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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2014

Gnero, clase y ciencia de las oprimidas

Krasnaya
Rebelin


El comunismo es tambin impensable sin la liberacin de la mujer - Inessa Armand


En numerosas ocasiones las feministas han arremetido contra las organizaciones comunistas por situar la lucha por la liberacin de las mujeres en un segundo plano o postergarla, algo que ha ocurrido y ocurre en ciertas ocasiones.

Adems de la crisis del capitalismo, la militancia comunista afronta tambin la indudable crisis de su propio movimiento. Aunque existe la tentacin de aferrarse a un pasado ms luminoso (generalmente, anterior al revisionismo), el deber de las militantes y las organizaciones es saber que la crisis del movimiento comunista no se supera yendo hacia atrs, sino tragndose vivo ese pasado para impulsarse hacia delante y superar lo existente: la negacin de la negacin. El movimiento debe desarrollarse, revisarse, mejorarse, y una de las asignaturas pendientes es la lnea antipatriarcal, que obliga a colectivos y militantes a enfrentarse a sus contradicciones.

La manera de superar estas diferencias y contradicciones es alzar la bandera de una teora y prctica comunista de naturaleza dialctica, ni esquemtica ni dogmtica, que sin traicionar sus principios admita la necesidad de su propio avance y desarrollo mediante la crtica y la autocrtica.

Desde su fundacin, al igual que otros colectivos, Red Roja se define tambin como feminista, pero la simple etiqueta no se convierte en realidad de la noche a la maana como accionando un interruptor. Aunque existe acuerdo en la necesidad de la lucha contra el patriarcado, la construccin de nuestra organizacin como antipatriarcal es un proceso atravesado por numerosas contradicciones que nos pueden hacer avanzar, como no poda ser de otra manera.

Estas contradicciones, latentes o explcitas, estn presentes de diferentes maneras dentro de las organizaciones comunistas y el movimiento revolucionario en general. Considerarnos revolucionarias/revolucionarios no hace automticamente desaparecer en nuestro interior la ideologa patriarcal y sus actitudes, en las que llevamos socializndonos de diferentes maneras desde hace miles de aos; al contrario, la militancia revolucionaria debe exigirse un ataque sin concesiones contra el patriarcado hacia fuera y hacia dentro, tanto a nivel personal como a nivel de colectivo. Estas resistencias patriarcales (muchas veces inconscientes y cargadas de automatismos) y los conflictos que generan se plasman de diversas formas, como la tan conocida dinmica de relegar lo feminista a un segundo plano de importancia, el olvido sistemtico de la visin antipatriarcal, actuar como si un anlisis puramente econmico fuese suficiente o considerar que lo feminista ya est incluido sin necesidad de nombrarlo.

La lucha de clases y la lucha contra el patriarcado estn profundamente interrelacionadas; la explotacin especfica de las mujeres es clave para el capitalismo, dado que las mujeres son productoras y reproductoras de una mercanca capitalista esencial: la fuerza de trabajo. El capitalismo se vale del patriarcado pre-existente, lo instrumentaliza, y explota doblemente la fuerza de trabajo de las mujeres. Adems de producir fuerza de trabajo (biolgica y socialmente), el trabajo domstico de las mujeres se plasma en comida, afecto, ropa limpia, lo que reproduce la fuerza de trabajo, siendo una pieza clave para la organizacin y explotacin capitalista. Adems, la maquinaria ideolgica se dirige a construir un prototipo femenino de mujer alienada, que se convierta en transmisora efectiva de la ideologa dominante.

Por ello, la liberacin de las mujeres no podr ser completa hasta que hayamos destruido las relaciones de explotacin del capitalismo. De igual modo, como ya se ha comprobado en las experiencias histricas revolucionarias, el avance hacia el socialismo no suponen automticamente victorias en la lucha contra el patriarcado. Es justo decir: la revolucin ser feminista o no ser, el feminismo ser revolucionario o no ser. Para llevar este concepto a la prctica es necesario abandonar el enfoque (errneo y eurocntrico) de progreso, segn el cual el pasado siempre fue peor y el futuro siempre ser ms avanzado que el presente, y asumir en primera persona la responsabilidad de nuestra liberacin.

Aunque previo al capitalismo, el patriarcado tiene mucho que ver con la propiedad privada y con el poder.

Carlos Tupac (2012) cita a Victoria Sau cuando indica que el establecimiento definitivo del patriarcado se produce en el Neoltico, siendo pilares de ello el desarrollo del arado y el conocimiento del papel del hombre en la reproduccin: sin esto no se dan las condiciones materiales para el establecimiento de la opresin y explotacin sistemtica de las mujeres. Estas son las races de la dominacin, opresin y explotacin de la mujer por parte del hombre y las sociedades de clases: la mujer cumple el papel de instrumento de produccin esencial del patriarcado al generar fuerza de trabajo, vida, placer y conocimiento.

La raz de la contradiccin, por tanto, estara en la relacin entre la violencia patriarcal y el proceso social de produccin. De ah podemos seguir los procesos histricos y reconocer que el fortalecimiento del patriarcado va ligado al avance de la propiedad privada sobre la colectiva. Buen ejemplo de ello fue la necesidad de la ofensiva patriarcal contra las brujas -con el objetivo destruir el control que las mujeres haban tenido sobre sus cuerpos y su papel relevante en las relaciones sociales basadas en la propiedad colectiva- para la acumulacin originaria de capital que anuncia la llegada del capitalismo (Federici, 2010).

Ciencia de las oprimidas

Aqu reivindicamos el carcter cientfico (en sentido amplio) del marxismo y, en general, de cualquier conocimiento vlido. Consideramos que cientfico engloba algo ms que el uso del mtodo experimental: nos referimos al hecho de contrastar toda teora con la prctica y la realidad, afirmando que la prctica es la nica prueba de la verdad. Con esto no queremos afirmar que los resultados cientficos traigan la verdad absoluta, sino que es la nica herramienta que nos permite tener cierto grado de certeza sobre lo que conocemos: la ciencia, al igual que el marxismo, tiene que ir revisndose continuamente en un proceso de crtica y autocrtica.

Al igual que ocurre con la violencia o la moral, es imposible hablar de ciencia en abstracto, especialmente cuando las investigaciones estn tan controladas por la financiacin empresarial y los intereses de la clase dominante. Existe una ciencia que sirve a las oprimidas y una ciencia que sirve a los opresores y, con este artculo, se pretende modestamente poner ciertas investigaciones cientficas de parte de las oprimidas.

Susan Fiske y Peter Glick (1996) diseccionan el patriarcado desde la psicologa, y sostienen que es diferente de otros sistemas de dominacin como el de la opresin tnica al tener un carcter ambivalente: engloba dos grandes grupos de actitudes, lo que llaman sexismo hostil y sexismo benevolente, ambos igualmente patriarcales y dominadores. El polo hostil estara compuesto por actitudes agresivas, que consideran a las mujeres incapaces y que vendran a equipararse con las actitudes machistas explcitas. El polo benevolente se caracteriza por considerar a las mujeres seres maravillosos, pero frgiles, que deben ser protegidos; la benevolencia no es opuesta a la hostilidad, sino que es igualmente patriarcal y supone una cmoda racionalizacin a la hora de apartar a las mujeres de cualquier posicin de poder y autonoma.

Estas actitudes benevolentes, muchas veces implcitas y condescendientes en esencia, no son ni inocentes ni inofensivas como se argumenta en ocasiones, y deben ser combatidas de igual modo que las actitudes patriarcales explcitas y hostiles. Esto no es slo una teorizacin abstracta, sino que los experimentos realizados por la psicloga Muriel Dumont y por su compaero Benoit Dardenne (2007) muestran cmo las actitudes patriarcales sutiles, condescendientes o paternalistas tienen un impacto negativo sobre el rendimiento cognitivo de las mujeres muy superior al de las actitudes machistas directas y hostiles, que generalmente producen en quienes las sufren reacciones defensivas y de auto-afirmacin.

Considerar este tipo de actitudes inocuas nunca ha sido, y ahora menos, una simple cuestin de opinin, sino parte de la ideologa patriarcal.

Fiske y Glick continan su anlisis psicolgico del patriarcado distinguiendo entre tres componentes bsicos del mismo, cada uno expresndose en la dimensin hostil y en la benevolente: paternalismo (dominador o protector), la diferenciacin de gnero (competitiva o complementaria) y la heterosexualidad.

El paternalismo se define como la actitud de un padre lidiando con sus hijas e hijos, y puede ser dominador al considerar que las mujeres no son adultos completamente responsables y necesitan la supervisin de un hombre, o protector al creer que el hombre tiene la funcin de cuidar de la mujer y de su familia; el ejemplo ms directo de esto es la familia patriarcal tradicional, que autores como C. Tupac consideran el ncleo de reproduccin bsico tanto de la ideologa patriarcal como de la burguesa.

La diferenciacin de gnero es otro de los pilares bsicos de la psicologa del patriarcado: el uso de las diferencias de sexo como base para la diferenciacin social. Esto se manifiesta en la identidad de gnero, que es una de las identidades subjetivas grupales que suele desarrollarse antes y con ms fuerza (al menos, entre las personas cuya identidad de gnero coincide con su gnero biolgico). La diferenciacin de gnero competitiva justifica el poder de los hombres argumentando que son stos quienes poseen las cualidades necesarias para ejercer el poder y la autoridad en la sociedad, al contrario que las mujeres. La diferenciacin de gnero complementaria se basa en afirmar que las mujeres poseen talentos naturales que los hombres tienen en menor medida, sobre todo relacionados con los cuidados, la ternura, y la sensibilidad; como hemos afirmado antes, se trata slo de racionalizar el hecho de apartar a las mujeres de las posiciones de poder de una forma benevolente. La ideologa dominante se ha basado en la ciencia para justificar esta diferenciacin de gnero, al sealar como fuente de esta diferencia social ciertas diferencias biolgicas entre sexos: el grosor del cuerpo calloso (la estructura que conecta ambos hemisferios cerebrales), las diferencias en el hipotlamo, en la lateralidad de funciones, las diferencias en simetra en el campo temporal izquierdo, etc. Esto implica una visin mecnica, que establece una relacin directa de causa-efecto entre las diferencias neurales y las diferencias conductuales. Este punto de vista es limitado, y las ltimas investigaciones (Pascual-Leone, 2005) en neuroplasticidad han demostrado que el cerebro es un rgano esencialmente dinmico, y que la la relacin entre anatoma cerebral y conducta es dialctica: los cambios neurales producen cambios de conducta, y los cambios de conducta producen cambios neurales. Esto permite apuntar que son las diferencias sociales impuestas a los cuerpos las que provocan las diferencias cerebrales entre esos cuerpos, segn sean ledos hombre o mujer. Esta conclusin est avalada por lo estudios Baby X realizados por las investigadoras Carol A. Seavey, Sue Rosenberg Zalk y Phyllis A. Katz (1975). Estos estudios, replicados en varias ocasiones, muestran cmo la forma de tratar a bebs de pocos meses cambia radicalmente si quien interacta con ellos/ellas cree que son de sexo masculino o femenino, estando las interacciones hacia quien se cree que es varn marcadas por la estimulacin fsica, y las interacciones hacia las bebs ledas mujer caracterizadas por la suavidad y la riqueza en la expresin verbal.

El componente heterosexual (y heteronormativo) del patriarcado es considerado por Susan Fiske y P. Glick como la fuente ms clara de la ambivalencia, ya que las mujeres son madres, amantes y objetos romnticos adems de simple fuente de fuerza de trabajo explotada. La atraccin heterosexual es inseparable del deseo genuino de cercana (intimidad heterosexual) pero este deseo no puede escindirse fcilmente de la dominacin heterosexual. Esto se ve con claridad cuando se observa que, aunque las relaciones heterosexuales de pareja son la fuente de importantes sentimientos de intimidad y euforia para muchas personas, tambin suponen la mayor amenaza de sufrir violencia fsica para las mujeres; por supuesto, aqu se incluyen las cadenas del amor romntico y la trampa de la doble explotacin. La heteronormatividad, necesaria para el mantenimiento de la opresin y explotacin de las mujeres, es impuesta por el patriarcado (correctamente definido, por tanto, como heteropatriarcado).

En esta lnea se enmarca la investigacin de Soledad de Lemus (2010), que concluye que las primeras experiencias amorosas (heterosexuales) en adolescentes predicen un aumento de las actitudes patriarcales tanto en hombres como en mujeres.

Entre las organizaciones y los movimientos se ha extendido de un tiempo a esta parte la importancia de emplear un lenguaje inclusivo que no invisibilice a las mujeres, no sin cierto esfuerzo. Aunque se critica que algunas personas limitan su feminismo a las habilidad para hablar con la A, no debe olvidarse que el tema del lenguaje es una cuestin de importancia crucial, que algunos an consideran poco ms que una nimiedad incmoda o una excentricidad a la que se le han de hacer concesiones. En Red Roja hemos apoyado en varias ocasiones la afirmacin el lenguaje crea pensamiento, pero cunto tiene esto de verdad y en base a qu?

Que una compaera afirme que no se siente incluida por el gnero masculino neutro bastara y sobrara para trabajar hacia un cambio en ese lenguaje, pero no es slo una cuestin de preferencia personal. La lnea de investigacin de la psicloga Lera Boroditsky (2001) afirma que el lenguaje que empleamos es una poderosa herramienta a la hora de moldear el pensamiento, e influye en la concepcin que tenemos de la realidad Es decir, nuestra forma de hablar influye en nuestra forma de pensar.

Segn el estudio de Melanie M. Ayres (2009), el mismo hecho de que una mujer se considere feminista, es el factor predictivo ms importante de que esa mujer se enfrentar a una agresin patriarcal (en lugar de evitarla o huir), por encima de otros factores, por ejemplo, tener experiencia previa con actitudes sexistas.

Feminsmo de clase?

No es un secreto que la etiqueta feminismo de clase se utiliza como coartada para tratar de hacer ver que la lucha antipatriarcal est (o incluso que siempre ha estado) dentro de la lnea anticapitalista tradicional; de igual modo, se utiliza como un escudo por parte de ciertas personas o colectivos que quieren evitar la tan necesaria (auto)revisin en clave feminista. Este mal uso del concepto (a veces consciente, a veces no) que pretende fagocitar la lucha antipatriarcal y subordinarla a la lucha de una clase trabajadora concebida desde un esquema rgido, escolstico, y ciego a todo lo que no sea directamente econmico, llev a en la p rctica a invisibilizar la opresin de gnero.

Muy al contrario, el feminismo de clase es la teora y praxis que comprende que la lucha feminista debe enfrentarse a todas las contradicciones que la afectan. La liberacin de las mujeres o de identidades no-heteronormativas, de igual modo (y al mismo tiempo tan diferente) que ocurre con la autodeterminacin de los pueblos oprimidos, son contradicciones existentes en el seno de la clase trabajadora, pero no por ello impiden el avance hacia la emancipacin de la clase: son contradicciones no antagnicas. No puede existir un futuro de libertad que no sea de clase: el asalto al poder por parte de la clase trabajadora y proceso de avance hacia una sociedad sin clases no es suficiente, pero s necesario, para la liberacin de las mujeres del yugo patriarcal. Tampoco se puede hablar de comunismo o, simplemente, de libertad, sin que las oprimidas por el heteropatriarcado tomen el cielo por asalto.

Ya que el patriarcado y el capitalismo van de la mano, y lo mismo deben hacer las luchas que se les oponen, no en vano los mayores avances en materia feminista (con sus limitaciones) coinciden con perodos de correlacin de fuerzas favorables a la clase obrera (la revolucin bolchevique, el gobierno del Frente Popular en el Estado espaol) y al contrario (el avance del fascismo en los aos 30, el triunfo de los golpistas en la guerra antifascista del 36-39, la reaccin capitalista neoliberal, etc.).

La clase trabajadora tiene sexo, raza y nacin, pero esta diversidad no es un obstculo, sino un motor hacia su desarrollo: la lucha contra el capital es la lucha contra las divisiones que el capital nos impone (Bentez, I., 2014).

La necesidad de espacios de lucha especficos o saber de que la opresin de gnero tiene un carcter transversal no est reida en absoluto con concebir que la lucha contra el patriarcado implica necesariamente la lucha contra el capitalismo aunque no se reduzca a ella. Para conquistar su futuro, la lucha feminista debe tener un componente esencial de clasismo e internacionalismo.

Lo mismo puede aplicarse en el otro sentido: la lucha comunista que no reconozca o reduzca la lucha feminista estar abocada al fracaso de su mayor objetivo: la liberacin de la humanidad.

La verdadera lucha anticapitalista ser, siempre, antipatriarcal.

Referencias bibliogrficas

Ayres, M., Friedman, C., Leaper, C. (2009). Individual and situational factors related to young women's likelihood of confronting sexism in everyday lives. Sex Roles, 61: 449-460. Boroditsky, L. Does language shapes thought? (2001). Cognitive Psychology. Vol. 43, Issue 1. 1-22.

Federici, S. (2010). Calibn y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulacin originaria. Traficantes de sueos.

Glick, P., Fiske, S. (1996). The Ambivalent Sexism Inventory:Differentiating Hostile and Benevolent Sexism. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 70, No. 3,491-512.

Bentez Romero, Isabel. (2014). El sujeto feminista. Una salida antipatriarcal al capitalismo en crisis. Marxismo Crtico. http://marxismocritico.files.wordpress.com/2014/03/sujeto-feminista.pdf (13-3-2014)

Lemus, S., Dardenne, B., Dumont, M. (2007). In sidious Dangers of Benevolent Sexism: Consequences for Womens Performance. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 93, No. 5, 764779.

Lemus, S., Moya, M., Glick, P. (2010). When contact correlates with prejudice: adolescents' romantic relationship experience predicts greater benevolent sexism in boys and hostile sexism in girls. Sex Roles. 63: 214-225.

Seavey, C., Katz, P., Zalk, S. (1975). Baby X. Sex Roles 1(2): 103-109.

Tupac, C. (2012). Terrorismo y civilizacin. Boltxe Liburuak.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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