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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2014

Espaa atrapada en Europa

Juan Torres Lpez
Rebelin


Durante aos, Europa represent un horizonte atrayente y slido, el espacio del que se esperaba que viniese un impulso de libertad y progreso que permitiera superar tantos aos de dictadura y de atraso social. Pero con el tiempo esa Europa de esperanza se ha convertido en la fuente de muchos de nuestros ms graves problemas.

La mala negociacin de adhesin en la Comunidad Europea desmantel nuestra agricultura en beneficio de la de centroeuropa, nos desindustrializ y puso en manos de capitales extranjeros nuestros mejores activos y canales de distribucin. Sin que apenas se discutiera sobre ello, pues quien hablaba de lo negativo que poda suponer ese entrada en Europa era tachado enseguida de extremista o de loco, se dio lugar a que nuestra economa se consolidara como un espacio perifrico y de cuasi colonizacin. Una dinmica que se fortaleci cuando Europa se puso a la vanguardia mundial en la aplicacin de las polticas neoliberales y cuando su Estado de Bienestar que habamos tomado como ejemplo se fue debilitando, acrecentndose las desigualdades y asimetras entre personas y regiones.

Ms adelante los sucesivos tratados y sobre todo la integracin en un euro diseado al servicio del capital financiero y de Alemania nos impusieron corss que nos condenaron a soportar sin defensas las tensiones internas y los shock externos que inevitablemente iban a producirse.

Poco a poco fueron creciendo los dficit. El externo como consecuencia de nuestra prdida de pulso productivo y de competitividad y el social por la presin de las polticas deflacionistas impuestas por Europa en beneficio de las rentas del capital. Y as, Espaa solo pudo consolidarse como tierra de conquista, como el destino privilegiado de los capitales que el correlativo supervit alemn generaba y que aqu llegaban en forma de prstamos multimillonarios que hacan ganar fortunas a los bancos pero que ms tarde nos helaran la sangre.

Las polticas de austeridad terminaron por cerrar el crculo: con la excusa de los dficit que empezaba a generar la crisis impusieron nuevos recortes que a la postre han provocado un mayor hundimiento de la actividad que incluso eleva ms todava la deuda. As han hecho que la crisis de deuda privada se haya convertido en una de deuda pblica que hemos de pagar todos los ciudadanos aumentando la esclavitud de los pueblos ante la banca.

Ahora contemplamos desnudos que la Europa en la que depositamos nuestras esperanzas es la que desmantela la democracia y la que empobrece a sus territorios, la que esclaviza a naciones enteras y la que sin pudor se nos presenta como una mera herramienta de los poderes multinacionales y bancarios ms inmorales, improductivos y empobrecedores del orbe.

Espaa est atrapada en una Europa que se ha traicionado a s misma y que se ha convertido ya sin disimulo en una autntica dictadura y a mi juicio tenemos ante nosotros solo cuatro posibles alternativas, dos conservadoras y otras dos de progreso. Las desarrollo con ms detalle en un libro que espero est pronto en la calle y las resumo muy rpidamente a continuacin.

La primera conservadora es seguir en Europa como estamos, seguir obedeciendo y simplemente esperar a que escampe la lluvia y que todo vuelva a su cauce. Pero a m no me parece una alternativa sino un suicidio porque ya nada volver a ser como antes, suponiendo que lo de antes sea algo valioso y que resolviera nuestros problemas.

La segunda es simplemente salir del euro, denunciar la deuda y reestructurarla y tratar de sobrevivir a los mercados con polticas de devaluacin creyendo que con la mera soberana monetaria y con polticas intervencionistas se podra dar la vuelta a la situacin. Una solucin no menos conservadora y muy poco valiosa a mi parecer porque no sera posible hacer frente a las tempestades que eso levantara sin sufrir daos muy considerables y un empobrecimiento que sobre todo pagaran los grupos sociales de por s ms desfavorecidos.

La tercera alternativa y primera progresista es salir del euro con el apoyo de una enorme fuerza social y poltica capaz de poner en marcha una estrategia de cambios profundos que pusieran en manos y en funcin del inters pblico los discos duros de nuestra economa, controlando directamente los sectores estratgicos, y poniendo rpidamente en marcha procesos de reestructuracin productiva y de la base energtica capaces de crear nuevos focos de generacin de ingresos endgenos bajo otra pauta distributiva y redistributiva.

La cuarta alternativa y segunda de progreso es apostar por construir una nueva Europa creando una autntica democracia supranacional, modificando sus instituciones y sobre todo el diseo del euro para acabar con su actual arquitectura que est concebida para servir de punta de lanza de las polticas neoliberales y para garantizar el podero de los grandes capitales y la salvaguarda de los intereses electorales de los partidos centroeuropeos que los defienden.

Ninguna de estas dos ltimas alternativas son fciles. Y entiendo que, en las condiciones sociopolticas actuales, se califiquen simplemente como irrealistas. Pero son las nicas que de una u otra manera pueden permitir que nuestra economa empiece a ser de otra manera y que nos proporcione actividades y empleos que supongan realmente mayor bienestar, equilibrio social y sostenibilidad.

Y ninguna de las dos se debe entender como de camino nico o exclusivo. Quienes defienden prioritariamente la salida del euro deberan ser conscientes de que eso es simplemente imposible sin la fuerza que dara una apuesta paralela por otra Europa y quienes, por otro lado, defienden con prioridad la construccin de una nueva Europa deberan entender que eso solo se puede empezar a conseguir si las diferentes naciones se empoderan extraordinariamente, por ejemplo, poniendo sobre la mesa estrategias que incluso supusieran la salida del euro.

Adems, ninguna de estas dos ltimas alternativas (e incluso la segunda) se puede abordar si no se dan unos prerrequisitos que les son comunes. Por un lado, la mejora previa de la actividad econmica recurriendo a instrumentos novedosos como, por ejemplo y entre otros, la creacin de una moneda complementaria al euro que permitiera reactivar rpidamente la financiacin y recuperar el empleo proporcionando demanda, sobre todo, a la pequea y mediana empresa. Y, por otro, una radical regeneracin democrtica de nuestra vida e instituciones polticas, una gran conviccin y complicidad ciudadana, un proyecto poltico transversal de alta potencia y amplsimo apoyo electoral, y un compromiso neo-nacional capaz de superar las tensiones paralizadoras y destructivas que el nacionalismo espaolista y los perifricos estn generando actualmente y que impiden que pueda ni siquiera pensarse en una alternativa que recoja los intereses comunes de la inmensa mayora de la poblacin espaola que sufre las polticas neoliberales que vienen de Europa. Es decir, que una mayora muy grande de nuestra poblacin (por encima incluso de sus diferencias ideolgicas y partidistas) se convenza de que esto que llamamos Espaa es algo que vale mucho la pena porque es ms que el negocio de unos cuantos o el cortijo de un montn de polticos corruptos, pues tenemos intereses comunes frente a Europa, frente a Alemania y frente a los grandes grupos econmicos y financieros (espaoles aliados con ellos y forneos) que hemos de defender de la mano si no queremos que Espaa se convierta, como buscan esos grupos oligrquicos, en una de sus sucursales, sin servicios pblicos, sin poblacin formada, sin actividad capaz de crear valor aadido, dependiente y sumisa y sin soberana de ninguna clase. En suma, si no queremos convertirnos para siempre en un vergonzante protectorado alemn.

Las elecciones del prximo domingo podran haber sido una oportunidad de oro para que se hubieran dado pasos decisivos hacia esa unidad ciudadana que debera pasar por cerrar el paso en las urnas a quienes se empean en imponernos un modelo y polticas no deseadas, segn sealan claramente las encuestas, por ms del 70% de la poblacin. Pero han predominado la divisin y el convencionalismo.

La alta abstencin que seguramente se va a dar, la dispersin del voto y los resultados por debajo de sus expectativas que casi todas las candidaturas convencionales van a obtener deberan servir de seales de aviso para el futuro inmediato.

Los dirigentes de las organizaciones que ni han sido capaces de ponerse de acuerdo ni han sabido generar un discurso ciudadano diferente ni nuevas formas de hacer poltica han incurrido ya en una gravsima responsabilidad histrica. Esperemos que sea la ltima. La palabra, en todo caso, la tienen las personas normales y corrientes: estn ms indignadas y hartas que nunca pero si no asumen un nuevo y autntico protagonismo todo seguir igual o mucho peor que hasta ahora.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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