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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2014

El Mercurio provoc genocidio mapuche

Felipe Portales
Punto Final


Durante algunas dcadas, luego de la Independencia, el Estado chileno desarroll una poltica de bsqueda de integracin paulatina y pacfica de los mapuches a la sociedad nacional. Esto fue pensado fundamentalmente a travs de la creacin de escuelas de misioneros -las que fueron aceptadas de muy buen modo por aquellos-, y del establecimiento de funcionarios de enlace de las autoridades gubernamentales con las mapuches. En congruencia con lo anterior, se desarroll una visin muy positiva de los mapuches por parte de los sectores ilustrados chilenos. As tenemos expresiones como las de Vicente Prez Rosales, que deca en la dcada de 1850 que los araucanos no forman ya esa masa compacta y belicosa que era movida por el amor a la patria y el odio contra los espaoles y en su lugar se puede apreciar un pueblo de agricultores que ha dejado atrs el pastoreo para vivir de un modo estable en casas construidas de madera. Cultivan trigos, papas y maz y algunas plantas tiles a la economa domstica; trabajan con mucha destreza riendas y lazos, no rehsan la instruccin, acogen con solicitud a los herreros y envan a sus hijos a las escuelas de los misioneros () En suma, son hombres laboriosos y tranquilos (Jorge Pinto. De la inclusin a la exclusin. La formacin del Estado, la nacin y el pueblo mapuche . U. de Santiago, 2000; p. 64).

A su vez, Jos Victorino Lastarria sealaba en 1846 que el carcter del araucano era el carcter del pueblo chileno, moldeado tambin por la influencia espaola y que en La Araucana haba varias reducciones de chilenos naturales, que sin mezclarse con la poblacin espaola, mantenan como en depsito sagrado los recuerdos y parte de las costumbres de sus antecesores (Pinto; pp. 64-65). E Ignacio Domeyko, luego de varios viajes a La Araucana, defina el carcter de los indios como afable, honrado, susceptible de las ms nobles virtudes, hospitalario, amigo de la quietud y del orden, amante de su patria y por consiguiente de la independencia de sus hogares, circunspecto, serio, enrgico: parece nacido para ser buen ciudadano. Y su conclusin, que fue trgicamente desoda una generacin ms tarde, era que los hombres de este temple no se convencen con las armas: con ellas slo se exterminan o se envilecen. En ambos casos la reduccin sera un crimen cometido a costa de la ms preciosa sangre chilena (Domeyko. Araucana y sus habitantes . Edit. Francisco de Aguirre, Santiago, 1977 (1 Edicin de 1845); p. 112).

Incluso, un enviado especial del gobierno para evaluar las polticas seguidas al respecto (visitador judicial de la Repblica) de la talla de Antonio Varas, sealaba en su informe a la Cmara de Diputados de 1849, respecto de los mapuches, que someterlos a una autoridad que siempre han mirado como extraa era despojarlos de la independencia que tanto estiman y excitarlos a mirar como odioso el camino para atraerlos al bien y que emplear la violencia sera proponer una verdadera conquista, que despertar la altivez guerrera del araucano, har el triunfo difcil y provocar una situacin alarmante para las provincias del sur, mucho ms de lo que a primera vista podra imaginarse, sin considerar la carga de injusticia que encerraba una decisin de ese tipo, por lo que habra que desarrollar un rgimen basado en lo que ya existe (Pinto; p. 62). Y al ao siguiente, en su mensaje anual al Congreso, el presidente Manuel Bulnes conclua que los indios vivan ya bajo las leyes chilenas, atrados por medios pacficos (Pinto; p. 63).

 

FACTORES DEL CAMBIO

Qu explica que poco tiempo despus se cambiara esta poltica en 180 grados? Lo primero que hay que tener en cuenta es el condicionante econmico. Chile se convirti a mediados del siglo XIX en un gran exportador de trigo, aumentando de 100 mil quintales en 1850 a 600 mil como promedio en la dcada de 1860 y a ms de un milln en los 70. Esto mismo condujo a un gigantesco aumento en el valor de la tierra. As, en el valle del Maipo el precio de la hectrea subi de 8 pesos en 1820, a 100 pesos en 1840 y a ms de 300 en 1860 (Ver Jos Bengoa. Historia del pueblo mapuche. Siglos XIX y XX . Edic. Sur, 1985; p. 156). Lo anterior estimul fuertemente la colonizacin de Valdivia a Puerto Montt y, luego, que los sectores ms ambiciosos de la oligarqua codiciaran las grandes extensiones de tierras posedas por los mapuches.

Tambin hubo factores polticos relevantes que condicionaron un cambio de actitud. De partida, la divisin fctica del pas en dos, provocada por el territorio virtualmente autnomo de La Araucana. Factor que explica tambin porqu la mayora de los mapuches se alinearon con los espaoles en la guerra de la Independencia. Con los espaoles los mapuches disfrutaban de una autonoma consolidada y comprendan que para un inmenso imperio como el espaol dicha autonoma no representaba ninguna amenaza geopoltica. En cambio, con un Chile independiente, partido en dos, todo se volvera incierto y peligroso

Otros factores polticos, en mayor o menor medida relacionados con el anterior, fueron la conflictiva delimitacin fronteriza con Argentina (recordemos que la violenta sujecin de los mapuches allende los Andes fue coetnea con la chilena); el alineamiento de los mapuches con el bando rebelde en las guerras civiles de 1851 y 1859; y la proclamacin del francs Aurelie de Tounens como Rey de la Araucana, la que pudo haber contado con cierto respaldo del gobierno de Napolen III (Ver, en este sentido, a Bengoa, p. 186-9 y Abdn Cifuentes, Memorias , Tomo I; Edit. Nascimento, 1936; pp. 104-5).

 

EL MERCURIO ENTRA EN ESCENA

Pero sin duda que todo lo anterior requera de un cambio de la mentalidad benvola con los mapuches que la oligarqua chilena haba desarrollado en la primera mitad del siglo. Y en esto jug un papel clave El Mercurio de Valparaso, que desarroll una campaa de aos de satanizacin del pueblo mapuche con la finalidad de legitimar el genocidio.

As, ya el 30 de enero de 1856 se planteaba en ese diario que el gobierno deba constituirse en el verdadero poseedor de Arauco, la parte ms bella de nuestro territorio, habitada por hordas salvajes (Pinto; p. 131). El 5 de julio de 1858 se sealaba que no se trata slo de la adquisicin de algn retazo insignificante de terreno () se trata de formar de las dos partes separadas de nuestra Repblica un complejo ligado; se trata de abrir un manantial inagotable de nuevos recursos en agricultura y minera; nuevos caminos para el comercio en ros navegables y de pasos fcilmente accesibles sobre las cordilleras de los Andes () en fin, se trata del triunfo de la civilizacin sobre la barbarie, de la humanidad sobre la bestialidad (Pinto; p. 131).

En 1859 la campaa de El Mercurio arreci. El 11 de mayo se deca que los araucanos no slo se oponen a la civilizacin, por la fuerza de sus pasiones y costumbres materiales con que estn brutalmente halagados, sino por sus ideas morales que tienen bastante malicia y cavilosidad para discernir (Bengoa; p. 178). El 24 de mayo se agregaba que el araucano de hoy es tan limitado, astuto, feroz y cobarde al mismo tiempo, ingrato y vengativo, como su progenitor del tiempo de Ercilla; vive, come y bebe licor con exceso como antes; no han imitado ni inventado nada desde entonces, a excepcin de la asimilacin del caballo, que singularmente ha favorecido y desarrollado sus costumbres salvajes (Bengoa; p. 178); y que todo lo ha gastado la naturaleza en desarrollar su cuerpo, mientras que su inteligencia ha quedado a la par de los animales de rapia, cuyas cualidades posee en alto grado, no habiendo tenido jams una emocin moral (Pinto; p. 132).

Posteriormente, el 25 de junio de 1859 se afirmaba que una asociacin de brbaros, tan brbaros como los pampas o los araucanos, no es ms que una horda de fieras que es urgente encadenar o destruir en el inters de la Humanidad y en bien de la civilizacin (Pinto; p. 132); y el 1 de noviembre de 1860 que ya es llegado el momento de emprender seriamente la campaa contra esa raza soberbia y sanguinaria, cuya sola presencia en esas campaas es una amenaza palpitante, una angustia para las riquezas de las ricas provincias del sur (Pinto; p. 122).

 

UNA VOZ EN EL DESIERTO

Esta campaa liderada por El Mercurio tuvo como nico antagonista -a nivel nacional- en 1859 a La Revista Catlica que en uno de sus artculos (el 4 de junio de 1859) expresaba que se pide a nuestro gobierno el EXTERMINIO (mayscula en el original) de los araucanos, sin ms razn que la barbarie de sus habitantes y la conveniencia de apoderarnos de su rico territorio. Nuestro corazn lata indignado al presentarse a nuestra imaginacin un lago de sangre de los hroes araucanos () en nombre de la civilizacin, es un amargo sarcasmo en el siglo en que vivimos, es un insulto a las glorias de Chile; es el paganismo exhumado de su oscura tumba que levanta su voz fatdica negando el derecho de respirar al pobre y desgraciado salvaje que no ha inclinado todava su altiva cerviz para recibir el yugo de la civilizacin; y aada especficamente que las ideas de El Mercurio slo pueden hallar favorable acogida en almas ofuscadas por la codicia y que han dado un triste adis a los principios eternos de lo justo, de lo bueno, de lo honesto; slo pueden refugiarse en los corazones fros, sanguinarios, crueles, que palpitan de alegra cuando presencian las ltimas convulsiones de una vctima (Pinto; p. 140). Sin embargo, de acuerdo a Bengoa, fue una voz que clama en el desierto, ya que al parecer hubo cambio de redactores y, a partir del ao citado, nunca ms se hizo mencin a la cuestin de la Araucana (p. 182).

En definitiva, el cambio de mentalidad se produjo en la dcada de 1860. En 1862 el ejrcito conquist Angol; en 1866 el Congreso aprob una ley que despoj de sus territorios a los mapuches, los sacaba a remate pblico y les otorgaba a las familias mapuches ttulos de merced sobre posesiones por determinar; y en 1868 aprob otra ley que sancion el presupuesto para llevar a cabo la ocupacin militar de toda La Araucana. Esta ltima fue aprobada por 48 votos a favor y solo 3 en contra (Jos Victorino Lastarria, Manuel Antonio Matta y Pedro Len Gallo). Es interesante resaltar el fundamento del voto de Lastarria, quien respecto de la violenta resistencia de los mapuches seal que me atrevo a decir a la Cmara que la culpa es nuestra, pues como consta de documentos pblicos, se ha mandado tropas a perseguir a los indios, a incendiarles sus casas, a robarles sus mujeres y nios () si realmente lo que se quiere es traer esas tribus a la paz, nada ms fcil: no hay ms que darles confianza de que no se quiere arrebatarles sus propiedades (Bengoa; pp. 180-1).

 

FEROCIDAD DE LA GUERRA

La guerra de conquista fue feroz: Se incendiaban las rucas, se mataba y capturaba mujeres y nios, se arreaba con los animales y se quemaban las sementeras. Estamos ante una de las pginas ms negras de la historia de Chile (Bengoa; p. 205). Tanto que hasta el principal diario capitalino editorializ el 25 de febrero de 1869: El Ferrocarril , abogando por lo que ha credo de justicia y por la conveniencia del pas, ha sido constante enemigo de la guerra que hoy se hace a los salvajes; guerra de inhumanidad, guerra imprudente, guerra inmoral, que no da gloria a nuestras armas, provecho al Estado, ni prestigio a nuestro pabelln (Bengoa; p. 223). Sin embargo, El Mercurio -genio y figura hasta la sepultura- condenaba los excesos, pero afirmaba la necesidad de la operacin que se estaba llevando a cabo (Bengoa; p.223).

En definitiva, como es sabido, triunfaron las posturas lideradas por El Mercurio de Valparaso, llegndose a una conquista total en 1881. Ella report, solo por las vctimas en la dcada de 1880 del hambre y epidemias de clera y viruela que diezmaron a la debilitada poblacin indgena, el exterminio de un 20% de los mapuches de La Araucana (Bengoa; pp. 336-8); y, entre 1884 y 1929, el despojo efectivo de ms del 90% de sus tierras (Bengoa. El Estado y los mapuches en el siglo XX ; Edit. Planeta, 1999; p. 61).

Se cumpli as la trgica profeca de Domeyko: Los hombres de este temple no se convencen con las armas: con ellas solo se exterminan o envilecen. En ambos casos la reduccin sera un crimen cometido a costa de la ms preciosa sangre chilena.

 

 

 

(*) Este artculo es parte de una serie que pretende resaltar aspectos o episodios muy relevantes de la historia de nuestro pas que permanecen olvidados. Ellos constituyen elaboraciones extradas del libro del autor: Los mitos de la democracia chilena , publicado por Editorial Catalonia.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 807, 27 de junio, 2014

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www.puntofinal.cl

  

 



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