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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2014

Europa: el odio del 75 por ciento

Guillermo Almeyra
Rebelin


Las protestas y movilizaciones, ms amplias e importantes que la abstencin electoral, precedieron y confirman a sta: la mayora de los europeos (el 75 de ellos) expresan su odio por la Europa del capital financiero e industrial. Muy pocos, sin embargo, piensan en cambiar el sistema social.

Los llamados Estados nacionales se unificaron en todas partes mediante la victoria militar de los reinos ms fuertes y/ o rebeliones populares o bajo la presin de todo tipo de potencias ms fuertes. La Comunidad Econmica Europea (CEE) intent desde 1957 crear un Estado como Estados Unidos, de alcance continental, con una moneda nica pero, a diferencia del pasado, no poda intentar unificar el continente mediante la sumisin al Papado (el cristianismo se haba dividido haca siglos), ni por el sable de un vencedor, como Napolen o Hitler, ni por una conmocin poltica de masas, que buscaba precisamente evitar: comenz pues como intento del gran capital industrial-financiero, no de los Estados o los pueblos. Y el resultado la Unin Europea, continuadora de la CCE, instaur una poltica agraria, financiera, de inmigracin, cultural y, sobre todo, una moneda nica, a la medida de esa fraccin del gran capital y con grandes resistencias nacionalistas de algunos grandes Estados la Francia de De Gaulle y, salvo en Italia y Espaa y Europa oriental, sin ilusiones de los pueblos que la integraron. La U.E. fue y es un semiEstado no concluido, reducido por su incapacidad poltica y militar al papel de vasallo de Washington, y la gran crisis mundial que la afecta hace hoy obsoleto el traje poltico cortado por el capital financiero de modo que las costuras del mismo saltan por todas partes.

La abstencin, en escala europea, lleg al 57 por ciento. Ella no expresa, como en ocasiones pasadas, indiferencia sino, mayoritariamente, hartazgo, odio contra las polticas neoliberales del gran capital que ste presenta como las nicas posibles. A ese 57 por ciento hay que agregarle los votos de protesta de izquierda -como los de Syriza, en Grecia o de Podemos, en Espaa- as como la protesta de derecha (en Francia el Frente Nacional, xenfobo, racista, en el Reino Unido UKID, de Nigel Farage, ultraconservador, xenfobo y nacionalista, o como en Hungra, Finlandia, Dinamarca, el Flandes belga). Todo eso da un repudio al sistema poltico europeo del 75 por ciento de los habilitados para votar. La protesta anteriormente fue mucho ms vasta: al concentrarse en las elecciones, Giuseppe Grillo perdi en Italia tres millones de votos, antes ganados en las movilizaciones

Es que en stas, en la accin puede progresar la conciencia anticapitalista pero las elecciones, en cambio, obligan a elegir entre lo existente y cristalizan el pensamiento, que es conservador, nacionalista. Por eso ganaron las ultraderechas y los conservadores de ultraderecha que, aunque ahora marcan sus distancias frente a los fascistas y racistas, por lgica poltica tendern a hacer acuerdos con ellos. Los socialdemcratas de izquierda, como Syriza con su utpico programa socialdemcrata o el espaol Podemos, han tenido un importante xito al canalizar la crisis del PASOK o parte de los votos del PSOE. Su ejemplo muestra que la derrota se puede evitar all donde hay al menos la promesa de un alternativa de izquierda y su progreso es importante para Grecia y, en escala muy menor, para Espaa donde el Partido Popular, supuesto ganador, perdi 49 diputados. Pero los retrocesos del laborismo, de la socialdemocracia y de la izquierda en toda Europa (el Frente de Izquierda de Mlenchon, por ejemplo, perdi la mitad de los votos obtenidos en las administrativas de marzo pasado) muestran que la principal amenaza para el gran capital no viene hoy de la izquierda sino de las incertidumbres que la abstencin y otras protestas masivas por ahora pasivas plantean a los gobiernos.

Para que los trabajadores puedan evitar que los resultados postelectorales sean polticamente an peores que los de las urnas es indispensable, antes que nada, salir en primer lugar del terreno electoralista, en que se ubican Syriza o Podemos. El problema no es ser el primer partido o haber roto el bipartidismo PSOE-PP: es ofrecer, hoy, ya, una alternativa anticapitalista y de poder, encabezando la protesta y el odio nacionales fuera de los canales del nacionalismo reaccionario y del racismo. Un programa con eje en el empleo, en los jvenes, en el territorio y acciones directas para aplicarlo, una poltica de solidaridad contra el racismo y la xenofobia podran reconquistar protestatarios que, como el 43 de los obreros o el 56 de los jvenes franceses, votaron el 25 por el FN aunque no sean fascistas sino conservadores y nacionalistas como resultado de la educacin nacionalista recibida por aos de los partidos comunistas y socialistas.

La protesta social no el voto bronca- puede cambiar las cosas. Pero la gente no lucha meramente contra el neoliberalismo que es slo una poltica del capital financiero. Enfrenta un sistema capitalista en crisis dispuesto a salvarse a cualquier costa, incluso de guerras y de una catstrofe ecolgica y del fin de la civilizacin. Por eso, en la resistencia electoral de frente socialdemocrticos amplios, como en los casos de Syriza y Podemos, es indispensable tambin introducir elementos anticapitalistas.

Se abre un perodo de transicin que no es bueno para los vencedores en las elecciones. La Europa del capital difcilmente podr prescindir del combustible ruso y absorber Ucrania en el mismo momento en que su aparato poltico cruje por todos los costados y est por ser sometida al papel de satlite de Estados Unidos si firma el TLC que Washington quiere imponerle. Ese Tratado de Libre Comercio puede ser derrotado, la aventura en Ucrania puede cancelarse, se pueden arrancar medidas sociales favorables a los trabajadores. El desastre actual debe ser oportunidad para un cambio de rumbo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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