Portada :: Espaa :: Monarqua frente a Repblica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2014

Repblica
Del grano y de la paja

Vicente Serrano
Rebelin


A los republicanos espaoles la abdicacin de Juan Carlos nos pill con el pie cambiado. El anlisis debe iniciarse el pasado 14 de abril en una Plaza de Sant Jaume de Barcelona casi vaca, donde menos de trescientas personas celebramos el aniversario de la proclamacin de la II Repblica Espaola y reivindicamos la instauracin de la Tercera. Lidia Falcn lamentaba cun pocos que ramos y se preguntaba dnde estaba la izquierda, dnde los grupos feministas, dnde los sindicatos. No entenda la desidia ciudadana. Yo tampoco.

En la vspera, domingo 13 de abril, acud a la manifestacin republicana que cada ao se celebra por la maana en mi distrito de Nou Barris. Haba tantas banderas estelades (secesionistas) como republicanas. A algunos nos molest pero los convocantes resolvieron por alabar la convivencia, la unidad de los que luchan contra el poder establecido, en una interpretacin errnea del principio maosta de que el enemigo de tu enemigo es tu amigo.

Considerar al nacionalismo, el secesionismo, como un proyecto compatible con la lucha por la Repblica, con las luchas sociales, y abogar por integrarlo en la lucha contra el capitalismo, la aceptacin pasiva del relato anacrnico (y, por ende, falaz) del nacionalismo es uno de los mayores errores de las izquierdas espaolas de los ltimos 50 aos.

Lo cierto es que el nacionalismo, en tanto que proyecto uniformador, cala, se embebe, se incrusta en toda suerte de organizaciones y movimientos de derechas o de izquierdas imponiendo su discurso transversal y anulando, relegando o mediatizando su objetivo inicial (el de las citadas organizaciones) en pos de la construccin nacional en coincidencia con los postulados conservadores de la mediana y pequea burguesa catalana desde finales del siglo XIX.

Se puede argir que existe un nacionalismo de izquierdas basado en la liberacin de pueblos colonizados. Nadie discute aqu el derecho de autodeterminacin del pueblo saharaui o del pueblo palestino. Hablar de colonias refirindose a Catalua o Pas Vasco, principales feudos del nacionalismo ms insolidario y enconado, es un insulto a la inteligencia.

Paco Frutos, en una conferencia organizada por Alternativa Ciudadana Progresista el 27 de noviembre del ao pasado, alertaba: "el nacionalismo es una vuelta al feudalismo con AVE y una cortina de humo de la derecha para frenar las reivindicaciones sociales" y aadi que "el franquismo sociolgico de la Catalua de principios de los aos setenta se ha pasado al independentismo sociolgico por seguidsimo acrtico del poder".

Esa visin crtica de Frutos no es ajena a su exilio en Madrid tras las derivas y rupturas del PSUC que llevaron a la izquierda catalana a caer en brazos del nacionalismo, dando un marchamo de justa rebelda a una ideologa reaccionaria que claramente no lo merece. De ah a considerar que toda izquierda que se precie ha de estar por la falacia del derecho a decidir solo distaba un paso. Hoy est la CUP con un programa en apariencia muy radical de izquierdas pero circunscrito a Catalua y a su secesin (programa plagado de elementos etnoidentitarios y con el blablabla de la solidaridad con el resto de pueblos del estado espaol ya convertido en pas vecino y objeto de su caridad); est Procs Constituent que se interesa por un proceso constituyente solo para Catalua (Espaa no es su problema); la direccin de Podemos, con ese discurso de ambigedad calculada de que los catalanes sern lo que ellos quieran sin vislumbrar que la casta que critica sera la gran beneficiaria de la posible secesin; y el nuevo proyecto que encabeza Ada Colau donde se reclama el derecho a decidir, aqu y ahora, cmo ha de ser la Barcelona que necesitamos y deseamos (veremos el rumbo que toma a la vista de que muchos de los interesados se sitan en un concepto de derecho a decidir identitario).

Queremos una repblica, pero... Qu repblica? Esto me preguntaba el pasado 21 de abril de 2013 en mi artculo Un smbolo de la izquierda publicado en La Voz de Barcelona. Ya es hora que empecemos a definir qu Repblica.

Lo primero ser definir el demos, el marco, y ah no podemos coincidir con los independentistas. Nuestro marco es el pueblo, el pueblo trabajador, el pueblo trabajador espaol. Aceptar un marco menor es dividir a la clase obrera y supondr un mayor endurecimiento de sus condiciones de vida, a un lado y a otro de esa nueva e indeseable frontera.

Esto se aade a que el supuesto demos soado por los secesionistas es de naturaleza tnica, con la eterna y reaccionaria pretensin de la derecha de dar a la comunidad cultural de la parte ms favorecida de la poblacin el derecho a convertirse en comunidad poltica hegemonica. Catalua es un territorio donde la pluralidad (pervivencia de diferentes comunidades culturales) es una realidad contrastable y el nacionalismo con su corolario de exclusin de aquellos que no comparten su marco identitario, que en el colmo de las contradicciones, corresponde a las clases populares que no encajan en el modelo de sociedad que proponen. Si como izquierdista pienso que la lucha de clases es internacional, s que esta se desarrolla en los actuales estados-nacin consolidados tras las revoluciones burguesas, con una extensin de la misma a otros marcos internacionales como es la UE, las relaciones norte-sur y la injusta distribucin de la riqueza a nivel mundial en el marco de una globalizacin econmica que aprovecha la actual crisis para un mayor expolio de las clases desposedas y el enriquecimiento enloquecido de las grandes multinacionales y de las grandes fortunas.

El segundo aspecto a precisar ser saber si nicamente queremos cambiar la forma de la jefatura del Estado y cmo. Lo que deslegitima la monarqua para un republicano no es la corrupcin; eso deslegitima a quien la practica sea Jefe del Estado, diputado, ministro, empresario o simple ciudadano. La monarqua ni siquiera es aceptable en el caso de una honestidad sin tacha del receptor del supuesto derecho porque no existen tales derechos (privilegios) de sangre. Esta es la clave.

Ahora bien, el republicanismo no puede quedarse en el simple cambio en la forma de designar el Jefe del Estado. Es preciso eliminar los derechos de sangre en todos los mbitos de la sociedad en que esos derechos implican generacin de desigualdad y privilegio. Por qu los miembros de la Casa de Alba tienen derecho a heredar unas tierras que nunca han trabajado? Por qu los hijos de Botn pueden recibir fortunas que no ha generado con su esfuerzo personal? Qu tienen los Millet, los Montul, los Mas o los Pujol diferente del resto de ciudadanos para estar siempre en los puestos pblicos que garanticen el constante incremento de sus posesiones? Por qu los gobiernos autonmicos se han dado tanta prisa en eliminar una de las herramientas ms importantes para la redistribucin de la riqueza como es el, aunque tmido, impuesto de sucesiones?.

Aunque la actual Constitucin espaola, en su artculo 33.2, advierte de la necesaria delimitacin de los derechos de propiedad privada y de herencia a su funcin social, los sucesivos gobiernos y, sobre todo, sus parlamentos (supuestos representantes del pueblo) apenas se han preocupado por desarrollar las leyes necesarias para establecer esas funciones sociales. Tampoco parece que lo hayan hecho en el desarrollo de los derechos constitucionales al trabajo y la vivienda, ascendindolos de meros derechos declarativos a derechos efectivos que de buen seguro habran evitado la terrible situacin de paro y los innumerables desahucios que se continan produciendo en Espaa.

Este es el camino de la III Repblica Espaola: la construccin de una nacin (poltica) de ciudadanos libres e iguales. Donde la democracia no se convierta en un instrumento al servicio de la partitocracia, central o autonmica, sino en una forma de participacin social en la toma de decisiones polticas, sociales y econmicas. La economa debe estar sometida al sistema democrtico como medio de asegurar la igualdad de los ciudadanos. No al capricho de un supuesto mercado que no responde ms que ante los dueos del capital, estn en Barcelona, Madrid, Berln, Mosc o Hong Kong.

Volviendo a los hechos tras la abdicacin, cualquier observador que se precie habr notado que las manifestaciones reclamando la Repblica en Barcelona han mostrado dos tipos de puesta en escena muy distintas. En unas haba una mezcla de banderas republicanas y esteladas. Su apoteosis se dio el pasado domingo 22 de junio, donde el nacionalismo de izquierdas (evidente oxmoron) apost por una Repblica Catalana. En ella qued patente que muchos no le dimos apoyo, por lo cual la presencia de la bandera republicana (espaola) fue inexistente.

La baja participacin demuestra la falacia de la pretendida hegemona izquierdista del proceso secesionista. Corresponde dicha hegemona a la casta detentora del poder poltico y econmico en Catalua, representada por las famosas 300 familias.

Por otro lado hubo dos manifestaciones realizadas en Plaza Sant Jaume en la que la bandera republicana fue prcticamente nica, el sbado 7 y el jueves 19 de junio, coincidiendo con la proclamacin del nuevo Rey; esta ltima convocada por la Coordinadora Republicana 14 de abril.

Ciertamente la baja participacin muestra a las claras la falta de trabajo del republicanismo de izquierdas, y su necesario rearme ideolgico y social. Hoy, ms que nunca, la izquierda necesita marcar distancias con el secesionismo, el cual utiliza cualquier situacin para imponer su axioma secesionista, donde el sedicente derecho a decidir no es sino una coartada pseudo-democrtica para un fin insolidario del que se beneficiara, en todo caso, la casta nacionalista o, parafraseando a Vicen Navarro, el establishment catalanista radicado en Barcelona.

 

Vicente Serrano es activista poltico, comenz a trabajar a los 14 aos y hoy est afectado por un ERE, es Tcnico de Recursos Humanos y Organizacin. Ha sido delegado sindical y militado en diferentes organizaciones polticas. Actualmente es miembro de la junta directiva de la asociacin Alternativa Ciudadana Progresista, participa en Frente Cvico de Catalua y recientemente en el Crculo Podemos de Nou Barris (Barcelona).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter