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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2014

Los "intelectuales" y Felipe VI

Agustn Moreno
Cuarto Poder


Con motivo de la coronacin de Felipe VI los partidos dinsticos, PP-PSOE, y la acorazada meditica se han volcado en loas al rey saliente y al entrante. Esta nueva transicin se ha hecho de forma sbita, sin dar lugar al debate pblico. Menos a la celebracin de un referndum sobre la forma de Estado. Ni siquiera han aplicado aquella estrategia del Manifiesto de los persas de 1814 para que, tras cierto caos inicial, se cogiera con los brazos abiertos al nuevo monarca. Aunque quiz esa filosofa estaba en las rdenes polticas para la expeditiva actuacin policial el 19 de junio (ver vdeo).

Se trataba de no correr ningn riesgo y, mucho menos, dejar que el pueblo decidiera sobre el tema, porque las elecciones las carga el diablo, como se demostr el 12 de abril de 1931. Hasta aqu todo entra dentro de lo previsible. Hasta los entusiastas publirreportajes de los medios de comunicacin, que contrastaban vivamente con la frialdad monrquica en la calle o con la gran concentracin republicana en la Puerta del Sol de da de la abdicacin.

Pero todo tiene un lmite. Deca un intelectual, siempre comprometido, Manuel Vzquez Montalbn, que hemos de juramentarnos para no ser nunca ms cmplices de Calgula que cuando quiere nombra procnsul a su caballo. Estoy de acuerdo con l, aunque sin llegar a tanto, al menos hay que mantener la dignidad y las formas. Y tanto una como las otras se han perdido en las apologas ledas estos das. Ha sido bochornoso el papel de determinados escritores y periodistas con cierta vitola de intelectuales. Pequeos mandarines con nfulas de sabios convertidos en plumillas al servicio del poder de siempre. Juzguen ustedes el nivel alcanzado leyendo el artculo Leonor: nia y princesa, que ha producido bochorno en la redaccin de El Pas.

Hay algunos casos especialmente llamativos. Unos, como Cercas, han hiperbolizado: sin el rey no habra democracia, hemos vivido con l los cuarenta aos mejores de nuestra historia Quiere hacernos creer que en Europa a finales del siglo XX era posible una sola dictadura en Espaa, cuando ya haban cado Grecia y Portugal? Las opciones no eran dictadura o democracia, sino la calidad y profundidad de esta ltima; si haba ruptura democrtica o reforma tutelada por los poderes fcticos del franquismo.

Otro, como Santos Juli, retuerce los argumentos y rebusca alguna cita para dar a entender que ni PSOE ni PCE tenan tradicin republicana. Como si las crticas a la poltica de la burguesa y la derecha durante la Repblica equivaliesen a defender la monarqua borbnica. Llega a decir que la izquierda no defendi a la Segunda Repblica durante la guerra civil, sino sus intereses polticos.

El cnit se alcanza con Javier Maras, maniqueo desde el ttulo: Ecuanimidad o histerismo. La primera la asegura la monarqua y l mismo, y lo segundo es propio de la izquierda. Justifica a Juan Carlos de Borbn de todos sus escndalos, desde la corrupcin familiar a la matanza de elefantes. Pero luego se pone faltn y coloca al lector ante comparaciones chuscas como si tuviera que elegir como Jefe de Estado entre Felipe VI y Anguita, Aznar o Rouco Varela. l parece que prefiere el glamour de los borbones antes que a cualquier ciudadano que aspirase a ser Jefe del Estado elegido democrticamente, independientemente de su ideologa.

Los citados tienen en comn varias cosas. Escriben en el mismo peridico, antao progresista y hoy baluarte de la dinasta borbnica. Casi todos comienzan diciendo que no son monrquicos, no est claro si para matar la mala conciencia o para ser ms eficaces en la tarea de apuntalar al rgimen. Intuamos que servir al poder perjudicaba seriamente el intelecto, pero no creamos que fuera para tanto.

Por eso, la pregunta va ms all del derecho que tiene toda persona a mantener una determinada posicin o idea poltica: se puede considerar intelectual a quien de forma tan sumisa se coloca al servicio del poder? Porque un intelectual es, bsicamente, el que se dedica al estudio y a la reflexin crtica sobre la realidad. No pueden fallar en la exigencia que les haca Kant, que opinaba que el intelectual debe estar alejado del poder para conservar su independencia, para no alejarse de la bsqueda de la verdad. Pero cuando la reflexin es tan acrtica y genuflexa, cuando la funcin es legitimar el poder, difcilmente merecen esta denominacin.

Habra que releer a Antonio Gramsci que criticaba que la funcin de los intelectuales es lograr la hegemona de la clase a la que pertenecen, hacer que sta domine polticamente. Los intelectuales del poder buscan la adhesin de las clases subalternas a la visin del mundo que tiene la clase dirigente. Ese ha sido el papel de algunos estos das y que no pretendan engaarnos con supuestas neutralidades o equidistancias.

Quiz lo mejor sea recurrir a Noam Chomsky y su crtica a los intelectuales: Los intelectuales de la lite, por definicin, tienen una gran cantidad de privilegios. Y ello les brinda ms opciones, pero tambin les confiere ms responsabilidad. Los ms privilegiados se encuentran en una mejor posicin para obtener informacin y actuar de maneras que afectarn las decisiones de la poltica () Y las responsabilidades de una persona en una sociedad ms libre y abierta son, evidentemente, mayores que la de los que pueden pagar un cierto precio por su honestidad e integridad. Si los comisarios en la Rusia sovitica acordaron subordinarse al poder del Estado, por lo menos podran alegar el miedo como atenuante. Sus contrapartes en las sociedades ms libres y abiertas pueden declarar slo su cobarda. Afortunadamente, hay ms intelectuales que han fijado posicin republicana o simplemente se han negado a colaborar en la campaa.

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/laespumaylamarea/los-intelectuales-y-felipe-vi/534



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