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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2014

Ms sobre cultura de la propiedad privada (y ms)

Luis Toledo Sande
Cubarte


Mi artculo Cultura de la propiedad privada o Cuidado con ese culto! motiv diversos comentarios en Cubarte, donde se public el 12 de marzo pasado, y en otros sitios que lo reprodujeron. Tareas varias me impidieron responderlos entonces, pero en mi artesa (http://luistoledosande.wordpress.com) reproduje los que en ella recib, y anunci que los contestara. Es lo que hago ahora, en el Portal donde el artculo se dio a conocer. No menciono los nombres todos reales? de los comentaristas, porque discutir ideas puede ser ms til que una mera polmica personalizada.

Comienzo por algo que crea haber dicho en aquel texto, pero quizs no lo hice claramente, a juzgar por uno de los comentarios, que no solo se dirigieron al autor. En las circunstancias cubanas el restablecimiento de ciertas formas de propiedad privada les propicia empleo a quienes podran perderlo debido a la racionalizacin de la fuerza de trabajo en reas de administracin estatal. Sin el control que deben ejercer el Estado y las organizaciones llamadas a velar por el respeto a las leyes, la justicia y la tica en primer lugar el Partido, la Central de Trabajadores de Cuba y los sindicatos, dicha racionalizacin podra generar traumas que ni moral mi tcticamente podra permitirse el pas.

Otro comentario, ubicable en el polo opuesto, condena el restablecimiento mencionado y cita para ello el Manifiesto comunista, donde Marx y Engels refutaron a los burgueses que acusaban a la Internacional de querer abolir la propiedad privada, cuando de hecho ya en Europa estaba abolida para la gran mayora. Los fundadores del socialismo cientfico proclamaron sin ambages el propsito de destruir un rgimen basado en la desigualdad, y ripostaron a sus adversarios: Nos reprochis, para decirlo de una vez, querer abolir vuestra propiedad. Pues s, a eso es a lo que aspiramos.

Frente a ello no faltar tal vez razn a quien sostenga que hoy las metas predominantes son la redistribucin cuantitativa y una mayor justicia, y resultan insuficientes. Los pueblos y las grandes masas de excluidos merecen ms, y lo reclaman. Pero no parece que se pueda ser categrico y acertado si se afirma que el mundo sigue siendo exactamente como la Europa de 1848. Tambin los burgueses han aprendido un montn de entonces para ac, y es mayor el peso con que la tradicin de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos, para decirlo glosando un texto clebre.

Sobre todo con el fin de refutar el criterio, extendido, de que la propiedad social es ineficiente por naturaleza, vale preguntarse si es una ley que los comunistas puedan administrar bien los medios de produccin fundamentales, por lo general ms complejos, y no aquellos que, aparte de ser menores, tienen menos peso en la produccin total. Pero no hay que diluirse en conjeturas para plantear las cosas de otro modo: cuando, en la prctica, se ha administrado a la vez centrales azucareros y hospitales, y guaraperas y barberas, la complejidad y la importancia vital de los primeros, que tanta prioridad reclaman, ha dado margen a la atencin que tambin las segundas requieren para funcionar con eficiencia? Es ms: se han administrado siempre bien los primeros? Dilemas de esa ndole no se dan solo en pases orientados a construir el socialismo, cuya consumacin plena no se ha conocido an en el mundo. Tambin se han visto en la administracin pblica capitalista.

Otro punto nada desdeable: militar, incluso con la mejor disposicin personal, en un partido que se autoproclame comunista y hasta intente serlo de veras, no basta para ser comunista. Para serlo se requieren grados de consagracin y plenitud que hoy parecen constituir metas ms que realidades, por lo menos en planos masivos y visibles. Adems, bastara ser comunista, o querer serlo incluso asumir las tareas con entrega y honradez ejemplares, de las que no abundan como se quisiera, para ser un administrador eficiente?

Cuando, refirindose a peligros que acechan a Cuba, Fernando Martnez Heredia ha dicho que en la acera de enfrente hasta el sentido comn es burgus, no lo ha hecho para avalar resignacin de ninguna ndole frente a semejante realidad, sino para que estemos advertidos sobre los riesgos que corremos, y no vayamos a creer que estamos libres de ser contagiados por aquella acera. No nos llegan entusiastas expresiones del pensamiento burgus hasta por caminos que, como la radiodifusin televisin incluida, no estn por cierto en manos de empresas privadas o mixtas, o extranjeras?

Cuando se reclama de palabra o con hechos que Cuba acabe de convertirse en un pas normal, donde proliferen y se vean satisfechos los mismos gustos que en otras aceras, qu norma se invoca? De ah tambin que la necesidad de actualizarnos no nos haga buscar una actualidad signada por el meridiano del capitalismo. Nuestro colega imbuido del espritu de Marx y del Che no anda pidiendo que abracemos normas tales, y eso no debe ignorarlo ningn comentarista.

Y si Silvio Rodrguez pide que los ricos, aun sin dejar de serlo, piensen un poco en quienes no tienen la misma suerte que ellos, debemos suponer que apuesta por la eternidad de la injusticia? Con su guitarra y sus canciones, y sin ser un lder poltico ni un redentor, ha de pedrsele que tenga fuerzas para desatar una revolucin mundial que rompa las estructuras opresivas cimentadas durante siglos, y luego aspirar a que se eliminen las monstruosidades? Est mal que, ante la terca persistencia de tales estructuras, clame al menos por un poco menos de desequilibrio? Ha dicho que solamente a eso puede o debe aspirarse?

Cuando, despus de pedir perdn por la utopa, el trovador confiesa que otro camino le parece injusto y mucho ms doloroso, estar entrampado en las prdicas antiterroristas del imperio, o expresa la desesperacin de quien ve que una revolucin que llegue a la raz no es precisamente lo ms vislumbrable hoy? Suponemos que, por muy solidario que sea, y por grande que resulte su conciencia histrica, no es sensato pedirle al artista que tenga fuerza bastante, y seguidores, para fundar una nueva Internacional Comunista capaz de surtir en pos de la justicia los efectos deseables no alcanzados por las precedentes.

Respondido ya el comentario hecho sobre/contra el trovador, conste que quien esto escribe disfrutara ver que esa nueva y eficaz Internacional Comunista estuviera ya en marcha triunfal: es ms, en el poder. Quisiera ver un mundo regido por la equidad, la tica, la libertad y la belleza, y que, de llamarse comunista, honre su nombre. Pero meter en un mismo saco a todos los gobiernos de izquierda puesto el trmino, adems, entre comillas y exigirles que de la noche a la maana acaben con la burguesa y con la propiedad privada pudiera ser, cuando menos, un acto de ilusin infinita.

Sobre todo lo sera si, como asoma en algn comentario, se exige que se acabe con ellas para luego intentar algo como el proyecto de revolucin bolivariana que se intenta llevar a cabo en Venezuela, ojal que solo fuera contra viento y marea. O sea, si no se puede alcanzar de sopetn el todo, el papel de la crtica que se cree portadora nica de los ideales revolucionarios consiste en probar que no vale la pena esforzarse para ir alcanzando logros parciales como pasos hacia un estadio superior de justicia social?

Por ese camino el capitalismo tendra la eternidad segura, digan lo que digan ciertos izquierdistas que nada consiguen modificar en sus pases, en alguno de los cuales an se juega zarzueleramente a la monarqua. Conste asimismo que no se trata de imponer cotos, ni territoriales ni de otra ndole que no sean el sentido comn y la honradez, a la crtica, ni a los crticos: ello parara en un aldeanismo conveniente a las derechas de este mundo. Pero no basta con llamarse antisistema: urge luchar de veras, no de palabra, contra el sistema que se rechaza. Ms preciso y frtil sera erguirse como anticapitalista, y serlo de veras.

En la prctica, a fuerza de ser antisistema impenitente se puede llegar a preferir el estancamiento y la asfixia de Cuba, a la que es cmodo exigirle, exigirle, exigirle sin poner el hombro, no solo declaraciones, en el afn con que ella se ve forzada a tratar de sobrevivir en un contexto nada diseado para proyectos como el que la convirti en una honrosa anomala sistmica a nivel mundial. En ello radican los mritos, si alguno tiene, por los cuales ha suscitado tanta atencin internacional, y propiciado que incontables personas se aferren a la permanencia de su proyecto como un camino de esperanza frente a tantas calamidades planetarias.

Eso es de veras un digno compromiso para Cuba, que debe resolver en primer lugar los problemas de su pueblo, no por egosmo nacionalista, sino porque, en su territorio, solo l puede objetivamente mantener un proyecto capaz de suscitar admiracin y abonar esperanzas. Si ese pueblo desapareciera, aplastado ya, ms que agobiado, por penurias cotidianas causadas no solo, pero s en gran medida, y no se ha repetido lo bastante, por la hostilidad del imperio, pasara a la historia como una nueva Numancia, y dejara de funcionar como un ejemplo de resistencia frtil al cual asirse en busca de esperanza.

De ah tambin la responsabilidad de la direccin del pas en cada paso que d. Pero otra cosa sera no actuar, no hacer nada en busca de mejorar la vida de la poblacin, para complacer a quienes le dan palo si l boga, y si no boga tambin le dan palo. Hay quien viene a sostener, nada menos, que solo idiotas pueden confiar en que las transformaciones emprendidas por Cuba tienen algo que ver con los ideales de la justicia social. Es el pueblo cubano, con la realidad cotidiana sobre sus hombros, el primero que debe rechazar lo que traicionara esos ideales, y no sera desmedido pedir un voto de confianza para l, que ha sacado de su territorio a dos imperios y derrocado tiranas vernculas. Eso debe saberse dentro y fuera de sus lindes. Por qu suponer que unas pocas dcadas de acomodo revolucionario llammoslo as lo han privado de su empuje emancipador?

Pero cuando la nacin se plantea el ineludible deber de revertir los desequilibrios entre los salarios y el costo de la vida, surgen entonces voces que vienen a convencernos de que este pueblo no debe aspirar a que le suban sus sueldos. Con poses profticas admiten que ello ser posible, si acaso, y solo parcialmente, en el sector de la Salud, para el que ya se han aprobado aumentos significativos en una nacin donde las profesiones no se ven como negocio y est llamada a atender a la totalidad de sus pobladores, no a un grupo de ellos.

Aparte de asegurar que los dems trabajadores cubanos nunca tendrn incrementos salariales significativos, tales profetas reclaman que alguien se lo diga, para que no se engaen. Hay profetas que menosprecian la inteligencia de este pueblo y el valor del trabajo que l hace no solamente en la Salud. De paso, olvidan que aqu el Estado tiene el deber de administrar los recursos con sentido de equidad, y asegurarle una vida digna a toda la poblacin, a todas las personas que trabajen y sean honradas. La nacin no solo necesita mdicos, y su producto interno bruto debe contribuir al bienestar general, sin atenerse y menos an con la ortodoxia que en esto, curiosamente, vienen a exigirle a una divisin internacional del trabajo diseada para el consumismo capitalista, nada equitativo.

Para todo eso el pas necesita una economa sustentable, pero en esa aspiracin tropieza con los mismos teoricistas resrvese el rtulo de tericos para otros usos que le reprochan cuanto haga por lograrla. Incluso, reclaman que se niegue valor a la idea de que el aumento de la produccin puede y debe abrirle el camino al mejoramiento de los salarios. Adnde quieren llevar a Cuba? O dnde quieren que ella se quede cuando afirman, con el dedito ndice levantado, que los trabajadores cubanos jams podrn tener un poder adquisitivo superior al que hoy tienen? Se habla del pueblo que, cualesquiera que sean sus defectos otros no los tienen?, ha mantenido vivo un proyecto justiciero a menos de noventa millas del imperio al que tantos se someten en distintos lares, un pueblo que, contra su voluntad, tiene al agresivo imperio dentro de sus fronteras nacionales, en Guantnamo.

La tenacidad de ciertas profecas, sobre las cuales el articulista preferira no volver, obliga a posponer la reflexin sobre otros comentarios. Los hay de sesgos muy diversos, y algunos revelan lcida comprensin sobre la complejidad del reto que Cuba encara, y sobre los cuidados que debe poner en sus transformaciones. Algunos son tan sugerentes como uno, enviado a Cubadebate, sobre la necesidad de conocer verdaderamente el significado de propiedad social, y las diferencias entre la particular, la estatal, la cooperativa y, curioso neologismo, la estaticular. Tela habr para seguir cortando, tanto con tijeras sociales como de propiedad personal. Pero tendr tanta paciencia el deseado pblico lector?



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