Portada :: EE.UU. :: 60 Aniversario del bombardeo de EEUU en Japn
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2005

Sesenta aos despus de la bomba atmica
Hiroshima y Nagasaki

Zigor Aldama
ZAZPIKA (Gara)

Los prximos 6 y 9 de agosto se conmemorar el sesenta aniversario del bombardeo atmico sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki respectivamente. Ms de 150.000 personas perdieron la vida al instante, y miles ms murieron como consecuencia de las heridas producidas por las explosiones y por las enfermedades relacionadas con la radiacin. Ahora, el mundo vuelve su mirada a aquellos dos fatdicos das de 1945


Hace calor. Son las siete de la maana y el sol ya golpea con fuerza en un tpico da de verano en Hiroshima. Akira Onogi tiene 16 aos y disfruta de su da libre en el porche de su casa. Como miles de estudiantes ms, ha sido reclutado para trabajar durante la guerra en la fbrica de armas de Mitsubishi. Aunque l no lo sabe, Japn est al borde de la derrota y Alemania ya ha cado. En la ciudad de Potsdam, los aliados determinan las condiciones de la rendicin de Japn, cuyo territorio es bombardeado da tras da por los B-29 estadounidenses. Onogi, sin embargo, esta convencido de que su pas ganara la II Guerra Mundial.

Suenan las agudas alarmas que avisan de un posible bombardeo. Junto a los otro cuatro miembros de su familia, Onogi corre hacia el refugio antiaereo. Pasan los minutos. Nada. El cielo sigue limpio, azul, sin rastro de bombarderos. Akira retoma el libro que estaba leyendo y su familia vuelve a los quehaceres cotidianos. Son las 8:14 horas. De repente, una fuerte luz azul ciega su vista. No le ha dado tiempo a abrir los ojos cuando la onda expansiva destroza su casa. Onogi no ha escuchado siquiera el estruendo de la explosin cuando pierde la consciencia. La primera bomba atmica que se lanza contra seres humanos ha cado a 1,2 kilometros de su hogar.

A esa misma hora, Isao Kita, de 33 aos, se encuentra en el Instituto Meteorolgico de Hiroshima, a 3,7 kilometros del epicentro en el que ha estallado 'Little boy'. Desde los amplios ventanales del edificio, Kita observa el destello azul. Tal y como le han enseado, el hombre salta de su silla y se tumba en el suelo con la cara boca abajo. Comienza a contar los segundos desde la explosin. Cinco. La estancia se llena repentinamente de un aire extremadamente caliente. Kita no comprende lo que sucede. No hay tiempo para pensar. Las ventanas estallan y el edificio se tambalea. Kita vuela, literalmente, hasta el extremo de la sala. Todo queda en silencio.

Una enorme columna de humo se eleva 20 kilmetros hacia el cielo. Un gris oscuro va invadiendo el radiante azul que ha reinado hasta ahora. Hiroshima ha sido arrasada. A lo lejos, el bombardero B-29 Enola Gay vuelve a la base estadounidense de la que ha partido dos horas antes. Misin cumplida. La bomba atmica ha sido lanzada en el centro de la ciudad. Con una capacidad destructiva equivalente a la de 12.500 toneladas de TNT, los 60 kilos de Uranio-235 de 'Little boy' han hecho explosin a 580 metros del suelo. La temperatura sobre la superficie en ese punto alcanza los 3.000 grados. Todo en un radio de cuatro kilometros comienza a arder.

Akira Onogi despierta. Est cubierto de escombros, pero puede moverse. Cree que una bomba convencional ha cado junto a su casa. Sin embargo, ms de 80.000 personas han muerto ya de forma instantanea. Busca a su familia. Encuentra a su padre pocos metros ms alla, cubierto de cascotes y con profundos cortes por todo el cuerpo. Aturdido, extrae con torpeza algunos de los cristales que sobresalen de su torso. Juntos continan la bsqueda de la madre y sus tres hermanas y el hijo de una de ellas. Milagrosamente, todos estn vivos. Onogi y su familia miran entonces alrededor. Todo ha desaparecido. Casas, calles, vehculos y personas.

Desde los escombros del Centro Meteorolgico, situado en una colina, Isao Kita tiene una panormica de la ciudad. Anonadado, ve cmo pequenos fuegos surgen aqu y all. Van creciendo y amenazan con cubrirlo todo. Poco a poco, van apareciendo las siluetas de quienes han sobrevivido a la explosin. Sufren quemaduras de gravedad extrema, su piel cuelga a jirones y buscan desesperadamente agua. Tan pronto como beben unos sorbos, mueren. Una hora despus de la deflagracion, comienza a llover. Se trata de un lquido negro y espeso que lo cubre todo pero que no impide la expansin del fuego. La lluvia radiactiva se encargara de hacer de la vida de los supervivientes un tormento. Hiroshima es la viva recreacion del infierno.

'Fat man'

El 9 de agosto de 1945, tres das despus de que Hiroshima desapareciera bajo el fuego y los escombros, la vida continuaba su curso habitual en Nagasaki. El trabajo en las fbricas de armas y explosivos segua a pleno rendimiento, y los ciudadanos no conocan la magnitud de lo sucedido a poco ms de un centenar de kilometros, aunque s saban de la existencia de una nueva bomba, de poder destructivo fuera de lo habitual, a la que haban apodado bomba globo.

Chieko Watanabe tena ese da 16 aos. A las 11:00 de la maana se encontraba en su puesto de trabajo en la fbrica de armas de Mitsubishi. Pasaban dos minutos de esa hora cuando vio una luz cegadora, como la de un rayo. A unos tres kilometros del recinto, el B-29 Bockscar haba lanzado a Fat man, la segunda bomba atmica que Estados Unidos dejaba caer sobre la poblacin nipona. Esta vez, su potencial destructivo era similar al de 21.000 toneladas de TNT, y su corazn estaba compuesto por plutonio-239. Watanabe perdi el conocimiento y, cuando abri los ojos, le pareci como si estuviera en otro mundo. La fbrica haba quedado reducida a escombros, y los pilares de acero estaban completamente retorcidos. Una viga cay sobre sus piernas impidindole moverse. Gracias a la ayuda de unas compaeras, consigui salir y llegar al refugio aereo. All se encontr con cientos de heridos. Los ms leves tenan grandes trozos de cristal incrustados por todo el cuerpo. Los ms graves se encontraban en una situacin tal que, a veces, era imposible determinar su sexo. El refugio pronto se llen de cadveres, tullidos y miembros humanos diseminados por el suelo. Watanabe sali a la calle. Una mujer haba sufrido una decapitacin instantanea mientras estaba sentada. Sin embargo, sus brazos seguan rodeando el cuerpo de un bebe cuya piel se haba volatilizado. A pesar de ello, aun vivi unos instantes ms.

Hideo Arakawa recuerda apesadumbrado aquel da. Trabajaba como profesor en la escuela de Shiroyama, a tan slo 500 metros del epicentro en el que cay Fat man. Aun son visibles las cicatrices que la bomba atmica dibuj en su rostro. Habla con suavidad y de forma pausada, y al recordar los momentos ms trgicos no puede contener las lagrimas. No recuerdo haber visto ninguna luz ni haber escuchado estruendo alguno. Slo s que abr los ojos y mis compaeros estaban muertos. No poda entender qu clase de explosivo poda haber causado tal destrozo. A pesar de que tena los pies llenos de cristales, sal al exterior. Me encontr con mucha gente a la que el miedo le impulsaba a moverse como fuera. Un hombre caminaba con la cara en carne viva y sujetndose lo que parecan sus intestinos con la mano derecha. Se escuchaban gemidos procedentes de todas partes, gritos de ayuda que se iban extiguiendo. Los que podan moverse buscaban agua desesperadamente. Arakawa recuerda cmo el da oscureci hasta parecer de noche. Haba incendios por todas partes y casi todos los edificios haban sucumbido a la explosin. Algunos tranvas se haban quedado en el chasis, completamente calcinados. Como consecuencia directa de la explosin, 75.000 personas perdieron la vida en el acto. Otros 50.000 murieron en los meses siguientes, y 25.000 ms como consecuencia de heridas y de enfermedades relacionadas con la radiacin en aos posteriores. En el caso de Hiroshima, en 2004 se contabilizaron 140.000 muertos totales.

En los das siguientes al bombardeo de Nagasaki, conscientes de la desinformacion existente entre la poblacin nipona, aviones estadounidenses dejaron caer miles de octavillas sobre pueblos y ciudades japonesas. Estamos en posesin del mayor explosivo jams diseado por el hombre, equiparable a todo el arsenal que pueden transportar 2.000 aviones B-29. Hemos comenzado a utilizar esta nueva bomba contra vuestro pueblo. Si tenis alguna duda preguntad sobre lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki. El 15 de agosto, el emperador declar la rendicin de Japn, un pas en ruinas. Terminaba as la II Guerra Mundial.

Una muerte lenta

En las horas siguientes a las deflagraciones de las bombas atmicas se vivieron escenas dantescas en los hospitales de Hiroshima y Nagasaki. Los ya de por s escasos recursos quedaron completamente desbordados. Hiroshi Sawachica trabajaba como mdico en el Hospital Militar de Ujina en Hiroshima, a 4,1 kilometros del epicentro en el que cay 'Little boy'. Acababa de entrar a trabajar cuando, de repente, el cielo se torn rojo, recuerda. Tuve justo el tiempo suficiente para gritar que la gente se tirara al suelo. Cuando volv en m, vi que todo estaba destrozado y que nadie permaneca de pie. Por el hueco de una ventana pude ver el hongo nuclear, aunque no saba lo que eso significaba. Afortunadamente, las heridas de Sawachica y del resto del personal eran leves y tuvieron tiempo de tratarlas antes de que llegara una riada de heridos.

Sawachica se preguntaba qu haba ocurrido. Los heridos llegaban como si fuesen fantasmas. Algunos tenan la cara tan quemada que era imposible reconocer sus facciones. Recibimos una avalancha como nunca en nuestras vidas. Lo peor era que podamos hacer muy poco por salvar a la gente. Dejbamos a los heridos graves en una habitacin y a los leves en otra. Iban muriendo poco a poco, y con mucho sufrimiento. Al final, los cadveres se amontonaban por doquier. Lo que ms me choc es el olor que desprendan muertos y heridos. Todo el hospital qued impregnado del mismo olor de las sepias secas cuando se ponen a la plancha.

Los mdicos de los hospitales de Hiroshima y Nagasaki trabajaban de forma mecnica, desprovistos de sentimientos. Creo que todos nos volvimos insensibles. Fue tan duro que nos pusimos una coraza para poder resistirlo, rememora Sawachica. Sin embargo, quedan imgenes grabadas en su memoria. Aunque ya han pasado 60 aos, me acuerdo perfectamente de una mujer embarazada que me agarr del pie en el hospital. Otros mdicos ya la haban desahuciado debido a sus graves heridas y ella me dijo que saba que iba a morir, pero que notaba las patadas que daba su hijo y que, por favor, se lo sacara para que pudiera vivir. Pero no haba personal adecuado, as que lo nico que pude hacer era decirle que volvera pronto con todo preparado. Cuando regres, ya haba muerto.

Aquellos que sobrevivieron a las primeras consecuencias del bombardeo atmico tuvieron que hacer frente a desconocidas enfermedades relacionadas con la exposicin a la radiacin de rayos gamma. Chieko Watanabe fue una de ellas. Tras haber caminado por las inmediaciones del epicentro y de haber recibido tratamiento para sus heridas, y cuando pareca que su estado de salud era bueno, la carne de sus piernas comenz a pudrirse. Haban pasado ya varias semanas desde la explosin en Nagasaki y nadie se explicaba el porqu de esas secuelas. Su madre le quitaba diariamente la carne podrida con una cuchilla hasta que llego al hueso. Entonces la llevaron al hospital, pero no haba medicamentos disponibles. En una grabacin guardada en el Museo de la Bomba Atmica de Nagasaki, Chieko Watanabe relata su experiencia personal. Aunque la situacin de mis piernas mejor, vomitaba lquidos extraos a menudo, y tena una fuerte diarrea. Mi cuerpo ola fatal y en esos momentos pensaba que hubiese preferido morir. Watanabe estuvo diez aos en la cama hasta que pudo volver a moverse por s misma. Muri en 1993.

Desde el otro lado

Mientras Japn incineraba los cuerpos de los muertos en Hiroshima y Nagasaki, Estados Unidos celebraba su victoria y el final de la guerra. El plan para forzar a Japn a rendirse a travs del uso de armas nucleares haba surtido efecto. Culminaban as meses de una minuciosa planificacin que comenz tras el xito de una prueba en Nuevo Mjico. Se elabor entonces una lista de ciudades japonesas sobre las que podra efectuarse el ataque. Tenan que ser importantes ncleos urbanos situados en el radio de accin de alguna base estadounidense. As se consideraron como objetivos principales las ciudades de Hiroshima, Kokura, Niigata y Kioto. Ms tarde, los estadounidenses descartaron Kioto por su incalculable valor cultural y artstico. Nagasaki tom su lugar.

El ataque deba realizarse en agosto y de forma visual, por lo que resultaba imprescindible contar con buena meteorologa. El 26 de julio, a bordo del crucero Indianapolis, la bomba Little Boy lleg a su destino: el puerto de Tinian, en las Islas Marianas. Poco despus, la Fat Man lleg por va area. Mientras tanto, en Tokio se dictaban las condiciones para la recapitulacin.

El 6 de agosto, el avin bombardero Enola Gay dej caer en el centro de Hiroshima la primera bomba nuclear de la historia sin problema alguno. En el epicentro se form una bola de fuego de unos 400 metros de dimetro, y alrededor de 60.000 edificios fueron completamente destruidos. Tres das despus, Nagasaki no era el objetivo del bombardero Bockscar. La ciudad de Kokura era la elegida. Sin embargo, la meteorologa no permita un lanzamiento seguro, por lo que el capitn del B-29 decidi continuar hasta Nagasaki, objetivo secundario. Las condiciones tampoco eran ptimas pero decidieron dejar caer la Fat Man en lo que les pareci una calle cntrica. La bomba destruy ms de 40.000 edificios pero, a pesar de su mayor potencial destructivo, las consecuencias fueron menores gracias a que el bombardero err en su lanzamiento y a que los montes Kompira e Inasa absorbieron gran parte de la onda expansiva.

Los supervivientes de las bombas atmicas, sin embargo, se preguntan qu culpa tenan ellos y sus allegados civiles. Y los hijos que nacieron con malformaciones genticas. Sean chinos, europeos o japoneses, los civiles siempre son quienes sufren el sinsentido de las guerras, comenta Chizue Fukutomi, quien, a pesar de encontrarse a tan slo 1,3 kilometros del epicentro de Nagasaki, consigui salvar su vida. Hay que intentar erradicar la violencia, y las armas nucleares son su maximo exponente.

Despiece 1:

Un paseo por el horror

El corazn se encoge nada ms entrar en el Museo de la Bomba Atomica de Nagasaki. Varias pantallas muestran en silencio el caracterstico hongo de humo que se forma tras la detonacin de un artefacto nuclear. A vista de pjaro, la imagen tiene una impactante belleza visual que esconde la brutalidad de las consecuencias en la superficie. Eso es lo nico que vieron las tripulaciones del Enola Gay y del Bockscar, ajenos hasta das despus de la tragedia que haban provocado.

En la sala a la que se accede a continuacin, el visitante es capaz de sentir la fuerza de la explosion y el silencio que le sucedi. Presiden la estancia partes de la catedral de Urakami que se han restaurado. En una vitrina cercana, el reloj del edificio religioso es slo un amasijo de hierros pero, terco, sigue marcando las 11.02, una hora que en Japn siempre ir ligada a la muerte.

No es fcil digerir las imagenes de la estancia central del museo. Cuerpos desnudos completamente calcinados, o en carne viva, consecuencia de las temperaturas extremas vividas cerca del epicentro. El cadaver de lo que se adivina un nio pequeo tumbado en el suelo en un ltimo gesto de terror. Imgenes que muestran operaciones para extraer trozos de cristal y metales de cabezas que no se dira que pertenecen a un ser humano. Cuerpos de caballos completamente hinchados. El ro Urakami repleto de cadveres de quienes haban ido desesperados a por agua. Rales de tranva doblados como si fueran de plstico, y la desolacion de una ciudad reducida a escombros. Una vitrina muestra la masa en la que se convirtieron los huesos de una mano humana al fundirse con una botella. Y una replica de la bomba Fat man, con una seccin abierta para mostrar su mortfero corazn, permanece impasible frente a tanto horror.

En aquel momento nos sentimos como conejillos de Indias, comenta Michiko Nakano, autora del libro Nagasaki bajo la bomba atomica. Ahora entiendo que nuestro pas tambin es responsable de lo que ocurri. En cualquier caso, las desgracias de Hiroshima y Nagasaki deberan servir al mundo para detener el ansia militar por conseguir un arma cada vez ms potente. La capacidad destructiva del armamento nuclear existente en la actualidad es suficiente como para volar por los aires el planeta en varias ocasiones. Eso nos debera hacer reflexionar, subraya.

Sin embargo, la ltima de las salas del Museo de la Bomba Atomica de Nagasaki muestra la cruda realidad actual, completamente opuesta al deseo de Nakano. El nmero de potencias nucleares crece y la sofisticacin de los artefactos, as como su potencia destructiva, es cada vez mayor.


Volver a la vida

Hiroshima y Nagasaki son ahora dos ciudades modernas y cosmopolitas en las que resulta dificil encontrar algn vestigio de la tragedia de agosto de 1945. La reconstruccion se llev a cabo en un tiempo record, y slo tres dcadas despus de la guerra Japn ya despuntaba como una de las potencias econmicas mundiales. Estos das, sin embargo, la poblacin echa la mirada atrs y las calles aparecen llenas de carteles que muestran el horror vivido hace 60 anos. En los dibujos, realizados en la lnea del comic manga japons, una familia corre despavorida ante la explosion del artefacto nuclear. En el centro de ambas ciudades tambien se pueden ver exposiciones fotogrficas y otros tipos de documentos, aunque lo ms impactante son las muestras de dolor de la poblacin. Un ttrico payaso simboliza el sentir general frente a la estacion de trenes de Nagasaki, junto a una exposicin en la que se exhiben fotografias de gran dureza. Su rostro, surcado por lagrimas que diluyen el maquillaje rojo que rodea los ojos, resulta escalofriante.

En Hiroshima, lo nico que recuerda aquel 6 de agosto es el edificio conocido como A-bomb, uno de los pocos que se mantuvieron en pie en el epicentro de la explosin. En el centro de la ciudad, el Museo de la Paz de Hiroshima recuerda la necesidad de mantener la no proliferacin nuclear, y aboga por la erradicacin de este tipo de armamento en el mundo.

En Nagasaki, un obelisco negro recuerda el lugar exacto en el que cayo Little boy. Un grupo de circunferencias concntricas se marcan en un suelo en el que los cientificos auguraron que no crecera ningun tipo de vida en 75 aos. Sin embargo, seis dcadas despus, el lugar se ha convertido en un parque y miles de personas viven tranquilamente en la zona residencial de Urakami. A pocos metros del memorial, una columna de lo que qued en pie de la catedral de Urakami recuerda la desolacin en la que se sumi la ciudad.

Sin embargo, ahora Hiroshima y Nagasaki bullen de actividad. Hombres de negocios en sus impolutos trajes corren de un lado para otro, smbolo del espectacular avance econmico de Japn, la segunda economa ms importante del mundo. Los centros comerciales se llenan los fines de semana, y miles de japoneses disfrutan de los parques de sus ciudades. Tranvas como los que quedaron reducidos a cenizas en Nagasaki funcionan como hace sesenta aos, salvo porque ahora cuentan con aire acondicionado y sillones acolchados. Los vehculos, que an mantienen en muchos casos su diseo original, son recuerdos vivos de un pasado que, afortunadamente, ya ha quedado atrs. Pero, como recuerdan los carteles que se exhiben en las dos nicas ciudades que han sufrido un ataque nuclear, es conveniente no olvidar las consecuencias de un armamento que todava est de rabiosa actualidad.



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