Portada :: Espaa :: La indignacin toma las plazas
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2014

Indignacin, realidades y retos

Antonio Antn
Rebelin


Introduccin

La actitud ciudadana de indignacin social se conforma en varias etapas, con la combinacin de dos tipos de motivos y demandas populares socioeconmicas y democrticas- y la expresin de una masiva protesta social progresista con nuevos y renovados sujetos sociopolticos.

La formacin de esa conciencia cvica de indignacin no surge en un momento, es un proceso acumulativo; cobra un fuerte impulso con los dos acontecimientos y etapas de mayor impacto en la gente: primero, con el comienzo de la crisis econmica y sus graves e injustas consecuencias, con un fuerte y masivo descontento popular; segundo, a partir del ao 2010 se produce un paso cualitativo y se aade el desacuerdo popular y la oposicin sociopoltica y sindical a las polticas de austeridad y sus gestores gubernamentales y europeos. Y es en el ao 2011 cuando emerge el nuevo movimiento de los indignados o 15-M.

Al malestar socioeconmico y la exigencia de responsabilidad hacia los mercados financieros y el poder econmico, se aade la indignacin por la gestin regresiva de las principales instituciones polticas, la clase gobernante y su dficit de democracia. Esa doble indignacin de una amplia corriente social, al juzgarla desde valores democrticos e igualitarios, refuerza una actitud progresista de oposicin ciudadana y exigencia de cambios. Se favorece y legitima la accin colectiva de una ciudadana ms activa. Es un factor de fondo que permanece.

Estamos ante un nuevo ciclo sociopoltico, en una pugna social prolongada derivada, por una parte, de una ofensiva antipopular del poder econmico e institucional y, por otra parte, de una resistencia cvica con una nueva y heterognea dinmica de movilizacin social. Este proceso se ha configurado con la interaccin de tres dinmicas paralelas: una amplia indignacin popular; una nueva dimensin de la protesta colectiva, y la expresin de distintos grupos de activistas o representantes sociales como cauce para expresar pblicamente ese descontento.

Se ha conformado una ciudadana activa, un movimiento social diverso pero con unos perfiles comunes. Se confronta con el agravamiento de los problemas socioeconmicos y polticos (consecuencias de la crisis, polticas de recortes y austeridad, clase gobernante con dficit democrtico) y la gestin regresiva de unos adversarios poderosos (lites dominantes). De ah que sus movilizaciones y propuestas tengan un doble objetivo, progresista en lo socioeconmico y democratizador en lo poltico. Todo ello se articula en un proceso pacfico, de participacin democrtica y con gran legitimidad ciudadana. Se conforma un nuevo campo social crtico frente a los poderosos y tiene implicaciones en el mbito poltico electoral. Su impacto y su horizonte apuntan a un cambio social, cultural y poltico ms justo y democrtico y, al mismo tiempo, canaliza acciones reivindicativas ms concretas.

Dejamos al margen otro tipo de movilizaciones o acciones de protesta, como las dinmicas nacionalistas o soberanistas (aunque algunas de ellas como en Catalunya tienen relacin con esta problemtica) o las de carcter conservador (incluidas las promovidas por la jerarqua catlica).

Por tanto, estamos abordando interrogantes sobre esta contienda sociopoltica y el nuevo movimiento popular de carcter social, pacfico y democratizador: quines, frente a quin, por qu, cundo, cmo y para qu. Aqu se analizan estas cuestiones bsicas, explicando el origen, la formacin y las caractersticas de la indignacin, la protesta social y su representacin, en este nuevo ciclo sociopoltico, y los desafos de este movimiento social progresista.

  1. Origen y formacin de la indignacin

A ttulo introductorio, avanzamos algunos rasgos de la conformacin del proceso de indignacin. Se inicia con las primeras y graves consecuencias sociales de la crisis econmica (aos 2008-2009): el paro masivo, la desigualdad social y la incertidumbre socioeconmica (Antn, 2014; Piketty, 2014). Se produce un profundo y amplio descontento popular por esa problemtica social y sus efectos, la mayora de la sociedad los considera injustos y desiguales y seala ya a sus causantes y responsables directos: los mercados financieros y el poder econmico. La palabra indignacin se populariza ms tarde, pero ya podemos hablar de una amplia indignacin ciudadana, como enfado popular por una situacin socioeconmica considerada injusta. La pugna cultural se establece por la legitimidad en la mayora de la sociedad de una u otra interpretacin, actitud y posicin normativa: la valoracin de la gravedad y la persistencia de esas consecuencias sociales (o su minusvaloracin y transitoriedad con el discurso de la recuperacin); la exigencia de responsabilidades a los poderosos (o su aval), y las garantas de los derechos sociales y democrticos (o sus recortes). Fracasan esos intentos legitimadores del poder y sus aparatos mediticos, y en la mayora de la poblacin se refuerza la indignacin desde la cultura democrtica y de justicia social.

En el ao 2010 se incorpora una nueva caracterstica: la indignacin frente a los recortes sociales y laborales y la gestin regresiva de la clase poltica gobernante (y las instituciones europeas y la troika); es decir, la indignacin se ampla y se aaden motivos polticos, con la desconfianza popular en las lites polticas gestoras de la austeridad y la crtica al incumplimiento de los compromisos sociales y democrticos del Gobierno (socialista), con un distanciamiento (doloroso) con parte de su propia base social. Se conforma ya una corriente social indignada con ese doble sentido, se abre una brecha con los poderosos econmicos e institucionales y comienza la protesta social masiva, en ese ao, protagonizada inicialmente por el movimiento sindical. La pugna sociopoltica y cultural se establece en torno a la legitimidad social, bien de la poltica de austeridad y recortes sociales y sus gestores, o bien de la contestacin social contra ellos. Frente a la justificacin liberal conservadora de hacer lo que hay que hacer, o el matiz de la socialdemocracia gobernante de no se puede hacer otra cosa, se levanta el rechazo popular a una poltica injusta y una lite con rasgos autoritarios, que es necesario y posible cambiar. Se trataba de la pugna entre dos opciones: 1) favorecer la resignacin social, la neutralizacin del descontento ciudadano y la relegitimacin de las lites dominantes para consolidar una gestin regresiva y autoritaria de la crisis; 2) fortalecer la indignacin, evitar la pasividad y el fatalismo en la ciudadana e impulsar la protesta social a favor de la democracia, con mayor justicia social y un giro de la poltica econmica y laboral. Entre amplios sectores populares se mantiene el apoyo a la segunda opcin, sigue la deslegitimacin ciudadana hacia esa involucin social y democrtica de las polticas y la lite gobernante; no obstante, la presin cvica no consigue impedir los ajustes regresivos y se generan tendencias frustrantes al percibir el gran apoyo institucional, econmico y meditico del bloque de poder y la dificultad para obtener avances en el terreno reivindicativo.

En el ao 2011, a partir del 15 de mayo y en los meses siguientes, se desarrolla el llamado movimiento de los indignados y se populariza esa expresin. Ante la persistencia de la gravedad de la situacin y los recortes, emergen nuevos sujetos sociopolticos, se incorporan nuevos sectores a la protesta social y se consolida con su doble carcter: democratizador (frente a la gestin poltica regresiva, opuesta a la opinin mayoritaria de la ciudadana, y por la participacin democrtica y ciudadana) y con una perspectiva ms social y progresista (contra los recortes socioeconmicos y laborales, la desigualdad social y las lites dominantes, y en defensa de los derechos sociales y democrticos).

Posteriormente, tal como se detalla ms adelante, se mantiene esa amplia indignacin popular, contina el proceso de movilizacin global, aunque con altibajos y combinado con iniciativas locales o sectoriales, y se va modificando el protagonismo de distintos actores sociopolticos.

Los movimientos sociales los podemos definir como:

Desafos colectivos planteados por personas que comparten objetivos comunes y solidaridad en una interaccin mantenida con las lites, los oponentes y las autoridades (Tarrow, 2012: 21).

La protesta social progresista ha adquirido en Espaa un nuevo carcter y una nueva dimensin (Adell, 2013; Antn, 2013; Brito, 2013; Del Ro, 2012). Se han conformado nuevos sujetos colectivos, con renovacin de agentes sociales anteriores y participacin de nuevos sectores, grupos y activistas, particularmente juveniles. La intensificacin de la movilizacin sindical y ciudadana se inicia en el ao 2010. Las primeras grandes manifestaciones populares de este periodo se producen ya en febrero y marzo de ese ao, convocadas por los grandes sindicatos contra el primer gran plan regresivo del Gobierno de Zapatero (tras la primera crisis de la deuda griega y las presiones recibidas en Davos por el poder econmico y los gobernantes europeos): el recorte de los derechos de las pensiones pblicas. La mayora de la sociedad, segn encuestas de opinin, muestra su desacuerdo a ese recorte social y, tras la movilizacin social, se consigue su aplazamiento. Luego vino la huelga general del 29-S contra la reforma laboral y los recortes de mayo y junio.

Tras el parn movilizador producido a primeros del ao 2011 por el acuerdo entre las direcciones de los grandes sindicatos y el Gobierno socialista en torno a la reforma de las pensiones y la orfandad representativa de la ciudadana indignada y la izquierda social, en mayo del ao 2011 se produce una amplia movilizacin ciudadana y se expresa un nuevo sujeto sociopoltico, el movimiento 15-M. Los motivos u objetivos de este amplio y diverso movimiento social expresan el rechazo a las polticas de austeridad y a una gestin poltica gubernamental regresiva y con gran dficit democrtico. La indignacin social frente a las graves consecuencias sociales de la crisis, la oposicin a los recortes sociales y laborales y la crtica a los poderosos, los mercados financieros y la clase poltica gobernante, junto con la exigencia de democratizacin del sistema poltico y las decisiones institucionales, conforman una nueva dinmica sociopoltica.

Cristaliza una corriente social indignada frente a esos factores sistmicos, socioeconmicos y polticos, y se expresa un nuevo y heterogneo sujeto sociopoltico, la ciudadana activa progresista. Se refleja, por una parte, por el nuevo impulso de un movimiento sindical ms crtico y movilizador, con masivos procesos huelgusticos de carcter general (tres huelgas generales en dos aos) y sectorial (principalmente frente a recortes del sector pblico enseanza y sanidad- o reestructuraciones de plantillas); por otra parte, con la emergencia y la consolidacin de un nuevo movimiento social (15-M y su expresiones derivadas o similares y, ms tarde, con nuevos actores y agrupamientos asociativos), democratizador y crtico contra las lacras socioeconmicas y los recortes de derechos sociales, con una intensa participacin de jvenes y una gran legitimacin popular. Esta movilizacin social progresista se reafirma y confronta frente al bloqueo a las demandas populares y el incumplimiento del contrato social y electoral de los grandes partidos polticos, as como contra la gestin antisocial de los gobiernos (primero del PSOE y luego del PP) y la orientacin liberal-conservadora de las lites dominantes en la UE y la llamada Troika (FMI-BCE-CE). La opcin que se refuerza es la incidencia ciudadana desde la propia esfera de lo social, de la presin en la calle, frente a las grandes instituciones (polticas y financieras), exigiendo su reorientacin y democratizacin.

Por tanto, se trata de valorar los nuevos elementos de la realidad, los cambios en un doble plano, sociopoltico y cultural, del periodo actual. Se intensifica la movilizacin ciudadana progresista como respuesta a la poltica de austeridad de la clase poltica dominante. Se producen cambios en la conciencia social sobre el carcter poco democrtico de un poder oligrquico, los responsables de la crisis y su gestin regresiva, as como de la legitimidad de la accin colectiva y la protesta social para cambiar esa dinmica. Existen elementos sociopolticos y culturales distintos a los del periodo anterior, desde principios de los aos noventa: 1) mayor activacin de unos sujetos colectivos progresistas, con gran capacidad movilizadora y expresiva y, sobre todo, con gran legitimidad social; 2) afirmacin de una cultura de justicia social, igualdad y democracia; 3) deslegitimacin merecida de las grandes instituciones (econmicas y polticas, incluidas las internacionales) y los polticos gestores de la austeridad, que privilegian sus intereses corporativos.

Lo especfico de la etapa actual es que, junto con la continuidad de agentes y movimientos sociales anteriores, ha emergido un amplio y heterogneo movimiento de indignacin y protesta colectiva de orientacin progresista. Se ha constituido frente al dficit democrtico de las instituciones polticas que han aplicado una poltica de austeridad, agudizando las graves consecuencias sociales de la crisis socioeconmica. Es de carcter ms sistmico o global, por su contenido y articulacin, con nuevas interacciones con lo local, formas de comunicacin y mentalidades. Ha ampliado las oportunidades de cambio social y de incidencia poltica, con el empoderamiento de la propia ciudadana. La reafirmacin del s podemos es fundamental frente al fatalismo del no hay alternativas y la resignacin ante los recortes sociales y la gestin regresiva del poder poltico y la clase corporativa. Todo ello con una perspectiva histrica de su evolucin y su impacto.

Por tanto, existen nuevas resistencias colectivas o movilizaciones sociales de carcter progresista, con unos contenidos u objetivos sociales y democrticos, frente a una grave situacin material (lacras socioeconmicas ampliadas por la crisis econmica y gestin regresiva de las principales instituciones polticas) y unos adversarios representativos del poder econmico e institucional (financieros, clase poltica o corporate clase). Todo ello le confiere a este nuevo ciclo de la protesta social de unos elementos identificadores, con elementos comunes y de continuidad, y otros diferenciadores y especficos, sobre los que hay que profundizar.

Por ltimo, un buen anlisis es imprescindible para definir una posicin normativa y poder participar mejor en la transformacin de la propia sociedad. A la complejidad de la primera tarea analtica e interpretativa, se suman las dificultades derivadas de las implicaciones, intereses y procesos de legitimacin de los distintos actores sociales y su papel sociopoltico. En particular, se pone a prueba la capacidad articuladora, coordinativa y de orientacin de los grupos de activistas, ncleos asociativos o lites y personas ms influyentes para consolidar el movimiento. Ello en distintos planos: iniciativas generales y procesos de conjunto, arraigo local y movilizaciones especficas, legitimacin popular y elaboracin y unidad en torno a un cuerpo de ideas y objetivos comunes. Se trata de analizar la relevancia, el origen y las caractersticas de los ltimos movimientos de protesta social, sus problemas y desafos, para aportar al debate una perspectiva de futuro. Y para dar consistencia al anlisis concreto se trata de combinarlo con la valoracin crtica de las distintas interpretaciones tericas para entresacar lo adecuado y lo no adecuado de sus enfoques.

  1. Un nuevo ciclo sociopoltico

El ciclo de la protesta actual, como se ha avanzado, comienza en el ao 2010, no en 2011, que es cuando s se expresa el movimiento 15-M, como nuevo sujeto emergente, iniciando la segunda fase del ciclo actual. El nuevo proceso sociopoltico de movilizacin social contra la involucin social y democrtica que significa el giro hacia la austeridad de las principales instituciones europeas y espaolas, tiene su origen ms masivo con la huelga general del 29 de septiembre de 2010 (con grandes manifestaciones a principios de ese ao contra el plan gubernamental inicial de recorte de las pensiones y los primeros indicios del giro europeo hacia la poltica de austeridad). Por tanto, al definir el ciclo de la protesta actual o de la indignacin de hoy no se pueden desconsiderar la resistencia social y los elementos expresivos desencadenados ese primer ao, que conforman la novedad de la activacin de un amplio movimiento de protesta, encauzado inicialmente por el movimiento sindical. Los grandes sindicatos son una organizacin clsica, pero en esa coyuntura rompen con la inercia de la dcada anterior, de relativa pasividad, y constituyen un factor relevante de cambio sociopoltico progresista. Adoptan, con discontinuidades, una nueva actuacin crtica y movilizadora, con la activacin democrtica de millones de personas contra los recortes sociolaborales y la configuracin de un nuevo campo social emergente diferenciado de la clase poltica gobernante y su giro antisocial.

El masivo descontento e indignacin social (aunque ese nombre se populariz despus) se va conformando desde comienzos de la crisis socioeconmica, por la percepcin de amplias capas de la sociedad de la gravedad de las consecuencias sociales de la crisis socioeconmica (paro, jvenes sin futuro, empobrecimiento, primeros desahucios) y su carcter injusto. A ello se le aade el rechazo a las medidas regresivas y de austeridad (recortes sociales y laborales) del Gobierno Zapatero (mayo y junio) y la frustracin entre sectores populares y de izquierda social por su giro antisocial y el incumplimiento de sus compromisos con la ciudadana (las primeras encuestas del CIS donde ya se refleja la importante desconfianza ciudadana en la clase poltica, datan de julio y octubre de 2010). La respuesta colectiva la encauza, primero, el movimiento sindical: El 29-S (al menos, cuatro millones de huelguistas, cientos de miles de manifestantes, antes y despus, y ms del 60% de la opinin pblica contra la reforma laboral del gobierno) ya expresa una amplia brecha social con esa clase poltica, gestora de los recortes. Se abre un nuevo escenario sociopoltico con la emergencia de un campo social progresista y democratizador diferenciado del Gobierno socialista (y de la derecha).

En consecuencia, en el ao 2010 se inicia un nuevo ciclo sociopoltico, con una masiva protesta colectiva o resistencia social frente a la poltica de austeridad gubernamental y la desconsideracin de las demandas populares. Se genera una amplia movilizacin ciudadana, con un doble contenido: socioeconmico (contra el paro, los recortes sociales y el retroceso de condiciones laborales y derechos sociales) y sociopoltico (frente a la gestin antisocial de la clase poltica gobernante y por un mayor respeto democrtico a la opinin ciudadana y de los agentes sociales, con una amplia participacin popular) (Antn, 2011).

Por tanto, en otoo de 2010 se empiezan a constituir los rasgos principales de este nuevo ciclo de la protesta colectiva: 1) amplia conciencia social de una situacin injusta y una gestin econmica y poltica regresiva y antisocial, es decir, la configuracin de una amplia corriente social descontenta e indignada; 2) percepcin de un bloque de poder, con los responsables o causantes contra los que se dirigen el descontento y las exigencias (Gobierno o clase poltica gobernante, poder econmico y financiero, instituciones de U. E. Bruselas, Berln y Frankfort-, lites ricas o poderosas); 3) amplia movilizacin colectiva de una ciudadana activa progresista, con unos agentes sociales definidos (primero el sindicalismo, luego el movimiento 15-M y despus ambos y distintas plataformas asociativas) y un empoderamiento de la ciudadana crtica, como sujeto activo (s podemos), frente al fatalismo y la resignacin (no hay alternativas ni margen de maniobra), y con capacidad de influencia; 4) motivos socioeconmicos (contra la austeridad y los recortes sociolaborales) y polticos (otra gestin poltica, respeto gubernamental a los compromisos sociales, democratizacin), donde se combinan objetivos ms concretos (reforma de la ley electoral, transparencia frente a la corrupcin, No a la reforma laboral, No a los desahucios, empleo decente,) y ms generales (rectificacin de la poltica de austeridad, cambio global, derechos sociales, ms democracia,).

El encadenamiento de los cuatro tipos de factores, distintivos del periodo actual, marca la orientacin y la identificacin social, democrtica y progresista de estas protestas sociales. Se producen desde la esfera social hacia (o frente) las medidas y estrategias liberal-conservadoras y el dficit democrtico de las grandes instituciones polticas; generan un brecha social con la clase poltica gobernante, conformndose un nuevo y ms amplio campo sociopoltico progresista distanciado del Gobierno socialista, gestor inicial de una poltica regresiva, y luego del Gobierno conservador.

Lo que cambia en la primavera de 2011 es el carcter y el protagonismo de los principales actores que encauzan la expresin colectiva de esa indignacin que de las estructuras de los grandes sindicatos pasa al movimiento 15-M. No obstante, el ao 2012, se produce un entrecruzamiento ms complejo entre ambos actores y dinmicas, incluyendo formas mixtas como las mareas ciudadanas (enseanza y sanidad). Y finalmente, en este curso 2013-14, junto con el menor protagonismo global de esos dos movimientos, se desarrollan conflictos sociales diversos y se generan grandes movilizaciones a travs de coordinaciones diversas de numerosas asociaciones, incluyendo sindicalistas y activistas de ambos (Cumbre Social, con los grandes sindicatos y ms de mil organizaciones en el 23-N-2013, y la Marcha de la Dignidad con el apoyo de cientos de grupos sociales y sectores de izquierda en el 22-M-2014). El movimiento popular, con altibajos, permanece, y va cambiando la composicin y las caractersticas de los ncleos y coordinaciones asociativas capaces de encauzar las grandes expresiones colectivas de la indignacin ciudadana. Se hace evidente la complejidad, a veces no exenta de tensiones, para estimular y conjuntar procesos amplios y configurar una lite asociativa democrtica que favorezca la coordinacin y representacin (o portavoca) unitarias y con respeto al pluralismo interno, aspecto tratado posteriormente.

  1. Cambios culturales y de mentalidad

En el campo cultural e ideolgico, se generan nuevas ideas fuerza en la izquierda social y, particularmente, entre gente joven. La cultura democrtica y de justicia social de la ciudadana progresista o los valores igualitarios y solidarios de los sectores juveniles ms inquietos, se confrontan con las nuevas realidades socioeconmicas y polticas. Ante la gestin institucional y econmica antisocial e impositiva, se desarrolla una nueva conciencia social sobre componentes sistmicos: desconfianza en el poder econmico e institucional y las lites dominantes (responsables de la crisis y la gestin regresiva); pertenencia al segmento de los de abajo, los perjudicados y desfavorecidos; reafirmacin de la indignacin ciudadana desde la cultura igualitaria de la justicia social, y legitimacin de la accin colectiva, progresista y democrtica, frente a la involucin social y poltica. Esas percepciones se van consolidando y conforman una nueva visin, a diferencia de la mentalidad dominante en el periodo anterior, sobre la estructura social, el poder econmico e institucional y los mecanismos y agentes con influencia sociopoltica y democrtica.

Es decir, se produce un choque entre el deterioro de las realidades socioeconmicas y polticas dominantes y los intereses y la conciencia democrtica y de justicia social de la mayora de la ciudadana. As se generan elementos culturales emergentes que afectan a la percepcin de la nueva cuestin social y la necesaria regeneracin democrtica y, dado el bloqueo institucional junto con la responsabilidad del PSOE por su giro antisocial, se abre paso la iniciativa popular y la protesta colectiva, con una relativa orfandad en la representacin poltica pero con una reafirmacin de esa cultura democrtica e igualitaria. La existencia de unas estructuras de movilizacin y la construccin de otras nuevas, permitirn articular esas protestas colectivas, enmarcadas, por una parte, por las agresiones de los poderosos, con sus potentes recursos institucionales, econmicos y mediticos, y el intento de subordinacin de la ciudadana, y por otra parte, por el descontento social derivado del sufrimiento, el empobrecimiento y la incertidumbre vital de la mayora de la sociedad. El acierto en la eleccin del momento, los lemas, los repertorios de accin y los cauces expresivos, ser un complemento fundamental para lograr la masividad, la persistencia y la orientacin social y democrtica de este amplio movimiento de protesta colectiva.

Los sentimientos humanitarios y solidarios, tpicos de los jvenes inconformistas de los aos noventa y primeros dos mil, se enfrentan a una nueva realidad, y se modifican y profundizan. No se trata solo, o principalmente, de respuestas a problemas externos a su realidad inmediata sobre los que se movilizan y solidarizan para paliarlos o mejorarlos. La anterior experiencia solidaria se situaba en un contexto determinado: crecimiento econmico y de empleo, desarrollo social, cultural y de derechos y expectativas laborales, individuales y colectivas, de ascenso social y profesional, aunque fuese lento y desde la precariedad laboral. Con la crisis del empleo y los recortes sociales, esas trayectorias de mejora progresiva del estatus socioeconmico y poltico de los jvenes se bloquean y, mayoritariamente, perciben las dificultades y los retrocesos para ellos mismos y su entorno. La injusticia social (el paro, los recortes sociolaborales, los desahucios, la gestin institucional regresiva) les afecta directamente y de forma profunda y duradera.

Por tanto, con la crisis socioeconmica y la gestin poltica antisocial, su experiencia, sus ideas, sus intereses inmediatos y su horizonte vital e ideolgico cambian. El motivo de su protesta es directo, sobre todo, evitar para ellos mismos y su entorno inmediato un retroceso de su posicin social y garantizar su futuro. En ese sentido, su conciencia y su comportamiento tienen que ver ms con la igualdad social y la democracia, que son los dos elementos sistmicos cuestionados por el poder econmico y poltico. La solidaridad se fortalece por la pertenencia comn a los perdedores, a la reciprocidad de los propios sujetos afectados y la comprensin y apoyo colectivo entre ellos. La conciencia sobre los obstculos o los adversarios se van reconfigurando, se debilita la visin normalizada de la capacidad de gestin positiva (u ordinaria) de las grandes instituciones y los lderes gobernantes. Esa deslegitimacin poltica del poder o las lites se contrapone con una participacin y un apoyo a la protesta social, con la legitimidad de agentes sociales significativos.

En consecuencia, las ideas sobre estos elementos sistmicos, de los jvenes avanzados socialmente, al igual que la misma generacin de la dcada anterior, se siguen basando en la cultura democrtica, igualitaria y solidaria, pero se confrontan con otra realidad, se renuevan y reafirman. Ello da lugar a otras ideas fuerza, a la transformacin del sentido y la implicacin prctica de esos valores. Y los jvenes indignados de ahora expresan nuevas actitudes sociopolticas y formas masivas de comunicacin y protesta.

Este proceso y su contexto son diferentes a la etapa de los aos ochenta con los movimientos sociales viejos sindicalismo- y nuevos pacifista, feminista, ecologista-. Sobre todo, tiene componentes nuevos y distintos a la fase prolongada de desmovilizacin social desde mitad de los aos noventa hasta el ao 2010, junto con el debilitamiento de la capacidad movilizadora de los anteriores movimientos sociales. En general, en ese largo periodo, los llamados movimientos sociales languidecen, aunque persisten en un trabajo asociativo de base, y entre los jvenes solidarios predomina la participacin a travs de asociaciones y ONG, con temticas ms concretas y gestin asistencial y sociocultural. La excepcin en la protesta social progresista se produce, especialmente, en el breve periodo de reactivacin de la movilizacin ciudadana entre 2002/2004: solidaridad internacional, asunto Prestige, huelga general, instrumentalizacin antidemocrtica del gobierno del PP y, sobre todo, movilizaciones contra (la presencia espaola en) la guerra de Irak. Esa coyuntura tiene muy diferente situacin econmica, pero presenta elementos sociopolticos parecidos a los actuales: prepotencia del Gobierno de Aznar, con actuaciones regresivas graves, y respuesta ciudadana masiva, sobre todo desde la esfera social (plataformas y foros sociales), junto con la participacin de izquierdas polticas y sindicatos, as como el resto de tejido asociativo y personalidades del mundo cultural.

  1. Elementos novedosos del actual ciclo de la protesta social

Este nuevo ciclo presenta novedades. Se inicia por el incremento de la importancia de la indignacin y el descontento derivados de la gravedad de la desigualdad social, los factores socioeconmicos de la crisis y las polticas regresivas de austeridad, as como de la gestin antisocial y distanciada de la ciudadana (y su electorado) del aparato del PSOE, que tiene inicialmente la responsabilidad institucional. La crisis social se combina con la deslegitimacin de la lite gobernante y financiera (el poder o la clase dirigente) y una amplia resistencia popular. De ah que la desafeccin hacia el Gobierno socialista (y despus de la derecha) sea positiva y est justificada por su giro regresivo, su orientacin liberal-conservadora y su dficit democrtico (incumplimiento de su contrato social y electoral). Aparece una corriente social indignada y una ciudadana activa con una significativa conciencia de la justicia social y la democracia. Se produce un nuevo impulso y papel de los movimientos sociales y de la protesta social (y sus representantes o activistas). La particularidad es que se articula, primero -2010-, en torno al sindicalismo, despus -2011-, a travs del movimiento 15-M, luego -2012/13- con una combinacin de ambos, por separado aunque menos distantes y con algunas frmulas mixtas como las mareas ciudadanas (enseanzas, sanidad) y la activacin de iniciativas locales y sectoriales (desahucios); por ltimo, el cauce expresivo principal lo aportan diversos conglomerados asociativos en distintas plataformas o coordinaciones (23-N-2013 y 22-M-2014).

El movimiento sindical modifica su prolongada trayectoria de quince aos de dilogo social y dbil conflictividad laboral, por una actuacin ms crtica y movilizadora. Tiene un nuevo papel sociopoltico, al activar a sus bases sociales y a la izquierda social, precisamente frente a un gobierno socialista. El movimiento 15-M irrumpe y cristaliza rpidamente, en torno a varios miles de activistas jvenes y la participacin, la comprensin y el apoyo a sus objetivos democrticos e iniciativas de denuncia, de un sector amplio de jvenes, as como de la izquierda social y la ciudadana indignada.

Por tanto, este nuevo ciclo de la movilizacin colectiva (progresista), en cada uno de los tres primeros aos desde su inicio, ha tenido una combinacin diferente; en el cuarto ao 2013 (y lo que llevamos de 2014) presenta algunas particularidades. En su conjunto es una realidad ms compleja, heterognea y doble, que se puede englobar en un concepto ms genrico como ciudadana activa. En todo caso, como se detalla en otra parte (Antn, 2011), ya aquel otoo de 2010 y confirmado en la primavera de 2011, se produce un cambio cualitativo de escenarios o dinmicas sociopolticas. O, como sealan otros autores (del Ro, 2012), es un episodio mayor de la historia de la resistencia social (o un logro de particular importancia). Quedan atrs todas las interpretaciones promovidas desde la derecha y, especficamente, desde el aparato gubernamental socialista y los medios afines de comunicacin, de infravalorar la dimensin y el significado sociopoltico, primero de la huelga general del 29-S-2010 y luego de las movilizaciones del 15-M en la primavera de 2011. La evidencia de la continuidad y la legitimidad de la protesta social, el paso del PSOE a la oposicin parlamentaria y que el gestor institucional principal sea el PP, hacen que en el ao 2012 una parte de los medios y sectores socialistas, que antes confrontaban contra esta movilizacin social, ahora sea ms tolerante y objetiva con la valoracin de este doble movimiento, sindical y ciudadano. ste desarrolla un nuevo impulso participativo y de legitimacin a pesar de la reaccin airada de la derecha.

Actualmente curso 2013/2014-, las grandes manifestaciones del 23-N-2013 y el 22-M-2014 y el gran apoyo popular a la plataforma contra los desahucios y distintos conflictos sociales, han demostrado la persistencia de este movimiento (con un papel ms secundario de los grupos de activistas del movimiento 15-M y de las direcciones de los grandes sindicatos) y su gran legitimidad social. No obstante, permanecen algunas incgnitas: la continuidad y la duracin de las protestas masivas por objetivos o motivos ms generales; la promocin y la combinacin con iniciativas locales o sectoriales enraizadas con asociaciones de base y reivindicaciones ms concretas; el desarrollo de formas y relaciones organizativas ms consistentes de redes y grupos sociales que avancen en representaciones unitarias; as como mantener su carcter plural y pacfico y evitar iniciativas minoritarias, violentas y contraproducentes, que pueden facilitar la disminucin de su legitimidad, su aislamiento y la represin gubernamental.

A medio plazo parece que la situacin general, socioeconmica e institucional, no tiene visos de mejora sustancial y que es previsible una prolongada etapa de crecimiento econmico escaso y, sobre todo, de persistencia de un masivo desempleo (con cada vez menor cobertura de proteccin). Por mucho que la propaganda oficial insista en la recuperacin econmica, la realidad en la mayora de la sociedad es la consolidacin de los recortes sociales y laborales, la desigualdad y el paro masivo, la menor capacidad adquisitiva y la incertidumbre vital. Todo ello con la colaboracin o responsabilidad de las lites gobernantes y la profunda desconfianza popular en su gestin. Las consecuencias sociales de la crisis y la poltica de austeridad se pueden agravar, y tener efectos ms profundos y ambivalentes sobre la cohesin social, la integracin social y cultural y la convivencia intertnica.

En definitiva, a pesar de todas las campaas de contencin, minusvaloracin y desprestigio, promovidas desde los poderes econmicos e institucionales y sus correspondientes aparatos mediticos, en los mbitos progresistas y de izquierda se ha conseguido un consenso amplio sobre la valoracin positiva de esta nueva realidad de la protesta social o las resistencias colectivas, de su carcter democrtico y social. Se asienta en su amplia legitimacin social y el cuestionamiento a los polticos gobernantes. No obstante, existen otros aspectos complementarios, novedosos y ms controvertidos a los que he aludido antes y que resumo:

1) Las movilizaciones ciudadanas de protesta o resistencia colectiva tienen un cauce y una representacin social inicialmente doble (sindical y 15-M) y luego ms diversos y complejos: dinmicas mixtas, similares o aliadas como Cumbres sociales, mareas ciudadanas, plataforma contra los desahucios, etc. y nuevas articulaciones de grupos sociales y distintas plataformas ciudadanas. Todo ello conforma un entramado asociativo que, con ocasin de las grandes movilizaciones, ha conseguido superar su fragmentacin y ofrecer un cauce unitario. La composicin de esa ciudadana activa, de esas bases sociales ms participativas, es doble: una parte proviene de la izquierda social (bases adultas y jvenes de los sindicatos, la izquierda poltica y otros grupos y movimientos sociales, incluido desafectos y votantes del PSOE) y otra parte proviene de nuevas capas sociales y jvenes (progresistas), con menores referencias ideolgicas y polticas, y de elementos del movimiento asociativo anterior. Aunque tambin existe una base social comn o mixta y una amplia ciudadana indignada que comparte objetivos e iniciativas comunes.

2) Las movilizaciones se promueven y producen desde la esfera social, precisamente frente a un gobierno socialista y despus de la derecha, es decir, frente a la clase poltica gobernante y el bipartidismo, responsables de la gestin institucional regresiva. La dimensin y la persistencia de la movilizacin social desmienten a todos los agoreros de su declive inmediato, su minusvaloracin o su carcter pasional y evanescente. No constituyen una fuerza social suficiente para imprimir un giro econmico e institucional sustancial, pero articula una significativa presin social que condiciona la agenda poltica, erosiona la legitimidad de los poderosos y sus polticas regresivas y fortalece unas mentalidades democrticas e igualitarias; todo ello es imprescindible para el cambio social y poltico y positivo para la renovacin de las izquierdas.

3) Su contenido, sus objetivos o sus motivos se fundamentan en dos planos, socioeconmico y sociopoltico e institucional: la oposicin al carcter regresivo de la poltica socioeconmica (el reparto injusto de los costes de la crisis) y una gestin poltica con poco respeto democrtico a la ciudadana y su electorado. Denotan una amplia conciencia (o cultura) cvica, democrtica y de justicia social y apuntan a la crtica y la transformacin de componentes socioeconmicos y polticos, inmediatos y sistmicos.

Las movilizaciones sindicales y ciudadanas de este ciclo nacen con un perfil progresista, en lo social y lo econmico, y democratizador, en lo poltico. Cuentan con una gran legitimidad ciudadana, cuestionando consensos institucionales fundamentales sobre este rgimen poltico y el aparato econmico de las ltimas dcadas. Las dos ideas fuerza estn presentes en las distintas expresiones de este proceso participativo, aunque de forma algo diferente en cada campaa e iniciativa con mayor o menor protagonismo de unos u otros activistas y representantes.

La formulacin de algunos lemas ms o menos simblicos o generales, tanto de los sindicatos cuanto del movimiento 15-M, estn unidos a estos contenidos e ideas fuerza, conectadas al nuevo contexto. Los dos ejes fundamentales del descontento social son: 1) polticas de austeridad (gestin poltica regresiva que empeora las consecuencias sociales de la crisis provocada por los mercados financieros); 2) dficit democrtico de las grandes instituciones polticas y las lites gestoras. Los objetivos e ideas bsicos estn claros en el movimiento sindical desde el principio (As, no; Rectificacin ya!, y la ILP en defensa de los derechos sociolaborales, en otoo de 2010). Y tambin en el movimiento 15-M, cuyas alternativas concretas, desde su comienzo, se sitan en los dos planos: 1) intervencin pblica o regulacin de la economa y derechos sociales y laborales (objetivos 2, 3, 4, 7, 10, 11, 12); 2) democratizacin del sistema poltico y participacin cvica (objetivos 1, 5, 6, 8, 9, 13, 14, 15, 16) [1].

Esas ideas, razones o motivos estn presentes en la mayora de la gente y responden a problemas sustanciales de la sociedad. No son solo emociones vaporosas o lquidas. Se asientan en unos valores de justicia social y permiten identificar las protestas sociales con un sentido progresista, pacfico, democrtico y de izquierdas y enfrentadas a los poderosos. Es una respuesta a realidades profundas y duraderas (slidas), como la crisis social y la prdida de derechos, la apropiacin de riqueza y poder de los poderosos con fuerte desigualdad social y la deslegitimacin del sistema poltico y la lite gobernante. Al mismo tiempo, expresan la aspiracin a una dinmica ms justa y democrtica.

  1. Desafos para un movimiento popular progresista

Podemos resumir cuatro retos existentes para las sociedades europeas, particularmente del Sur, como Espaa: 1) derrotar la austeridad y sus gestores gubernamentales, terminar con la hegemona institucional del bloque de poder conservador representado por Merkel y la Troika, para promover una va clara de crecimiento econmico y de empleo decente, sin subordinacin a los mercados financieros y con la defensa de los derechos sociolaborales y las prestaciones y servicios pblicos; 2) profundizar en la democratizacin de los Estados y, especialmente, de las instituciones europeas, con el refuerzo de las garantas democrticas, la participacin ciudadana y la propia sociedad civil, as como la renovacin de la poltica y su representacin institucional; 3) revertir la profunda brecha entre el Norte (acreedor) y el Sur (deudor) y construir una Europa ms social y solidaria; 4) disminuir la desigualdad (socioeconmica y de estatus) y favorecer la integracin social y la convivencia pacfica desde la interculturalidad y frente a la xenofobia, la segregacin y la segmentacin de la sociedad.

Es ineludible abordar los procesos de conformacin y ampliacin de una alternativa poltica unitaria, progresista y de izquierdas. Pero su plasmacin es ms especfica y exige ms finura en la articulacin de intereses y propuestas. Supone un ejercicio tambin de renovacin y aprendizaje para superar sus lmites actuales. No es fcil; se arrastran dificultades de diverso tipo, para cuya superacin habr que desarrollar las mejores cualidades democrticas y ticas de esos aspirantes a la nueva representacin poltica (Antn, 2013).

Pero el factor decisivo para garantizar un proceso de cambio social y, tambin, poltico institucional ser la continuidad y el fortalecimiento de un poderoso movimiento popular, con un carcter social y democratizador y gran legitimidad ciudadana, con una fuerte dignidad cvica, frente a la indignidad de los poderosos. La protesta social progresista ha tenido como blancos, sobre todo, las dos primeras problemticas, la desigualdad socioeconmica con los recortes sociales y la poltica de austeridad, y el dficit democrtico de las instituciones pblicas y las lites gobernantes. Ha abordado parcialmente la construccin europea. Y apenas se ha debatido en Espaa (a diferencia de otros pases europeos) la necesidad de polticas y dinmicas interculturales e integradoras para afrontar esa realidad de desigualdad y marginacin. El principal reto de este movimiento social es su consolidacin como agente sociopoltico progresista, con la vertebracin de la ciudadana activa, cierta estabilidad organizativa y una capacidad de representacin y liderazgo de la sociedad ms crtica. Es la apuesta ms difcil, pero ms segura para caminar hacia una Europa ms justa, solidaria y democrtica. La protesta social progresista tiene motivos y condiciones para continuar. La participacin activa de la ciudadana tambin es un factor democratizador imprescindible. La consolidacin de este campo social crtico es un factor fundamental para avanzar en los otros dos desafos globales: la renovacin y el refuerzo de las izquierdas y fuerzas progresistas, y el impulso del cambio social, poltico e institucional en Espaa y la Unin Europea.

Notas:

El presente artculo corresponde a la primera parte de la ponencia presentada en las Jornadas de investigacin crtica, TRES AOS DE INDIGNACIN: LA EMERGENCIA DE NUEVOS SUJETOS SOCIOPOLTICOS. Organizadas por: Facultad de Ciencias Polticas y Sociologa de la UNED; Red CONTESTED_CITIES (Nodo UAM-Madrid); Federacin Espaola de Sociologa (FES); Universidad de Salamanca; Universitat de Vic; Fundacin Betiko, y Comunaria. Madrid, 8 y 9 de mayo de 2014.

[1] Los objetivos aprobados en la asamblea de la Puerta del Sol, el 20 de mayo de 2011, son los siguientes: 1) Cambio de la Ley Electoral. 2) Atencin a los derechos bsicos y fundamentales. 3) Abolicin de las leyes y medidas discriminatorias e injustas (Plan Bolonia, Ley de Extranjera). 4) Reforma fiscal favorable para las rentas ms bajas. 5) Reforma de las condiciones laborales de la clase poltica y que los programas y propuestas polticas tengan carcter vinculante. 6) Rechazo y condena de la corrupcin. 7) Medidas plurales con respecto a la banca y los mercados financieros. 8) Desvinculacin verdadera entre Iglesia y Estado. 9) Democracia participativa y directa. 10) Verdadera regularizacin de las condiciones laborales. 11) Cierre de todas las centrales nucleares y la promocin de energas renovables y gratuitas. 12) Recuperacin de las empresas pblicas privatizadas. 13) Efectiva separacin de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. 14) Reduccin del gasto militar y mayor control de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. 15) Recuperacin de la Memoria Histrica. 16) Total transparencia de las cuentas y de la financiacin de los partidos polticos.

Bibliografa

Adell, R. (2013): Re-movilizacin social en contexto de crisis, ponencia presentada en el XI Congreso Espaol de Sociologa-FES. Grupo de trabajo n 20 (Movimientos sociales, accin colectiva y cambio social), Madrid, julio.

Antn, A. (2014): Sujetos y clases sociales, Madrid, Fundacin 1 de Mayo.

Antn, A. (2013): Ciudadana activa. Opciones sociopolticas frente a la crisis sistmica, Madrid, Sequitur.

Antn, A. (2011): Resistencias frente a la crisis. De la huelga general del 29-S al movimiento 15-M, Valencia, Germana.

Cruells, M. e Ibarra, P. (eds.) (2013): La democracia del futuro. Del 15-M a la emergencia de una sociedad civil viva, Barcelona, Icaria.

Brito, J. M. (2013): El ciclo de la protesta social: la accin colectiva despus de la indignacin, en Pgina Abierta, n 224, enero-febrero de 2013.

Del Ro, E. (2012): De la indignacin de ayer a la de hoy. Transformaciones ideolgicas en la izquierda alternativa en el ltimo medio siglo en Europa occidental, Madrid, Talasa.

Piketty, T. (2014): Le capital au XXIe sicle, Pars, Seuil.

Tarrow, S. (2012) [1994]: El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la accin colectiva y la poltica, Madrid, Alianza.

Antonio Antn. Profesor honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter