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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2014

Santos y Zuluaga irn a segunda vuelta el 15 de junio
El falso dilema electoral

Camilo de los Milagros
Rebelin


Con un empate tcnico entre los candidatos Juan Manuel Santos y scar Ivn Zuluaga en la primera vuelta presidencial, el anlisis que aflora en los entornos entendidos es infantil: la segunda vuelta definir la paz o la guerra para Colombia, y ser crucial para el futuro del pas. De personas inteligentes, algunas de ellas de izquierda, uno esperara un balance ms profundo.

Parto de la premisa opuesta: en Colombia las elecciones nunca han decidido nada, mucho menos son resultado de la voluntad popular, cuando el abstencionismo crnico ronda el 64%. Por razones obvias, la gente del comn no cree en el sistema. Al contrario uno podra afirmar que los comicios desde el 90 concluyen procesos sociales de reajuste de poder, casi siempre anclados a la violencia. La eleccin del 90 fue paradigmtica, con tres presidenciables asesinados. La del 94 se engalan con la astucia de un candidato, pero dej claro hasta qu punto resultaba irrelevante quin ocupara la Casa de Nario. La del 98 mostr un consenso entre Washington y los bloques tradicionales de las lites por lograr tiempo para preparar el Plan Colombia. En otras palabras: las elecciones son el final, no el principio de la coyuntura. El mejor ejemplo fue el sorpresivo asalto de Uribe Vlez en 2002, que oficializ dos dcadas consolidando el paramilitarismo como fenmeno local de poderes terratenientes y mafiosos, fenmeno imparable. Y triunfador.

El resultado electoral que hoy envalentona al uribismo y asusta a una izquierda sin vocacin de poder, no se distancia de la tendencia marcada durante las elecciones al Congreso. Mientras Santos y Zuluaga estn empatados con votaciones que no les permiten ser mayora, el Presidente tiene la posibilidad de duplicar sus votos en segunda vuelta, sumando los caudales de Clara Lpez, Enrique Pealosa y un porcentaje de los conservadores. Ninguna sorpresa, nada fuera de lo previsto. Zuluaga difcilmente conseguir votos de opinin, ms de los que ha logrado, pero es seguro que jalar un sector fuerte del Partido Conservador. Como asegur Daniel Pecaut hace poco, nos aprestamos para que sectores ciudadanos que jams hubieran apoyado a Juan Manuel Santos lo respalden votando contra Zuluaga y Uribe.

Lo interesante, ms que los resultados electorales, son esas tendencias que se mueven debajo: un cerco jurdico y meditico contra el uribismo sin precedentes, unos guios norteamericanos de respaldo abierto al proceso de paz, una gobernabilidad por lo alto con el consenso del empresariado y amplios sectores de poder a favor del Presidente-Candidato. La segunda vuelta no ser una pugna entre Santos y Zuluaga. Ser la conclusin de esa tendencia social que revela cmo Colombia est a las puertas de superar un conflicto armado sin mayores concesiones de fondo para la insurgencia. Eso no lo para nadie.

La izquierda colombiana, con psimos clculos y sin agenda propia ms all de concentrar esfuerzos en ser minora cada cuatro aos, est apoyando a la derecha decente, o mejor, votando contra la indecente, desde que el Partido Comunista se pleg al liberalismo en los aos 30. Con el espanto del bipartidismo nos olvidamos que Santos y Uribe son, no se olvide, el mismo final con diferente camino.

Varios elementos entran a jugar antes de la segunda vuelta. El primero es la lectura que desde La Habana se haga de los resultados, lectura que con toda probabilidad lanzar la esperanza de la paz antes de lo previsto. Lo segundo es que a pesar del triunfalismo, los uribistas estn cogidos en una trampa de escndalos y procesos jurdicos que atenaza su operatividad. Veremos los otros videos de scar Ivn Zuluaga conspirando contra el ejecutivo, guardados para la ocasin. Se intentar presionar a Zuluaga o negociar con l, quiz sacrificando su hijo involucrado en delitos graves de espionaje. Tambin es probable que haya noticias en el caso del grupo criminal los 12 apstoles, all se incrimina directamente a un hermano de lvaro Uribe.

El ltimo elemento es el gesto sutil que pueda hacer el Departamento de Estado en los prximos das. Hay que ser ingenuo, o muy ignorante, para no sospechar de dnde provienen las pruebas, testimonios, evidencias y prontuarios que tienen en la cuerda floja a Uribe.

Ninguno de estos elementos se decide en las urnas el prximo mes. Y lo que se decide, escoger entre dos candidatos de derecha neoliberal, no es una eleccin, sino la ratificacin de que las votaciones en Colombia son la fachada de un Estado oligrquico, profundamente desigual, excluyente y antidemocrtico, donde todos los candidatos con opcin representan variantes de una misma poltica. A veces es difcil ver lo obvio.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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