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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2014

Mujeres migrantes, atrapadas en una frontera imaginaria

ngeles Mariscal
Chiapas Paralelo


La costumbre en el sur de Mxico dice que el destino de las guatemaltecas es el trabajo en el hogar, las hondureas esclavas en bares o cantinas y las salvadoreas son invisibles. Las mujeres migrantes estn atrapadas entre la frontera fsica en el Soconusco, Chiapas, y la real, ms infranqueable: los abusos, discriminacin y estigmas. Aqu ellas no son, ms que lo que su origen y la sociedad- las ha condenado a ser.

Estigma nmero uno, las que sirven

Es domingo. El Parque Miguel Hidalgo, en el centro de Tapachula ubicado a 275 kilmetros de la frontera con Guatemala- est abarrotado. Decenas de mujeres, la mayora mujeres-nias, casi adolescentes, lucen prendas bordadas de muchos colores, con diseos y tejidos tpicos que las delatan indgenas del pas vecino.

Se toman de la mano, caminan rodeando una y otra vez el kiosco ubicado en la parte central. Algunas llegaron temprano, con sus pertenencias en una maleta o en bolsas de plstico. Se sientan en las jardineras y ah esperan.

Rosa y otras dos jvenes que se acompaan cruzaron apenas esta maana la frontera entre Mxico y Guatemala, por el puente fronterizo de Tecn Uman. Pagaron para que el Instituto Nacional de Migracin les diera una Forma Migratoria de Visitante Local (FMVL), que se otorga a quienes viven en la zona fronteriza de su pas.

Eso les permite transitar con cierta libertad en los municipios circunvecinos de la frontera, pero no la autoriza a trabajar en Mxico. No hace falta, las relaciones comerciales y de trabajo entre habitantes de ambos pases, son ancestrales y filtran fronteras. Rosa luce sudorosa, cansada.

Apenas se sienta en la banca, se acerca una mujer madura, que baj de un auto. Platica con ella y hacen el trato: 1,200 pesos mensuales (92 dlares) ms alimento; los domingos son das de descanso, luego que deje hecho el desayuno a la familia. La mujer empieza a cruzar el parque, Rosa se despide rpidamente de sus amigas y camina tras la mujer.

Ambas suben al auto, Rosa en la parte posterior, tmida. No levanta la mirada, no mira a los ojos. Le esperan largas jornadas de trabajo en una relacin de semi esclavitud, donde una y otra vez tendr que barrer, limpiar, cocinar, cuidar nios ajenos y desdibujarse hasta casi hacerse transparente.

La escena se repite durante la maana, aqu y all en el parque. Para la tarde slo quedan las trabajadoras domsticas que ya tienen trabajo y disfrutan de su nico da libre. Quienes trabajan aqu son mujeres jvenes y nias. El Centro de Derechos Humanos Fray Matas de Crdova realiz un censo con trabajadoras domsticas de Guatemala y encontr que casi la mitad de las entrevistadas, 49 por ciento tienen 22 aos de edad; la otra mitad, entre 13 y 17 aos.

El Centro Fray Matas document que la expectativa de muchas de las adolescentes trabajadoras domesticas es obtener los recursos que les permitan regresar a su pas para continuar sus estudios. La mayora llega por temporadas, pero muchas de ellas se quedan atrapadas y slo regresan a su pas ocasionalmente.

No hay un censo o aproximado que permita sabe cuntas son, porque son una poblacin flotante y su trabajo se da en el mbito de lo privado, sin contrato formal. La mayor parte de ellas ha naturalizado el rol de realizar trabajos de servidumbre en la zona del Soconusco chiapaneco desde la poca de la Colonia ya sean en las fincas o las viviendas. Alba se encuentra en el Parque Miguel Hidalgo desde la maana.

Ella y sus compaeras no se han movido a pesar de la lluvia que ha cado en el lugar. Alba luce un poco ms grande que las dems, dice que ya tiene 30 aos, y que desde hace 8 lleg a trabajar a Tapachula, que est contenta porque a ella le pagan 2,000 pesos mensuales. Apenas un salario mnimo, aunque su jornada laboral duplica la que establece la ley mexicana, que es de 40 horas a la semana.

En un da normal se levanta a las 6, prepara el desayuno, hace el aseo, la comida, lava ropa, mandados, recoge la cocina, plancha. Ha trabajado limpiando tiendas o restaurantes, la paga es buena, pero no le dan dnde dormir. Me gusta ms en casa, dice, aunque reconoce que no siempre tiene un lugar propio para dormir, como ahora, que trabaja en una casa de la Colonia Solidaridad (habitada por tapachultecos de clase media baja), donde cada noche descansa en una colchoneta que coloca en el espacio que hay entre la cocina y la sala.

- En tu da libre qu haces?

- Ayudo con el desayuno y ya me vengo al parque.

- Y al cine o a la playa que est ac cerca?

- No

- Porqu?

- Me da pena la gente nos queda viendo y como que no le gusta que estemos ah, a lo mejor por nuestros trajes. Alba dice que en su pas podra ganar un poco ms de dinero, haciendo el mismo trabajo. Prefiri quedarse en Tapachula porque, dice, en Guatemala hay mucha violencia.

Santiago Martnez Junco, coordinador del rea de capacitacin del Centro de Derechos Humanos Fray Matas de Crdova, explica que de acuerdo a las leyes mexicanas, las trabajadoras domsticas de Guatemala laboran en un sistema de semi esclavitud.

El imaginario social de la regin y los estigmas fenotpicos marcan a las mujeres migrantes, si eres guatemalteca el nicho laboral es el empleo domstico, de limpieza o agrcola; a la hondurea, salvadorea o nicaragense, se les contrata preferentemente en el rea de servicios sexuales, o en botaneros, restaurantes, para atraer clientela; y an ah hay diferencias, explica.

El trabajo de las mujeres guatemaltecas se ha sido invisibilizado porque se desarrolla en el mbito privado, lo que las coloca en una situacin de alta vulnerabilidad.

No hay contratos, no hay justificacin en despidos, y estos se utilizan muchas veces como una estrategia para no pagar salarios. En algunos casos se les cobra la comida, y el salario promedio que se les otorga es de mil 200 a mil 500 pesos mensuales (100 dlares promedio), por 72 horas a la semana.

Aunado a ello, explica la sociedad les confina o excluye de la vida cotidiana y sus centros de reunin.

La mayor parte de las trabajadoras domsticas no conocen ms que el Parque Miguel Hidalgo y las calles que conducen a su lugar de trabajo. Por ejemplo, los tapachultecos pidieron a las autoridades que les construyera el Parque Bicentenario porque este lugar estaba lleno de chapines (sobrenombre que se les a los originarios de Guatemala). Y no es que explcitamente ellas no puedan ir a otros lugares, sino que la sociedad las margina, las excluye y ellas sienten esa presin social sobre si mismas.

Al final del da valora Santiago Martnez- se reproduce esa situacin que se viva en toda esta regin durante el sistema feudal, de mantener excluida a la servidumbre, y de no permitirle que se desarrolle en otros mbitos de trabajo.

Los domingos, cuando ellas acuden a descansar al parque Miguel Hidalgo, el Centro Fray Matas intenta sensibilizarlas y capacitarlas sobre sus derechos, explica Martnez.

Les informamos sobre sus derechos laborales, damos talleres de algunos oficios que ellas mismas escogen, y trabajamos dinmicas para fortalecer su autoestima, para que se asuman como personas con derechos a veces vamos juntas a recorrer la ciudad o dar paseos a lugares cercanos para que vayan perdiendo el miedo y se sientan ms seguras.

Estigma nmero dos, las que venden fantasas

Su cuerpo se contonea en el escenario mientras se escucha como fondo el sonido de un acorden, trompetas y bong. Rtmico y sensual (puede un sonido por si mismo ser sensual?), el sonido de una cumbia acompaa a la bailarina mientras se va desprendiendo de la ropa.

Abajo del escenario, en mesas diminutas, otras mujeres pegan sus cuerpos a los clientes, beben con ellos, algunas bailan tratando de que las manos de quienes pagaron por estar con ellas solo para bailar, se mantengan fuera de su sexo. En otro espacio del mismo escenario, otras ms juegan billar con los parroquianos exagerando las posiciones para resaltar las curvas de sus cuerpos.

La propietaria del lugar, una mujer de unos 50 aos originaria de esta frontera al sur de Mxico acepta mostrarnos el lugar y hablar con las bailarinas en los camerinos. Insiste: en este centro nocturno no hay servicio sexual, aqu solo les vendemos fantasas. Muchos hombres slo quieren verlas desnudarse, bailar con ellas, platicar con las catrachas(hondureas) principalmente, porque dicen que son las ms bonitas; pero tenemos bailarinas de Guatemala, de El Salvador, de Nicaragua.

Muchos ni siquiera quieren tener relaciones sexuales, sino slo pasar un buen rato, distraerse de los problemas de su vida diaria. Para el sexo, aclara, hay otros lugares.

Paso a la parte trasera del escenario. En la puerta de la habitacin llena de espejos donde las mujeres se arreglan, se encuentra colocado el reglamento del lugar que establece el nmero de veces que cada una debe bailar y desnudarse arriba del escenario; la cantidad de cervezas que deben tomar con los clientes (mnimo 200 a la semana).

A esta actividad se le llama fichar, la propietaria asegura que de la ganancia de cada ficha o cerveza, la mitad para ellas.

Adentro de los vestidores la fantasa que se vende afuera, se desmorona. Antes de salir al escenario Melani come presurosa un caldo de res y un refresco, dice que no haba ingerido alimento en todo el da porque tuvo problemas con su actual pareja, por celos y porque l no se lleva bien con los hijos de ella, menores de edad.

Tiene 23 aos y tres hijos. Dice que tuvo que salir de su pas desde 2009, por problemas con su anterior pareja. l se meti a las Maras y ya sabes, en mi pas hay mucha violencia me tuve que salir. Melani dej un tiempo a sus hijos con su mam, cuando se estableci en Tapachula, los trajo a vivir con ella.

Sus dientes frontales lucen careados, y en sus pantorrillas tiene cicatrices muy visibles, algunas de ellas recientes. Al observar que las noto, se apresura a ponerse una licra color piel, y sobre ella la ropa de la que ira desprendindose poco a poco en el escenario.

Me pega porque tiene celos porque dice que los clientes me ven (l trabaj un tiempo como barman del centro nocturno donde ella labora). Pero de esto mantengo a mis hijos, de esto lo mantengo a l. Qu quiere, que me vaya de dependienta en una tienda? Ah ni nos dan trabajo porque dicen que robamos, y cuando lo dan, quieren pagar una miseria. Yo ya le dije, te juntaste con una hondurea, esta es la vida de las hondureas, solo ac nos tratan bien y nos pagan mejor.

Melani tiene que afrontar todos los das el estigma de ser una catracha, trmino peyorativo con el que nombran a las mujeres originarias de su pas, quienes se les considera ser amantes expertas. Su fisionoma la traiciona -caderas anchas, piernas largas, talle esbelto- no le permite desdibujarse. Si me subo a un taxi, el chofer me quiere agarrar las piernas, si trabajo en una tienda, el patrn se quiere meter conmigo, lamenta.

A la luz nen de los vestidores, las bailarinas se maquillan, se colocan pelucas de larga cabellera; luchan por simular con licras y ropa ajustada la celulitis, las ojeras, el vientre abultado, las cicatrices y estras que deja la maternidad. La penumbra que hay al salir a la pista las ayudar.

Luis Rey Garca Villagrn, activista defensor de los derechos de las trabajadoras sexuales, asegura que slo en Tapachula, la ciudad ms grande de la regin fronteriza conocida como El Soconusco, existen ms de 15 zonas de tolerancia y unos 200 centros donde se ejerce la prostitucin abierta y disfrazada; de manera voluntaria, o a travs de las redes de trata de personas con fines de explotacin sexual.

Representante del Centro de Dignificacin Humana AC, Villagrn considera que esta actividad se da en medio de una permisin social y gubernamental.Aqu en esta regin cualquier nio de 5 aos ha visto que enfrente de su casa, junto a su escuela, en su camino diario, hay un botanero, un bar, un prostbulo, un cabaret. Ha visto a la mujer centroamericana entrar y salir de ah. Ha naturalizado esta situacin y ha encasillado a las mujeres migrantes en esta actividad.

Las mujeres migrantes se han vuelto parte de la cotidianidad en el Soconusco. Con ellas convive la poblacin. A los lugares donde laboran acuden todo tipo de parroquianos, incluso servidores pblicos. De su situacin migratoria, solo preguntan cuando hay de por medio un intento de extorsin.

Estigma nmero tres, las dispuestas a todo

Aid administra una cuartera (vecindad) ubicada a 10 calles del centro de Tapachula. Es decir, cobra la renta o alquila las habitaciones de techo de lmina a quienes solicitan el servicio, la mayor parte migrantes que carecen de estancia legal en Mxico.

Al llegar a la cita con Aid, coincido con una docena de migrantes que conducidos por un gua (pollero)- son introducidos en una de las habitaciones. Ella no se intimida, dice que los migrantes abandonarn en uno o dos das el lugar, en tanto llegan a recogerlos para que continen su viaje.

Ella ha estado en la crcel acusada de Trata de Personas con fines de explotacin sexual. Logr salir luego de tres aos de reclusin. Yo acaba de ser deportada de Estados Unidos, y necesitaba seguir enviando dinero a mis dos hijos que siguen en El Salvador, as que un amigo me contrat de encargada de un bar. El lugar no era mo, yo solo vea que las meseras no se quedaran con el dinero. Si ellas se queran meter con los clientes en los cuartos ese es su problema, es su forma de ganarse la vida, nadie la obligaba.

Durante un operativo Aid fue detenida, no as el propietario del lugar. Algunas de las mujeres que trabajaban en ese bar ubicado en Ciudad Hidalgo, eran menores de edad. Sin embargo, con el paso de los das todas fueron deportadas a sus lugares de origen y ninguna se qued para seguir el proceso penal por el delito de Trata de Personas, as que Aid obtuvo su libertad.

Al salir intent cruzar otra vez los Estados Unidos, pero no pude, me regresaron otra vez y aqu me tienes, atrapada en este lugar, sin poder avanzar y sin poder regresarme a mi pas, narra con gesto adusto y ademanes bruscos, que contrastan con sus ojos claros, amables, su cabello rizado y su figura pequea.

En la habitacin donde estamos apenas cabe una mesa, dos sillones, una cama individual y un mueblecito donde suena fuerte una televisin que no pierde de vista una nia de unos 10 aos que dice, es hija de una amiga que se queda con ella en tanto encuentra un lugar propio donde vivir.

Ya me estoy resignando a vivir aqu en Tapachula, o en Cacahoatn o cualquier lugar de por ac, da lo mismo. Pero trabajando de qu, aqu a nosotras las salvadoreas no nos quieren dar trabajo ni en las casas porque las mujeres piensan que vamos a quitarles el marido. Buscamos trabajo de empleadas y el patrn quiere meterse con nosotras; en los bares piensan que vamos a robar, a matar a los clientes, narra, mientras alista una pequea maleta donde acomoda barnices e instrumentos para arreglar uas, servicio que da a domicilio y en un pequeo saln de belleza de la zona.

Considera que este es uno de los pocos trabajos que puede realizar sin que la discriminen. Las mujeres migrantes que habitan al sur de Mxico viven atrapadas entre una frontera fsica que les impide transitar libremente y una frontera real, resultado de la discriminacin, abusos y estigmas sociales, que las borran como personas.

(*) Este texto forma parte del proyecto En el Camino, realizado por la Red de Periodistas de a Pie con el apoyo de Open Society Fundations. Su publicacin original est en http://enelcamino.periodistasdeapie.org.mx/?ruta=mujeres-frontera

Fuente: http://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2014/06/mujeres-migrantes-atrapadas-en-una-frontera-imaginaria/



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