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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2014

Europa y nuestras agendas polticas
Radiografa de dos fracasos

Santiago Alba Rico
Diagonal


La UE recordemos es el resultado histrico de tres proyectos convergentes y no siempre armnicos. El primero, el manifiesto de Ventotene de 1941, un proyecto de Federacin Europea orientado a hermanar a los pueblos de Europa y evitar una nueva guerra, proyecto promovido por prisioneros antifascistas, muy particularmente por el comunista Altiero Spinelli. El segundo, un proyecto estadounidense de estabilizacin poltica y econmica de Europa que arranc con el Plan Marshall de 1947 y que buscaba controlar el viejo continente en el marco de la Guerra Fra. Y tercero, un proyecto de las lites europeas para desarrollar un capitalismo autnomo que devolviera a las naciones ms poderosas Alemania y Francia su protagonismo y que comenz a cobrar forma en 1951 con la Comunidad Europea del Carbn y del Acero.

Ms all de la buena fe o menos de sus actores, que vincularon la paz perpetua a los intercambios comerciales, los tres proyectos presuponan como su condicin misma la estabilidad institucional y el cese de hostilidades en la zona histricamente ms guerrera del mundo. El problema es que los dos ltimos proyectos no slo eran incompatibles con el primero sino que, como se est viendo 60 aos ms tarde, son incompatibles tambin con la estabilidad y la paz: un proyecto europeo de mercado, cuyo motor es la desigualdad y la competencia elitista, slo puede generar conflictos y divisiones entre los pueblos. Basta pensar, como ejemplo, en el desprecio alemn por la periferia europea o en la animosidad creciente de los griegos hacia los alemanes. La tirana de la troika ha reactivado, en realidad, los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial (IIGM).

Del proyecto primero slo queda una sombra supersticiosa que a veces impide a la izquierda abordar los problemas. El segundo sigue muy presente en la incapacidad de la UE, por ejemplo, para fijar una poltica exterior comn. El tercero se manifiesta en el control del Banco Central Europeo y la dictadura de la deuda. Pueden servir las elecciones del 25 de mayo al Parlamento Europeo que no tiene apenas competencias legislativas para reactivar el primer proyecto y desactivar, o al menos frenar, los otros dos? Obviamente no. Nos jugamos algo en ellas? Obviamente s.

Las elecciones al Parlamento Europeo se celebran a la sombra de un doble fracaso. Uno tiene que ver, en el Estado espaol, con la poltica nacional; es decir, con el crepsculo del rgimen de la Transicin y del bipartidismo dominante. Nunca desde 1978 el campo poltico ha estado ms abierto, con los riesgos que ello entraa, pero tambin con las posibilidades inditas de intervencin que permite. Las elecciones europeas ponen a prueba el estado del bipartidismo espaol, cuyo declive pueden acelerar, al mismo tiempo que pueden servir para construir o afirmar nuevos proyectos polticos que, desde la izquierda, cuestionen en un futuro cercano la hegemona del PP y del PSOE. Estrasburgo y Bruselas, en este sentido, deben ser sobre todo una etapa en el camino largo, incierto y plagado de minas hacia La Moncloa.

Pero hay que hablar tambin de otro fracaso, el de los tres proyectos arriba citados y, por tanto, el de la idea misma de la UE. En trminos econmicos, la eurozona est sometida a ndices de paro y desigualdad sin precedentes desde 1950. En trminos polticos, nunca desde el fin de la II GM se haba deteriorado tanto la confianza ciudadana en las instituciones y la democracia, garanta en definitiva de la convivencia europea y de la derrota al menos formal del fascismo. De hecho, son muy sintomticas, y apenas exageradas, las voces que alertan de un paralelismo histrico con los 30.

Las elecciones del 25 de mayo permiten medir la conciencia y profundidad de este fracaso. Como sabemos, son los partidos eurofbicos de la ultraderecha europea los que estn explotndolo en su favor, con un xito no desdeable, pues no slo estn logrando movilizar el malestar de las poblaciones sino, adems, desarmar cualquier respuesta de una izquierda que, frente a la ofensiva protofascista, se contrae en un europesmo supersticioso que, a su vez, legitima a la UE y deslegitima su oposicin a la misma. La denuncia ultraderechista de la UE, en nombre de la soberana, condena los proyectos segundo y terecero, pero tambin el primero, democrtico y popular, imposible bajo la tenaza de los otros dos. El terror de la izquierda a ser identificada con las posiciones de la ultraderecha, su justificada reivindicacin del primer proyecto, ya derrotado en el marco de la UE, deja la iniciativa, en la lucha contra el segundo y el tercero, a las fuerzas ms peligrosas y reaccionarias de Europa.

Ahora bien, es necesario no generalizar ni la potencia de la ultraderecha, nada homognea a nivel territorial, ni la desigual respuesta de las izquierdas. Si bien es cierto que el sentimiento eurofbico est aumentando en todas partes, no es una casualidad el liderazgo ciclstico en el pelotn ultranacionalista del Frente Nacional de Le Pen y de la UKIP de Farage. En Francia la soberana es casi una marca cultural identitaria, transversal a las clases y a los alineamientos ideolgicos, mientras que Inglaterra, de historia al mismo tiempo insular e imperial, siempre ha desconfiado de las polticas de Bruselas. Muy distinto es el caso del sur de Europa y, en concreto, de Espaa, Portugal, Grecia e incluso Italia, pases con una memoria reciente de dictadura y subdesarrollo econmico y dotadas de escasa o contradictoria soberana nacional. Aqu el euroescepticismo, de derechas o de izquierdas, est muy lejos todava de impregnar, al menos virtualmente, el sentido comn de las mayoras sociales. El caso de Syriza es paradigmtico: una apuesta discursiva por la salida del euro y la UE le hara perder votos, pero una victoria electoral en estas condiciones atar completamente su capacidad de maniobra, condenar sus polticas al fracaso y alimentar a medio plazo el apoyo a Amanecer Dorado, hoy todava muy minoritario.

Pero en el Estado espaol esta memoria histrica, que sigue gravitando supersticiosamente en favor de la UE, constituye tambin una ventaja. Al contrario que en Francia o en Inglaterra, la izquierda puede an adelantarse a la derecha para construir un discurso al mismo tiempo anti-UE y proeuropeo. No se puede escurrir el bulto. Las elecciones deben servir para plantear el debate sobre la deuda y el euro, y para recuperar el concepto de soberana como instrumento de movilizacin y gestin econmica antes de que el fascismo se apodere de l, cargndolo de agresividad xenfoba y excluyente. Slo as se podr recuperar el proyecto de Ventotene y Spinelli de una hermandad de pueblos que comparten sus riquezas e intercambian sus ingenios bajo el signo de la paz.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/22954-radiografia-dos-fracasos.html


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