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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2014

El Ayuntamiento de Barcelona suspende el derribo de Can Vies
Can Vies: La protesta violenta como nica salida

Antonio Maestre
La Marea


El Ayuntamiento de Barcelona anunci ayer que paralizalas obras de derribo de lo que queda de Can Vies y "mantiene su apuesta para encontrar una solucin acordada y satisfactoria para todas las partes". La asamblea de Can Vies, sin embargo, no tiene intencin de negociar con el ayuntamiento y este sbado ha convocado una jornada de reconstruccin para rehabilitar el inmueble. [Leer ms]

Can Vies llevaba 17 aos ocupado por un colectivo que se dedicaba a la promocin cultural. La ocupacin de este inmueble, propiedad del Ayuntamiento y por tanto de los barceloneses, nunca haba provocado ningn disturbio en la ciudad. Su taller literario nunca haba causado la quema de contenedores. Su ciclo de cine nunca haba sido el detonante de lanzamiento de piedras contra entidades financieras.

Los disturbios que durante cuatro das han dejado una imagen desoladora de algunos barrios de la capital catalana se produjeron despus y con el motivo del desalojo de un centro social, que durante 17 aos haba funcionado sin incidentes y coexistido en paz con sus vecinos dndoles una opcin cultural que el Ayuntamiento haba negado al barrio.

El estallido de violencia social vino precedido de un ejercicio de violencia estructural del Ayuntamiento de Barcelona, que con una actitud caciquil y autoritaria pas por encima de los intereses vecinales. Xavier Tras, alcalde de Barcelona, menospreci e ignor a los ciudadanos a los que debe servir y actu de una manera soberbia, intransigente e irresponsable que provoc una reaccin violenta al negarse a los vecinos cualquier otro canal de expresin y negociacin.

De la violencia que se ha producido en el barrio de Sants estos das no slo es responsable el que la ejerce, sino tambin el que en el ejercicio de su cargo de gobierno ignora todos los elementos de riesgo y acta de forma imprudente. Valorar los peligros y las consecuencias de una decisin poltica forma parte de la responsabilidad de un dirigente.

Cuando la Comunidad de Madrid quiso poner una pantalla en la Puerta del Sol para que las aficiones del Real Madrid y el Atltico pudieran ver la final de la Liga de Campeones estaba actuando de un modo claramente negligente. Si las aficiones se hubieran juntado en un espacio tan reducido y hubiera habido incidentes violentos entre las aficiones, todos estaramos de acuerdo en que los responsables habran sido los que tomaron la decisin de unir a las aficiones de dos equipos rivales en torno a una plaza. La violencia no slo se reprime, tambin se deben evitar las condiciones para que esta surja.

Pero no solamente hay que valorar la responsabilidad poltica en la sucesin de cuatro das de actos violentos y represin policial, sino tambin la innegable eficacia de la protesta, incluyendo actitudes violentas, a la hora de defender las posiciones sociales frente a los abusos de poder y las formas autoritarias. Porque la percepcin de la violencia es un acto subjetivo.

Hay quien considera que desalojar por la fuerza un centro social, ejerciendo la violencia, es un acto legtimo y legal, porque tiene el respaldo de la ley, parte irrefutable del contrato social. Esta percepcin se basa en el monopolio de la violencia por parte del Estado. Un elemento que no tiene en consideracin la moralidad de la actuacin, es aceptable por el simple hecho del elemento que ejerce la violencia. Es legal ergo es aceptable.

Esta apreciacin de la violencia suele ir acompaada de la negacin absoluta del ejercicio de sta por todo aquel que no pertenezca a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Por lo tanto, quemar un contenedor, un dao mnimo, es completamente condenable sin entrar a valorar los motivos por los que ese acto se produce, no importa los objetivos que persiga la protesta, es inaceptable por el autor que la produce.

Sin embargo, la apreciacin moral de la violencia no est sujeta a las leyes. Algo moralmente aceptable puede ser ilegal, y a la inversa. Desahuciar de forma violenta a una familia de un piso propiedad de una entidad financiera rescatada para dejarlo vaco es completamente legal, pero moralmente inaceptable. Hacer barricadas y quemar contenedores para protestar por el derribo de un centro social que promocionaba la cultura de un barrio es ilegal, pero moralmente aceptable. Al menos para el escribiente.

La violencia es un camino peligroso, slo a algunos psicpatas les puede parecer la mejor forma de solucionar cualquier situacin social. Nadie quiere que la violencia sea el camino para mantener las conquistas sociales y los espacios autogestionados que los ciudadanos se han otorgado. Pero la violencia en las protestas sociales y en la larga historia de la lucha obrera es reactiva.

Si no quieren violencia en las calles que no derriben Can Vies. Si no quieren violencia en las cuencas mineras que no mermen los derechos ni la seguridad de los mineros. Si no quieren violencia en los astilleros que doten de carga de trabajo a las miles de familias que viven de ellos. Si no quieren ciudadanos radicales, que les permitan vivir con dignidad y los poderes pblicos pasen a estar a su servicio.

Las protestas violentas en Sants han conseguido parar el derribo del centro social. Otra victoria de las protestas violentas como ya ocurri en el barrio de Gamonal en Burgos. Una violencia que no se hubiera producido si se hubiera mantenido el statu quo del centro cultural, si se hubiera escuchado a los vecinos. La protesta violenta ha vuelto a ser el nico camino de expresin que han dejado a los ciudadanos, y mil declaraciones de condena de la violencia con voz afectada no cambiarn que cuando se presiona de forma sostenida a las clases populares, cuando se les impide ejercer sus derechos y no se escucha sus reivindicaciones pacficas, acaba ejerciendo la violencia.

Fuente: http://www.lamarea.com/2014/05/30/can-vies-la-protesta-violenta-como-unica-salida/



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