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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2014

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Saludo en el 50 aniversario de las FARC-EP

Timolen Jimnez
http://www.farc-ep.co/



50 Aniversario de FARC-EP - Intervencin del Comandante Timolen Jimnez


Como Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, me significa un gran honor, al tiempo que una inmensa responsabilidad, saludar al conjunto del pueblo de Colombia, con ocasin de cumplirse 50 aos de la fundacin de nuestra organizacin. Al hacerlo quisiera compartir con todos algunas consideraciones sobre nuestra lucha.

La Sptima Conferencia Nacional Guerrillera celebrada en el ao 1982, dispuso que se aadiera a las cuatro letras de nuestra sigla FARC las letras EP, que nos daran a conocer en adelante como FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA EJRCITO DEL PUEBLO, con el propsito de expresar que a nuestro carcter poltico militar revolucionario se aada un vnculo indestructible con la lucha de masas del pueblo colombiano, que las FARC perseguamos la toma del poder para nuestro pueblo, partiendo de la idea fundamental de que sera ese pueblo el que unido, organizado y movilizado deba protagonizar los profundos cambios que reclamaba la patria.

No ha sido nunca nuestra idea suplantar al pueblo de Colombia, obrar a su nombre sin contar con su respaldo, pretender imponerle una u otra forma de lucha. Nuestros enemigos, los ms rabiosos enemigos del pueblo colombiano, siempre se han empeado en presentarnos como una gente extraa, aparecida quizs de dnde, cargada de ideas forneas, ajena por completo a las realidades histricas, econmicas y sociales de nuestro pas. Nada ms falso.

Quienes integramos las FARC, somos hijas e hijos de este pueblo, provenimos de familias campesinas, de las barriadas de grandes ciudades, de los tantos caseros y pueblos dispersos por nuestra geografa nacional. Somos costeos del Caribe o el Pacfico, boyacenses, opitas, tolimenses, llaneros, paisas, santandereanos del norte y sur, putumayenses, caqueteos, pastusos o rolos, llevamos a Colombia prendida en el alma, amamos esta tierra que nos vio nacer. Somos indgenas, negros, mestizos, mulatos, morenos, blancos o monos, todas las variedades de la riqueza racial nacional, latinoamericana y caribea. Y nos sentimos orgullosos de ello.

Al igual que el resto de la gente trabajadora y emprendedora de nuestra patria, somos gentes de paz, amantes de la vida familiar, colombianos esperanzados en salir adelante honradamente. No vinimos al mundo con las armas en la mano, mucho menos entonando cantos de guerra. Fue la dura realidad poltica de nuestro pas, la que condujo nuestras vidas a la rebelin armada. Simplemente sucede que una vez en ella, fuimos claros de la necesidad de obrar con seriedad, responsabilidad y disciplina, si no queramos ser exterminados con facilidad por el rgimen poltico violento y sanguinario que nos persegua.

An as hemos padecido todas las bestialidades y pagado con multitud de vidas, sangre, crcel y sufrimiento, nuestra decisin de responder con dignidad al odio de las clases dominantes y sus aparatos de muerte. Nuestro pueblo tampoco ha sido ajeno al desenfrenado terror desatado por el Estado. Son millones los desplazados y desterrados, como centenares de miles los asesinados, desaparecidos, torturados, desposedos, perseguidos y encarcelados. Algunos afirman, con tono de expertos, que de no haberse producido esta cincuentenaria confrontacin, ninguna de estas atrocidades hubiera tenido lugar. Como si no hubiera sido precisamente esa barbarie demencial ejercida en Colombia por la oligarqua liberal conservadora durante dcadas, la que desbord en mayo de 1964 la paciencia de los campesinos asentados en Marquetalia, El Pato, Riochiquito, Natagaima, el ro Guayabero y otras regiones de colonizacin agrcola, enfrentados a la terrible encrucijada de conformarse en guerrillas o perecer asesinados por el rgimen intolerante.

A despecho de nuestros contradictores, podemos afirmar que el invicto arribo al 50 aniversario, ha sido posible gracias al apoyo y ayuda permanentes, de las enormes y annimas masas campesinas y urbanas identificadas con nuestro accionar. La lealtad y la solidaridad de nuestro pueblo adquieren dimensiones legendarias, cuando se tienen presentes las brutales reacciones con las que los trece gobiernos sucesivos que nos han enfrentado en vano, han castigado sus anhelos de justicia social y cambios democrticos. Operativos militares vandlicos, sicarios de la inteligencia militar y policial, monstruosas bandas paramilitares, horrendas torturas en los interrogatorios, bombardeos indiscriminados, arremetidas directas de las fuerzas antidisturbios, masacres ejemplarizantes, montajes judiciales y abandono carcelario, por encima de su inhumanidad y barbarie, no han sido suficientes para acallar la inconformidad y la protesta de un pueblo, que pese al miedo propagado desde el Estado, colabora esperanzado con nuestra causa, se organiza, se moviliza y lucha por un pas mejor, sin desigualdades ni crmenes.

Por eso expreso ahora nuestro reconocimiento a manera de sencillo homenaje. En nuestras mentes habita el recuerdo de todas esas ancianas y viejitos, de todos esos padres de familia, de todas esas mujeres y hombres, adultos y jvenes, nios incluso, que jams vacilaron para actuar a nuestro favor. Indiecitas e indiecitos, campesinas y campesinos, mineras y mineros, obreras y obreros, estudiantes de ambos sexos, gentes privadas de cualquier bien material que no dudaron en quitarse el pan de su boca para brindrselo a la guerrillera o el guerrillero heridos. Que lloran de pesar al ver a sus hijas o hijos enrolarse en nuestras filas, pero que sienten latir el corazn orgullecido en sus pechos, porque saben que ahora son combatientes de las FARC-EP y pueden hacer con su vida lo que ellos hubieran querido hacer y nunca pudieron. Todos son pueblo en lucha, clases oprimidas que se levantan en busca de la igualdad, sus muertos y nuestros muertos son los mismos, tejen la historia, construyen el maana de justicia.

Fue por todos ellos, por evitar sus lgrimas y angustias, que desde los tiempos de Marquetalia, Manuel Marulanda Vlez, Jacobo Arenas, Hernando Gonzlez Acosta, Jaime Guaracas, Miguel Pascuas, Fernando Bustos, Judith Grisales, Myriam Narvez y los dems integrantes del grupo de nuestros 48 fundadores, clamaron por una solucin poltica dialogada y pacfica, que fuera capaz de evitar la confrontacin que los sectores militaristas pujaban por precipitar sobre Colombia.

Poco ms de medio siglo atrs retumbaban en el Senado de la Repblica las voces del lder conservador lvaro Gmez Hurtado y el jefe liberal Vctor Mosquera Chaux, entre muchos otros, exigiendo que se pusiera fin, mediante la guerra, a las colonias agrcolas que en su delirio bautizaron como repblicas independientes. Desde Norteamrica, los Estados Unidos disponan la aplicacin del plan LASO, Operacin de Seguridad para la Amrica Latina que persegua el exterminio de la inconformidad social y poltica en nuestro continente, con la cobertura de una lucha contra el comunismo, y contemplando esas colonias agrarias como objetivo militar.

La voz de los humildes campesinos de Marquetalia no pudo ms que la fuerza imperialista y oligrquica concertada contra ellos. El clamor de paz de esos colombianos que saban de las bombas y metralla que les caeran encima, de la persecucin y el odio de que seran blancos, de la terrible ofensiva que con el pretexto de combatirlos a ellos se agudizara contra el pueblo colombiano, no fue suficiente para detener la furia blica del rgimen bipartidista engredo por la ayuda yanqui. Generales gringos y colombianos aseguraron que en unas cuantas semanas tendran liquidado el asunto. An sabiendo que no era cierto, conscientes de que se tratara de una lucha muy larga, que apuntaba a dejar tendidas en el campo de batalla final las esperanzas de redencin econmica, justicia social y personalidad poltica de millones de desposedos.

Las FARC-EP nos reclamamos por eso como los legtimos defensores de la bandera de la paz. Nacimos como consecuencia de una declaracin de guerra total por parte de la oligarqua colombiana y la Casa Blanca. Siempre hemos dicho que el camino de la reconciliacin y reconstruccin nacional, pasa por el desmonte de la poltica de odios y aniquilamiento implementada desde los ms altos cargos del Estado. En cada una de las mesas de dilogo conquistadas con diferentes gobiernos en las tres ltimas dcadas, hemos ratificado nuestra conviccin de que para dar fin al conflicto armado colombiano, es fundamental erradicar las causas que lo originaron, la primera de las cuales es precisamente el ejercicio legal y extralegal de la violencia, la guerra y la persecucin contra la oposicin poltica democrtica.

La oligarqua y sus asesores extranjeros, pese a las abrumadoras evidencias de su talante y accionar violentos, se empecinan hoy como siempre, en que es el pueblo inconforme y rebelde el responsable de la confrontacin desatada por ellos. Por eso exigen arrogantes nuestra rendicin y sometimiento, descartan por completo cualquier modificacin en su rgimen poltico, en sus aparatos de represin y sojuzgamiento, en sus polticas econmicas que entregan la patria a los grandes inversores del capital forneo. Pretenden, como en los tiempos de Marquetalia, que sus operaciones militares de exterminio, sus derroches de brutalidad blica, su persecucin judicial y criminal, sean vistos por la poblacin colombiana y la comunidad internacional como gestos en busca de la paz y la concordia. Llaman hroes de la patria a sus autmatas duchos en matar.

Los violentos y guerreristas, con los peores calificativos de moda, resultamos ser los colombianos de abajo, los que nos hemos unido y organizado para defender nuestras vidas, para resistir la atroz embestida de los poderosos, los que por encima de todos los horrores empleados para arrasarnos, hemos perseverado inamovibles, por dcadas y dcadas, en la justicia de nuestra causa. La poderosa maquinaria de la propaganda oficial as nos presenta diariamente, atribuyndonos las ms perversas conductas e inclinaciones, persiguiendo tambin nuestra ruina moral, intentando volver en contra nuestra a millones de compatriotas desinformados y engaados. Asimismo, los ms prfidos impulsores de la violencia y el crimen pretenden presentarse como los abanderados de la paz. Sin tener siquiera reparos para alardear pblicamente del alto nmero de cadveres producidos por sus rdenes. Sin sentir pudor por sus amenazas de producir an muchos ms.

Las FARC-EP creemos que 50 aos de guerra civil son ms que suficientes para que afloren las verdades ocultas por la oligarqua que gobierna a Colombia. Al insistir en su campaa por la reeleccin, el Presidente Santos acusaba a sus fanticos opositores de ultraderecha, de querer asesinar las esperanzas de paz del pueblo colombiano. Como si todos los das no estuviera ordenando intensificar las operaciones militares y los bombardeos, en su afn por matar los mximos lderes de la insurgencia con la que dialoga en La Habana, al tiempo que causar la mayor devastacin posible entre los guerrilleros rasos. Como si en las mesas de dilogo con los campesinos en paro, su gobierno no hiciera otra cosa que dar largas y burlas a los petitorios con los que los hombres y mujeres del campo aspiran a detener y revertir los efectos de las polticas neoliberales que en su contra favorecen la agroindustria y la minera a gran escala.

Mientras que en su accin proselitista ponderaba las ventajas que traera el fin del conflicto, particularmente por las inversiones sociales que se realizaran con los recursos hoy destinados a la guerra, su ministro de defensa dejaba claro expresamente ante los medios, que ante la eventualidad de un acuerdo de paz, ni un solo peso destinado al presupuesto de guerra ser disminuido, como tampoco decrecer el pie de fuerza, ni el incremento del creciente poder blico destinado al combate de las futuras formas de delincuencia que solo concibe su imaginacin. Los discursos oficiales de paz chocan frontalmente con la aspiracin declarada de pasar a jugar un papel preponderante en la geopoltica continental contra los procesos democrticos en curso.

No puede pasar desapercibido ante los colombianos que la retrica oligrquica apunta a una mayor militarizacin de la vida nacional, para dedicarla al aplastamiento definitivo de la lucha popular, no solamente en Colombia, sino en las patrias hermanas que ensayan un camino propio de desarrollo y democracia. Son esas las determinaciones que en medio de las campaas difamatorias y de exterminio paralelas, las FARC-EP enfrentamos serena pero dignamente en la mesa de conversaciones de La Habana, adonde no llegamos por considerarnos vencidos, ni por temor a la extincin con que nos pretenden amedrentar todos los das. Estamos all, porque entendemos, por encima de la soberbia y la imponencia gubernamentales, que nada est definido en la lucha de clases e intereses en pugna en nuestra patria, que la oligarqua colombiana slo podr materializar sus propsitos, si no hay quienes se le opongan y enfrenten.

Estamos en La Habana porque soamos con una paz efectiva, porque creemos en las capacidades de discernimiento e independencia del pueblo colombiano, porque pese a las emboscadas rastreras y a las diatribas calumniosas contra nosotros, tenemos fe en la lucidez de la inmensa mayora de compatriotas. Confiamos en que en nuestro pas tomar cuerpo, forma e inmenso tamao, un verdadero movimiento de masas por la paz, capaz de atravesarse en los planes antipatriticos y fratricidas de la oligarqua guerrerista y entreguista que gobierna a Colombia.

Apostamos a que ese mismo movimiento popular, que cancelar definitivamente el ejercicio de la guerra y la violencia por parte del rgimen, alcanzar la unidad y la madurez necesarias para acceder al poder poltico del Estado, e imponer las reformas fundamentales que reclama la gente colombiana. En las condiciones histricas de hoy, entendemos la mesa de conversaciones como la oportunidad ms favorable para impulsar y concretar la conformacin de ese torrente popular. Sabemos bien que lo nico que espera la oligarqua de nosotros es una entrega humillante, que ejemplarice ante el pas y el mundo, el precio a pagar por quienes se atreven a contradecirla. Pero en la mesa somos dos partes, y las aspiraciones nuestras son por completo diferentes. El sentido verdadero de nuestro alzamiento armado ha sido siempre abrir el espacio al protagonismo decisorio del pueblo colombiano. Fieles a ese sueo cumplimos 50 aos de lucha incorruptible. Y cumpliremos los que sea necesario si la oligarqua insiste de nuevo en impedir la paz.

Quisiera hacer una mencin especial para exaltar en su nombre a todos los combatientes farianos. En algn campamento de las selvas de Colombia, con un sombrero vueltiao sobre su cabeza, un anciano octogenario trabaja todos los das, siempre con el fusil al alcance de la mano, por la consagracin del triunfo del pueblo colombiano en su lucha contra la oligarqua militarista. Se trata del camarada Martn Villa, fundador de las FARC en el Magdalena Medio, un par de aos despus de la Operacin Marquetalia, un campesino comunista de vida ejemplar, que con su mirada y sonrisa generosas nos lega sus enseanzas y optimismo a todos los revolucionarios. Un fuerte abrazo para l y toda esa gente que dedica su existencia a la causa de servir desinteresadamente a su pueblo.

Ningn militante de las FARC-EP cuenta con bienes o recursos personales derivados de la lucha guerrillera, nadie percibe aqu salario o bonificacin alguna por la entrega total de su vida a la causa revolucionaria. Contrasta el grado de altruismo de los combatientes y mandos farianos con los bienes y haciendas acumulados por los generales del ejrcito burgus, con los salarios, primas, y garantas de todo orden con que el Estado asegura la fidelidad de los hombres del pueblo transformados en verdugos de su propia gente. Mientras que todo lo que necesita un guerrillero para vivir, soar y ser feliz lo lleva en el equipo que carga a sus espaldas, la oligarqua en el poder no podra mantenerse en l, si tan solo por un mes no pudiera cumplir con los pagos a sus tropas.

En este glorioso 50 aniversario, en nombre de todos los guerrilleros de las FARC-EP que extienden su abrazo fraternal al querido pueblo colombiano, al Ejrcito de Liberacin Nacional y su comandante Gabino, a la vena consecuente y revolucionaria del EPL, al Partido Comunista Colombiano y dems organizaciones polticas anti sistema, quisiera manifestar nuestro profundo afecto por los pueblos de Cuba y Venezuela, que aun habiendo arrebatado el poder a la clase explotadora y violenta de sus pases, se ven obligados a soportar las arremetidas traicioneras dispuestas desde la Casa Blanca, empeada en revertir las cosas a su estado anterior.

Tambin nuestra solidaridad con los pueblos y gobiernos de Bolivia y Ecuador, as como con todos los pueblos latinoamericanos y caribeos que se levantan por su soberana, dignidad y desarrollo independiente. Al pueblo palestino, a todos los pueblos de Asia y frica que enfrentan el saqueo imperialista, a los pueblos norteamericano y europeo obligados a cargar la cruz de la crisis capitalista, nuestros mejores deseos por la realizacin de sus justos anhelos. Un aliento de esperanza para Hait, ocupado y expoliado por la ferocidad trasnacional.

Estamos convencidos de que la lucha imbatible de los pueblos lograr salvar nuestro planeta de la depredacin ambiental impulsada por las grandes corporaciones imperialistas, y que slo la misma lucha hermanada podr construir el paraso terrenal que nos fue arrebatado por la avaricia de un puado de explotadores y asesinos.

Hemos jurado vencer! Y venceremos!

Contra el imperialismo, por la patria! Contra la oligarqua por el pueblo!


(*) Timolen Jimnez es Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP


Fuente: http://farc-ep.co/?p=3307



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