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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2014

Reanudar el hilo rojo que rompi la Transicin
El Referndum no es la respuesta

ngeles Maestro
Rebelin


La abdicacin del rey es estos das el epicentro de un terremoto que comenz el 25 de mayo y cuyas placas tectnicas empezaron a moverse hace tiempo.

Al hecho inslito de que los dos partidos mayoritarios hayan cosechado - sumados apenas el 22% de los votos, se aade el acontecimiento, no menos trascendente, de que en esas mismas elecciones PNV y CiU hayan sido superados, no por la versin local de un PSOE que est all an ms en cada libre, sino por organizaciones situadas a su izquierda, Bildu y ERC, respectivamente. La fuerte abstencin, el ascenso de IU y la irrupcin de Podemos terminan de dibujar un escenario poltico en el que de estar todo atado y bien atado se ha pasado a intentar echar lastre como sea, mediante una abdicacin precipitada y medio a escondidas.

El PSOE, de entrada republicano?

Lo ms trascendente de este proceso de descomposicin de los aparatos polticos que han venido sosteniendo durante 37 aos el engranaje institucional de la Transicin es el hundimiento del PSOE. Este partido , parido por los crculos de poder de aqu y de fuera , ha sido el encargado de dar credibilidad democrtica a su alternancia con el PP en el gobierno y cambiar algo para que nada cambiara.

Tras habernos metido en la OTAN, haber ejecutado el desmantelamiento industrial y agropecuario, haber engendrado las reformas laborales que abrieron el camino a la precariedad masiva, haber vendido las grandes empresas estratgicas, la banca y los servicios pblicos y, en general haber ejecutado los aspectos ms duros del programa del gran capital, el PSOE culmin su historial con la Reforma de la Constitucin de 2011 (prioridad absoluta al pago de la Deuda) y la ratificacin del Tratado de la UEM (TSCG) que la consolida.

El grito PSOE-PP la misma mierda es engendrado en las movilizaciones contra la privatizacin de la sanidad de Madrid para sealar la complicidad del PSOE, han servido para que los pueblos empezaran a tirar masivamente por el retrete a una organizacin disfrazada de izquierda, precisamente para narcotizar su capacidad de respuesta a las agresiones de clase.

La imagen de Rubalcaba con la cara retorcida y el resto de dirigentes ejecutando el guin de trileros diciendo que son republicanos pero que defienden a la monarqua, merecera tener un lugar entre los esperpentos de Goya.

Intentan el mismo salto mortal con el que actuaron en 1982, embaucando a la gente con el famoso OTAN, de entrada NO, para a continuacin cocinar un referndum y acabar vulnerando todas y cada una de las condiciones del SI. Pero ya no sirve. Su capacidad de dar a la clase obrera y a los pueblos gato por liebre, no es eterna. Y ha caducado.

Es la peticin de Referndum la respuesta?

Tampoco responde a las necesidades del pueblo trabajador agitar el seuelo del Referndum Monarqua o Repblica que defiende IU. Primero porque plantea la opcin de que democrticamente se pueda optar por una forma de Estado que, junto con todo el sistema que se impuso en la Transicin representa, es la negacin misma de la soberana popular, y que adems fue impuesta por los triunfadores del golpe de Estado y de la guerra de 1936, ejecutores de los mayores crmenes de guerra y contra la humanidad que han conocido los pueblos del Estado espaol, que permanecen impunes.

Segundo porque si el Presidente del Gobierno convocara el referndum nico que tiene potestad para ello y en todo caso no vinculante, como establece el artculo 92 de la Constitucin y se perdiera, permanecera legitimada una institucin que en ningn caso debera serlo.

Aceptando que se trate de una mera reivindicacin poltica, al margen de su viabilidad prctica, para sealar el camino, hay que decir con rotundidad que es absolutamente insuficiente y que escamotea lo esencial.

Y no se trata, ni mucho menos -como dice Izquierda Anticapitalista (IA)-, de que el pueblo est preocupado por temas que les afectan ms directamente que la mera forma de Estado. Esa aseveracin recuerda llamativamente a la frase de Carrillo durante la Transicin que deca. no merece la pena verter una gota de sangre por un trapo, aludiendo a la bandera republicana.

En este mbito, especialmente clamoroso es el silencio de Podemos, la ambigedad calculada de Pablo Iglesias y la ausencia de la organizacin y de sus dirigentes de las movilizaciones contra la monarqua, al menos de las de Madrid.

Nunca se insistir bastante en la fuerza material de lo simblico, pero no es eso slo. La Monarqua es el pilar esencial sobre el que se ha venido sosteniendo un engranaje de poder econmico, militar, poltico y meditico, cuyo debilitamiento como estamos viendo amenaza con sacudir los cimientos de la estructura de dominacin. Y mientras la ruptura democrtica con el rgimen de la Transicin est pendiente, la lucha por conseguirla es y ser sea ineludible de identidad de la izquierda coherente, e incluso de la ms elemental democracia.

Reanudar el hilo histrico que rompi la Transicin

El hecho poltico ms trascendente e ineludible de todos es cuestionamiento de la Transicin en origen [1] y todo su engranaje. Este cuestionamiento obviamente va mucho ms all de la monarqua. Debe reclamar el Derecho de Autodeterminacin de los Pueblos y en definitiva exigir la derogacin de una Constitucin que apuntala, exalta y protege como expresin de la derrota histrica de la clase obrera- la propiedad privada de la riqueza y de los medios de produccin, deja en papel mojado los derechos sociales y, desde agosto de 2011, establece la prioridad absoluta del pago de la Deuda.

El auge de la lucha obrera y popular ante las brutales agresiones que estamos recibiendo es la verdadera causa del descrdito institucional y poltico y del creciente odio de clase contra la oligarqua.

Pero la unificacin de las luchas no es el simple sumatorio de mareas diferentes.

El pueblo trabajador tiene que construir su poder integrando la fuerza que se construye da a da, en cada una de las movilizaciones, sobre la columna vertebral de lneas polticas de ruptura como son el cuestionamiento de la Transicin, el impago de la Deuda y la correspondiente salida del Euro y de la UE, y con las seas de identidad del internacionalismo y la lucha contra el patriarcado.

Vivimos momentos histricos en los que tras casi cuatro dcadas, como en las novelas de misterio, los autores del crimen revelan su verdadera cara. En la lucha contra ellos, erigiendo su propio poder, el pueblo trabajador el nuevo poder constituyente se construye a s mismo. Y para ello necesita como el aire para respirar reanudar el hilo histrico quebrantado en primera instancia no por la guerra sino por la traicin de la Transicin.

Nota:

[1] Ver al respecto el artculo de Red Roja, Repblica vs repblica (y 40 aos despus, ruptura de una vez). http://www.redroja.net/index.php/noticias-red-roja/opinion/2629-republica-vs-republica-y-40-anos-despues-ruptura-de-una-vez

ngeles Maestro. Red Roja.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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