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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2014

Pasin y negocios del ftbol

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Alainet


La indiferencia que era la gran pasin colectiva, ha sido desplazada por la pasin misma como un sentimiento de entusiasmo profundo por lo que se siente con toda intensidad. El llamado sujeto de mercado, se pone a prueba para consumir, olvidar, soar, entrar en xtasis. Esa pasin la produce el ftbol que segn los indicadores del rating la vive hoy en todos los espacios cotidianos uno de cada cuatro humanos del planeta. No hay tiempo para largas conversaciones, complejos discursos, argumentos extensos, tampoco para el aburrimiento o la soledad, la pasin es el tiempo mismo, la emocin plena del presente inmediato.

El ftbol, ese juego simple de reglas matemticas y sentido comn del siglo anterior, que permiti conocer pases olvidados y geopolticas excluidas de las Naciones Unidas, pero a la vez saber los humildes orgenes de jugadores criados en barriadas populares que los empresarios compraban para hacer dinero, ha muerto. Ese ftbol dej de existir, para dar paso al juego complejo, de empresarios que se enriquecen y pueblos enteros que viven la pasin o lo padecen. Hoy el ftbol es una mercanca, creada, calculada, una mezcla de capital trasnacional e identidades colectivas que producen ganancias, es una va del despojo por otros medios.

Africanos, europeos, asiticos, australianos y latinos, igualados por un instante, pintados o disfrazados no reparan en el color de la piel o el lenguaje. Los une la pasin, los separa la bandera a la que siguen. En el estadio ocurren cosas impensables en la poltica. Un pas escondido en el mapamundi como Ghana que hace sufrir a la invencible Alemania, que a la vez tiene bajo control a Grecia entera hipotecada por el Bundesbank y ahora es derrotada por Colombia. Costa Rica que saca del camino a Italia, el mismo da que el papa Francisco de Argentina excomulga a la mafia calabresa. Espaa la mejor de Europa destronada por Chile al tiempo que abdicaba el rey. La pequea Uruguay antiimperialista derrotando a la temible Inglaterra victoriosa en la guerra de las Malvinas.

Los estadios y las pantallas son por estos das un Vaticano, una Meca, un Wall Street, en sntesis un centro de pasiones y negocios donde se combinan jugadas que alegran a unos y enriquecen a otros. Los estadios son en s mismos una bienal de arquitectura, escenarios imponentes, con alta tecnologa, vigilados y controlados, a los que asisten entre 50 o 70 mil personas pagando cientos de dlares por una entrada. Son zonas de distensin real y simblica del poder en la que gracias a la masa sin forma se puede -como solo puede ocurrir all- expresar afectos y entusiasmo por Irn o Argelia, sin el temor a ser asesinados por drones o espas americanos. Los estadios adelantan tiempos, el de Manaos Arena Amazonia- es el primero construido en mitad de la selva ms espesa y rica del mundo, apetecida por financistas y mafiosos y por ambos a la vez. El ftbol los traer de vuelta a implantar bases y trasladar la muerte del desierto al verde amaznico, traen ftbol despus guerra.

Afuera de los estadios la poltica suma inconformidades con oportunismos. Las calles de Brasil muestran lecturas de la realidad: La del Partido de los Trabajadores que lleg al poder con Lula y tiene al pas como sexta potencia econmica del mundo y cuya presidenta podr ser reelegida en octubre; la socialdemocracia que quiere el poder y apa un no al mundial acusando cuantiosas inversiones que alientan movilizaciones con disturbios; los socialistas que apoyaron al PT que buscan ser gobierno pero no quieren disturbios, su consigna es si al mundial pero no a la FIFA. El gobierno del PT afirma que invirti en educacin 236 veces ms que en estadios y que esperan recibir ingresos por 8 veces ms de lo invertido. La mercanca ftbol la vende la FIFA convertida en un poderoso para-estado privado que cogobierna al mundo. Coca cola, McDonald y otras trasnacionales a su alcance, controlan el mercado informal que por necesidad haban creado los necesitados y que ellas consideraban despreciable y perseguan. En todo caso nada de este debate y enfrentamiento detiene la pasin ni el consumo.

Por fuera de Brasil, en miles de ciudades del mundo el ftbol llena plazas, como lo hace el Papa cada domingo para anunciar milagros y beatos. La pasin del ftbol tambin saca milagros de los pies de los jugadores, gente que dice alentarse, amores que se sellan o se rompen, soldados que desertan de sus filas, enfermos que caminan, maldiciones que se van. Las pantallas pblicas complacen a funcionarios de jornada continua, taxistas, vendedores informales, profesionales, desempleados, universitarios, colegiales, turistas, vagabundos y transentes de todas las nacionalidades. Por suerte o desgracia la mejor manera de pasar la vida para cientos de millones es dejarse llevar por la multitud alegre y ruidosa que grita, que delira. La pasin se prepar, se adecuaron lugares, bares, tiendas, calles, plazas, salas. Se acomodaron horarios, vestuarios, comidas. La pantalla traslada modos de vida, costumbres y necesidades de una clase social a otra al ritmo de una globalizacin que se muestra natural, seductora. Todo lo imaginable ocurre gracias a un juego de pelota que mueve pasiones para acumular millones.

Como en un mercado de bienes los jugadores tienen precios que suben y bajan en un parpadeo, en una patada. Messi lleg costando 137 millones de euros, Cristiano Ronaldo 105 y Neymar 87. En una hora ganan lo que cuesta un plan de sanidad para millones de enfermos o miles de becas para estudiantes universitarios. Los resultados hablan por pases y geopolticas, llevan supersticiones, producen afectos y rabias. Los racistas sufren los triunfos africanos, los homofbicos los besos y carios entre jugadores, los dueos sudan e infartan su jugador falla y la bolsa se deprime, los gobernantes preparan alocuciones, los generales revisan estrategias para eliminar a sus contrarios en cambio de vencerlos. La pasin por el ftbol mercanca exalta un patriotismo que se traduce en ganancias para los financistas. Los pobres del mundo se divierten, festejan y al ritmo de solidaridades y pasin aceleran la fluidez del mercado en todos sus flancos aunque haya que vender un poco de sangre, un rin o alquilar su cuarto para comprar un televisor. En Colombia para las mayoras la pasin es euforia, color, banderas, cantos, abrazos y gritos incontenibles. Otros pocos siguen la esttica mafiosa y camorrera de la patria dividida por el rgimen del odio, celebran con estridencia, a balazos y actuaciones de venganza e irrespeto contra el otro sea hincha o adversario, si el equipo gana celebran inclusive hasta matar o morir, si pierde tambin. Comentaristas irresponsables exaltan a esta especie vengativa con: somos verracos, nicos, invencibles, matadores, machos, los que no se humillan ni perdonan, los asesinos del baln Viene ahora la pasin por la paz, la que no es mercanca ni negocio, trae con pueblo pero no trae milagros, odios, ni comentaristas.

Fuente: http://www.alainet.org/active/74844



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