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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2014

Presentacin de "Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos. Manuales, mentalidades y uso de la antropologa", de Gilberto Lpez y Rivas
Una obra esencial para ver cmo opera la contrainsurgencia del Pentgono

Carlos Fazio
Rebelin


Ttulo: Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos

Manuales, mentalidades y uso de la antropologa

Autor: Gilberto Lpez y Rivas

Editorial Ocean Sur

Casa Lamm, 2 de junio de 2014.

Con base en dos manuales del Pentgono y una gua cultural de las fuerzas especiales de Estados Unidos, Gilberto Lpez y Rivas nos entrega una obra de gran actualidad que nos permite entender, si se busca entre lneas, qu pas en el sexenio pasado en el marco de la falsa guerra a las drogas de Felipe Caldern, y qu est ocurriendo ahora, en materia de seguridad y violencia, bajo el rgimen autoritario de Enrique Pea Nieto.

El texto parte del concepto terrorismo global de Estado para caracterizar la poltica violenta del capitalismo en su fase actual, y exhibe algunos rasgos neofascistas de las guerras neocoloniales de Estados Unidos y sus aliados europeos de la OTAN (Organizacin del Tratado del Atlntico Norte) de comienzos del siglo XXI.

Para ello, el autor recurre a una definicin clsica de fascismo, formulada en 1935 por la Internacional Comunista, que plantea que fascismo en el poder es la dictadura abierta y terrorista de los elementos ms reaccionarios, ms chovinistas y ms imperialistas del capital financiero. Pero dado que el mundo cambi en los ltimos 70 aos, y que el nazifascismo respondi a realidades concretas que germinaron en Europa a partir de la primer posguerra de la pasada centuria, nos advierte que todava no se ha generado un trmino ms adecuado o categora para caracterizar la violencia terrorista del capital financiero en nuestros das.

Entre las similitudes del fascismo clsico con los regmenes de George W. Bush y Barack Obama, Lpez y Rivas destaca el componente militarista de las cruzadas neocoloniales actuales, la fe ciega en la tecnologa blica, el favoritismo hacia las grandes corporaciones del llamado complejo militar-industrial (con epicentro en el Pentgono), el ultra nacionalismo, el racismo genocida que aniquila pueblos enteros y el social darwinismo derivado de la imposicin a sangre y fuego de las polticas neoliberales. Esos elementos, junto con la transgresin de los marcos ideolgicos y polticos de la represin legal (la justificada por el marco jurdico tradicional), que implica la aplicacin de facto de medidas de excepcin, as como la utilizacin de mtodos guerreros no convencionales para desestabilizar, invadir y ocupar territorialmente pases y exterminar a las oposiciones polticas y la protesta social, conformaran la base del nuevo colonialismo de matriz estadunidense en curso.

Como viene anunciado en el subttulo de la obra, y dada su profesin, Gilberto Lez y Rivas pone nfasis en la utilizacin, por el Pentgono, de antroplogos y otros cientficos sociales en las unidades de combate de las tropas de ocupacin estadunidenses en Afganistn e Irak. El autor parte de un artculo de David Rohde en The New York Times, de octubre de 2007, que define el involucramiento de las ciencias sociales en los esfuerzos blicos como una nueva arma crucial en las operaciones contrainsurgentes, en el marco de un programa experimental del Departamento de Defensa puesto en prctica ese mismo ao.

Dicho programa, que tiene sus antecedentes en el uso de antroplogos en las campaas contrainsurgentes de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam y en el Plan Camelot experimentado en Chile a mediados de los aos sesenta, llev ahora a un sector importante de la academia estadunidense a considerarlo como una prostitucin de la disciplina.

Un ao antes, la Asociacin Antropolgica Americana haba condenado por unanimidad el uso del conocimiento antropolgico como elemento de tortura fsica y psicolgica en la prisin de Abu Ghraib, en Irak. No obstante lo cual, la antroploga Montgomery McFate, creadora del programa Sistema Operativo de Investigacin Humana en el Terreno del Pentgono −quien, dice Gilberto, se impuso la tarea de educar a los militares−, se dedic a convencer a los estrategas de la contrainsurgencia de que la antropologa puede ser un arma ms efectiva que la artillera. Una visin cnica y beligerante que el autor no duda en calificar como propia de la antropologa mercenaria.

Como expresin de ese involucramiento de la alta burocracia acadmica con la maquinaria de guerra de Estados Unidos, cita la publicacin, en julio de 2007, del Manual de campo de contrainsurgencia 3-24, editado por la Universidad de Chicago, la misma de la que salieron Milton Friedman y sus Chicago boys en 1973, a experimentar el aterrizaje de las polticas neoliberales en el Chile, todava humeante el Palacio de La Moneda, tras el golpe de Estado de Richard Nixon, Henry Kissinger y el general Augusto Pinochet.

Coordinado por el general David Petraeus, quien estuvo a cargo de las fuerzas expedicionarias de Estados Unidos en Irak, el Manual exhibe la falta de tica de ese centro de enseanza superior y a sus intelectuales mercenarios, en lo que David Price, citado por el autor, describi como una prostitucin de la antropologa al servicio de las guerras del imperio.

En el prefacio del Manual, firmado por Petraeus y el general James Amos, del cuerpo de Marines, se adelantan algunos elementos y conceptos clave para entender el remozamiento o puesta al da de la contrainsurgencia. Entre ellos, el uso combinado de las fuerzas de combate (soldados y marinos), con habilidades asociadas con frecuencia a agencias no militares. Ello supone la cooperacin y coordinacin intergubernamental del Departamento de Defensa con las dems agencias de la llamada comunidad de inteligencia (CIA, DEA, FBI, etc.) y, tambin, a la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en ingls), que depende del Departamento de Estado, entre otras.

Tambin resalta la necesidad de que las campaas de contrainsurgencia cuenten con fuerzas flexibles, adaptables a las distintas circunstancias en un pas dado, con lderes castrenses agiles, bien informados y astutos culturalmente. Es decir, capaces de comprender las culturas de los nativos que se rebelan contra el orden establecido.

Debido a que desde hace ms de medio siglo los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca se abrogan el derecho de intervenir militarmente en cualquier parte del mundo, para justificar la extraterritorialidad de sus operaciones de contrainsurgencia, los actuales estrategas del Pentgono utilizan una entelequia jurdica denominada nacin husped, cuyo gobierno invita a Estados Unidos a intervenir en su territorio en contra de su propio pueblo. Verbigracia, para citar un caso cercano, el Mxico de Felipe Caldern.

Pero debido a que la nueva modalidad guerrera del Pentgono es contra lo que define como enemigos irregulares o asimtricos, no contra ejrcitos profesionales, el Manual incluye una serie de aspectos y tareas no militares que deben integrar la contrainsurgencia en su fase actual. Entre ellos, materias complejas como la gobernanza, el desarrollo econmico, la administracin pblica y el imperio de la ley, todo lo cual se combina con las formas ms conocidas de la guerra interna, es decir, las acciones militares directas o encubiertas, la guerra psicolgica, la guerra sucia, la accin cvica, el control de poblacin, el paramilitarismo, el mercenarismo y el uso de la economa y de los medios de difusin masiva como armas de guerra.

Otros aspectos clave de la contrainsurgencia son las labores de inteligencia y el anlisis y aprendizaje de la sociedad de un pas objetivo, los grupos tnicos que lo habitan, la forma de gobierno, las fuerzas coercitivas del Estado, sus instituciones, cultura, lenguaje, percepciones de sus connacionales, valores, redes, creencias de la poblacin, para lo cual se recurre a expertos en antropologa, economa y ciencias polticas, quienes juegan un papel importante en lo que tcnicamente se conoce como Preparacin de Inteligencia del Campo de Batalla.

Todo ello busca conocer el apoyo o tolerancia de la poblacin hacia un grupo guerrillero, un gobernante o dirigente poltico, sus capacidades y vulnerabilidades, sus tcticas y estrategias y formas de organizacin. Cada dirigente es motivo de un escrutinio detallado, que incluye su historia personal, trayectoria, creencias, ideologa, temperamento, educacin y un largo etctera.

Para recabar informacin se utilizan todos los tipos de inteligencia: humana (que incluye la obtencin de datos de periodistas, acadmicos, polticos, empresarios, contratistas, militares y policas del gobierno pelele o a desestabilizar); la inteligencia militar; el interrogatorio a detenidos y desertores, muchas veces a travs de la tortura; la escucha telefnica y el espionaje de las redes de Internet − como qued evidenciado con las revelaciones de Edward Snowden en torno al papel de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA)−, a lo que se suman las formas rutinarias de obtencin de informacin, va el reconocimiento y la vigilancia, as como el uso de sensores, cmaras, inteligencia espacial, anlisis de archivos de propiedad, financieros, del contenido de celulares y computadoras.

Lpez y Rivas cita otro documento, el Manual del Equipo Humano sobre el Terreno, elaborado por el militar Nathan Finney en 2008, que es utilizado para preparar y entrenar a especialistas militares y acadmicos provistos por empresas contratistas del Pentgono, que junto con soldados integran pequeos equipos compuestos de cinco a nueve personas, cuya tarea es apoyar a los comandantes en el teatro de guerra.

Es decir, aparte de las materias tradicionales que debe tomar en cuenta la comandancia: misin, enemigo, terreno y condiciones meteorolgicas, tropas amigas y apoyos disponibles, son necesarios otros datos sobre la cultura local y los factores polticos, econmicos y religiosos de la poblacin, que les son proporcionados por estos equipos mixtos de soldados y civiles. Ello, porque segn el Manual, la dimensin humana es la esencia misma de la guerra irregular.

Como consigna el autor, estos pequeos equipos conformados por 5 a 9 miembros, cuentan con un lder, que por lo general es un oficial en actividad o retiro, un cientfico social, un procesador de informacin y dos analistas, y lo ptimo es que haya una mujer, alguien que hable la lengua local y otro que sea experto en el pas en cuestin.

Ambos manuales son utilizados en la llamada dominacin de espectro completo (full espectrum), nocin diseada por el Pentgono antes del 11 de septiembre de 2001, que abarca una poltica combinada donde lo militar, lo econmico, lo meditico y lo cultural tienen objetivos comunes. Dado que el espectro es geogrfico, espacial, social y cultural, para imponer la dominacin se necesita manufacturar el consentimiento. Es decir, colocar en la sociedad sentidos comunes que mediante imgenes y una narrativa determinada refuerzan la visin del mundo del poder hegemnico, lo que deriva en masas conformistas que aceptan de manera acrtica y pasiva el mantenimiento y la reproduccin del orden establecido, o, en el caso de un pas y un gobernante considerado hostil por Washington, construyendo un enemigo a derrocar a travs de medias verdades, mentiras y mitos, como parte de la guerra psicolgica y las operaciones encubiertas.

Esa es la tarea que el Pentgono deja a las grandes cadenas multimedia bajo control monoplico privado, que en procesos de desestabilizacin como los de Cuba y Venezuela recurren al terrorismo meditico, instigando magnicidios y golpes de Estado..

Otro documento citado por el autor, que se suma a los anteriores, es la Gua para el asesor de las fuerzas especiales, que segn el antroplogo David Price −parafraseando a Emily Post−, es un manual de etiqueta de la contrainsurgencia. Para Price, el principal propsito de la Gua es instruir o entrenar a los militares para interactuar mejor con otras culturas. El documento fue elaborado para evitar el shock cultural de frgiles boinas verdes (como se denomina usualmente a los soldados de las fuerzas especiales de la Marina estadunidense).

Un cuarto documento utilizado por Lpez y Rivas para estructurar la obra que presentamos, es el Manual de campo 31-20-3, tcticas, tcnicas y procedimientos de defensa interna para las Fuerzas Especiales en el extranjero, tercero de una serie producida por el Departamento de Defensa, cuyo propsito poltico-militar es la defensa de los intereses nacionales estadunidenses (esto es, los intereses de las corporaciones y el acceso a territorios con valor geopoltico y a recursos geoestratgicos como el petrleo, el agua dulce, la biodiversidad y otros), por medio del asesoramiento y entrenamiento contrainsurgente de tropas de cipayos en la nacin husped. Lo que nos remite, en el caso del Mxico de Caldern y el actual, a los cursos y asesoras militares que reciben miembros de la Secretara de la Defensa Nacional y la Secretara de Marina.

Al respecto, el Manual echa luz sobre una serie de facetas que cubre la guerra de contrainsurgencia, entre ellas, las actividades previas a una misin intervencionista, los permisos de entrenamiento, el despliegue de tropas de elite (abierto o encubierto) en la nacin husped, los programas de instruccin de tropas, las operaciones tcticas, el control de poblacin, las operaciones conjuntas, as como anexos que incluyen operaciones de inteligencia, fuerzas de autodefensa civil (paramilitares), establecimiento de bases, y un etctera que incluye a los medios de difusin masiva (la prensa escrita, radial y televisiva) y por supuesto al Servicio de Informacin de Estados Unidos (USIA), adscrito a cada embajada de Washington en el mundo. Lo que alude a tareas de propaganda, desinformacin y terrorismo meditico, en coordinacin con operaciones de guerra psicolgica del Pentgono.

Cabe destacar, como seala Lpez y Rivas en su texto, la importancia que el Manual le otorga al reclutamiento e integracin de fuerzas paramilitares o irregulares, y escuadrones de la muerte, como parte integral de las actividades de contrainsurgencia. Su misin es la guerra sucia y/o el llamado cazar-matar utilizado por las fuerzas amigas como una tcnica (sic) en operaciones de consolidacin. Esto es, cazar y destruir o exterminar enemigos aislados.

Cito textual: El equipo de cazar-matar consiste en dos secciones: los cazadores y los asesinos. Los cazadores deben estar ligeramente equipados y (ser) altamente mviles. Su misin es localizar a las fuerzas enemigas mientras mantienen comunicacin constante con los ejecutores, quienes estn alertas y listos para entrar en accin. Cuando los cazadores hacen contacto, estos notifican a los asesinos.

Cabe destacar el nfasis del Manual sobre la misin principal de las fuerzas especiales en un pas husped: organizar, entrenar, aconsejar y desarrollar la capacidad tctica y tcnica de las fuerzas militares locales, de modo que pueda derrotar a la insurgencia o el enemigo interno sin el involucramiento directo de Estados Unidos, y recurriendo, si es necesario, a la accin clandestina de organizaciones de civiles armados, ya sea bajo la forma paramilitar, el mercenarismo o de grupos de autodefensa.

Para el caso de Mxico, va la Iniciativa Mrida (2007), el esquema se utiliz bajo la pantalla de la guerra a las drogas, con la aquiescencia servil de Felipe Caldern que subordin a la Sedena, la Semar, la Polica Federal, el Cisen y otras corporaciones del aparato de seguridad del Estado a sus contrapartes estadunidenses, con el saldo conocido: una catstrofe humanitaria. Ms de 150 mil muertos, muchos asesinados de manera sumaria y extrajudicial (algunos posiblemente vctimas del llamado cazar-matar del manuela estadunidense), 30 mil detenidos-desaparecidos y 250 mil desplazados forzosos. Con el aadido de que la guerra de contrainsurgencia estadunidense es instrumental a la estrategia de tomar el control de la nacin husped, lo que efectivamente ocurri en materia de seguridad e inteligencia bajo el rgimen genocida de Caldern.

Mencionbamos ms arriba la importancia que el Pentgono da a la lucha ideolgica en el campo de la informacin; al papel de los medios de difusin masiva como arma estratgica y poltica. Un prrafo citado por Lpez y Rivas es de suyo elocuente:

Las guerras modernas tienen lugar en espacios ms all de simplemente los elementos fsicos del campo de batalla. Uno de los ms importantes son los medios, en los cuales () la batalla de la narrativa ocurrir. Nuestros enemigos han reconocido que la percepcin es tan importante para su xito como el evento mismo () Al final del da, la percepcin de qu ocurri importa ms, que lo que pas realmente. Dominar la narrativa de cualquier operacin, ya sea militar o de otro tipo, paga enormes dividendos. Fracasos en el terreno, mina el apoyo para nuestras polticas y operaciones, y actualmente pueden daar la reputacin del pas y su posicin en el mundo.

Al respecto, cabe sealar que Caldern logr imponer en las primeras planas de los medios su narrativa sobre la guerra a las drogas. A su vez, sus patrocinadores en Washington lograron fabricar a ratos la imagen de Mxico como un Estado fallido (prdida de control fsico del territorio nacional, erosin de la autoridad gubernamental, incapacidad para interactuar con otros Estados de la comunidad internacional, crisis econmica aguda, corrupcin grave, incapacidad de proveer servicios pblicos y cobrar impuestos), lo que les permiti desencadenar en Mxico un acelerado proceso que, con eje en una violencia catica y de apariencia demencial −dado que fue una violencia framente calculada−, deriv en una militarizacin, paramilitarizacin y mercenarizacin del pas. Igual que antes en Colombia.

Hacia el final del texto, en el acpite sobre el narcotrfico como arma del imperio, nuestro autor se apoya en el argentino Marcelo Colussi al sealar que Estados Unidos ha encontrado en ese campo de batalla (el de la falsa guerra a las drogas), un terreno frtil para prolongar y readecuar su estrategia de control social universal.

Una poblacin asustada es mucho ms manejable. Por eso que en regiones y pases donde existen recursos geoestratgicos como petrleo, gas natural, agua dulce, biodiversidad, etctera, y/o focos de resistencia popular, aparece el demonio del narcotrfico y las respuestas poltico-militares de Washington.

En rigor, y ms all de que en Colombia y Mxico existan traficantes de drogas ilcitas, ambos pases fueron elegidos como plataformas de la guerra de contrainsurgencia y la guerra social desatada contra las distintas formas de resistencias y oposiciones polticas.

Tengo algunas dudas sobre las afirmaciones de Lpez y Rivas acerca de que los grupos de la economa criminal tengan recursos materiales superiores a los de las Fuerzas Armadas mexicanas, por lo menos en cuanto a armamento y equipos de inteligencia se refiere. Pero coincidimos con l y con Pablo Gonzlez Casanova en cuanto a que la llamada globalizacin neoliberal es un proceso de dominacin y apropiacin del mundo, en el marco de una reconversin transnacional del sistema capitalista.

En el marco de una guerra de amplio espectro o espectro completo, la territorialidad de la dominacin −segn la expresin acuada por Ana Esther Cecea hace ms de un lustro−, combina intereses de seguridad y econmicos relacionados con el acceso a zonas privilegiadas por sus materias primas y recursos estratgicos, con una accin de control directo sobre poblaciones y puntos geogrficos determinantes, para los que han sido diseados megaproyectos de infraestructura (redes multimodales de carreteras, puertos, aeropuertos, vas de ferrocarril, canales, cables de fibra ptica). Como resumi en 2007 el Observatorio Latinoamericano de Geopoltica, se trata de transformar el territorio; adecuarlo a las nuevas mercancas, a las nuevas tecnologas y los nuevos negocios. Cuadricularlo, ordenarlo, hacerlo funcional y productivo.

Eso es, a mi juicio, lo que ha venido ocurriendo y consolidndose de manera acelerada en Mxico desde 2007 hasta el presente, y esta obra de Gilberto Lpez y Rivas es esencial para ver cmo opera la contrainsurgencia del Pentgono para lo consecucin de esos fines.

Dej para el final las palabras de un veterano de la guerra de Irak:

He sido un asesino psicpata porque me entrenaron para matar. No nac con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantera de Marina quin me educ para que fuera un gnster de las corporaciones estadunidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que l pidiera, sin reparar en ninguna consideracin moral. Yo era un psicpata porque nos ensearon a disparar primero y a preguntar despus, como lo hara un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si haba que matar mujeres y a nios, lo hacamos. Por tanto, no ramos soldados, sino mercenarios.

Creo que esa confesin podran reflejar parte de lo que ha venido pasando en Mxico, producto del entrenamiento militar del Pentgono a cuerpos de lite del Ejrcito, la Marina de Guerra y la Polica Federal. Muchas muertes podran atribuirse a asesinos psicpatas que vienen actuando como mercenarios de una potencia extranjera en el territorio nacional.

Felicitaciones al autor, cuya larga y comprometida trayectoria permite constatar que el campo popular cuenta con acadmicos y antroplogos patriotas, que con su obra y su militancia adversan de manera decidida al Pentgono y al poder capitalista transnacional.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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