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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2014

Podemos: las cloacas del Estado como instrumento central de la restauracin borbnica

Manolo Monereo
Cuarto Poder


Se vea venir, quizs, sorprende la rapidez y la ferocidad del ataque. Todo es bueno para denigrar y demonizar a Pablo Iglesias. El formato es muy conocido; como dicen en el Per, es un psico-social, que conecta servicios de informacin, medios de comunicacin seleccionados y estructuras gubernamentales conocidas. La idea es simple y se repetir, junto con otras que saldrn muy pronto, una y mil veces: Pablo (Podemos) colabor y colabora con el entorno de ETA, luego es partidario de la violencia armada, consecuencia natural de su filiacin bolivariana-chavista.

Para demonizar al personaje se genera odio y se espera que de l surja la violencia reparadora y salvfica que asle socialmente a las bases de Podemos. Atemorizar, asociar Podemos y violencia, denigrar a sus dirigentes, criminalizarlos desde los medios de comunicacin y convertir cada acto o presencia pblica de Pablo en lo, en tumulto y en desorden pblico. Lo dicho, crear un imaginario que engarce Podemos y violencia. El objetivo es claro: impedir que Podemos se convierta en alternativa de gobierno generando desconfianza y temor en los sectores ms moderados de sus votantes, precisamente aquellos donde el movimiento de Pablo Iglesias, ms afecta al electorado de las fuerzas bipartidistas.

Nada es casual y se ha ensayado decenas de veces. Es una vieja pgina, puesta al da, del manual de estilo de La Escuela de las Amricas que los norteamericanos regentaban y donde se forman avezados torturadores y dems especialistas en contrainsurgencia. A lo que hay que aadir los siempre bien engrasados mecanismos contra terroristas de los diversos servicios del Estado espaol y sus conexiones con los medios de desinformacin y calumnias varias.

Ahora bien, hay que ir ms lejos. El contexto es conocido y conviene subrayarlo: crisis del Rgimen del 78 y proceso de transicin hacia otra forma de gobierno. Aparecen dos salidas: ensima restauracin borbnica o ruptura democrtica. La restauracin implicar la institucionalizacin de una correlacin de fuerzas (un nuevo Rgimen) que consagre una democracia limitada y oligrquica al servicio de los poderes econmicos garantizada, en ltimo trmino, por la Europa Alemana del euro. El dato de fondo, que se olvida con frecuencia, es que esta transicin expresa un acuerdo bsico entre las diversas burguesas del Estado espaol y los poderes fuertes de la Unin Europea para configurar un nuevo modelo de acumulacin capitalista que haga de Espaa un pas subalterno y dependiente del ncleo rico y poderoso, sin derechos sociales, laborales y sindicales.

La ruptura implica fortalecer al sujeto popular y convertirlo en poder constituyente. La clave es esta: que el soberano lo sea y que se abra un proceso donde la ciudadana defina qu tipo de pas quiere, sus fundamentos sociales y econmicos, sus relaciones con la UE y con los pases del Sur, el catlogo de libertades y los mecanismos jurdico-polticos que garanticen los derechos sociales. Una nueva constitucin convertida en la hoja de ruta para la transformacin social, que genere una nueva unidad entre los diversos pueblos, desde el acuerdo voluntario, para construir una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales, que subordine a los diversos poderes (econmicos, mediticos, financieros) a la soberana popular.

Sin este enfrentamiento, sin esta lucha por y desde el poder no entenderemos lo que est pasando. La huida de Juan Carlos y la entronizacin de Felipe es una seal clara de la crisis del Rgimen y que los que mandan se preparan para una nueva transicin. Que aparezcan gentes como Felipe Gonzlez, Cebrin; fundaciones como FEDEA, FUCAS ,FAES, o el selecto mundo del Ibex35, cada vez ms entrelazados con los grandes medios de comunicacin, dicen mucho del momento poltico que vivimos y del sesgo de clase que lo define.

Si tuviramos sealar el dato ms significativo de nuestra realidad poltico-social, dira que es la enorme concentracin de renta, riqueza y poder en manos de una minora que se sabe incompatible con los derechos bsicos de las personas y que hace de la regresin social el fundamento de su estrategia poltica. Cuando se escuchan las declaraciones de los grandes empresarios, de las diversas patronales y de los intelectuales orgnicos de los poderosos, no se puede dejar de pensar que estamos ante una sublevacin de la oligarqua contra los derechos sociales, laborales y sindicales de los trabajadores. La mayoras sociales, los comunes y corrientes, las gentes, tienen demasiados derechos, las democracias demasiado poder y las personas demasiadas libertades. Cmo no ver el odio de una clase ante un orden, un desorden, que no reconoce jerarqua sociales y que ha hecho a las personas de abajo sujetos de unos derechos que limitan su poder e influencia social. Ahora es el momento de la vuelta atrs, al verdadero orden, que ponga a cada uno en su sitio y que ponga fin al poder de la chusma. La Restauracin, con maysculas, es sobre todo esto: regresin, involucin social y poltica.

Esta concentracin de poder est marcando decisivamente la fase poltica. El Estado retorna en su centralidad: monopolio de la violencia legtima y de la otra, de las otras, que l organiza y dirige. Cuando la excepcin es la regla, el Estado pierde autonoma relativa y se hacen ms visibles sus conexiones con los poderes de hecho, con los que mandan realmente. Es tambin el momento del doble Estado, del legal y del otro. La crisis del Rgimen tensiona la fuerza del Estado y tiende a centralizarlo y a desplegar todos sus poderes. El autoritarismo crece y las medidas legales represivas se refuerzan. El objetivo: limitar la fuerza de los movimientos sociales, impedir la movilizacin y la autoorganizacin ciudadana.

El otro Estado siempre est ah y se activa, an ms si cabe, cuando llegan las crisis. Su caracterstica es la carencia de reglas y normas. Es el reino del Estado de naturaleza, de la guerra de todos contra todos con la diferencia, sustancial, que este otro Estado tiene la cobertura, el apoyo y la legitimidad del Estado legalmente existente. Su presencia cada vez se nota y se notar ms: se mezclan poderes legales, servicios de inteligencia e informacin, pblicos y privados, nacionales y extranjeros, medios de comunicacin y los mltiples mecanismos de del complejo corporativo-estatal-meditico. No es ninguna casualidad que este proceso centralizacin y concentracin del poder se d con mucha fuerza en los llamados medios de comunicacin y especficamente en las televisiones.

El brutal ataque Pablo Iglesias hay que verlo en este contexto. Los poderes no escatimarn medios para conseguir sus objetivos; nada los frenarn y usarn todas las armas disponibles para imponer una Restauracin que signifique regresin social, involucin democrtica e incremento sustancial de las desigualdades econmicas, sociales y de poder en la sociedad. No nos podemos permitir el lujo de la inocencia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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