Ha muerto tras una larga enfermedad el rey Fahd de Arabia Saudí. Fahd Ben Abdul-Aziz al Saud, jefe de Estado y de gobierno de Arabia Saudí gobernaba su país desde hacía veintitres años, aunque había delegado desde 1995 la mayoría de las competencias a su hermanastro y ahora heredero Abdala bin Abdelaziz. La Unión Europea expresó su pesar por la muerte del rey Fahd y destacó el "coraje y visión" con que gobernó Arabia Saudí y la "amistad" que mostró hacia Europa. "Fue un hombre con gran capacidad de liderazgo y visión que hizo mucho por su país y sus ciudadanos. Era también un gran amigo de la Unión Europea", recalcó la presidencia británica a través de un comunicado.
También
el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de
la Unión Europea, Javier Solana, envió un mensaje personal de
condolencias al nuevo monarca de Arabia Saudí por el fallecimiento del
rey Fahd. "El difunto rey gobernó Arabia Saudí con coraje y visión en
una época turbulenta y desafiante. La cordialidad y la amistad que
mostró hacia la Unión Europea fue muy apreciada y será recordada",
señala el mensaje de pésame. "Confío en que su sabiduría y buen juicio
harán posible que las buenas relaciones entre la UE y Arabia Saudí
continúen y se hagan todavía más profundas", escribió Solana al nuevo
rey Abdalá.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso,
también remitió a Arabia Saudí un mensaje de pésame por la muerte del
rey Fahd y de felicitación a su sucesor.
El director gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato,
que se dijo muy "entristecido", elogió al fallecido rey Fahd y lo
consideró una fuerza clave para la moderación en el rico reino
petrolero y para la estabilidad de los mercados mundiales.
El presidente español
José Luis Rodríguez Zapatero, expresó sus condolencias y las del pueblo
español por la muerte del rey Fadh, en sendos telegramas enviados al
nuevo soberano. "Tras su dilatado reinado, la personalidad y
trayectoria de Su Alteza el Rey Fahd ocupa ya el destacado lugar que
merece en la memoria del pueblo hermano de España", dice Zapatero en
sus misivas.
"En estas horas de profunda tristeza, los españoles nos sumamos al pesar de todos los ciudadanos saudíes ante tan sensible pérdida", añade el texto. El Gobierno español ha decretado incluso un día de luto oficial y las banderas en los edificios oficiales y los buques de la Armada ondearán a media asta.
Por supuesto, Juan Carlos de Borbón, cuya familia mantenía una estrecha amistad con su homóloga saudí, tiene intención de viajar a Arabia Saudí para expresar formalmente las condolencias de España por la muerte del Rey Fahd.Juan Carlos de Borbón envió hoy un telegrama de pésame y
quiso hacer llegar 'sus más sentidas condolencias' en nombre suyo y de
toda la familia real, así como del Gobierno y el pueblo español.
También destacó los estrechos lazos que le han unido al rey Fahd, que
llegó al trono en 1982 tras la muerte de su hermanastro el rey Jaled,
estrechos vínculos de 'afecto y amistad'.
Los gobernantes que dictan las pautas de buenos y malos en el mundo
aplauden a este dictador que estuvo más de dos décadas como jefe de
Estado bajo una monarquía absoluta medieval y que ha acaparado una
fortuna personal de 30.000 millones de dólares, mientras condenan a los
gobiernos que no les compran armas ni les regalan sus riquezas
naturales. El rey Fahd es diferente, su país dedica un 12'8 % del
Producto Interior Bruto a gastos de Defensa (España destina el 1'5 y
Alemania el 1'7), importaciones en su mayoría de Estados Unidos. Su
petróleo, a diferencia del de Iraq antes de ser invadido o el de
Venezuela, está en manos de las multinaciones norteamericanas.
La última ocasión que el dictador saudí visitó España fue el 14 de
agosto de 2002, fue una de sus temporadas de descanso en Marbella, ciudad que le acaba de nombrar hijo predilecto. La
noticia se abordaba en las páginas de sociedad de los medios de
comunicación. Algunos datos de su riqueza eran estos: una corte real de
tres mil personas, jet privado más otros tres jumbos para sus 400
familiares, 200 mercedes, cinco millones de pesetas de gasto diario,
500 teléfonos móviles...
Los medios españoles escribieron como
pícara anécdota la existencia de una empresa inglesa que "surtirá" de
señoritas a las acaudalados saudíes. Solo el bochorno superaba a la
indignación cuando se leía eso.
Las autoridades del "mundo
democrático" le recibían con los brazos abiertos y le adulaban hasta la
extenuación, al igual que ahora le lloran. Recuerdo todavía la
fotografía de su visita del año 2002 con el delegado del gobierno, es
decir el gobierno español, reverenciándole a su llegada al aeropuerto
de Málaga. Una docena de vehículos de las fuerzas de seguridad española
le escoltan hasta su mansión. Allí le visitarán el rey de España, el
entonces presidente español José María Aznar y el secretario de Estado
de EEUU, Colin Powell.
El rey de Arabia Saudí vino a Marbella
a gastarse en putas y champán treinta mil euros diarios, mientras en su
país la mortalidad infantil es del 23 por mil habitantes, similar a la
de Colombia o Rumanía, países con la mitad del PIB por habitante que
Arabia Saudí. El Indice de Desarrollo Humano, cifra manejada por las
NNUU para expresar el estado de bienestar de un país, en el feudo del
dictador es similar al de Brasil, Polonia o México, países con un PIB
por habitante de 5.000 dólares frente a los 9.700 de Arabia Saudí.
El
dinero que dedica el rey Fahd para educar a su pueblo no llega para
alfabetizar al 37 % de los adultos, una situación similar a la de
Camerún y peor que la de Tanzania. La escolaridad en Arabia Saudí es
similar a la de El Salvador o Albania y mucho menor que la de Zimbabwe.
En cuanto a los derechos humanos, la situación en Arabia Saudí
es espeluznante, un último informe anual de Amnistía Internacional,
señalaba a este país como el tercero del mundo en ejecutados por pena
de muerte, 56 personas durante el año 2004 y 766 en la década de los
noventa. Le sigue su principal socio internacional, Estados Unidos.
Entre los delitos que conllevan pena de muerte está la sodomía y la
"brujería". Las ejecuciones se hacen mediante decapitación, a veces en
público. La mayoría de los condenados suelen ser inmigrantes pobres que
en ocasiones no conocen el idioma y ni siquiera saben que han sido
condenados a muerte y ni ellos ni sus familiares conocen de antemano la
fecha de la ejecución.
Amnistía Internacional lleva años
denunciando las detenciones de presuntos activistas políticos y
religiosos y el secretismo sobre la situación legal de los detenidos.
En el feudo de nuestro difunto turista marbellí están prohibidos los
partidos políticos, las elecciones, los sindicatos, los colegios de
abogados independientes y las organizaciones de derechos humanos. El
sistema de justicia penal funciona a puerta cerrada, todos los medios
de comunicación son censurados, el gobierno no permite el acceso de las
organizaciones internacionales no gubernamentales de derechos humanos.
La tortura es la norma frecuente en el sistema saudí. Amputaciones,
flagelación y decapitación tras juicios son una parodia de la justicia.
El mayo de 2002 Amnistía Internacional publicó el documento titulado "Arabia Saudí: Todavía un terreno abonado para la tortura impune", en
el que denuncia que "a pesar de que Arabia Saudí pasó a ser Estado
Parte de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas
Crueles, Inhumanos o Degradantes hace más de cuatro años, el país sigue
siendo un caldo de cultivo para la tortura, que se facilita y perpetúa
gracias a diversos factores, a saber: la ausencia de una prohibición
legal inequívoca que tipifique la tortura como delito, las deficiencias
graves del sistema de justicia penal, la práctica (tanto judicial como
extrajudicialmente) de castigos corporales que constituyen tortura, la
discriminación, de hecho y de derecho, de mujeres y trabajadores
extranjeros, y la ausencia de cualquier tipo de mecanismo de reparación
creíble. Todos estos factores han institucionalizado la tortura en
Arabia Saudí durante décadas y han dado como resultado una larga lista
de víctimas, entre los que se cuentan hombres, mujeres y niños".
La
represión y marginación de las mujeres saudís no tiene nada que
envidiar al régimen taliban de Afganistán. En Arabia Saudí, las
mujeres, ya sean ciudadanas del país o extranjeras, están expuestas a
ser discriminadas por razón de sexo según las leyes, normas sociales y
tradiciones vigentes en el país. Sus derechos civiles, políticos y
sociales son violados sistemáticamente. Su libertad de circulación, por
ejemplo, está severamente limitada. Una mujer necesita el permiso de un
familiar varón para viajar al extranjero. No sólo no puede conducir un
automóvil, sino que, si pasea sola o acompañada de un hombre que no sea
su esposo ni un pariente próximo, se arriesga a ser detenida por
sospecha de prostitución u «otros delitos morales». Estas restricciones
de la libertad de circulación no son su única limitación: las mujeres
ven severamente restringido el disfrute de muchos otros derechos.
Muchos terrenos les siguen estando vedados, especialmente en el ámbito
educativo y laboral. En Arabia Saudí ninguna mujer desempeña el cargo
de juez y, respecto a la participación en la vida política, si ya está
bastante limitada para la mayoría de los ciudadanos, para las mujeres
es un terreno totalmente cerrado.
La opinión pública se
estremeció el 11 de marzo del año 2002 cuando 14 niñas perdieron la
vida y decenas más resultaron heridas al incendiarse el colegio al que
asistían en La Meca e impedir la policía religiosa saudí (Al Mutawa'een)
que escaparan del fuego porque no llevaban pañuelo para cubrirles la
cabeza y no había ningún familiar varón para recogerlas. Los informes
también indican que la policía religiosa impidió a los equipos de
rescate que entraran en el colegio porque eran hombres y por tanto no
podían mezclarse con mujeres.
No creo que muchos de estos datos se recuerden ahora con motivo de su muerte. El hombre que dictaba esas leyes, gestionaba los recursos de ese país y firmaba las sentencias de muerte acaba de morir provocando la tristeza y desolación de los líderes europeos y mundiales. Ya sabemos qué valores y principios admiran los que gobiernan el mundo.