Portada :: Brasil :: Las caras ocultas del Mundial 2014
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2014

Brasil, ftbol y protestas

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique


Es poco probable que los brasileos obedezcan a la procaz consigna que lanz Michel Platini otrora gran futbolista y hoy politiquero presidente de la Unin Europea de Asociaciones de Ftbol (UEFA) el pasado 26 de abril: Hagan un esfuerzo, djense de estallidos sociales y clmense durante un mes (1).

La Copa Mundial de Ftbol comienza en So Paulo el 12 de junio para concluir el 13 de julio en Ro de Janeiro. Y hay efectivamente preocupacin. No slo en las instancias internacionales del deporte sino tambin en el propio Gobierno de Dilma Rousseff, por las protestas que podran intensificarse durante el evento deportivo. El rechazo al Mundial por parte de la poblacin ha seguido expresndose desde junio del ao pasado, cuando empez todo con ocasin de la Copa Confederaciones. La mayora de los brasileos afirman que no volveran a postular a Brasil como sede de un Mundial. Piensan que causar ms daos que beneficios (2).

Por qu tanto repudio contra la fiesta suprema del balompi en el pas considerado como la meca del ftbol? Desde hace un ao, socilogos y politlogos tratan de responder a esta pregunta partiendo de una constatacin: en los ltimos once aos o sea, desde que gobierna el Partido de los Trabajadores (PT) el nivel de vida de los brasileos ha progresado significativamente. Los aumentos sucesivos del salario mnimo han conseguido mejorar de forma sustancial los ingresos de los ms pobres. Gracias a programas como Bolsa Familia o Brasil sin miseria, las clases modestas han visto mejorar sus condiciones de vida. Veinte millones de personas han salido de la pobreza. Las clases medias tambin han progresado y ahora tienen la posibilidad de acceder a planes de salud, tarjetas de crdito, vivienda propia, vehculo privado, vacaciones... Pero an falta mucho para que Brasil sea un pas menos injusto y con condiciones materiales dignas para todos, porque las desigualdades siguen siendo abismales.

Al no disponer de mayora poltica ni en la Cmara de diputados ni en el Senado, el margen de maniobra del PT siempre ha sido muy limitado. Para lograr los avances en la distribucin de los ingresos, los gobernantes del PT y en primer lugar el propio Lula no tuvieron ms remedio que aliarse con otros partidos conservadores (3). Esto ha creado cierto vaco de representacin y una parlisis poltica en el sentido de que el PT, a cambio, ha tenido que frenar toda contestacin social.

De ah que los ciudadanos descontentos se pongan a cuestionar el funcionamiento de la democracia brasilea. Sobre todo cuando las polticas sociales comienzan a mostrar sus lmites. Pues, al mismo tiempo, se produce una crisis de madurez de la sociedad. Al salir de la pobreza, muchos brasileos pasaron de la exigencia cuantitativa (ms empleos, ms escuelas, ms hospitales) a una exigencia cualitativa (mejor empleo, mejor escuela, mejor servicio hospitalario).

En las revueltas de 2013, se pudo ver que los protestatarios eran a menudo jvenes pertenecientes a las clases modestas beneficiarias de los programas sociales implementados por los Gobiernos de Lula y de Dilma. Esos jvenes estudiantes nocturnos, aprendices, activistas culturales, tcnicos en formacin son millones, estn mal pagados, pero tienen ahora acceso a Internet y poseen un nivel bastante alto de conexin que les permite conocer las nuevas formas mundiales de protesta. En este nuevo Brasil, desean subirse al tren(4) porque sus expectativas han aumentado ms que su condicin social. Pero entonces descubren que la sociedad est poco dispuesta a cambiar y a aceptarlos. De ah su frustracin y su descontento.

El catalizador de ese enojo es el Mundial. Obviamente, las protestas no son contra el ftbol, sino contra algunas prcticas administrativas y contra los chanchullos surgidos de la realizacin del evento. El Mundial ha supuesto una colosal inversin estimada en unos 8200 millones de euros. Y los ciudadanos piensan que, con ese presupuesto, se hubieran podido construir ms y mejores escuelas, ms y mejores viviendas, ms y mejores hospitales para el pueblo.

Como el ftbol es el universo simblico y metafrico con el cual ms se identifican muchos brasileos, es normal que lo hayan utilizado para llamar la atencin del Gobierno y del mundo sobre lo que, segn ellos, no funciona en el pas. En ese sentido, el Mundial ha sido revelador. Para denunciar, por ejemplo, esa forma de hacer negocios turbios con el dinero pblico. Slo en la construccin de los estadios, el coste final ha sido un 300% superior al presupuesto inicial. Las obras fueron financiadas con dinero pblico a travs del Banco Nacional de Desarrollo Econmico y Social (BNDES), el cual confi la edificacin de los estadios y las gigantescas obras de infraestructura a empresas privadas. Estas, con fro clculo, programaron el retraso en los plazos de entrega, con vistas a realizar una extorsin sistemtica. Pues saban que, ante las presiones de la Federacin Internacional de Ftbol Asociacin (FIFA), cuanto ms se retrasara la construccin, mayores seran los pagos adicionales que recibiran. De tal modo que los costes finales se triplicaron. Las protestas denuncian esos sobrecostes efectuados en detrimento de los precarios servicios pblicos ofrecidos en educacin, salud, transporte, etc.

Asimismo, las manifestaciones denuncian la expulsin, en algunas de las doce ciudades sedes del Mundial, de miles de familias, desahuciadas de sus barrios para liberar los terrenos donde se han edificado o ampliado aeropuertos, autopistas y estadios. Se estima que unas 250.000 personas fueron vctimas de expulsiones. Otros protestan contra el proceso de mercantilizacin del ftbol, que la FIFA favorece. Segn los valores dominantes actuales difundidos por la ideologa neoliberal, todo es mercanca y el mercado es ms importante que el ser humano. Unos pocos jugadores talentosos son presentados por los grandes medios de comunicacin como modelos de la juventud, e dolos de la poblacin. Ganan millones de euros. Y su xito crea la falsa ilusin de un posible ascenso social mediante el deporte.

Muchas protestas son dirigidas directamente contra la FIFA, no slo por las condiciones que impone para proteger los privilegios de las marcas patrocinadoras del Mundial (Coca Cola, McDonalds, Budweiser, etc.) y que son aceptadas por el Gobierno, sino tambin por las reglas que impiden, por ejemplo, la venta ambulante en las cercanas de los estadios.

Varios movimientos protestatarios tienen por lema Copa sem povo, t na rua de novo (Copa sin el pueblo, estoy en la calle de nuevo), y expresan cinco reivindicaciones (por los cinco Mundiales ganados por Brasil): vivienda, salud pblica, transporte pblico, educacin, justicia (fin de la violencia de Estado en las favelas y desmilitarizacin de la polica militar) y, por ltimo, una sexta: que se permita la presencia de vendedores informales en las inmediaciones de los estadios.

Los movimientos sociales que lideran las manifestaciones se dividen en dos grupos diferentes. Una fraccin radical, con el lema Sin derechos no hay Mundial, pacta objetivamente con los sectores ms violentos, incluso con los Black Bloc y su depredacin extrema. El otro grupo, organizado en Comits Populares de la Copa, denuncia el Mundial de la FIFA pero no participan en movilizaciones violentas.

De todos modos, las protestas actuales no parecen poseer la amplitud de las de junio del ao pasado. Los grupos radicales han contribuido a fragmentar la protesta, y no hay una direccin orgnica del movimiento. Resultado: segn una reciente encuesta, dos tercios de los brasileos estn en contra de las manifestaciones durante el Mundial. Y, sobre todo, desaprueban las formas violentas de las protestas (5).

Cual ser el coste poltico de todo esto para el Gobierno de Dilma Rousseff? Las manifestaciones del ao pasado supusieron un duro golpe a la presidenta que, en las tres primeras semanas, perdi ms del 25% del apoyo popular. Despus, la mandataria declar que escuchaba la voz de las calles y propuso una reforma poltica en el Congreso. Esa enrgica respuesta le permiti recuperar parte de la popularidad perdida. Esta vez, el desafo ser en las urnas, porque las elecciones presidenciales son el 5 de octubre prximo.

Dilma aparece como favorita. Pero tendr que enfrentarse a una oposicin agrupada en dos polos: el del centrista Partido de la Social Democracia Brasilea (PSDB), cuyo candidato ser Acio Neves; y, mucho ms temible, el polo del socialdemcrata Partido Socialista Brasileo (PSB), constituido por la alianza de Eduardo Campos (ex ministro de Ciencia y Tecnologa de Lula) y la activista ecologista Marina Silva (ex ministra de Medio Ambiente de Lula). Para este escrutinio, decisivo no slo para Brasil sino para toda Amrica Latina, lo que ocurra este mes durante el Mundial podra ser determinante.

Notas

(1 ) http://www.dailymotion.com/video/x1rao84_mondial-2014-platini-le-bresil-faites-un-effort-pendant-un-mois-calmez-vous-25-04_sport
(2) Folha de So Paulo, So Paulo, 8 de abril de 2014.
(3) Desde la poca de Lula, la base de la coalicin que gobierna Brasil est formada fundamentalmente por el PT y el Partido del Movimiento Democrtico Brasileo (PMDB, centro-derecha), adems de por otras pequeas fuerzas como el Partido Progresista (PP) y el Partido Republicano de Orden Social (PROS).
(4) Lase Antnio David y Lincoln Secco, Saber o PT identificar e aproveitar a janela histrica?, Viomundo, 26 de junio de 2013. http://www.viomundo.com.br/politica/david-e-secco-sabera-o-pt-identificar-e-aproveitar-a-janela-historica.html
(5) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=183873&titular=entre-goles-negociados-y-especulaciones-electorales-


Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=ef270c3c-1b8e-4889-abae-3d3de681ad48



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