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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2014

No hay ms alternativa que la Repblica

Lidia Falcn
Pblico.es


Para Espaa no existe ms alternativa a la monarqua franquista que nos ha tutelado y oprimido durante treinta y ocho aos que la Repblica. Cuando se cumplen tres cuartos de siglo de la derrota de las tropas republicanas en la Guerra Civil, resulta inicuo que se pretenda afirmar la dinasta espuria de Juan Carlos de Borbn, que traicion a su patria repetidamente desde la abdicacin de Carlos IV, en la legitimidad que nunca ha tenido.

Espaa tiene que quitarse definitivamente el lastre de una monarqua que ha reinado repetidamente en contra de su pueblo, que ha realizado vergonzosos tratos y traiciones con el enemigo, que ha esquilmado las arcas pblicas, que ha apoyado a las dictaduras fascistas que arrasaron el pas, desde Primo de Rivera, hasta la ms infame operacin de formacin y fidelidad a Franco en que se educ el hasta ahora actual rey. Que, como tantos de sus antecesores, se va perseguido por los escndalos y el secreto de sus actuaciones tanto polticas como econmicas.

La abdicacin del rey viene a demostrarnos categricamente que este no tiene ms camino de salida que la vergonzosa huida. Despus de varios aos de infamantes procesos contra su yerno, de haber tenido que aceptar la declaracin ante el juzgado de su hija Cristina, y de haberse visto obligado a pedir perdn pblicamente ante las cmaras por su deshonrosa conducta, Juan Carlos I se convierte en otro ms de los monarcas espaoles que se ven obligados a dimitir. Ni siquiera el apoyo de los dos grandes partidos y una se pregunta cuando recuperar la vergenza el PSOE le ha permitido mantenerse aferrado al trono como hubiera querido.

Pero, debemos preguntarnos, cmo es posible que tanto la Casa Real, como sus asesores, como los medios de comunicacin que los jalean y apoyan, sean capaces de presentarnos falaces propagandas en loor del rey, solamente un da antes de anunciar su abdicacin? Todava ayer la Televisin estatal nos presentaba a un monarca que superaba sus dolencias para seguir trabajando por el bien de Espaa, que viajaba con esfuerzos mprobos para cerrar negocios con los primos rabes, que presentaba congresos y abra Ferias, en una operacin que los grandes peridicos no dudaban en calificar de recuperar el prestigio daado del rey. La desvergenza que supone que veinticuatro horas despus nos informen de su dimisin, con todos los honores que pretenden, debera indignar a nuestro pueblo lo suficiente para no aceptar en manera alguna semejante operacin.

La sucesin en la persona del prncipe Felipe haba sido tramada desde que los escndalos reales estaban dando como resultado en las encuestas la cada en picado de la fidelidad popular a Juan Carlos. Y se anunciaba incluso. En los principales medios de comunicacin se estaba difundiendo precisamente tal operacin: para afianzar la institucin era preciso que el rey abdicara en su hijo. Este no se ha enriquecido, como Juan Carlos, mediante el cobro de toda clase de comisiones, tasadas y conocidas por los expertos, sobre la importacin de la energa que consumimos. No le hace falta, porque para legarle una buena fortuna ya se ha ocupado su padre. No se le conocen caceras ni juergas reprochables, sobre todo despus de casado, y se presenta a la esposa como el paradigma de la reina demcrata y populista que ha de seducir a los espaoles. Y tampoco se le pueden exigir responsabilidades por la implicacin en la trama del Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, dado que era un nio.

Pero, es que acaso de lo que estamos hablando es de la sustitucin de personas y no de la legitimidad democrtica de la forma de Estado? Este pueblo que se ha desangrado durante un siglo por desterrar definitivamente a la monarqua de su presente y de su futuro, merece que no lo engaen ms, que no lo exploten ms, para mantener en el poder a una dinasta corrupta y a una familia heredera de ella.

No es posible aceptar que Juan Carlos de Borbn se retire de la primera fila de la escena pblica, en una jubilacin dorada, y que en la Zarzuela siga reinando su hijo, como si por defender la Repblica nunca hubiramos sufrido un golpe de Estado fascista, como si nunca hubiramos sufrido una terrible Guerra Civil, en la que el pueblo espaol se enfrent heroicamente a la agresin y el genocidio de tres ejrcitos: el franquista, el italiano y el alemn; como si nunca hubiramos resistido cuatro dcadas luchando contra la dictadura, y como si nunca hubisemos sabido que fue el sanguinario dictador el que nos impuso al hoy rey dimitido.

No podemos consentir ni que el prncipe Felipe sea coronado ni que Juan Carlos se retire tranquilamente sin ser juzgado por sus numerosos latrocinios y traiciones.

Y para lograr ello no precisamos de debates ni referndums. nicamente el miedo puede explicar que los dirigentes de izquierda reclamen la consulta, como si no hubiese sido suficiente referndum la resistencia de nuestro pueblo y del Ejrcito leal, a la Repblica, no solo durante la Guerra Civil, sino durante todas las dcadas en que los mejores de nuestros trabajadores y trabajadoras, de nuestros sindicalistas, de nuestros polticos e intelectuales exigieron la devolucin de la Repblica que tan sangrientamente nos arrebataron.

El pueblo espaol no volver a poder sentirse digno y orgulloso de s mismo si no sale a la calle ahora masivamente a exigir la proclamacin de la III Repblica.

Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2014/06/02/no-hay-mas-alternativa-que-la-republica/



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