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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2014

Portugal, un pas sin abrigo

Boaventura de Sousa
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En el perodo posterior al 25 abril de 1974, la mistificacin poltica nunca alcanz los niveles actuales. La mistificacin consiste en hacer creer a alguien una mentira como si fuera verdad. La mentira es que el proceso de la troika termin con xito, que Portugal goza hoy de mejores condiciones para desarrollarse como pas europeo y que la reforma del Estado propuesta garantiza la creacin de una sociedad ms equitativa. Que el xito de la troika sea la otra cara de la hecatombe social que abate a los portugueses empobrecidos; que las nuevas condiciones de desarrollo sean las tpicas de un pas subdesarrollado (emigracin, trabajo y vejez sin derechos), que habamos dejado de ser; que la reforma del Estado propuesta sea aquella que los pases latinoamericanos rechazaron durante los ltimos quince aos precisamente para construir sociedades ms equitativas nada de esto es relevante para los medios de comunicacin o entra en el discurso poltico. Cuando el pas vive un momento poltico idntico al del verano caliente de 1975, slo que en la direccin poltica opuesta, el Partido Socialista (PS), sin el coraje de entonces, exige que se haga pblico el contenido de la declaracin de intenciones con la que se concluyen los trabajos de la troika. No se trata de enfrentar la mentira con la verdad, sino ms bien de certificar que la mentira es verdadera. Con razn, el primer ministro, Passos Coelho responde que la declaracin no contiene nada nuevo ni extraordinario. Basta consultar la letter of intent de Irlanda del 29 de noviembre de 2013. La carta es la expresin del compromiso del pas de aceptar como verdades las mentiras mencionadas y de actuar en conformidad a lo largo de las prximas dcadas.

Para entender la fuerza de la mistificacin en curso es necesario situar el momento actual en un contexto histrico ms amplio. Tal vez por ser durante siglos una entidad frgil frente el Imperio Otomano, Europa siempre fue muy celosa de sus centros, que idolatr, y desdeosa de las periferias, que demoniz. A principios del siglo XIX, el canciller de Austria, Metternich, pronunci una famosa frase: Asien beginnt an der Landstrasse (Asia comienza en la Landstrasse), que entonces era una calle de los suburbios de Viena. All vivan los emigrantes de los Balcanes que, obviamente para los austracos, no eran europeos. Para entender esto conviene retroceder unos siglos ms y observar la relativa rigidez histrica de las relaciones entre centros y periferias en Europa. Un centro mediterrneo que no dur ms de un siglo y medio (siglo XVI y mitad del siglo XVII) fue suplantado por otro que dur mucho ms tiempo y tuvo un mayor impacto estructural. Este ltimo fue un centro con races en la Liga Hansetica de los siglos XII y XIII, un centro orientado hacia el Atlntico norte, hacia el mar del Norte y el Bltico, abarcando las ciudades del norte de Italia, Francia, Pases Bajos y, en el siglo XIX, Alemania. Un centro siempre rodeado de periferias: en el norte, los pases nrdicos; en el sur, la Pennsula Ibrica; en el sureste, los Balcanes; en oriente, los territorios considerados feudales (el Imperio Otomano y la Rusia semieuropeizada desde Pedro, El Grande). Tras cinco siglos, nicamente las periferias del norte tuvieron acceso al centro, el mismo centro que hoy es el corazn de la Unin Europea.

Este dualismo est ms arraigado en la cultura europea de lo que se podra pensar y puede explicar bien algunas de las dificultades sobre la manera en que la actual crisis est siendo abordada. Lo que parece ser slo un problema econmico y financiero tambin es un problema cultural y sociopsicolgico. Un ejemplo puede ayudar. Entre los siglos XV y XIX hubo muchos relatos de viajeros y comerciantes del norte de Europa sobre los portugueses y los espaoles, as como sobre las condiciones de vida predominantes en el sur de Europa. Lo ms sorprendente es que estos relatos atribuyen a portugueses y espaoles las mismas caractersticas que, en la misma poca, los colonizadores portugueses y espaoles atribuan a los pueblos primitivos y salvajes de sus colonias. He aqu algunas citas ilustrativas del siglo XVIII: El portugus es perezoso, nada industrioso, no aprovecha las riquezas de su tierra, ni tampoco sabe vender las de sus colonias; los portugueses son altos, agraciados y robustos, en su mayor parte muy morenos, lo que resulta del clima y ms an del cruce con negros. Es decir, el mestizaje, que los portugueses consideraban la marca benevolente de su colonizacin, se volvi en su contra mediante el prejuicio colonial y racista. Cuando hoy leemos en la prensa alemana noticias y comentarios acerca de los pases del sur de Europa, es fcil comprobar que el prejuicio colonial y racista todava est muy presente.

En el caso especfico de Portugal, su condicin de pas perifrico en Europa ha tenido hasta ahora tres fases. El momento europeo de rechazo (1890-1930) fue concomitante a la divisin de Africa al final del siglo XIX (Conferencia de Berln, 1884-1885, el ultimatum britnico de 1890), con la intencin de dejar claro que Portugal era un pas sin ningn poder para influir en el momento imperialista de Europa, a pesar de ser el detentor del mayor y ms antiguo imperio colonial. Portugal era el centro de un imperio integrado en otro mucho ms grande, del que el imperio portugus era slo una periferia. El segundo momento pareca de signo opuesto. Ocurri a finales del siglo XX, teniendo como precedente de la Revolucin del 25 de abril 1974 y, como inicio, la adhesin a la entonces Comunidad Econmica Europa en 1986, hoy la Unin Europea (1974/1986-2011). Fue un momento exultante tanto para las lites portuguesas como para los portugueses que confiaron en ellas. Portugal haba sido finalmente aceptada por Europa tras siglos de rechazo y ahora, en pleno fin de la historia, slo caba esperar la plena convergencia con el centro desarrollado de Europa. Y el movimiento de convergencia pareci ser real hasta el ao 2000. Digo pareci porque datos fiables del Deutsche Bank (Discussion Paper N 28/2013) muestran que en los ltimos cuarenta aos no hubo ninguna convergencia significativa de rendimientos dentro de la UE, a pesar de que puedan identificarse algunas variaciones. Despus del ao 2000, la ignorancia militante de nuestros gobernantes y la insidiosa penetracin del neoliberalismo en el corazn de las instituciones europeas hicieron que las corrientes subterrneas de la historia volviesen a la superficie. El tercer momento europeo, iniciado con la llegada de la troika y concluido con su salida (2011-mayo de 2013), pareca ser desde el comienzo un nuevo momento europeo de rechazo disfrazado de aceptacin, pero acab siendo el momento de rendicin con prisin preventiva y salidas precarias. Del Deutsche Bank al FMI, los informes son unnimes en mostrar que Portugal, lejos de converger, seguir divergiendo de la Europa desarrollada. Es decir, el objetivo de integracin en la UE ha fracasado, un fracaso que, con dosis brutales de mistificacin, se presenta como xito. Despus de la guerra de Vietnam, nunca una derrota se disfraz tan bien de victoria. Dada su nueva condicin, Portugal, para no estorbar, debe ser mantenido dentro, aunque desde las afueras, y vigilado.

Portugal sale seguro de Europa sujeto por la cuerda del euro y del tratado presupuestario. No puede ir muy lejos. Ocupar un pequeo lugar en el umbral de las puertas de Europa, un pas sin abrigo por donde pasarn regularmente las furgonetas de la sopa humanitaria. Es digno de nosotros, como portugueses y europeos, que no haya alternativas a este estado de cosas? Por supuesto que no. Est el actual sistema poltico-partidario en condiciones de explorar estas alternativas? Claro que no. Como en democracia siempre hay alternativas, el actual rgimen es democrtico? No. Hay alternativas democrticas, ya sea a escala nacional o europea, a este rgimen autoritario? Claro que s. Para ello, es necesario que la Balsa de piedra de Saramago, tan premonitoria, se desve lo suficiente para romper la cuerda o forzarla a dar ms margen de libertad al movimiento de la balsa. No hay que olvidar que los perros son los mejores amigos del hombre. El perro de Saramago, Constante, en el momento crucial de decidir, opt por la Pennsula Ibrica.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-247854-2014-06-05.html



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