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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2014

Qu hacer en esta etapa de la Revolucin?

Temir Porras Poncelen
Rebelin

Versin actualizada


Irreverencia en la discusin, y disciplina en la accin. Esta orientacin poltica del Comandante Chvez es ms que nunca necesaria hoy, cuando la Revolucin enfrenta desafos gigantescos y sigue atravesando el perodo crtico abierto por la desaparicin fsica de su lder fundamental.

La incertidumbre poltica originada por la fatalidad, se ha venido agudizando como producto de un escenario econmico complejo que, por primera vez en mucho tiempo, amenaza con resquebrajar la base social de la Revolucin.

No cabe duda que buena parte de las amenazas que se ciernen sobre la Revolucin Bolivariana son de origen externo. Injerencia, sabotaje, propaganda, conspiracin Todos esos factores con los que se nos ha acosado desde que el Comandante Chvez decidi gobernar libre y soberanamente, sin otro imperio que la voluntad del Pueblo, recrudecen hoy que su ausencia nos ha debilitado en muchas formas diferentes.

Sin embargo, considero que en este momento debemos concentrar nuestros esfuerzos en examinar nuestra propia capacidad de generar polticas que nos hagan avanzar fortalecindonos, antes que fijar el foco en quienes buscan distraernos y desestabilizarnos.

En primer lugar porque las amenazas externas siempre han existido, y hemos logrado contenerlas y derrotarlas en buena parte gracias a nuestra fortaleza interna. Mientras se nos acus de dictadores hicimos progresar la democracia, mientras se nos calific de hambreadores hicimos retroceder la pobreza, mientras se pretendi que nos aislbamos tuvimos mayor relevancia geopoltica que nunca. La Revolucin Bolivariana ha sabido derrotar internamente a sus calumniadores externos, haciendo de cada ataque una ocasin para construir una victoria.

En segundo lugar porque el pueblo venezolano, en su inmensa mayora compuesto de buenos patriotas, est plenamente consciente de que las dificultades que enfrentamos tienen mucho que ver con nosotros mismos y juzga permanentemente, de acuerdo con sus fluctuantes expectativas y aspiraciones, cuan capaz es la Revolucin de garantizarle un presente mejor que el ayer y un futuro an mejor que el presente. Ninguno de estos venezolanos acepta que un gringo pretenda humillarlo, y concuerda con que su gobierno haga respetar la dignidad de la Patria, pero a la hora de atribuir las responsabilidades de los males que nos aquejan, muy pocos vuelcan la mirada hacia el imperio Este criterio aplica de la misma manera hacia la desestabilizacin interna. Por ms desleal y conspiradora que pueda ser la derecha venezolana, ello no garantiza la indulgencia popular hacia el gobierno, al cual se le exige que mantenga a la conspiracin a raya, mientras garantiza polticas pblicas efectivas. Nadie en su sano juicio, ni en Venezuela ni en ninguna parte, piensa que el principal responsable de sus problemas pueda ser la oposicin

En tercer lugar, porque la esencia de la Revolucin radica en un sueo de transformacin nacional hecha realidad da a da; en lo extraordinario hecho cotidianidad; en una puesta en movimiento de toda la sociedad hacia objetivos trascendentales pero con conquistas permanentes y palpables que demuestran que vale la pena seguir avanzando. La Revolucin Bolivariana apunta hacia el maana transformando el ahora. Adems, Venezuela es un pas de gigantescos recursos e inmensas potencialidades, en el cual la Revolucin ha despertado conciencias y elevado el nivel de expectativas, de manera que las exigencias crecientes del pueblo no permiten que la Revolucin se contente con reposar sobre sus laureles. Cada logro constituye el piso sobre el cual se debe construir otro logro superior, y no solamente en trminos cuantitativos, sino, lo que es ms complejo, cualitativos tambin. Venezuela debe seguir teniendo el mayor sistema pblico de educacin, el ms masivo sistema pblico de salud y el acceso ms democrtico a las tecnologas, pero debe tambin construir escuelas y universidades de excelencia, garantizar la mejor calidad de servicio mdico, as como la ms alta velocidad de conexin a la red, a la par de los mejores estndares internacionales. Una cosa no es pretexto para sacrificar la otra.

Ahora bien, la complejsima coyuntura econmica por la que estamos atravesando, y los efectos polticos disruptivos que sta ha generado, constituyen un obstculo considerable para que la Revolucin siga garantizando ese avance interno que ha hecho su fortaleza en la dcada pasada. Tenemos que poner todo en obra para conservar, o ms bien recuperar, nuestra capacidad de transformar el presente, y no permitir que una regresin coyuntural en las condiciones materiales de vida de nuestros compatriotas, junto con la duda sobre la capacidad del nuevo liderazgo de la Revolucin para conducir los destinos del pas, se lleve esta obra gigantesca que tanto ha costado construir.

Pero para lograr ese cometido har falta paradjicamente examinar con severidad nuestra estrategia, a la luz de circunstancias que han cambiado tan profundamente en un espacio tan corto de tiempo, que no nos ha permitido procesarlas adecuadamente. Y esa discusin debe ser abierta y profunda, permitiendo que se expresen sosegadamente las diferentes sensibilidades que conforman el movimiento revolucionario y bolivariano, sin que ello tenga que afectar su unidad ni su cohesin. Una vez ms, de eso se trata lo de la irreverencia y la disciplina.

Por mi parte, pondr el nfasis en tres puntos fundamentales sobre los cuales deberamos operar, ms que una inflexin, un cambio de rumbo estratgico en el ms corto plazo posible:


1. En lo poltico, fortalecer el liderazgo del Presidente Nicols Maduro

Digmoslo de entrada, aqu no se trata de inventar un debate inexistente acerca de si un supuesto madurismo vendra ahora a remplazar al chavismo. Por una parte, el chavismo es nuestra filiacin histrica comn y, por otra, tal cosa como el madurismo no existe ni existir, por lo menos no como ideologa propia. Esto pareciera ser algo obvio, pero vale la pena subrayarlo para no perder el tiempo en discusiones estriles.

Sin embargo, no hay nada menos chavista que aquello del liderazgo colectivo. Uno de los legados incontestables que nos dej el Comandante Hugo Chvez en cuanto al ejercicio de la poltica, es que el liderazgo personal en las complejas circunstancias de nuestra Revolucin es necesario, debe ejercerse y debe ser reconocido. Ciertamente, el liderazgo no se decreta, y debe construirse, consolidarse y hasta debe tener algo de naturalidad y mucha legitimidad, pero lo cierto es que el chavismo necesita de un liderazgo personal slido. Y finalmente ese liderazgo debe ejercerse (esta obviedad merece tambin ser resaltada) de cuerpo presente. Tener un lder histrico y una fuente suprema de inspiracin no basta; hace falta quien lidere la batalla da tras da en este bajo mundo, y ejerza la jefatura poltica. Por tomar a modo de comparacin un ejemplo algo extremo, podramos decir que el liderazgo material del Presidente Nicols Maduro no remplaza al liderazgo espiritual del Comandante Chvez, de la misma manera que el liderazgo de un Papa en la Iglesia Catlica no remplaza la gua espiritual del Seor

Por lo pronto, lo que es incontestable es que el propio Comandante Chvez design a Nicols Maduro como jefe poltico del chavismo, y que la mayora de los venezolanos (y obviamente de los chavistas militantes) lo elegimos democrticamente como nuestro Presidente.

No apostarlo todo, sincera y efectivamente, a la consolidacin del liderazgo de Nicols Maduro sera un craso error, pues la fortuna del chavismo va de la mano con la de Nicols Maduro, y est absolutamente claro que nuestra nica opcin es la victoria. En caso de derrota, no habr una segunda oportunidad.

Y si me preguntaran en qu constituye esto un cambio de rumbo estratgico, respondera que hasta ahora a Nicols Maduro se le ha reconocido en su funcin de Presidente de la Repblica, pero no como jefe poltico del chavismo, con el derecho y el deber de imprimirle su visin personal a la construccin de la Revolucin, trascendiendo la simple funcin de conservador del legado del Comandante. Volver a este punto ms adelante.

El liderazgo del Presidente debe tener dos columnas igualmente importantes.

La primera ya la hemos evocado, y es la histrica, cuyo punto culminante es la sublime alocucin del Comandante Chvez el 8 de diciembre de 2012 designando a Nicols Maduro como su sucesor. No me extender en este punto evidente, ms que para subrayar el valor de los smbolos y las palabras para Chvez. Al hablar de su conviccin plena como la luna llena, absoluta, total, el Comandante no busc simplemente hacer una figura de lenguaje en un momento tan grave. Conociendo el peso gigantesco de su palabra, Chvez indic taxativamente y reiteradamente quien deba ser el jefe cuando llegara la hora de su partida. Hasta en eso ejerci un acto tpicamente chavista de autoridad. Chvez jams habl de una situacin transitoria, ni de un cuerpo colegiado, ni de nada por el estilo, y su silencio al respecto es tan contundente como lo que s dijo. En fin, creo profundamente que Chvez design a Maduro para que, como l lo hizo, ejerciera su jefatura, y que en consecuencia el chavismo debe obrar para que ese liderazgo se consolide, pues en ello se juega el futuro la Revolucin.

La segunda, es de naturaleza personal. Maduro no puede ser solamente el hijo de Chvez o el garante del legado. Tiene que imprimirle su visin personal a la conduccin de la Revolucin. Por una razn tan obvia como que Chvez y Maduro son dos hombres muy diferentes, y no solamente en lo que se refiere a la estatura poltica, como es evidente. A diferencia de Chvez, Maduro es un civil, y tiene un carcter profundamente urbano, por oposicin a la ruralidad de Chvez. Tal vez por su formacin de sindicalista tiene una visin muy pragmtica de la poltica, en cierta manera menos ideolgica o doctrinaria que la de Chvez. Eso no quiere decir de ninguna manera que sus convicciones sean menos firmes, sino que tiene un estilo ms flexible a la hora de abordar los problemas. Todo esto va en concordancia, de hecho, con que Maduro no es el padre ideolgico de una corriente de pensamiento, como s lo es Chvez, sino que se trata del jefe poltico de esa corriente y est en la obligacin de adaptarla a las circunstancias. El Comandante Chvez encarn un modo de liderazgo titnico, demirgico, necesario para hacer renacer a la Patria de sus cenizas. Hoy, tras 15 aos de Revolucin Bolivariana, estamos en otro momento histrico al cual corresponde un liderazgo flexible capaz de sacar al barco de la tormenta y en cuya destreza seamos capaces de depositar nuestra confianza para dejarlo maniobrar segn su mejor criterio. Ese hombre es sin duda alguna Nicols Maduro.

Y quin puede negar que el pragmatismo es una virtud extremadamente necesaria en las circunstancias complejas que vivimos? Cul sera el papel de un lder si no el de imprimir su visin personal a la poltica y aglutinar la voluntad mayoritaria alrededor de esa visin?

En fin, estoy convencido que la mejor forma de que el Presidente Maduro siga el ejemplo de Chvez, no es tratando de imitarlo, sino ejerciendo el liderazgo como lo ejerca Chvez, con sus caractersticas propias, muy necesarias para la etapa de la Revolucin que vivimos. El Maduro pragmtico nos hace mucha falta. Al escogerlo como su sucesor, Chvez demostr una vez ms que era mucho ms visionario que todos nosotros.


2. En lo econmico, fijar objetivos estratgicos y alcanzarlos con pragmatismo

El perodo turbulento que atraviesa la Revolucin, tiene en buena parte causas econmicas. Ciertamente, la Revolucin ha sido la mayor ola de democratizacin poltica en la historia republicana venezolana, pero lo que le ha dado su extraordinaria originalidad ha sido su obra de democratizacin econmica y social, a contracorriente de la tendencia global al incremento de las desigualdades. La Revolucin Bolivariana se hizo indetenible tan pronto como logr generar ese movimiento ascendente, que gener por primera vez en la historia confianza y seguridad en las clases populares venezolanas. La despreocupacin por el maana, y la confianza de que el futuro ser mejor que el presente, para uno mismo y para sus hijos, es uno de los cimientos ms slidos sobre los cuales construir un proyecto profundamente republicano. En la mayora de las sociedades, la participacin poltica tiende a intensificarse conforme se sube en la escala socio-econmica. Eso se explica porque la poltica es un lujo para quienes viven en la angustia de la supervivencia y preocupados por el maana. La Revolucin Bolivariana conjur esa maldicin y masific la participacin poltica al hacer retroceder la inmensa incertidumbre econmica y social en la que vivamos la mayora de los venezolanos.

Hoy, el fantasma de la regresin social nos acecha, y es imperativo exorcizarlo. Y lo peor es que no nos acecha porque el gobierno bolivariano haya renunciado a sus polticas sociales, que siguen plenamente vigentes. Paradjicamente, son los grandes desequilibrios macroeconmicos los que conspiran contra los esfuerzos sociales que hace el gobierno revolucionario, hacindolo destruir con la mano derecha, por as decirlo, lo que va construyendo con la mano izquierda.

Y a eso me refiero cuando hablo de actuar con pragmatismo, porque no se trata de cambiar grandes orientaciones polticas, sino de tomar las acciones coyunturales apropiadas para alcanzar efectivamente los objetivos planteados polticamente.

La Revolucin debe buscar por todos los medios generar estabilidad, y tiene que conseguir la ruta ms directa para lograrlo, porque el tiempo conspira contra ella. Los desrdenes macroeconmicos a los cuales est sometida la sociedad venezolana tienen efectos rpidos y considerables en las condiciones de vida de los venezolanos. Hacer las cosas ms o menos bien, en cantidad insuficiente o un mes tarde, tiene efectos muy importantes. El mejor ejemplo de ello es la inflacin, cuyos estragos es imposible desandar. Por ms inspecciones y ofensivas econmicas que lancemos, si el resultado a fin de mes es 5% de inflacin, el pueblo y el gobierno somos quienes perdemos. Porque el pase de factura es inmediato, y porque recuperar nivel de vida es mucho ms lento y laborioso que perderlo. En cuestin de meses podemos perder lo que hemos construido en aos, y que nos tomar aos recuperar una vez que logremos invertir la tendencia. Y se trata exactamente de eso. De invertir la tendencia y rpido. Generando crecimiento, regresando la inflacin a niveles manejables, racionalizando una poltica monetaria y cambiaria ms parecida al funcionamiento de un casino que al de un Banco Central, y haciendo el esfuerzo de manejar la economa tal y como es hoy, y no como quisiramos que fuera en un mundo que an no existe. Porque la economa capitalista, que es la del mundo en el cual vivimos, debe ser piloteada de manera tal que no conspire contra los objetivos inmediatos de la Revolucin (incrementar el bienestar material, democratizar la vivienda, la salud y la educacin, etc), en un pas donde el gigantesco peso econmico del Estado es el que condiciona el comportamiento de todos los dems actores. Con estabilidad macroeconmica, altos precios del petrleo y polticas sociales de impacto, francamente no hace falta mucho ms para progresar a pasos agigantados hacia una sociedad ms avanzada. Un poco de pragmatismo y de eficiencia son suficientes.

La heterodoxia macroeconmica es necesaria para gobernar desde la izquierda: tener una estrategia audaz de inversin de las reservas internacionales, no sacrificar el crecimiento por anular la inflacin, recurrir al dficit fiscal para sostener la actividad econmica cuando es necesario, etc. Pero eso no quiere decir que se pueda hacer cualquiera de estas cosas sin lmite, a nombre del anticapitalismo. Acabar con las reservas es peor que acumularlas en exceso, tener inflacin de dos dgitos sin crecimiento es altamente regresivo socialmente, y fabricar moneda sin lmite es simplemente destruir su valor. Conducir con racionalidad la poltica econmica no es sinnimo de neoliberalismo, as como practicar la heterodoxia hasta la irracionalidad no es sinnimo de socialismo.

Hoy nuestro modelo social de avanzada est amenazado por el agotamiento de los recursos disponibles de la renta petrolera para darle sustento material. Sin mayor creacin de riquezas, no podremos sostener el ritmo de avances sociales que requiere la Revolucin. Ante esa perspectiva, dos grandes posibilidades se ofrecen a nosotros: Por una parte, producir ms renta extrayendo ms petrleo, y por la otra, generar nuevas riquezas produciendo otros bienes y servicios. Una aproximacin pragmtica consiste en buscar las vas ms expeditas para alcanzar estos objetivos sin echar nuestros principios por la borda, pero tambin siendo realistas acerca de lo que es posible hacer aqu y ahora.

Para solventar nuestros ms agudos y urgentes problemas de liquidez, parece ms razonable apostarle a recuperar lo que ha cado nuestra produccin petrolera tradicional -con algunos recursos bien dirigidos-, que esperar a que las megainversiones de la Faja multipliquen nuestra produccin actual por dos o tres. Al precio de hoy, una produccin adicional de 500 mil barriles da, generara ingresos anuales adicionales por 16 mil millones de dlares, es decir, en 12 meses, el total de la deuda comercial que hemos acumulado en varios aos. Sin duda suena menos pico que la Faja, pero bastante ms factible en el corto plazo.

Todava recuerdo la leccin magistral de poltica que le propin el Presidente Pepe Mujica a uno de nuestros anteriores Ministros de Agricultura y Tierras, al decirle que mientras l se estaba ocupando de construir el socialismo en el campo, los venezolanos nos estbamos alimentando de cereales importados producidos por empresas transnacionales. Ante esa cruel realidad, Pepe aadi que l preferira consumir cereales (y alimentos en general) producidos por un capitalista venezolano en Venezuela, que generara riqueza en el pas y le ahorrara divisas a la nacin, antes que depender de las importaciones. Eso no ser el socialismo, pero en el marco de las posibilidades que tenemos aqu y ahora, es indudablemente mejor que importar comida producida por los gigantes del agronegocio.


3. En lo social, construir una mayora amplia para transformar en profundidad

Es evidente que el chavismo debe reconstruir su mayora poltica para volver a ser la fuerza hegemnica que necesita y merece ser. 50% ms un voto es ciertamente suficiente para ser un gobierno legtimo, pero no para desencadenar una marcha indetenible hacia el socialismo

Para transformar nuestra sociedad en paz y con libertad, nuestra Revolucin debe contar con el apoyo, tcito o manifiesto, de la inmensa mayora de nuestros compatriotas. Esto no quiere decir que tengan que estar inscritos en el PSUV, sino que nuestras instituciones y nuestras polticas deben estar en sintona con las aspiraciones de la inmensa mayora de la poblacin.

Para ello, el chavismo tiene que volver a ser aplastantemente dominante en las clases populares (los grupos socio-econmicos D y E) que han sido histricamente su sustento, pero tambin slidamente mayoritario en las clases medias (el grupo C) que la propia Revolucin ha ensanchado. Las clases populares son aliadas naturales de la Revolucin, en la medida en que sta les garantiza polticas y derechos sociales que las hagan salir definitivamente de la pobreza y les abran nuevos horizontes para gozar de una vida plena y placentera. Hacer que millones de personas salgan de la pobreza quiere decir, por deduccin lgica, que la clase media (en su expresin ms modesta inicialmente) crece en proporcin correspondiente. Este hecho extraordinario, del cual tendramos que enorgullecernos ruidosamente, a veces pareciera generarnos incomodidad, como si nos hubiramos terminado creyendo la caricatura miserabilista que ha construido la derecha sobre nosotros. Aquella que pretende que el chavismo busca una nivelacin hacia abajo de las clases sociales, y suea con destruir a las clases medias por ser la materializacin de la pequea burguesa.

Constituir una slida clase media, concebida como un vasto grupo social central, altamente educado y disfrutando de un nivel de vida avanzado cualitativa y cuantitativamente, es y debe seguir siendo el objetivo ms concreto de la Revolucin Bolivariana. Alcanzarlo en el marco de una sociedad justa y solidaria, organizada alrededor del colectivo humano y no del dinero, es y debe ser su objetivo superior.

Pero para alcanzar ese horizonte sublime hay que sumar, y mucho, procurando que cada accin del gobierno revolucionario, en cualquiera de sus niveles, est orientada a incorporar cada da ms compatriotas a esa gran masa necesaria. A la par de asegurar la efectividad y pertinencia de nuestras polticas en todos los mbitos, deberamos tambin asegurarnos de desarticular todo lo que conspira contra la constitucin de esa gran mayora.

No existe ninguna razn objetiva, por ejemplo, para que un porcentaje importante de la poblacin venezolana, especialmente en las clases medias y medias altas, est fanatizado y radicalizado en contra de la Revolucin. Que todos no nos apoyen es comprensible, pero que muchos estn dispuestos a cualquier locura para acabar con nosotros, no. Los acontecimientos del 2014, y la violencia desatada en las reas urbanas de clase media contra el Estado y todo lo que la Revolucin representa, es una interpelacin poltica acerca de la sociedad en la que queremos vivir. Ciertamente la justicia y la ley deben de prevalecer, pero ms all de eso, es una necesidad desarticular polticamente la frustracin que genera esa violencia, pues la Venezuela que la Revolucin se ha planteado construir no puede incluir a las guarimbas y a la violencia poltica como un elemento permanente. No se trata de gobernar para una minora, y menos una violenta, sino de exigirnos a nosotros mismos no dar ningn pretexto a la radicalizacin de quienes nos adversan. La falta de tal o cual producto no es una razn legtima para practicar el terrorismo poltico, pero el hecho es que algo tenemos que estar haciendo mal para que sea un calvario conseguir champ o leche en un pas rico como el nuestro, y de eso se nutre la conspiracin y la violencia. Desenmascarar a los violentos, pero darles pretextos para generar violencia es, una vez ms, deshacer con una mano lo que se hace con la otra.


Los grandes desafos que enfrenta la Patria nos emplazan a formular respuestas que deben tener carcter estratgico, pero cuya implementacin necesita hacerse efectiva en el corto plazo. El breve espacio de tiempo que ha transcurrido desde que se inici la crisis histrica generada por la desaparicin del Comandante Chvez, empieza a hacerse largo si queremos preservar la capacidad poltica de la Revolucin de transformar en profundidad la realidad, sin contar con el liderazgo trascendental que l representaba.

El chavismo necesita un lder, y el Presidente Nicols Maduro, como lo avizor el Comandante Chvez, rene las condiciones para ejercer ese liderazgo en circunstancias muy diferentes, donde la accin poltica debe impregnarse de pragmatismo y lograr la mayor cantidad de avances efectivos en el ms breve plazo. El chavismo debe asumir la consolidacin de este liderazgo como algo fundamental, y permitir que se manifieste con sus caractersticas propias.

La estabilizacin econmica del pas requiere que ese liderazgo pragmtico se ejerza a plenitud, y al mismo tiempo constituye una condicin de su consolidacin a ms largo plazo. La sociedad venezolana est sometida a tensiones econmicas tales que son capaces de contrarrestar los esfuerzos de la Revolucin por garantizar el progreso y la justicia social. Es necesario conjurar la perspectiva de la regresin social, y eso necesita una racionalizacin de nuestra heterodoxia macroeconmica, siguiendo el principio de que un medicamento es efectivo contra una enfermedad, solo si es administrado en dosis adecuadas. Adems, nuestra poltica econmica debe fijarse, con pragmatismo, objetivos concretos de crecimiento, inflacin, tipo de cambio, etc, que permitan crear las riquezas que darn sustento material al modelo de progreso que es la razn de ser de la Revolucin.

Ese modelo debe orientarse a reconstituir una gran base social de apoyo, una clase central acomodada que tenga un inters objetivo y compartido en el progreso colectivo de la sociedad. La Revolucin debe fijarse como objetivo consolidar esa gran base social de apoyo para poder seguir impulsando transformaciones profundas en nuestra sociedad, que tienen ya menos que ver con saldar deudas del pasado, y cada vez ms con el futuro que construiremos juntos. Para ello, la Revolucin debe recuperar un apoyo masivo en su base social popular, adaptar su estrategia a la emergencia de nuevas clases medias producto de su poltica de desarrollo y justicia social, as como desarticular gracias a su efectividad la violencia poltica y la antipoltica que incuba en importantes sectores medios de la sociedad.

Tal vez as, emprendamos la Revolucin en la Revolucin a la que ha llamado el Presidente Maduro.

http://temirporras.blogspot.com/2014/06/que-hacer-en-esta-etapa-de-la-revolucion.html

* Temir Porras Poncelen estudi Ciencias Polticas e Historia en la Universidad de La Soborna y en la cole nationale d'administration. En la Repblica Bolivariana de Venezuela fue Director de Poltica Internacional, viceministro de Asuntos Estudiantiles, vicecanciller de Europa, vicecanciller de Asia, Medio Oriente y Oceana, secretario ejecutivo del Fondo Nacional para el Desarrollo Nacional y presidente del Banco de Desarrollo Econmico y Social de Venezuela.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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