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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2014

Oro bendito, capitalismo maldito

Fernando Dorado
Rebelin


Oro!, oro maravilloso, brillante, precioso!

Un poco de l puede volver lo blanco, negro; lo feo, hermoso;

lo falso, verdadero; lo bajo; noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente

William Shakespeare

 

Doce mineros murieron aplastados por cientos de toneladas de tierra, barro y piedras en la madrugada del 1 de mayo Da Internacional de los Trabajadores en la mina de oro Agua Limpia de San Antonio, en Santander de Quilichao, al Norte del Cauca. Los diarios y emisoras lo noticiaron, los polticos pontificaron, las autoridades anunciaron medidas, todo el mundo se lamenta, muy pocos hacen algo. Es una tragedia social y ambiental.

Son hroes annimos de una cruel y soterrada guerra global que se desarrolla en los centros financieros de Frankfurt y Nueva York. El valor del oro aumenta a medida que cae la confianza en el dlar. La fiebre del oro ha vuelto a invadir al mundo, en especial a Amrica Latina. Los capitales fluyen, la maquinaria se mueve, el soborno aparece, el crimen se disfraza, el trabajo se hace esclavo, el sueo y la realidad se juntan. Es una maldicin.

La demanda mundial de materias primas y metales preciosos ha aumentado drsticamente. Las cantidades extradas se han multiplicado en forma exponencial [1] . Los precios de muchos de estos productos han subido a niveles inditos. El oro es utilizado en telfonos, computadores y toda clase de aparatos de alta tecnologa. Pases con una inmensa poblacin como China, India, Brasil y Mxico han dado el salto de pases en desarrollo a pases emergentes, con lo cual una gigantesca cantidad de personas tiene ahora acceso a mercados y productos de todo el mundo. Es la globalizacin neoliberal en toda su dimensin y consecuencias trgicas para la humanidad.

Paralelo al auge mundial de los precios de las materias primas, durante la dcada de los aos 90s del siglo XX se produjo otra transformacin importante en el panorama empresarial: la mayora de las empresas mineras estatales fueron privatizadas, mientras que las compaas privadas se fueron fusionando en corporaciones transnacionales cada vez ms grandes. Debido a su posicin monoplica, estas enormes corporaciones pueden determinar las cantidades extradas de los distintos metales y participar en la fijacin de precios. El poder de estas mega-corporaciones crece cada vez ms, mientras que las opciones para controlarlas son muy limitadas.

Una brutal guerra econmica por el control de las materias primas se desarrolla en Colombia, Centroamrica, Per, Sudfrica, Indonesia y dems pases de la periferia. Es muy diferente en las minas a cielo abierto ms grandes del mundo, como en Boddington y Kalgoorlie, Australia, o en Goldstrike, en los Condados de Eureka y Elko, Nevada, EE.UU. All la muerte est disfrazada de progreso. La naturaleza es la que sufre. No hay dolientes humanos directos pero la fiebre y la tragedia es la misma. El capital se impone y arrasa extensos territorios y ecosistemas.

Oro y dinero, dos formas de la misma necesidad. Desde el minero hasta el cura prroco se ven involucrados en el mismo torbellino que fluye a travs del comerciante de gasolina, el proveedor de repuestos de maquinaria, el vendedor de todo tipo de mercancas al por mayor, al detal y ambulante, los dueos de bares y cantinas, proxenetas y prostitutas, desplazados y vctimas del conflicto, soldados, policas, guerrilleros y paramilitares, que acuden presurosos donde se mueve el vil metal, tras la ganancia y la ilusin. Es una trampa.

Al igual de lo sucedido con la economa del narcotrfico hay gente que no se siente aludida. Eso es economa ilegal, dicen, pero en el fondo saben que ese dinero fluye por las intrincadas arterias de la economa capitalista. Al menos un 25 por ciento del lavado de activos en Colombia se hace a travs de la minera ilegal. Es oro y dinero que mgicamente salta de las manos y bolsillos del ms humilde minero hasta los ms ricos y poderosos bancos y centros financieros del mundo desarrollado. Es una conexin indisoluble.

Los indgenas del Norte del Cauca estn dentro de los pocos seres que tratan de detener esa avalancha de horror que inunda sus territorios y que no saben cmo detener. Sin embargo, la estrategia de las mafias que se mueven detrs del negocio se lo ha impedido. Ya ha habido refriegas entre comuneros que intentan alejar ese monstruo de la minera de sus territorios y proletarios desplazados de todos los confines de la regin que han llegado atrados por la necesidad de sobrevivencia. Es un enfrentamiento heroico pero intil.

Los grandes empresarios dueos de las retroexcavadoras tienen experiencia y saben cmo ganarse a las comunidades vecinas y desplazadas. La estrategia es sencilla: alimentan la ilusin de riqueza y garantizan el rebusque. Mueven inmensas masas de tierra excavando las entraas de una naturaleza que guarda para su desgracia miles de onzas del preciado metal. Dejan trabajar libremente en horas y sitios donde no estorben. Y as consiguen el respaldo de gentes que no tienen empleo o que en otros trabajos obtienen mucho menos de lo que consiguen lavando oro. Esos desheredados de la tierra, por unos das, creen ser dueos de un territorio y lo defienden a muerte. All cavan su tumba y muchos lo saben.

Los esfuerzos indgenas son autnticos, dignos de admirar y de apoyar. Pero su lucha en defensa de la naturaleza y el territorio no sobrepasa el nivel de resistencia. Mientras no sean abolidas, las condiciones econmicas y polticas que generan toda economa ilegal, que no slo es la minera sino tambin la de la coca, marihuana y dems formas de explotacin de los recursos naturales y fuerza de trabajo, el problema va a crecer. Mientras las grandes mafias que gobiernan a Colombia estn detrs de esas economas, tragedias como las que observamos van a repetirse. Mientras el capital como trabajo muerto se imponga sobre el trabajo vivo, no habr salida. Es evidente.

Las autoridades locales saben que existen leyes para detener esa industria criminal. Pero tienen atadas sus manos frente a una dinmica nacional e internacional que impone su lgica depredadora. Hoy detienen una retroexcavadora, maana aparecen dos. Hoy sancionan un empresario ilegal, maana le llega el permiso de un juez o una autoridad ambiental. La productividad y la capacidad de corrupcin son infinitas. Y si no es por la va legal, la fuerza impone sus condiciones violentas. El secretario de gobierno de Santander de Quilichao, quien valientemente se opuso a la minera ilegal, tuvo que salir de la regin por amenazas de muerte. El gobierno nacional reacciona momentneamente cuando se presenta una tragedia, ahora demaggicamente declararon la emergencia social y ambiental [2] , pero una vez pasa el escndalo los agentes ilegales vuelven a imponer su regla: la ley del dinero y la violencia.

El problema de la minera en Colombia es de marca mayor. Lo estudia entre otros, Luis Jorge Garay, al frente de un calificado equipo de investigadores, apoyados y financiados por la Contralora General de la Repblica que produjo dos volmenes: Minera en Colombia: Derechos, polticas pblicas y gobernanza (abril, 2013) y Minera en Colombia: Institucionalidad y territorio, paradojas y conflictos (noviembre, 2013). [3]

Garay plantea que el proceso de globalizacin neoliberal ha llevado a una tensin entre des-territorializacin y re-territorializacin en unas fronteras y unos espacios de poder cada vez ms porosos bajo Estados con soberanas ms relativas y ambiguas. Un mundo consecuente con la reproduccin de amplios espacios desgobernados sin que haya un verdadero Estado soberano transnacional que los pueda gobernar y resultante, entre otros factores, del modelo de desregulacin y liberalizacin de los mercados y de la privatizacin de amplios mbitos de la actividad que ha caracterizado la etapa actual de globalizacin: la globalizacin neoliberal. Es la soberana poltica llevada a su mnima expresin.

Este planteamiento coincide con el concepto de acumulacin por desposesin elaborado por el gegrafo terico y marxista David Harvey. El trmino define los cambios neoliberales producidos en el mundo desde los aos 70s del siglo pasado (XX) hasta la actualidad y que siguen cuatro prcticas: la privatizacin, la financiarizacin, la gestin y manipulacin de las crisis y, las redistribuciones estatales de la renta. Es la base de una oleada de inversiones capitalistas interesadas en nuevos mercados, tierra, minera, fuentes de agua y biodiversidad, y todo lo que signifique renta y ganancia. Es el infierno neoliberal.

No es casual entonces, que durante los 8 aos de gobierno de lvaro Uribe se aprobaran ms de 4.200 licencias y contratos mineros para explorar y explotar 8,53 millones de hectreas del territorio nacional [4] . Mientras que entre 1990 y 2002 se aprobaron 2.000 licencias para un cubrimiento de 1,2 millones de hectreas, en el gobierno de Uribe esa cifra se sextuplic. No es coincidencia que hoy en el Cauca estn regadas por el territorio y en pleno uso ilegal ms de 400 retro-excavadoras en municipios como Santander de Quilichao, Caloto, Buenos Aires, Surez, El Tambo, La Sierra, Argelia, Sucre, Pata, Bolvar, Argelia, Timbiqu, Lpez de Micay y Guapi, destruyendo ros y montaas, descomponiendo comunidades rurales afros, indgenas y mestizas, imponiendo su lgica de explotacin capitalista controlada por grupos armados ilegales y mafias nacionales y globales.

El Cauca posee 3090.000 hectreas de las cuales hasta agosto de 2.011, se encontraban en proceso de concesin 813 solicitudes que abarcan un territorio de 1.623.000 hectreas, es decir, ms del 55% del departamento. Empresas como Anglo Gold Ashanti, Carboandes, Gran Tierra Energy, y otras, exploran gran parte del territorio caucano en busca de minerales y petrleo. Paralelamente los mineros ilegales realizan explotaciones en diversos municipios. La combinacin calculada entre la exploracin legal de las zonas concesionadas en el Cauca, la ofensiva de la minera ilegal de mediana escala y la negligencia y complicidad de las autoridades nacionales, que son las que tienen la fuerza pblica y la potestad para actuar, genera grandes sospechas. Algo oscuro est en la sombra.

Casos como el ocurrido en Santander de Quilichao, con su inventario de muertos y heridos, descomposicin econmica, social y cultural, quiebra de la precaria institucionalidad democrtica, desconocimiento de fuerzas sociales organizadas, presencia de paramilitares, bandas delincuenciales, guerrilla y fuerzas militares oficiales descompuestas, ilustran bien una estrategia imperial capitalista de proporciones inimaginables hasta hace poco tiempo, dirigidas a profundizar un modelo de despojo que ha sido la constante en los siglos precedentes de conquista y colonizacin del territorio americano. El desorden y el caos creado por la minera ilegal pareciera estar preparando condiciones para que el Estado justifique la formalizacin de la gran minera a cielo abierto por la va de entregar amplias zonas a las empresas transnacionales para que desarrollen una minera legal y ambientalmente sostenible. Es la estrategia utilizada en frica con excelentes resultados.

Garay nos ofrece pistas. El proceso actual de titularizacin de bienes agrcolas y recursos naturales en los mercados mundiales de capitales, la adquisicin masiva de tierras, el licenciamiento extensivo del subsuelo para la explotacin de recursos naturales no renovables, la implantacin de modalidades para la mercantilizacin del uso de la tierra como el derecho real de superficie (DRS) y la apertura a la inversin extranjera, y acaparamiento del uso del suelo y subsuelo, y/o de la propiedad de tierras en pases en desarrollo, por parte de capitales extranjeros y nacionales poderosos, productivos y financieros, es uno de los rasgos distintivos de la etapa contempornea de la globalizacin neoliberal (Garay, 2013).

Adems podemos inferir de esos estudios que en Colombia ha avanzado un proceso de captura y reconfiguracin cooptada de instituciones del Estado por parte de empresas transnacionales y/o domsticas-legales, grises (que actan entre la legalidad y la ilegalidad) o abiertamente ilegales como en el caso de la minera criminal. La proliferacin de mltiples exenciones, deducciones y tratamientos preferenciales a la medida de empresas mineras en la administracin del rgimen tributario colombiano insinuaran la presencia de procesos de captura y reconfiguracin institucional (Garay y Salcedo-Albarn, 2012).

En una perspectiva internacional, diferentes estudios demuestran que la minera como actividad econmica contribuye con el desarrollo y la acumulacin de riqueza en los pases desarrollados. All las grandes compaas mineras utilizan la ms avanzada tecnologa, son obligadas a mitigar los efectos ambientales y a respetar las normas laborales, y pagan impuestos relativamente altos en comparacin con lo que pagan en los pases dependientes y en la periferia capitalista.

Al contrario, en pases de frica, Amrica Latina y Asia, los gobiernos subordinados al Banco Mundial BM y al Fondo Monetario Internacional FMI entregan sus riquezas a la explotacin de corporaciones transnacionales que desconocen toda norma ambiental, pagan bajos salarios a los trabajadores apoyndose en la desregulacin de las normas laborales, pagan bajos impuestos, tienen una serie de exenciones tributarias y corrompen a las autoridades que les permiten toda clase de arbitrariedades. Y eso, cuando no estn financiando guerras tribales y regionales.

En estos pases en desarrollo, la minera legal e ilegal se ha convertido en una verdadera maldicin. La maldicin de Midas. Las regiones mineras como sucede en Colombia estn entre las menos desarrolladas, tienen los mayores niveles de pobreza, violencia, descomposicin social y deterioro del ambiente. La dbil institucionalidad estatal queda subordinada al poder de las grandes empresas transnacionales, mafias locales, regionales y nacionales, que no respetan leyes nacionales que a veces cumplen preceptos internacionales pero que se quedan en el papel.

Construir fuertes movimientos democrticos que recuperen la soberana poltica de manos de la oligarqua entreguista como han hecho los pueblos de Venezuela, Bolivia y Ecuador , es un primer paso para en verdad formalizar la produccin minera y extractiva, recuperar el control de los recursos naturales, re-negociar contratos, reajustar impuestos, hacer cumplir las normas ambientales y proteger los ecosistemas, garantizar autonoma en sus territorios a comunidades indgenas y afros, y usar los recaudos estatales para financiar un verdadero desarrollo integral.

Sin embargo los trabajadores debemos aspirar a ms. La crisis ambiental y energtica del mundo construido alrededor de la qumica del petrleo y el consumismo desaforado de mercancas desechables nos obliga a luchar contra la esencia crematstica del capitalismo. La idolatra al oro (dinero) debe terminar si queremos mantener la especie humana sobre la tierra. Tenemos que escoger entre el brillante corruptor descrito magistralmente por Shakespeare, y la frgil naturaleza terrestre en la cual la vida humana es slo una minscula nada indispensable parte de ella.

Notas:

[1] Como consecuencia del creciente consumo de materias primas, las inversiones en exploracin minera han crecido en forma vertiginosa en los ltimos aos. En el ao 2009, los gastos totales para trabajos de exploracin de metales no ferrosos en todo el mundo ascendieron a USD 7,32 mil millones, y si se les suma el uranio se llega a USD 7,98 mil millones. Ver: La Minera en los Pases en Desarrollo - Desafos y Propuestas de Accin -. Misereor.

[2] Ver: http://www.cauca.gov.co/gestion/1737-declarada-emergencia-social-y-ambiental-en-el-cauca-por-problemas-en-la-explotacion-minera

[3] Volumen 1: http://www.contraloriagen.gov.co/documents/10136/182119332/Libro_mineria_sep3_2013.pdf/65bf77a0-8b0b-430a-9726-dad0e72639c6; Volumen 2: http://www.contraloriagen.gov.co/documents/10136/182119332/MineriaEnColombia-Vol2.pdf/6cc33e0c-29e9-4a65-8561-1215fa8d07a0

[4] Guillermo Rudas y Camila Osorio Avendao. El legado minero de Uribe La Silla Vaca

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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