Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el apartheid israel
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2014

BDS en el mundo rabe
Del boicot de los Gobiernos al boicot de los ciudadanos

Luz Gmez
Rebelin


El mundo rabe tiene una historia propia de boicot a Israel que condiciona el actual desarrollo en sus sociedades del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), nacido en 2005 de un llamamiento de 172 asociaciones, sindicatos, organizaciones y partidos palestinos. Esta experiencia distinta tiene dos precedentes: el boicot comercial y financiero a Israel decretado por la Liga rabe en 1948 y la lucha contra las polticas de normalizacin de Israel posteriores a los Acuerdos de Oslo de 1993. Estos dos hechos comparten la misma dialctica no resuelta caracterstica de la historia poscolonial de la regin, marcada por la tensin entre las pulsiones panarabistas y los intereses estatales. En todos los pases rabes la cuestin palestina ha sido a la vez un asunto de poltica interior, interrabe e internacional. Puede pesar como un lastre o ser un impulso, pero es una realidad que determina la estrategia rabe dentro del llamamiento global del BDS.

Junto a ello, las revueltas rabes en curso han introducido un factor nuevo en la marcha de la solidaridad con Palestina en el mundo rabe. Los levantamientos pacficos han sacado a la luz el potencial del activismo civil frente a la hipocresa de la poltica institucional, y una vez ms se ha puesto en evidencia que mientras los rabes no sean dueos de su destino, Palestina no lo ser del suyo, y viceversa.

El boicot de la Liga rabe: de la Nakba a Camp David

En octubre de 1945, al poco de su creacin, la Liga rabe apoy de manera expresa el llamamiento al boicot a los productos y servicios sionistas promovido en los aos treinta por los lderes palestinos, y unos meses despus lo ampli al comercio directo entre cualquier pas miembro y las entidades sionistas asentadas en Palestina. Tras la creacin del Estado de Israel en 1948, se formaliz el boicot contra el Estado de Israel propiamente dicho. En 1950 la Asamblea de la Liga rabe (resolucin 314) ampli el boicot en su forma original prohibiendo toda relacin econmica y comercial con terceros que tuvieran relacin con Israel. Resulta por ello habitual que se hable de tres niveles de boicot, o boicot primario, secundario y terciario, si bien, segn cuenta Nancy Turck, este lenguaje propio de la poltica norteamericana fue desconocido entre los rabes hasta la dcada de 1970,[2] cuando el boicot comenz a preocupar en los crculos econmicos occidentales y a discutirse con sus contrapartes rabes. Como se ver, la adopcin rabe de este vocabulario fue pareja a la desintegracin del boicot real, relativizado por la lgica de los niveles.

Siguiendo la formulacin de los tres niveles, hoy estndar, se denomina boicot primario al que prohbe toda transaccin e intercambio directos entre los pases rabes o sus nacionales e Israel y los suyos. El boicot secundario afecta a cualquier compaa o persona de cualquier pas cuyos tratos con Israel supongan el fortalecimiento econmico y militar de ste. En un tercer nivel, se prohbe a toda empresa extranjera que opere en el mundo rabe el uso de materiales, equipamiento y servicios de firmas objeto del boicot.

La Liga rabe conceba el boicot como una estrategia poltica de presin internacional en el marco de la guerra no cerrada con Israel, pues cabe recordar que el armisticio de 1949 no supuso la paz oficial entre los contendientes, sino el fin de las hostilidades armadas. Para la coordinacin y seguimiento del boicot se cre en 1951 la Oficina Central del Boicot (OCB), con sede en Damasco y sucursales en las capitales rabes. En reuniones semestrales se establecan las directrices comunes, que no eran vinculantes, sino que luego se formalizaban segn los diversos intereses nacionales. Una de las principales iniciativas de la OCB fue la elaboracin de una lista negra de empresas que incumplan el boicot, generalmente a partir de las respuestas a un cuestionario que la OCB enviaba a las firmas interesadas en invertir en algn pas rabe: Ford, Xerox, Topps o Miles Laboratories son algunas de las que figuraron en ella. Sin embargo, la lista negra no era unitaria sino estatal, y cada empresa tena que satisfacer los protocolos locales. As, por ejemplo, en los aos setenta era imposible encontrar Coca-Cola en Egipto, Siria, Kuwait o Irak, mientras que era un producto comn en Tnez o Marruecos. Es ms, Argelia, Marruecos, Mauritania, Tnez y Sudn nunca elaboraron listas negras, y en la prctica solo siguieron el boicot primario. Por el contrario, Kuwait era uno de los pases ms estrictos en la aplicacin del boicot. El secretismo de la OCB, la descoordinacin y la falta de objetivos vinculantes lastraron desde un primer momento la efectividad del boicot proyectado por la Liga rabe. Y sobre todo, impidieron que el mundo entendiera por qu el boicot y el aislamiento de Israel eran legtimos.

Por otro lado, muy pronto se vio la dificultad de implementar el llamado boicot terciario, que, como mucho, qued reducido a los grandes proyectos de infraestructuras. Tambin hubo excepciones legales, como la exencin del boicot en las transacciones Gobierno-Gobierno, que permita a los Estados rabes comprar equipamiento militar a las mismas compaas que provean a Israel, o la excepcin generalizada del boicot en el mbito del turismo. Con todo, la llamada al boicot, con su simbolismo, fue respaldada a su vez por el Movimiento de los No Alineados en los aos sesenta, y luego por la Organizacin de la Conferencia Islmica, y si bien sus resultados han sido ms bien pobres en el terreno econmico, en el poltico no ha dejado de tener trascendencia hasta la actualidad.

Ni Estados Unidos ni Israel, los principales afectados, parecieron preocuparse en exceso por el boicot hasta la crisis del petrleo de 1973. Isaac Rabin, primer ministro de Israel, dedic al asunto una minuciosa exposicin ante el Parlamento israel en 1975, en la cual alertaba sobre las nefastas consecuencias del mantenimiento del boicot para las inversiones extranjeras en Israel. Pero de cara a la opinin pblica ese mismo ao Chaim Bar-Lev, ministro de Comercio e Industria, negaba la evidencia en una visita a Washington: El boicot rabe no significa nada para nosotros. No afecta en absoluto a Israel.[3] En 2014, ya en los tiempos del BDS, hemos podido escuchar una frase igual de displicente en boca del actual ministro de Economa, Naftali Bennett: Ms vale un boicot que la creacin de un Estado palestino.[4]

El cambio en los equilibrios internacionales que supuso la utilizacin del petrleo como arma poltica por parte de la OPEP afect de manera decisiva al boicot tal cual vena practicndose. El alza de los precios dispar los ingresos de los Estados rabes productores, convertidos de repente en atractivos consumidores para las empresas norteamericanas: EEUU pas de 1.000 millones de dlares en exportaciones a pases rabes en 1971 a 5.400 millones en 1975 y 6.900 millones en 1976.[5] Para allanar el camino a sus empresas, el Gobierno norteamericano decidi, tras varias normativas parciales que se remontaban a 1959 y 1965, promulgar una legislacin antiboicot. No falt en ello el acostumbrado argumentario moral, que acusaba al boicot de la Liga rabe de antisemita, afirmando que se rega por criterios tnicos y religiosos; como prueba, se aducan lecturas torticeras o malas traducciones de los protocolos en rabe, como la traduccin del trmino sionista por judo o hebreo. Nancy Turck conclua en su informe para la revista Foreing Affairs:

Los Principios Generales para el Boicot a Israel, un compendio de regulaciones sobre el boicot publicado por el OCB, no contienen criterio alguno para el boicot basado en el origen tnico o religioso, y a lo ms que se llega es a definir el sionismo en el contexto del apoyo econmico y poltico a Israel.[6]

Finalmente, en 1979 la Administracin Carter incluy la normativa antiboicot en la Ley para la Administracin de las Exportaciones, que declaraba ilegal y sancionaba por la va civil y criminal a las empresas que participaran en un boicot no patrocinado por EEUU. Algunas, como McDonalds, prefirieron pagar las multas antes que perder sus mercados rabes. Se calcula que hacia 2005 EEUU haba recaudado 26,5 millones de dlares en sanciones.[7] Pero en lneas generales la presin norteamericana surti efecto y la supervisin rabe se relaj. Adems, el boicot pas a formar parte de la agenda poltica norteamericana, y el Congreso encarg peridicamente informes de seguimiento a la unidad de Comercio y Finanzas Internacionales de su Servicio de Investigacin, algunos de los cuales solo se han conocido gracias a WikiLeaks.

Europa, que nunca lleg a legislar en esta materia a la manera de EEUU, no se vio presionada por los intereses encontrados de sus empresas, que hasta ms tarde no se involucraron a fondo en el mercado israel. Pero a fecha de hoy la UE es el principal importador de productos israeles (ms de 14.000 millones de dlares en 2012, frente a los 11.000 millones de EEUU) y el primer proveedor de Israel (que import 22.000 millones de dlares de la UE y 8.000 millones de EE UU). En este nuevo contexto, en el Parlamento Europeo se han promovido recientemente algunas iniciativas, si bien minoritarias, solicitando que la UE se alinee con EEUU y presione a sus socios rabes. Lo resume una pregunta parlamentaria de febrero de 2013 a la Comisin:

1. Cul es la postura de la Vicepresidenta/Alta Representante en relacin con la imposicin del boicot de la Liga rabe a Israel, que es un pas democrtico y amistoso, adems de un socio comercial habitual de la UE?

2. Qu medidas ha tomado ya la Vicepresidenta/Alta Representante para debatir este asunto con la Liga rabe?

3. Est dispuesta la Vicepresidenta/Alta Representante a cooperar con el Gobierno de los Estados Unidos para exigir que se ponga fin oficialmente al boicot?

Sin embargo, en un sentido poltico ms amplio el boicot de la Liga rabe muri, como tantas otras cosas, con la firma de los Acuerdos de Paz entre Egipto e Israel en 1978. En Camp David se enterr el sueo unitario rabe, que en buena medida se haba forjado en la lucha contra Israel. Y aunque Egipto fue expulsado de la Liga rabe, la dcada de 1980 fue testigo de la prctica disolucin del boicot como arma de presin econmica y poltica. El boicot fue quedando reducido a una retrica versin primaria en boca de los gobernantes rabes: resultaba difcil liquidarlo sin que se viera afectada la imagen de soberana de los Estados, que seguan sin establecer relaciones diplomticas con Israel. El alzamiento palestino de la Primera Intifada y el llamamiento de los lderes del interior al boicot comercial, fiscal y funcionarial en los Territorios Ocupados[8] no cambi esta dinmica. En el mundo rabe los ochenta fueron los aos del boicot sin boicot. O del chocolate Nestl sin fronteras: por fin se venda en Riad y en Tel Aviv!

Normalizacin se deletrea O-s-l-o

Edward Said titul un artculo publicado en Haaretz el 11 de octubre de 1998 Apartheid se deletrea O-s-l-o. Igual podra decirse de la normalizacin. Son las dos caras de la moneda de Oslo: apartheid para Palestina, normalizacin para Israel. En rabe, la expresin que se utiliza para normalizacin es todava ms ajustada: tatbii, esto es, naturalizacin. La normalizacin pretende borrar la historia, el derecho internacional y la nocin misma de justicia para consagrar a nivel internacional el estado de cosas interno: la ocupacin y el rgimen de apartheid. La normalizacin, adems, convierte a Israel en un socio legtimo, cuando no indispensable, en la regin.

Como se vio a regln seguido de los Acuerdos de Paz de Oslo (1993), la estrategia israel de normalizacin estaba meticulosamente diseada. Para Israel, acabar con su aislamiento regional significaba en primera instancia introducirse en los mercados rabes como proveedor de alta tecnologa y bienes de equipo, toda vez que la crisis de los aos ochenta haba mostrado la debilidad estructural de su economa. Lester Thurow, economista estadounidense, lo explicaba as tan solo unos meses antes de Oslo:

Los que en la regin no producen petrleo debern fabricar bienes para los que producen petrleo. Israel debera llevar a la mesa de intercambio tecnologa, industrias de categora intermedia y capacidad de organizacin. Pero nada de eso pude ocurrir si antes no se solucionan las disputas en el mundo rabe e Israel.[9]

Esto ya se vena ensayando con Egipto: en 1992 Egipto export a Israel por valor de 967 millones de libras (sobre todo petrleo, y en segundo lugar productos agrcolas) e import por valor de 41 millones (fundamentalmente semillas, fertilizantes y material de regado). En un mercado occidental globalizado, la economa israel, aislada en Oriente Prximo, amenazaba con convertirse en una carga para sus socios, o peor an, con ser superflua.

En mayo de 1994 el Gobierno israel y la naciente Autoridad Nacional Palestina (ANP) firmaron el Protocolo de Pars, que regulaba el marco de las relaciones econmicas y financieras entre Israel y los territorios gestionados por la ANP. Si bien previsto para un periodo transitorio de cinco aos, sigue en vigor en la actualidad, y en 2012 la ANP pidi formalmente a Israel su renegociacin. Es un ejemplo ms de la perpetuacin de la transitoriedad y las asimetras de Oslo. Por otra parte, en octubre de 1994, Jordania firm su tratado de paz con Israel, y cuatro meses despus los grandes hombres de negocios egipcios, jordanos, norteamericanos y palestinos acordaron en la Declaracin de Taba aunar esfuerzos para acabar con el boicot a Israel.[10]

El Protocolo de Pars supedita la economa palestina a Israel, que controla el agua, la tierra y las fronteras, y la somete a la supervisin del FMI y el Banco Mundial, de los que depende la ANP para seguir recibiendo la ayuda financiera de los pases donantes. Los fondos de ayuda estadounidenses y europeos han servido para promover proyectos de normalizacin econmica, que alimentan las relaciones de poder desiguales y mantienen la ficcin de las negociaciones de paz. Un macroproyecto paradigmtico es el llamado Corredor de la Paz. Comprende un ferrocarril Jordania-Yenn-Haifa, un canal para unir el mar Muerto y el mar Rojo y la construccin de infraestructuras tursticas regionales, pensadas sobre todo para los rabes de los pases del Golfo y que constituyen una seria amenaza para el precario ecosistema de la zona. Por el Corredor de la Paz se pretende que circulen los productos de las Zonas Industriales Cualificadas (ZIC), el plan estrella de la normalizacin.

Para la puesta en marcha de las ZIC se precis la implicacin directa del Gobierno de EEUU. Las ZIC, situadas en zonas estratgicas de Egipto, Jordania y Cisjordania, han atrado industrias deslocalizadas de la regin, con el consiguiente perjuicio para las economas locales, y han introducido la tecnologa punta israel, de la que ahora dependen. Las mercancas de las ZIC llevan la etiqueta made in Jordan o made in Palestine, subterfugio que en el mundo rabe facilita la circulacin de productos israeles susceptibles de ser boicoteados por la poblacin. Hay que aadir que esta produccin penetra libre de aranceles en el mercado norteamericano, de modo que el resto de la exportacin regional no puede competir con ella.

Tambin a escala internacional no rabe la normalizacin ha reportado notables beneficios a Israel. Destacan las inversiones de Japn (en el pasado uno de los pases ms escrupulosos en el cumplimiento del boicot de la Liga rabe) en las industrias automovilstica y electrnica, que han contribuido a la bajada de los precios de numerosos bienes de consumo en Israel.

En este contexto de desintegracin generalizada del espritu y la forma del boicot de 1948, la propia Liga rabe, que en su origen lo haba concebido como una estrategia poltica en la lucha comn contra el sionismo, pas a considerarlo en funcin del proyecto de consecucin de un Estado palestino independiente en las fronteras de 1967, con Jerusaln Oriental como capital. Los pases del Consejo de Cooperacin del Golfo (Kuwait, Bahrin, Catar, Omn, Emiratos rabes Unidos y Arabia Saud) anunciaron su renuncia formal al boicot secundario y terciario tras la firma del Tratado de Paz Jordano-Israel. Y muy pronto Catar, Omn y Marruecos establecieron relaciones comerciales directas con Israel. Entre 1993 y 2001 la Oficina Central del Boicot no se reuni. Cuando lo hizo en 2004, bajo la presin de la Segunda Intifada, asistieron 19 Estados, y faltaron Egipto, Jordania y Mauritania, los tres pases que, junto con Marruecos y Tnez, ya haban establecido relaciones diplomticas con Israel.

Aunque a raz de la Segunda Intifada pareci que las nefastas polticas rabes de normalizacin iban a dar un vuelco, lo cierto es que todo se qued en el terreno de los buenos propsitos. La Liga rabe aprob en 2003 una resolucin llamando a intensificar el desvado boicot (solo Lbano segua mantenindolo de hecho en los tres niveles), pero con escaso xito: en el primer semestre de 2004 el comercio rabe con Israel creci un 47%, y esto sin incluir el negocio a travs de pases intermediarios como Chipre.[11] En 2007 la OCB volvi a reunirse (esta vez con la participacin de 14 Estados, 5 menos que en 2004) y propuso que se reactivara el mecanismo de las listas negras, pero ningn pas, salvo Siria, se manifest dispuesto a asumir las consecuencias inmediatas, como por ejemplo romper con Nestl.

En la actualidad la Liga rabe sigue manteniendo oficialmente el boicot y hasta lo incluye en el orden del da de sus plenarios. Pero en la prctica no se va ms all de las declaraciones de principios. Y aunque el lobby pro israel de EEEUU lo sigue incluyendo entre sus prioridades, Doron Peskin, consultor israel especializado en relaciones comerciales con el mundo rabe, lo ha resumido sin tapujos: El boicot rabe solo existe hoy de boquilla.

Movimiento antinormalizacin y BDS

La respuesta de las sociedades rabes a las polticas de normalizacin promovidas por sus Gobiernos fue inmediata. Desde el principio se denunci el carcter transversal y hegemnico de la normalizacin/naturalizacin y se pusieron en marcha estrategias para contrarrestarla. A nivel popular, arraig el boicot al consumo de productos israeles, y tras la Segunda Intifada aument adems el rechazo a las multinacionales que los ciudadanos relacionaban con el conflicto: en Mascate, por ejemplo, los directivos de McDonalds y KFC reconocieron que la Intifada haba influido en la cada de sus ingresos en 2002.[12] A nivel organizativo, se constituyeron los llamados movimientos antinormalizacin, que abrieron un camino en el mundo rabe a lo que luego sera el movimiento BDS global. Su historia anticipa, en buena medida, la del BDS.

El movimiento antinormalizacin jordano fue pionero. Hisham Bustani, uno de sus fundadores y destacado militante de izquierda, defini en 1996 la lucha contra la normalizacin como: el rechazo a establecer trato o relacin con ningn individuo, compaa, institucin o producto sionista (sea poltico, comercial, personal, cultural, turstico, etc.).[13] El movimiento antinormalizacin jordano preludi formas de organizacin posteriores al incorporar a distintos sectores cvicos. Su motor fue la Unin de Asociaciones Profesionales, y en el organigrama del Comit Nacional Anti-Normalizacin (NANC, por sus siglas en ingls) se integraron la Asociacin Jordana de Escritores, la Asociacin de la Prensa Jordana, la Asociacin para la Proteccin de los Consumidores, la Asociacin de Cambistas, las Cmaras de Comercio e Industria, asociaciones de mujeres, movimientos estudiantiles de izquierda, sindicatos y partidos polticos islamistas y nacionalistas. Hasta hoy en el NANC se conjugan intereses econmicos, polticos y estratgicos, pero existen distintos comits sectoriales con sus propios mecanismos de actuacin para denunciar los casos de normalizacin, prevenirlos o neutralizarlos.

Este modelo se sigui pronto en Egipto, el otro pas objeto preferente de la normalizacin. Y desde finales de la dcada de 1990 Argelia, Lbano, Tnez, Omn, Bahrin y Marruecos han creado tambin sus gestoras de coordinacin de actividades antinormalizacin. Aunque a nivel interrabe se echa en falta una estrategia conjunta, a escala internacional los movimientos antinormalizacin han sabido integrarse en los foros antiglobalizacin. Ya en 2001 el movimiento antinormalizacin jordano denunci en el Foro Social de Gnova los intereses hegemnicos sobre la regin del proyecto colonial israel, y desde entonces los distintos movimientos antinormalizacin se han ido sumando al Foro Social Mundial, situando la lucha contra la normalizacin en la dimensin altermundista en la que cobra pleno sentido.

A diferencia del boicot de la Liga rabe (centralizado, secretista, protocolario, volcado en la accin exterior), el movimiento antinormalizacin era y es centrfugo, abierto, horizontal y se dirige a las sociedades rabes. Son caractersticas que comparte con el movimiento BDS, fruto del llamamiento palestino de 2005. Al igual que en el caso del BDS, su penetracin entre los grupos de base y sindicales ha sido notable, si bien, como afirma Wissam al-Saliby, los activistas no han sido capaces de trasladar estos logros a la poltica gubernamental debido a su exclusin de las altas esferas de poder y a la continua represin de los Gobiernos. Aunque esto es cierto, el movimiento BDS ha introducido sin embargo un importante giro en las prcticas antinormalizacin al potenciar la accin ciudadana y no privilegiar la presin poltica. Esto es especialmente relevante en la Campaa Palestina para el Boicot Acadmico y Cultural a Israel (PACBI, en sus siglas en ingls), que define la normalizacin en el contexto rabe y palestino como la participacin en cualquier proyecto, iniciativa o actividad, en Palestina o en el mbito internacional, que pretenda implcita o explcitamente reunir a palestinos (y/o rabes) e israeles (personas o instituciones) con cualquier objetivo que no sea denunciar y resistir a la ocupacin israel y a todas las formas de discriminacin y opresin contra el pueblo palestino.

Pero mientras que el ideario del BDS apela al derecho internacional y a la legalidad y deja muy claro que se dirige contra Israel y sus instituciones y empresas y no contra sus ciudadanos, los movimientos antinormalizacin se han caracterizado siempre por su radicalidad, hasta el punto de que hay sectores antinormalizadores muy crticos con la campaa BDS por las limitaciones programticas que impone. Por ejemplo, buena parte de los militantes antinormalizacin se niegan a toda participacin conjunta en proyectos de resistencia con ciudadanos israeles.

BDS y antinormalizacin son iniciativas que tienen estrategias diferentes, pero en buena medida confluyen en sus objetivos, y muchas de las acciones del BDS en el actual contexto rabe coinciden con las propias de los movimientos antinormalizacin. En concreto, se enfrentan a una serie de desafos:

Vincular los objetivos del boicot econmico y comercial a los de la integracin rabe, especialmente en dos sentidos: mostrando a los poderes pblicos que el boicot a los productos de las colonias israeles no perjudica a la economa de cada pas siempre que la poltica arancelaria interrabe se flexibilice y promueva la circulacin de mercancas; y aprovechando la puesta en marcha de una nueva legislacin de boicot para armonizar las distintas normativas estatales, a la manera de lo que est sucediendo en la UE con la exclusin de las colonias del tratado de libre comercio UE-Israel.

Romper la dinmica histrica del boicot rabe centrado en el comercio y ampliar la gama de objetivos. El boicot cultural es una de las asignaturas pendientes en el mundo rabe, y, como analiza Sami Jitan a propsito de la visita del Cirque du Soleil a Ammn en el verano de 2012, de las ms difciles de aprobar dado el grado de snobismo de las lites de la regin en el consumo de cultura globalizada.

Abrir la organizacin de los comits para integrar a otros colectivos. Fue as como nacieron los grupos BDS de Marruecos, en concreto el de Casablanca y el de Marrakech, aunque sus actividades se centran ms en la denuncia de las relaciones fluidas entre Marruecos e Israel que en la puesta en marcha de campaas especficas de BDS. Tambin existen grupos propiamente BDS en Lbano, sobre todo implicados en una continua actualizacin de la normativa estatal sobre boicot. Otros, como los de Catar o Kuwait, se presentan de manera indistinta como antinormalizacin y BDS. Un caso particular es el de Egipto, donde la solidaridad con Palestina puesta en marcha a raz de la Segunda Intifada incorpor al movimiento antinormalizacin a grupos y personas hasta entonces ajenos. Este capital humano ha sido fundamental para sostener el activismo del actual BDS, en la medida en que sus reivindicaciones (por ejemplo en lo referido a la denuncia de los acuerdos energticos para el comercio de gas con Israel) encajan en el marco general de las reivindicaciones de la revolucin de 2011.

Incorporar al ciudadano no ideologizado o bien activista en otros frentes, a objetivos concretos del boicot. Una campaa novedosa en este sentido ha sido la lanzada recientemente en las redes sociales contra las autoridades saudes por contratar servicios y equipamiento de seguridad del grupo G4S para La Meca, cuando el BDS hace aos que denuncia a G4S por su complicidad con el sistema represivo israel.

Evitar la manipulacin poltica del BDS. Es un reto decisivo en el caso de los sindicatos rabes, perdidos en una retrica estril, cuando no hipcrita: Kamal Abu Aita, ex representante de la Federacin de Sindicatos Independientes Egipcios, anunciaba en el verano de 2011 en un discurso en Londres ante simpatizantes del BDS que la Federacin haba acordado boicotear a todos los sindicatos y organismos oficiales israeles, y llamaba al movimiento sindical internacional a cortar lazos con el Histadrut y a apoyar a la Coalicin de Sindicatos Palestinos por el BDS. En 2013, Abu Aita se convirti en ministro de Recursos Humanos y Trabajo en el Gobierno formado tras el golpe de Estado que derroc al presidente Morsi, y que se ha caracterizado, entre otras cosas, por la fluidez de sus relaciones con Israel y la persecucin de los gazaues en Egipto.

Reconducir la dependencia de campaas promovidas desde el exterior hacia una mayor iniciativa propia que retroalimente la efectividad del BDS en las sociedades rabes. Un logro agridulce en esta lnea es la marcha atrs del Gobierno de los EAU a la apertura de una sucursal en Dubi de la cadena de joyeras de Lev Leviev, lograda gracias a la presin de la asociacin de derechos humanos Adalah-New York.

Recuperar el liderazgo del discurso anticolonialista, que, cada vez ms, est siendo protagonizado por los activistas occidentales, y vincularlo con el sentido del BDS. Es una cuestin delicada y difcil de encauzar en la actual situacin poltica y social rabe. A pesar de ello, hay actuaciones que solo pueden partir de las sociedades rabes, y que por desgracia no reciben la misma atencin que otras similares promovidas desde EEUU o Europa, lo que es un claro sntoma de imperialismo cultural aplicado en este caso a la solidaridad con Palestina. En este sentido, apenas han trascendido las presiones de msicos, actores y escritores rabes al Gobierno militar egipcio, que en mayo de 2012 lograron que se abriera el paso de Rafah y ese ao pudiera celebrarse en Gaza el Festival Palestino de Literatura.

Coordinar la respuesta a las estrategias antiboicot. El terreno acadmico y cultural es especialmente indicado: una campaa de promocin rabe bien estructurada podra combatir la marca Israel, con la que el Estado israel pretende difundir una imagen de potencia cultural y cientfica ajena a la ocupacin y el apartheid. Un buen punto de partida son los artistas rabes de fama internacional que vienen participando en la difusin del boicot, como la escritora egipcia Ahdaf Soueif, la cantante palestina Reem Kelani, el compositor libans Marcel Khalife o el director cinematogrfico palestino Elia Suleiman.

El momento es decisivo. Las revueltas rabes han recordado la centralidad de la causa palestina en la reivindicacin de dignidad, justicia social y libertad de los pueblos rabes. Durante los alzamientos populares de 2011, en ninguna manifestacin de Tnez, Egipto, Yemen, Bahrin o Siria faltaron los llamamientos en favor de Palestina. Sin embargo, cabe el riesgo de que la deriva nacional de cada revolucin lastre las estrategias globales en que se fundamenta el actual movimiento BDS. A comienzos de 2014 la persecucin de los refugiados palestinos en Siria y su criminalizacin en Egipto nos recuerdan, una vez ms, que los palestinos son moneda de cambio en las polticas nacionales rabes y que de los viejos poderes no cabe esperar nada. Es la prueba de la estrecha relacin que hay entre el movimiento BDS y los demandas de apertura democrtica de los ciudadanos rabes.

 

Notas:

[1] Este artculo es una versin ampliada del captulo correspondiente del libro: Luz Gmez (ed.): BDS por Palestina. El boicot a la ocupacin y el apartheid israeles , Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterrneo, 2014.

[2] Nancy Turck: The Arab boycott of Israel, Foreing Affairs, 55 (1977), p. 472.

[3] Ibd. p. 473.

[4] Le Monde, 29.1.2014.

[5] N. Turck, art. cit., p. 485.

[6] Ibd. p. 480.

[7] Grassroots Palestinian Anti-Apartheid Wall Campaign: Towards a Global Movement: A framework for todays anti-apartheid activism, 2007, p. 20.

[8] Comit de Solidaridad con la Causa rabe, Intifada. La voz del levantamiento palestino, Tafalla, Txalaparta, 1991, pp. 211-217.

[9] Lester Thurow: Head to Head. The Comming Economic Battle Among Japan, Europe, and America, Nueva York, Warner Books, 1993, apud. Israel se globaliza. Las claves econmicas ocultas de Oslo, Nacin rabe, 38 (1999), p. 104.

[10] Taba Declaration en Business America, 116/3 (1995), p. 8.

[11] Grassroots Palestinian..., art. cit., p. 25.

[12] Ibd. p. 28.

[13] Loles Olivn: El movimiento antinormalizacin en Jordania, Nacin rabe, 45 (2001), p.128.

Luz Gmez es profesora de Estudios rabes e Islmicos de la Universidad Autnoma de Madrid. Es autora, entre otras obras, de Diccionario de islam e islamismo (Madrid, Espasa, 2009). Recientemente ha editado el volumen colectivo BDS por Palestina. El boicot a la ocupacin y el apartheid israeles   (Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterrneo, 2014).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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