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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2014

Migrantes y derechos anulados

Editorial de La Jornada
La Jornada


Segn Douglas Massey, acadmico de la Universidad de Princeton, los millones de migrantes indocumentados que viven en Estados Unidos, sin respeto alguno por sus derechos civiles, sociales o polticos, constituyen la poblacin ms grande en esas condiciones desde el fin formal de la esclavitud en el vecino pas, en 1863.

La comparacin resulta dolorosa, pero acertada para caracterizar el abuso y atropello de que son objeto cotidianamente los connacionales en el pas vecino y, en general, los ciudadanos extranjeros que residen ah sin contar con los documentos migratorios correspondientes.

Ciertamente, la migracin es un fenmeno connatural a las sociedades humanas y tan antiguo como la especie; pero en el siglo XXI ese fenmeno se ve impulsado por la pobreza, la falta de empleo y la ausencia de horizontes de movilidad social en pases como el nuestro, circunstancias a las que se suma la brutalidad policial, que no repara en garantas individuales ni en derechos humanos y que se consagra a criminalizar y perseguir individuos que son, en su inmensa mayora, inocentes.

As, la inaceptable poltica de persecucin que el gobierno estadunidense autodenominado defensor mundial de los derechos humanos y la legalidad puso en marcha hace ms de una dcada confirma su papel como principal violador de las garantas individuales dentro y fuera de su territorio y demuestra, al mismo tiempo, el empecinamiento en desconocer un fenmeno inherente a las sociedades humanas y que en la actualidad se ve acentuado por una economa global promovida por Washington, generadora de grandes asimetras econmicas, que propulsa la movilidad de capitales y fuentes de empleo, y cuya consecuencia inevitable es el flujo de personas de un pas a otro, en busca de las condiciones mnimamente dignas que sus lugares de origen les niegan.

A estas alturas, resultan improcedentes los intentos de la administracin de Barack Obama por responsabilizar de la lamentable situacin de los migrantes indocumentados a los legisladores de su pas, por no haber aprobado una reforma migratoria que de cualquier forma resultara, en los trminos propuestos por la Casa Blanca, un mero paliativo. Es significativo a este respecto que, con la misma legislacin migratoria que rega durante administraciones anteriores, el gobierno de Obama haya realizado ms deportaciones que cualquiera de sus antecesores y que durante sus mandatos se haya registrado el mayor nmero de familias separadas a consecuencia de esta prctica. Otro elemento a considerar es que, en el contexto de las leyes actuales, el gobierno de Washington podra conceder la residencia permanente a unos 2 millones de inmigrantes sin que se requiera, para ello, de accin alguna por parte del Congreso.

Finalmente, el supuesto compromiso de Obama contra la discriminacin y criminalizacin de los migrantes se ve desacreditado con decisiones como la adoptada por su gobierno ayer, en el sentido de frenar el litigio contra la racista ley SB1070 en Arizona.

Es evidente que las presiones necesarias para corregir la circunstancia que viven los migrantes en Estados Unidos, ante la falta de voluntad de Washington, debern provenir en buena medida de la sociedad civil organizada en ese pas y de los gobiernos extranjeros. En el caso de Mxico, un punto de arranque obligado es el cese de los inaceptables atropellos que padecen a manos de policas nacionales los migrantes centroamericanos que llegan a territorio nacional. A fin de cuentas, en lo que se refiere al trato humanitario, el respeto a las garantas individuales y el reconocimiento de los estados de la realidad global contempornea, lo mejor es predicar con el ejemplo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/06/01/opinion/002a1edi



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