendo a la presencia de elementos institucionales, tico-simblicos, actorales y culturales que son propios de un rgimen autoritario pero que quedan incrustados en el rgimen democrtico, dndole el carcter de democracia incompleta (Garretn M.A. y Garretn R., 2010).

[7] Chile posee la principal reserva de cobre del mundo, hoy en gran parte en manos de concesiones a multinacionales. Entre 2004 y 2010, CODELCO entreg a las FF.AA. cerca de 9.500 millones de dlares para la adquisicin o renovacin de material blico, en nombre de la ley reservada del cobre, vestigio de un conjunto de leyes de la dictadura.

[8] Utilizamos aqu como definicin mnima del concepto de movimiento social, considerado como poder en movimiento, la propuesta de Sidney Tarrow: Desafos colectivos planteados por personas que comparten objetivos comunes y solidaridad en una interaccin mantenida con las lites, los oponentes y las autoridades  (S. Tarrow, 1994).

[9] Durante las luchas estudiantiles, el declive de la popularidad del Presidente Piera, traducida en la ms baja aprobacin para un gobernante desde 1990 (26% en junio de 2011), tambin afect a la oposicin, contando slo con un respaldo del 17% y una desaprobacin del 46% (Mira, 2011).

[10] El socilogo Nicols Fleet (2011) recuerda que en los trminos de Max Weber, quien acu el concepto, una crisis de legitimidad plantea una fractura en el esquema de dominacin en su conjunto, producida por un grupo social emergente que modifica la identidad de la sociedad a la vez que presiona por mayor participacin en la distribucin del poder (y a travs del poder, del producto econmico) y reconocimiento social, conduciendo a la apertura de este esquema, o sea su democratizacin, o bien a su cierre, es decir exclusin.

[11] Un flujo de conflictos representa una serie de momentos de reivindicaciones colectivas y episodios de interaccin conflictuales y protestaras, ligados entre ellos y que el investigador asla para estudiarlos (Tilly, Tarrow, 2008).

[12] El socilogo francs escriba: Producir una historia de vida, tratar la vida como una historia, es decir como el relato coherente de una secuencia significante y orientada de acontecimientos, es quizs sacrificarla a una ilusin retrica, a una representacin comn de la existencia que toda una tradicin literaria no ha dejado ni cesa de reforzar (Bourdieu, 1986: 70).

[13] La carta a los chilenos de la candidata se inicia as: Los chilenos podemos decir con orgullo que hemos dado grandes pasos en las ltimas dcadas. La pobreza ha cado fuertemente, la calidad de vida en el pas ha mejorado y los problemas que nos ocupan hoy son los de una clase media cada vez ms grande y que exige sus derechos. Programa de la Alianza por Chile 2013 < programa.evelyn2014.cl/ProgramaPresidencial-Evelyn Matthei .pdf > acceso el 24 de enero de 2014.

[14] M. Bachelet lleg a tener ms de 80% de aprobacin en las encuestas del ao 2009.

[15] Este texto subraya por ejemplo que una transnacional don 300 millones de pesos al comando Bachelet y 25 millones al de Matthei.

[16] La Segunda 2013 (Santiago) 23 de agosto.

[17] Ver: < http://michellebachelet.cl > acceso el 24 de enero de 2014.

[18] E l programa reza: Chile debe consolidar su condicin de pas puerto y pas puente entre las naciones latinoamericanas del Atlntico Sur y el Asia Pacfico, lo que requiere mejorar la interconectividad, aumentar la capacidad de nuestros puertos y perfeccionar nuestros servicios. Chile est en condiciones de desempear un rol de vnculo entre las economas de ambas orillas del Pacfico, aprovechando las fuertes relaciones comerciales que tenemos en la regin, as como nuestra extensa red de tratados de libre comercio (pgina 154) , < http://michellebachelet.cl > acceso el 24 de enero de 2014.

[19]  En esta reconfiguracin se integraron a la colacin tambin otros colectivos menores: la Izquierda Ciudadana (IC), surgida de la Izquierda Cristiana y que obtiene el ministerio de Bienes nacionales (Vctor Osorio) y el Movimiento Amplio Social (MAS) del exsenador socialista Alejandro Navarro.

[20] Revista Caras 2014 (Santiago) 6 de enero.

[21] Algo ms del 10% de los electores de la segunda vuelta marcaron su papeleta de voto con la inscripcin AC para sealar su adhesin a la perspectiva de una asamblea constituyente: < http://marcatuvoto.cl/ > acceso el 30 de enero de 2013. La Concertacin como la Alianza se opusieron siempre a un plebiscito que abrira camino a una constituyente, alegando que es un mecanismo no contemplado en la Constitucin de la dictadura. No obstante, el artculo 5 de la Carta Fundamental de 1980 establece que la soberana reside esencialmente en la Nacin. Su ejercicio se realiza por el pueblo a travs del plebiscito y de elecciones peridicas.

[22] La reforma educativa tiene un costo de unos 8.000 millones de dlares segn el programa de la Nueva Mayora, financiado integralmente por la reforma tributaria. El gasto en educacin equivala a 4,3 % del PIB en 2013, muy por debajo del promedio de los pases de la OCDE (integrado por Chile), que llega al 5,8 %.

[23] Segn la encuestadora CERC (citado por Reuters), cerca del 80 por ciento de los consultados dijo que est de acuerdo con la reforma educacional, un 63 por ciento con el ajuste tributario y un 71 por ciento con una nueva Constitucin: < http://lta.reuters.com/article/idLTASIEA0M04O20140123> acceso el 27 de enero de 2014.

[24] Las AFP gestionan el conjunto de la jubilacin de los chilenos desde la reformas de la dictadura (Walder, 2013a).

[25] Diario Financiero 2014 (Santiago) 7 de enero.

[26] El subsecretario de Minera que acompaara el ministro era hasta el momento gerente de una empresa minera denunciado por sur prcticas antisindicales (CIPER, 2013 en < http://ciperchile.cl/2014/01/30/nuevo-subsecretario-de-mineria-es-gerente-de-empresa-que-cumplio-50-dias-en-huelga/ > acceso el 1 de febrero de 2014).

[27] A los inexistentes expedientes de Eyzaguirre en materia educacional, se agreg la nominacin como subsecretaria de esa misma cartera a Claudia Peirano, conocida defensora de la enseanza privada. Bajo la presin y frente a las declaraciones crticas del sindicalismo estudiantil, Peirano finalmente tuvo que renunciar al cargo.

[28] La Tercera 2013 (Santiago) 25 de enero.

[29] Los nueve candidatos que compitieron por llegar a La Moneda fueron: Franco Parisi (Independiente), Marcel Claude (Partido Humanista), Ricardo Israel (Partido Regionalista de los Indepedientes), Marco Enrquez-Ominami (Partido Progresista), Roxana Miranda (Partido Igualdad), Michelle Bachelet (Nueva Mayora), Evelyn Matthei (Alianza por Chile), Alfredo Sfeir (Partido Ecologista y Verde) y Toms Jocelyn-Holt (Independiente).

[30] Fuente: Dossier especial Elecciones 2013 del peridico El Mercurio (Santiago), 18 de noviembre y 24 de noviembre de 2013.

[31] El complejo sistema binominal establece que el Tribunal Calificadora de Elecciones proclama como elegidos senadores o diputados a los dos candidatos de una misma lista, cuando uno de ellos alcanza el mayor nmero de sufragios y la sumatoria de la votacin de ambos representa el doble de lo obtenido por la lista que lo sigue en nmero de votos. Este sistema de doblajes permite excluir sistmicamente las pequeas listas y sobre representar las grandes coaliciones. Como lo anota Moulian, de esta manera el sistema de partidos dej de ser un sistema con polaridad y se convierte en un sistema de oposiciones consensuales, en cuyos mrgenes orbitan con poco xito partidos ms izquierdistas (Moulian, 2010): es precisamente lo que buscaron las reformas institucionales de la dictadura, mantenidas hasta ahora.

 [32]  La Nueva Mayora logra un record de doblajes parlamentarios en 11 distritos y dos circunscripciones senatoriales, es decir elegir a sus dos representantes en cada circunscripcin. Este desempeo no se repeta desde 1993 a nivel del parlamento (Ver el anlisis de Pablo Cdiz y los   mapas en < http://www.latercera.com/noticia/politica/2013/11/674-552430-9-mapa-de-los-doblajes-de-la-nueva-mayoria-en-el-congreso-un-escenario-que-vuelve.shtml > acceso el 29 de enero de 2013) .

[33] El socilogo Felipe Portales ha demostrado que, con las reformas de 1989 negociadas con Pinochet, la Concertacin renunci a ser mayora y que durante los 20 aos de gobierno se neg en hacer uso de ella en el Parlamento, en momentos claves en que hubiese podido comenzar a reformar la institucionalidad espuria heredada de la dictadura (Portales, 2005).

[34] Sobre la crisis de las derechas, se puede consultar las crnicas de Manuel Acua Aconsejo en el sitio Rebelion.org: acceso el 30 de enero de 2014.

[35] El Mostrador 2014 (Santiago) en < http://www.elmostrador.cl/opinion/2014/01/01/la-victoria-de-la-nueva-mayoria-como-triunfo-de-la-elite/ > acceso el 30 de enero de 2014.

[36] Con la inscripcin automtica se ampli de ocho a ms de trece millones de personas el padrn electoral.

[37] Luego de ms de 15 aos de dictadura militar, el 96,6% de las personas en edad de votar se inscribi en los registros electorales y, de ellas, el 89,1% acudi a las urnas para pronunciarse: el no a Pinochet terminando por imponerse con el el 55,99% del total de los votos vlidamente emitidos (el S obtuvo 44,01%) .

[38] En Santiago, por ejemplo, si la abstencin para las presidenciales en el barrio pudiente de Vitacura fue de 39%, en las comunas ms pobres se elev a un promedio de 60% ( Punto Final 2013 (Santiago) N 796, 20 de diciembre).

[39] La mayora de los centros de sondeos anunciaron durante meses la victoria en primera vuelta de Bachelet, el Centro de estudios pblicos (CEP) otorgando a penas 14% de intencin de votos a Matthei

[40] Para revisar parte de los resultados oficiales, consultar el sitio web del Servicio Electoral (SERVEL): < www.eleccionservel.cl > acceso el 30 de enero de 2014.

[41] Radio Universidad de Chile 2013 (Santiago) en < http://radio.uchile.cl/2013/11/17/eloisa-gonzalez-para-los-movimientos-sociales-las-elecciones-no-son-efectivas > acceso el 31 de enero de 2014.

[42] El espacio de los movimientos sociales es un mbito de prcticas y de sentidos relativamente autnomo en el mundo social , dotado de lgicas, referencias, practicas propias y en las cuales las diferentes organizaciones protestaras, agentes y causas son unidas por relaciones, de intensidad y naturaleza variables (Mathieu, 2012).

[43] Este movimiento logr reagrupar tambin algunas pequeas orgnicas dispersas de la izquierda radical (Rodriguistas, corrientes trotskytas o libertarias, disidentes del PC), como alguna fuerza sindical, por ejemplo la confederacin bancaria dirigida por el sindicalista Luis Mesina.

[44] Otra opcin electoral fue la de Alfredo Sfeir Younis con temticas ecologistas liberales y espirituales new age y que obtuvo el 2.35% de los votos.

[45] Organizaciones estudiantiles, como varios sindicatos y federaciones de trabajadores, han anunciado marchas y acciones a partir de marzo 2014, cuando asuma la presidenta Bachelet.

[46] El Mercurio 2013 (Santiago) 19 de noviembre.

[47] Sobre la nocin gramsciana de revolucin pasiva aplicada a la Amrica Latina actual, ver: Modenesi, 2012 .

[48] En 2008 y 2009, 22% de la fuerza de trabajo estuvo involucrada en algn paro, en contraste con un 1%, 4,9% y 7,1% en 2005, 2006 y 2007, respectivamente.



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