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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2014

De dos males

William Ospina
El Espectador


Ahora todos piensan que el mal menor es Santos, porque Colombia tiene una infinita capacidad de equivocarse. Pero he llegado a la conclusin, que nadie tiene por qu compartir, de que en estos momentos el mal menor de Colombia se llama Oscar Ivn Zuluaga.

De que es un mal, no tengo dudas. Es el representante de Uribe, quien tuvo en sus manos ocho aos la posibilidad de cambiar a Colombia, de modernizarla, de construir la paz, y no lo hizo.

Ms an, siempre he estado en contra de su discurso de guerra total; siento que Colombia vivi de crispacin en crispacin bajo su mandato; repruebo que por matar a un colombiano haya bombardeado el suelo hermano del Ecuador y no comparto su rechazo a los procesos democrticos de la nueva izquierda latinoamericana, ya que, como se sabe, soy partidario de Chvez, de Correa, de Evo Morales, de Rousseff, de Pepe Mujica y de Cristina Kirchner.

Sin embargo, considero a Zuluaga el menor de los dos males. Por qu? Yo lo resumira diciendo que el uribismo es responsable de muchas cosas malas que le han pasado a Colombia en los ltimos 20 aos, pero el santismo es responsable de todas las cosas malas que han pasado en Colombia en los ltimos cien aos. Y si me dicen que Santos no tiene cien aos, yo le respondera que tiene ms.

No es algo personal: Santos es un hombre inteligente, sagaz y hasta elegante. Pero la mirada que arroja sobre el mundo, la manera de su gobierno, es la de la vieja lite bogotana que se siente designada por Dios para manejar este pas con una mezcla de desdn y de indiferencia que aterra.

Son expertos en hacerlo todo y no ser nunca responsables de nada. Lo que hoy es Colombia, con sus desigualdades, su miseria, su inautenticidad, sus violencias, sus guerrillas, sus delincuentes, sus narcotraficantes, su atraso, su premodernidad, su docilidad ante la manipulacin, se les debe por entero.

Y no es que ellos quieran hacerlo, es que no pueden cambiarlo: son una cosmovisin, son un destino, son la ltima casta del continente. Tuvieron el talento asombroso de mantenerse en el poder ms de cien aos, y si lo permitimos, tendrn la capacidad de condenarnos todava a otros cien aos de soledad.

Por eso siento que no hay nada ms urgente que decirle adis a esa dirigencia elegante, desdeosa y nefasta; porque mientras ellos gobiernen, nada en Colombia cambiar.

Tan excelentes son en su estilo, que ahora han logrado que una parte importante y sensible de Colombia olvide la historia y cierre filas alrededor de ellos, vindolos como la encarnacin de las virtudes republicanas, del orden democrtico y de la legalidad. Hace mucho manejan el talento de apadrinar o tolerar el caos, y beneficiarse de l, y cada cierto tiempo encuentran un monstruo al cual culpar de todo: fue Rojas Pinilla, fue Sangrenegra, fue Camilo Torres, fue Fabio Vsquez, fue Pablo Escobar, fueron los Rodrguez, fue Carlos Castao, fue Manuel Marulanda. Es asombroso pensarlo, pero estos seores engendraron a todos los monstruos, y despus con gran elegancia se deshicieron de ellos.

Uribe, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energa de animal poltico, se invent un poder nuevo que benefici muy poco al pueblo, pero que benefici enormemente al viejo establecimiento colombiano que haca agua por todas partes. Sin ignorar quin era, Santos se ali con Uribe, guerre a su lado, gobern con l, pec con l, se hizo elegir gracias a la poltica y el talento del otro, y ahora descarga en l todo el desprestigio de esa accin conjunta, para quedarse con el gnero y sin el pecado.

Yo he abogado 20 aos por la paz negociada, pero, con el perdn de las Farc, nada me parece ms inverosmil que la paz de Santos. La paz, para que sea verdadera, tiene que ser otra cosa, y ya muchos han advertido que si la paz slo puede hacerse con el enemigo, una paz sin Uribe es como una mesa de dos patas.

La verdad es que temo que Santos, por reelegirse, firme todo pero no cumpla nada. Una paz con Zuluaga tal vez sea ms difcil, pero hay ms probabilidades de que se cumpla. Uribe y Zuluaga representan ya a otro sector de la sociedad. S que no representan a los pobres ni a los excluidos, s que cada vez necesitamos con ms urgencia la Franja Amarilla, pero ya no representan a esa vieja lite clasista, racista, que gobern al pas por muchas dcadas y nunca supo qu pas era este.

Por la ilusin de la paz, Colombia podra firmarle otra vez un cheque en blanco a la vieja aristocracia. Y hoy somos testigos de la ltima paradoja de Colombia: que el postrer salvavidas para una lite que naufraga se lo arrojen la izquierda y las guerrillas.

Zuluaga y Uribe tambin son neoliberales, tambin son partidarios de la economa extractiva, tambin son autoritarios, tambin son el adversario, pero algo saben del pas y no venden imagen. No fingen ser de izquierda para darle despus la espalda a todo; no fingen ser tus amigos cuando les conviene. Con ellos no es posible llamarse a engaos: si hablan de guerra, hacen la guerra; si odian a la oposicin, no fingen amarla.

Parece una diferencia de matiz, pero es mucho ms. Ante un adversario, ms vale saber con qu se cuenta. S que si gana Zuluaga estar en la oposicin todo el tiempo. Pero con la vieja dirigencia puesta a un lado, tal vez sea ms posible ver luz al final de este tnel, de este largo siglo de centralismo, de desprecio por Colombia y de arrogancia virreinal.


Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/de-dos-males-columna-495794



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