Portada :: EE.UU. :: 60 Aniversario del bombardeo de EEUU en Japn
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2005

60 aniversario
La monstruosa agresin a Japn fue innecesaria

Lisandro Otero
Rebelin


El problema tico en torno al lanzamiento de las dos bombas atmicas sobre Japn an sigue en debate y al acercarse el 60 aniversario de la masacre impiadosa e innecesaria an se discute si poda haberse ahorrado a la humanidad aquella sangra horrorosa.

La razn principal aducida es que Truman se enfrentaba a la prdida de un milln de soldados en una invasin directa a Japn. El Estado Mayor en el Pentgono estaba muy impresionado por la prdida de cuarenta mil de sus soldados en el asalto contra la isla de Okinawa. La obstinada resistencia de los nipones, su fiera actitud combativa, su negativa a la rendicin, les caracterizaba como guerreros combativos y eficientes.

El cdigo del Bushido, que imparta una fantica creencia en el honor y la ignominia de la derrota, en la fervorosa defensa del territorio patrio, les infunda energas excepcionales para continuar combatiendo. Sin embargo, hay historiadores que desmienten ese aserto. La flota japonesa estaba destruida as como su fuerza area. El emperador Hiroito estaba ya dispuesto a ordenar a su casta militar que depusiese las armas para evitar mayores destrucciones al imperio.

Otra razn que se aduce para la drstica medida es el temor a que la Unin Sovitica se lanzase sobre un Japn desfalleciente y ocupase una parte de las islas con lo que se hubiese producido una situacin similar a la de Corea, dividida en una parte adicta al comunismo tipo sovitico y otra al capitalismo estadounidense. Algunos polticos y militares eran partidarios de usar primero la bomba en un blanco absolutamente militar, para ahorrar vidas civiles. Sin embargo se decidi por la variante ms inhumana, ms mortfera.

La primera prueba exitosa se realiz el 10 de julio de 1945. Robert Oppenheimer, el director del proyecto Manhattan, que construy el artefacto atmico, estaba opuesto a su uso sobre la poblacin civil. Leo Szilard, uno de los fsicos destacados que intervinieron en el proceso, junto a otros 69 cientficos, suscribieron una peticin a Truman en la cual le solicitaban que no usara la bomba atmica antes de emitir una clara advertencia al gobierno japons sobre las condiciones que se ofreceran en la paz, qu sistema de vida les aguardaba, la promesa de respetar al emperador. Eso, estimaban, precipitara un acatamiento a su destino y terminara la guerra en un breve plazo. La posesin de esa fuerza extraordinaria de la fisin nuclear, estimaban Szilard y sus colegas, le dara a Estados Unidos una fuerza de tal magnitud que entraaba, a la vez, la obligacin moral de no usarla de manera irresponsable.

Truman saba perfectamente el infierno que estaba por desencadenar. Escribi en su diario: hemos descubierto la ms horrible bomba en la historia del mundo, provocar una destruccin similar a la profetizada en la Biblia en el valle del Eufrates despus de No y el arca. Hemos descubierto la manera de desintegrar el tomo en un experimento en el desierto de Nuevo Mxico. Sin embargo, el 25 de julio de 1945 Truman dio la orden de que se usase la bomba atmica sobre seres humanos.

Otra razn aducida para aqul acto terrorista es que haba que adelantarse a los soviticos en el empleo del poder atmico. En la Conferencia de Potsdam, en julio de 1945 Truman inform a Stalin de su posesin de la bomba y la reaccin del dictador ruso fue de absoluta indiferencia. Felicit a Truman y le dijo que deseaba que hicieran el mejor uso posible de ese armamento. Churchill, que estaba a pocos metros, observando atentamente la escena, tambin advirti la absoluta imperturbabilidad de Stalin. Pero el mariscal Zhukov escribi en sus memorias que esa noche Stalin coment el asunto con Molotov e imparti una directiva ordenando al cientfico Kurchatov y su equipo que aceleraran los trabajos de la fisin nuclear. O sea que Estados Unidos ignoraba completamente que en la Unin Sovitica se estuviesen realizando experimentos con el mismo fin. Ese no pudo haber sido uno de los mviles de la monstruosa agresin.

Existieron alternativas de negociacin y de intimidacin ms racionales, menos crueles, que la destruccin de dos ciudades civiles y la muerte de doscientas mil personas. Muchos cientficos y dirigentes polticos estadounidenses se sintieron responsabilizados con la arbitrariedad innecesaria, con el abuso de poder, con el enorme crimen moral que signific aqul atentado.

El verdadero mvil del acto terrorista fue establecer la supremaca militar de Estados Unidos en el perodo de tensiones con la Unin Sovitica y el campo socialista que todos saban sobrevendra tras el trmino de la guerra. El presidente Harry Truman quedar como uno de los grandes criminales de la historia por aquella masacre innecesaria.

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