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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2014

La ruta de los de abajo
Re-ocupar el chavismo

Emiliano Tern Mantovani
Rebelin


Para m volver a ser comunista significa aceptar esta vocacin vanguardista de la poltica. La apuesta es, obviamente, similar a la de la vanguardia artstica: negarse a hacer poltica como si estuviramos en una situacin normal y, por el contrario, aceptar que no existe tal situacin normal.

Gianni Vattimo

En 3 vueltas, nos dimos cuenta de que ya haba una generacin que poda mirarnos de frente, que poda escucharnos y hablarnos sin esperar gua o liderazgo, ni pretender sumisin ni seguimiento. Marcos, el personaje, ya no era necesario. La nueva etapa en la lucha zapatista estaba lista .

Subcomandante Insurgente Marcos, mayo 2014

Nosotros, quienes no seremos contenidos, somos el sustrato volcnico sobre el cual todo el edificio del poder es tan ficticiamente construido [] Comunizar es el movimiento de la crisis [] Comunicemos, donde sea que estemos, ahora

John Holloway



La compleja y enredada situacin que se vive actualmente en Venezuela, sobre todo desde el recrudecimiento de la guerra econmica en el pas a partir del inicio del gobierno del presidente Nicols Maduro, ha provocado un intenso debate sobre qu hacer para destrabar esta coyuntura, e intentar al menos evitar una situacin de franco retroceso en las transformaciones de alcance popular, y/o un escenario de caos sistmico nacional. En estos ltimos das, el debate ha aumentado vertiginosamente su magnitud, principalmente a partir del artculo de Temir Porras y la carta de Jorge Giordani.

Generalmente la matriz dominante de estas discusiones se ha centrado en analizar cul es el rumbo estratgico que debe tomar el Gobierno Nacional, la direccin idnea que deberan tener sus polticas, lo cual es pensado primordialmente desde la lgica de masas de los partidos polticos, o desde la visin de la macroeconmica y el ideal del desarrollo. Estos debates son trascendentales para el futuro del proyecto nacional-popular todava en curso, e incluso de todo el pas. Sin embargo, hay una cartografa poltica marginada en estas discusiones, que en cambio es constitutiva de ese proceso que hemos llamado la Revolucin Bolivariana. Esa cartografa donde un nosotros auto-referenciado, el nosotros de la superficie, de los de abajo, se convoca a s mismo para construir su propia narrativa, en la cual ya no slo se piensa en cmo somos representados, sino principalmente cmo nos producimos, cmo territorializamos la revolucin, cmo nos nombramos desde la materialidad de una comunidad popular y contrahegemnica que somos.

La notable asimetra que existe en los debates entre esta matriz dominante que mencionamos y las narrativas populares autnoma y auto-referenciada, no slo reproduce una visin sesgada acerca de lo que entendemos como chavismo, sino que lleva a pensar la crisis actual y sus salidas, en clave estatista o capitalocntrica, esto es, a la dificultad en el movimiento popular para imaginar y construir, desde ahora, su proyecto emancipatorio y de resistencia, independientemente del futuro del Gobierno Nacional, sin que esto implique de ninguna manera dar la espalda a las dinmicas de la Alta Poltica. A estas alturas, la muy delicada coyuntura mundial, y la situacin nacional, con el imperialismo (en sus variadas formas) respirndonos en la nuca, parece decirnos, cada vez con ms fuerza, que no hay otra alternativa para las organizaciones populares que comunizar.


La agudizacin de la crisis civilizatoria y el movimiento popular: enfrentar tiempos difciles

Estamos en medio de un proceso histrico que es necesario entender como una progresiva desestructuracin del mundo tal y como lo conocemos, con determinantes reconfiguraciones de la hegemona geopoltica en el sistema capitalista, y el desbordamiento de los lmites de sostenibilidad del mismo. Es manifiesta la preocupacin global por el impresionante despliegue de diversas formas de violencia y guerras a lo largo y ancho del planeta: el frentico y escalofriante avance del grupo insurgente radical ISIS en grandes reas del oeste y norte de Irak, evidencia de la consolidacin de articulaciones transfronterizas en Medio Oriente en torno a este tipo de grupos, que a juicio de la comisin de juristas de ONU encargada de crmenes perpetrados en Siria, nos coloca al borde de una guerra regional1, con diversas consecuencias de escala global. A esto hay que sumarle el muy delicado conflicto geopoltico en torno a Ucrania; los ataques del Boko Haram en Nigeria, expresin de un tipo de disputas territoriales en frica; o las recientes estrategias contrainsurgentes en Venezuela (desde el 12-F 2014), que muestran la existencia de una agenda ultraconservadora para detener las corrientes nacionalistas y soberanas en la regin.

La globalizacin de las protestas populares en todos los rincones del mundo, se ha visto acompaada de la emergencia de una globalizacin del fascismo. Todas estas, son expresiones de una guerra mundial permanente por los recursos, la cual se va recrudeciendo ante las crecientes dificultades para la captacin de capital por las vas formales, siendo que uno de sus objetivos centrales es el control del territorio. El modelo de acumulacin de capital en el siglo XXI va tomando la forma de un capitalismo delincuencial, como lo ha planteado Ana Esther Cecea.

Por otro lado, la situacin econmica global es muy frgil y altamente vulnerable: capitales centrales se retiran de las economas emergentes, temores en las bolsas de valores, riesgos de default en regiones y/o pases del mundo, guerra de divisas, retiro progresivo de los programas de estmulo de la FED en EEUU, factores todos que generan incertidumbre sobre un recrudecimiento de la crisis desatada desde 2008, y que tendr repercusiones sobre la vida de miles de millones de personas. El batido de las alas de una mariposa en Shangai, impacta la dinmica sociopoltica en los barrios de Caracas. Como lo afirma el economista Daniel Munevar, pases de Amrica Latina como Argentina, Brasil o Venezuela, con mayores dficits externos y apreciacin de sus monedas, son aquellos que en una fase descendente del ciclo econmico, se encuentran en una posicin de mayor vulnerabilidad2. La profundizacin de la lgica del capitalismo rentstico venezolano en la ltima dcada, y por consiguiente de sus males endmicos, hacen ms visible la insostenibilidad del modelo, a lo sumo en el mediano plazo, y ensanchan las grietas que pueden abrir el camino al colapso del Petroestado nacional.

Es probable pues, que se aproximen tiempos difciles, por lo que las visiones y prcticas de movimientos sociales y organizaciones populares sern determinantes. En la medida en que la crisis global se vaya intensificando, los Estados sern cada vez ms incapaces para cumplir con las exigencias materiales de sus ciudadanos. Esto aplica con ms fuerza para economas en extremo vulnerables como la venezolana. El momento histrico en el que nos encontramos exige una nueva disposicin poltica de las subjetividades contrahegemnicas: una nueva conciencia colectiva de la significacin de la crisis global, y de que el proceso venezolano se encuentra en una mutacin que probablemente transforme las condiciones que habamos venido viendo en los ltimos 15 aos en el pas, lo que atraviesa y atravesar en el futuro todas nuestras prcticas sociales, culturales y polticas. Y sobre todo, una conciencia de que es probable que la guerra globalizada, como rgimen totalizante, haya llegado para quedarse, para tratar de ser infinita y e intentar regir nuestras cotidianidades. Comunizar y comunizar parece ser la alternativa constitutiva para contrarrestar este proyecto distpico mundial. La pregunta que surge es, cules son las subjetividades potenciales para hacerlo en Venezuela?


Disputar el sentido, disputar la palabra: qu es el chavismo?

Comunizar, el proyecto constitutivo autnomo y auto-referenciado desde el nosotros los de abajo, para realizar la alternativa a la crisis capitalista y resistir a los flagelos de la guerra, requiere reconocer que la subjetividad contrahegemnica ms potente y masiva de la historia del capitalismo rentstico venezolano es el chavismo. Pero al mismo tiempo, es necesario hacer emerger de ste, esa cartografa poltica marginada que representa nada menos que su fuerza originaria, su potencia constitutiva, y que en cambio ha sido ocultada o cooptada por un entramado de carcter corporativo.

Para ello debemos preguntarnos, cundo nace el chavismo? El chavismo como comunidad nace en primera instancia, y sin saberlo, en el encuentro y articulacin de rabias e indignaciones que se dio en las calles de Caracas y otras ciudades del pas, a partir del 27 de febrero de 1989, congregados en su rebelin por los efectos de las polticas neoliberales. Su proceso originario se expresa en la ocupacin3 de lo histricamente negado, en el avance, en la (re)apropiacin. Este encuentro bestial y justiciero de los explotados y explotadas del capitalismo rentstico en los espacios pblicos, recrea y produce un imaginario social en el cual se hace evidente la potencia biopoltica del marginado social, del habitante del barrio, que comienza a reconocer su fuerza de enjambre. La esencia popular del chavismo es constitutivamente contrahegemnica, es ontolgicamente movible, expansiva y niveladora.

El 4 de febrero de 1992, Chvez da continuidad a esta premisa ontolgica popular de ocupar, avanzar y (re)apropiar, intentando tomar Miraflores. Su fracaso militar no se compara con el poderoso efecto unificador, orientador y definidor que produce su por ahora, el cual traduce todos los mltiples lenguajes de la indignacin popular en un gran Ya Basta! ‒2 aos antes de la declaracin zapatista de la selva Lacandona‒. Pero se trata en sus inicios de una simbologa sin narrativa. De ah que el chavismo, tal y como lo conocemos en la actualidad, comienza a ser creado y dotado de sentido por el pueblo indignado en las calles, barrios y campos de Venezuela desde 1992, antes que por el propio Chvez.

El documental de Liliane Blaser 1992-1993. La rebelin popular (crnica de un pueblo en la calle), es revelador al respecto, pues muestra cmo el pueblo continu sus luchas de calle despus 4-F, ahora inspirado por la gesta de Chvez, mientras iba construyendo una narrativa, una simbologa que se apropiaba de la imagen del lder militar, unido a una reivindicacin nacionalista. El viva Chvez! ya se constitua en esos aos como un grito reivindicador que surga de las entraas del pueblo; se podan ver nios disfrazados en los carnavales con sus trajes militares y boinas rojas. En la narrativa originaria del chavismo, Chvez fue en primera instancia una creacin popular.

Con el pasar de los aos, el movimiento se va ampliando y haciendo ms complejo, y va girando de manera creciente en torno al liderazgo de Chvez. Su llegada a la presidencia de la Repblica en 1999, va a producir una crucial resignificacin del chavismo, de la cual destacan cinco elementos fundamentales:

  1. el movimiento se repotencia exponencialmente cuando la premisa ontolgica popular de ocupar, avanzar y (re)apropiar, se convierte en gobierno. El discurso de Chvez es un terremoto que sacude valores, sentidos sociales, jerarquas, formas de interpretacin de la realidad, colonialidades. Pero se trata tambin de una apropiacin y una sntesis de toda la produccin simblica antineoliberal y anti-Pacto de Punto Fijo que se vena tejiendo desde las bases de los movimientos populares. El chavismo as, da un salto cualitativo, se masifica, cobra ms forma, estructura ms redes de articulacin, sobre la base de una premisa poltica: el urgente cambio social;

  2. el chavismo se va articulando progresivamente con tramas corporativas, que se van haciendo ms amplias. En este complejo perodo, se va produciendo una paulatina articulacin del movimiento popular en torno a procesos de institucionalizacin;

  3. el chavismo pasa a ser poder constituido y Chvez presidente de la Repblica. Se abre para este movimiento una condicin de dualidad: ser poder y contrapoder al mismo tiempo;

  4. a pesar de la complejizacin, paradojas y estratificacin de este nuevo chavismo que se hace gobierno, son primordialmente las fuerzas vivas originarias del movimiento, impulsadas por su voluntad de apropiacin, las que salvan el proyecto ante la guerra declarada de los sectores conservadores de la sociedad venezolana y el imperialismo norteamericano. Los motorizados/enjambre popular contribuyen con su accionar del 12 y 13 de abril de 2002 a restituir al presidente, de la misma forma en que operaron en la sublevacin social del 27-F de 1989, mostrando una disposicin poltica que preexista a la aparicin de Chvez4. La resistencia popular en el Paro Petrolero (2002-2003) fue probablemente la mayor expresin de la potencia biopoltica de la Revolucin Bolivariana, evidenciando que este proceso de transformaciones sociales es dependiente en primera instancia de las fuerzas originarias del chavismo;

  5. a partir de 2006-2007, la expansin de las tramas corporativas que componen al Petroestado, terminan de ocupar el chavismo, desplazando progresivamente sus potencialidades salvajes, ralentizando su movimiento de (re)apropiacin.


El chavismo es en efecto, un significante vaco en el cual convergen una gran diversidad de corrientes, de identidades, de fuerzas, de sentires, que se hacen equivalentes en las premisas de un proyecto nacional. Es una comunidad poltica, y lo que no es menos importante, es una comunidad afectiva, que lleg a tener en su punto ms alto hasta un 74% de respaldo popular y a casi la mitad de la poblacin autodefinida como chavista5. Y adems, conforma una identidad que tiene sobre s una densa historia de lucha, la cual representa el sustrato material que la sostiene.

Sin embargo, dado que el chavismo es un poderoso instrumento poltico, esta comunidad se encuentra en disputa. Las fuerzas originarias, contrahegemnicas, productivas, el nosotros los de abajo, representan el capital poltico del chavismo corporativo. Esta potencia popular es nombrada con el mismo significante que su alteridad conservadora y regresiva. En las equivalencias del movimiento hay una incongruencia de fondo, determinada por la sntesis de dos proyectos polticos divergentes: uno corporativo, y otro diverso, territorializado y nivelador. El presidente Chvez ha desaparecido fsicamente, dejando abierta, ms que nunca, la pregunta sobre qu es el chavismo sin l, y sobre todo, qu es capaz de hacer ese gran colectivo popular, valindose ahora de s mismo.


Comunizar y re-ocupar el chavismo: el tiempo de germinar la Revolucin Bolivariana 2.0

Comunizar, donde sea que estemos, ahora, es el proyecto constitutivo de la crisis del sistema-mundo y del capitalismo rentstico venezolano. El fin de la existencia del Subcomandante Insurgente Marcos en el movimiento zapatista, nos hace preguntarnos: cundo el presidente Chvez iba a dejar de ser necesario? Despus de 15 aos de este proceso de transformaciones, cundo es el momento justo para que ese nosotros, esa comunidad poltico-afectiva que somos, comience una fase de germinacin, produccin y florecimiento de procesos autonmicos, de un proyecto auto-referenciado y territorializado? Cundo es el momento para romper el cordn umbilical y convertir a la Revolucin Bolivariana en un proceso constitutivo de soberana popular-territorial?

Creemos que es fundamental, en estos tiempos de debate y crisis, hacer un inventario de transformaciones, generar y promover encuentros de nosotros en los cuales se propongan y trabajen agendas comuneras de la crisis. Planteamos 3 lneas fundamentales para su discusin:


La crisis generalizada apunta a que esa re-ocupacin del chavismo debe orientarse, necesariamente, hacia una identidad afirmativa de autovaloracin productiva. La imperiosa tarea de comunizar nos remite al comunero y la comunera como la subjetividad que emerge de la crisis, ese prosumidor que no solo resiste a la exclusin y el despojo del capital, sino que lleva contenido en su identidad un proyecto poltico constituyente. 25 aos del chavismo originario, lo ha llevado a la necesidad histrica de redefinirse en el comunizar.


En una agenda comunera de la crisis, es fundamental revisar cmo nuestro accionar poltico-productivo est constituyendo comunidad en estos momentos ‒el espritu de la comuna es ms importante que la comuna misma, deca el presidente Chvez‒. Posiblemente una clave para tejer comunidad es el vnculo del territorio, el trabajo y el acceso a los bienes comunes, por lo que esta labor requiere la configuracin de nuevas territorialidades, abrir y ganar espacios, liberarlos y autonomizarlos; defender y promover lo comn; recuperar la fuerza constitutiva del chavismo originario: ocupar, avanzar y (re)apropiar.

El capitalismo rentstico se reproduce tambin en nuestra territorialidad cotidiana. Sembremos y propaguemos pues, las semillas del comunizar en su seno, y transmutemos sus lgicas en el lugar, haciendo florecer lo comn para ir desplazando sus estructuras de dominacin en el territorio. Y articulemos esos comunes, celebrando la diversidad, creando tambin comunidades no-territoriales, colectivos de inters o comunidades virtuales.


La construccin de nuestra propia narrativa, de nuestros tejidos comunitarios y nuestras territorializaciones, requieren pues de un referente material y socioproductivo, de manera tal de contar con una base orgnica para los procesos de transformacin poltica hacia la autogestin, para producir mecanismos de resistencia ante la crisis, al mismo tiempo que, si la economa produce sociedad, como lo propone Jose Luis Coraggio6, podamos, en la reproduccin de otros metabolismos econmicos, producir la otra sociedad que queremos.

En cada espacio colectivo podemos preguntarnos, qu tipo de necesidades quedan insatisfechas en nuestra comunidad? Cul es su fortaleza en trminos de produccin de riqueza? Qu bienes comunes tenemos disponibles o no se usan? Cmo se distribuyen? Qu tipo de redes de intercambio existen?

Las ciudades, donde vive casi el 90% de nuestra poblacin, requieren estrategias populares urgentes para enfrentar los desafos futuros. Podemos hablar con franqueza de la imperiosa necesidad de sembrar masivamente en la ciudad, de campesinizarla, lo cual creemos debe ser bandera de los movimientos sociales. Existen varias iniciativas que estn floreciendo en una ciudad como Caracas, como redes de conuqueros, sistemas de intercambio solidario y trueques, encuentro de saberes ancestrales, campesinos y populares.

Queda claro que los aspectos de la macro-economa y la poltica de masas de los partidos son mbitos vitales para la sociedad venezolana. Pero que no quepa la menor duda que es en el hacer comn, en la territorializacin popular, donde est la posibilidad no slo de resistir la agudizacin de la crisis global y la propia insostenibilidad del capitalismo rentstico venezolano, sino de producir ese otro sistema que queremos, de comunizar para la vida.



* Emiliano Teran Mantovani es socilogo e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rmulo Gallegos - CELARG


Fuentes consultadas

- DAVIES,Vanessa. Entrevista con Luis Vicente Len. Correo del Orinoco. Domingo 22 de junio de 2014.

- HINTZE, Susana. La poltica es un arma cargada de futuro: economa social y solidaria en Brasil y Venezuela. 1a ed.-Buenos Aires. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales CLACSO, 2010.

- ITURRIZA, Reinaldo. 27 de febrero de 1989: interpretaciones y estrategias. Fundacin Editorial El perro y la rana. Caracas, 2012.

- MUNEVAR, Daniel. Inestabilidad en los mercados emergentes: El fin de un ciclo? (Parte II). CADTM. 6 de abril de 2014. Disponible en: http://cadtm.org/Inestabilidad-en-los-mercados,10117. Consultado: [22-04-2014].

- OCHOA Antich, Enrique. Los golpes de febrero. Fuentes Editores. Caracas, 1992.

- RTVE. Oriente Medio est al borde de una guerra regional, segn la comisin de la ONU para Siria.17 de junio de 2014. Disponible en: http://www.rtve.es/noticias/20140617/oriente-medio-esta-borde-guerra-regional-segun-comision-onu-para-siria/956900.shtml. Consultado: [23-06-2014].

1 Cfr. RTVE. Oriente Medio est al borde de una guerra regional, segn la comisin de la ONU para Siria.

2 Cfr. MUNEVAR, Daniel. Inestabilidad en los mercados emergentes: El fin de un ciclo? (Parte II).

3 Cfr. ITURRIZA, Reinaldo. 27 de febrero de 1989: interpretaciones y estrategias. p.81

4 En el conocido texto de Enrique Ochoa Antich, Los golpes de febrero (1992), se describe el accionar de los motorizados de Caracas en la revuelta del 27-F, que se asemeja notablemente con lo realizado por estos grupos el 12 y 13 de abril de 2002, para contrarrestar el golpe de Estado en curso: Recuerdo cmo los motorizados de Caracas se convirtieron en un eficientsimo sistema de comunicacin entre los sublevados: pude verlos de un lado a otro de la ciudad, como veloces animales de metal, arengando al pueblo, provocando la insurreccin, llevando y trayendo noticias de lo que estaba ocurriendo, otorgndole as coherencia y sincronizacin a la rebelin: los pobres parecan inventar por s mismos improvisados instrumentos de lucha. OCHOA Antich, Enrique. Los golpes de febrero. p.28.

5 Cfr. DAVIES, Vanessa. Entrevista con Luis Vicente Len. pp.6-7

6 En: HINTZE, Susana. La poltica es un arma cargada de futuro: economa social y solidaria en Brasil y Venezuela. p.33

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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