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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2014

El Gobierno Bachelet como elefante en cristalera

Editorial de Punto Final
Rebelin


Surgen dudas de si el gobierno tiene la intencin real de llevar adelante las reformas modernizadoras del Estado que prometi en su programa o si se prepara a rendir sus banderas. La realidad poltica lo coloca ms cerca de la situacin de un elefante en cristalera que de un gobierno de amplia base popular. Incluso los movimientos ms insignificantes del Ejecutivo chocan con la delicada epidermis de las elites que constituyen el entramado del poder en Chile.

En el plano poltico, casi todas sus iniciativas -aunque por distintos motivos- suscitan el inmediato rechazo de un abanico que va desde la derecha hasta la Izquierda radical. Pero sus anuncios y proyectos provocan tambin speras discusiones en sus propias filas.

El estrecho espacio social y poltico de que dispone para mover sus piezas, acenta la tendencia natural del gobierno -con hegemona socialdemcrata-democratacristiana- a relativizar los objetivos y plazos del programa. La presidenta y sus voceros destacan que lo esencial es la bsqueda de amplios acuerdos. De este modo, el programa va convirtindose en una meta a conseguir -en la mejor tradicin concertacionista- en la medida de lo posible. Tambin, aunque algo tarde respecto a las expectativas creadas, el gobierno enfatiza que los tres pilares del programa -reformas tributaria y educacional, y nueva Constitucin- no se materializarn en este periodo porque requieren ms tiempo. Un vocero ha calculado que se necesitarn cuatro gobiernos, o sea diecisis aos -de la misma coalicin, por supuesto-, para alcanzar las metas programticas.

De esta manera, como suele suceder, el programa comienza a relativizarse: no es un dogma, han precisado la presidenta y los dirigentes de la coalicin. Solo el Partido Comunista aparece como un tenaz defensor del programa y pide su estricto cumplimiento. Esto ocurre porque la direccin del PC se juega la cabeza en su apuesta por la alianza con el centro poltico. No ocurre lo mismo con los otros partidos. Llegado el caso, pueden replegarse al viejo refugio de la Concertacin. Tienen en comn cuatro gobiernos en que la poltica de los consensos permiti hacer y rehacer programas, articulando todo tipo de acuerdos con la derecha.

Para evitar el inmovilismo a que llevan sus indefiniciones, al gobierno no se le ocurre otra cosa que el dilogo con la oposicin, o sea con la derecha. Pero como reduce sus movimientos al Parlamento -la institucin ms desacreditada del pas-, est condenado a caer en el pantano de las trampas y maniobras tpicas de ese escenario. Su interlocutor domina las artes para defender los intereses ms conservadores y reaccionarios. Pero adems, sumida en esa marisma, la Nueva Mayora pierde cohesin y permite que sus elementos ms conciliadores entren en acuerdos con la derecha.

La Nueva Mayora no contempla apelar al pueblo para realizar su programa modernizador. Teme que si se empea en cumplirlo contra viento y marea, se desate una tempestad social. De ah las alusiones a la crisis de 1973 en boga en el lenguaje de los dirigentes de ambos bloques polticos. En suma, en Chile se libra lo que el marxismo define como una lucha interburguesa. No es el pueblo enfrentando a los amos con un programa revolucionario. Son dosfracciones de las clases dominantes que pugnan por sus respectivos intereses valindose de partidos, gremios e instrumentos mediticos.

Esta lucha se produce porque las seales de agotamiento del modeloneoliberal se han acentuado por la desaceleracin de la economa que produce la cada de las inversiones(1). Eso plantea la necesidad de hacer ajustes a la institucionalidad poltico-econmica. Es la misin del programa de la Nueva Mayora. Ella representa mejor que la derecha conservadora los intereses del capitalismo globalizado. Hay que recordar que en el primer gobierno de Bachelet los consorcios extranjeros alcanzaron una cifra rcord de ganancias. Coincidencia o no, la reforma tributaria no toca los intereses de los monopolios, en particular de los que explotan el cobre. Las empresas nacionales, grandes y medianas, que se vern afectadas por una moderada alza de la tributacin, son las que especialistas definen como subcontratistas de los monopolios(2), subordinadas -e integradas- al capitalismoglobalizado. Esta es la disputa que tiene lugar en el Congreso.

La reforma tributaria ser aprobada aunque con recortes porque la reforma educacional requiere financiamiento y ella, a su vez, es necesaria para modernizar el Estado y aumentar la productividad del trabajo. Lo ms probable es que la suma que se pretende recaudar (8.200 millones de dlares) se vea reducida a algo ms de 6 mil millones. Es lo que han propuesto los mentores del modelo: el Centro de Estudios Pblicos (CEP) -algunas de cuyas sugerencias estn incorporadas en el proyecto del gobierno-, y el ex ministro de Hacienda, Felipe Larran, probados abogados del neoliberalismo.

Funcionarios del actual gobierno, como el director de Impuestos Internos y el subsecretario del Trabajo, estn vinculados al CEP. La ministra del Trabajo hasta hace poco era la vocera de la Fundacin Paz Ciudadana deldueo de El Mercurio , Agustn Edwards, coautor del golpe de Estado del 73. Hay que tener presente que el empresariado que participa en el CEP fue, justamente, el sector que apoy y financi la candidatura presidencial de la Nueva Mayora. Conoci de antemano su programa y particip en su redaccin a travs de sus hombres de confianza.

Las dificultades de la Nueva Mayora para moverse en la cristalera de intereses de la poltica, se agudizan porque en verdad no es mayora. An distantes las prximas elecciones que permitan medir fuerzas -las municipales son en octubre de 2016-, la nica referencia vlida son las presidenciales de hace cinco meses. Ellas registraron una abstencin histrica del 58%, que hace que Bachelet represente slo al 25% de ciudadanos con derecho a voto.

Expresin desoladora de esa debilidad fueron los actos del 21 de mayo en Valparaso. No hubo apoyo popular a la presidenta, que transit calles donde penaban las nimas. La nica movilizacin fue la marcha de estudiantes, trabajadores y pobladores, tambin disminuida en relacin a los aos de la Concertacin o de Piera, cuando en esas manifestaciones participaba el Partido Comunista. Sin embargo, la fragmentacin de la Izquierda -y por lo tanto laausencia de una alternativa de los trabajadores-, es otro dato duro de la realidad nacional. Por supuesto constituye un desafo que espera respuesta.

(1) El tema se trata ampliamente en pgs. 6 y 7 de estaedicin.

(2) Samir Amin, El capitalismo contemporneo , pg. 156, El viejo topo, 2013.

Publicado en Punto Final, edicin N 805, 30 de mayo, 2014

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