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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2014

Despus del algodn, Monsanto trata de multiplicar los transgnicos en frica Occidental

Patrick Piro
Bastamag.net

Traducido del francs para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Burkina Faso, uno de los pases ms pobres del planeta, ha optado una variedad transgnica de Monsanto con la esperanza de reactivar su sector del algodn, sustento de tres millones de personas. Unas promesas de rendimiento sin cumplir, unos derechos de propiedad prohibitivos, un algodn de menor calidad: el balance es ms que mediocre, pero no importa, Monsanto trata de extender su algodn transgnico y actualmente trabaja en las judas y el sorgo modificados genticamente. Se teme un dominio de las biotecnologas sobre los cultivos alimentarios.

Sube la moral en el seno del sector del algodn burkins: acaba de terminar la campaa 2012 con una cosecha muy buena de unas 630.000 toneladas. Es casi un 60% mejor que la anterior. La produccin de algodn transgnico aumenta cada ao, afirma Karim Traore, presidente de la Unin Nacional de Productores de Algodn (UNPCB, por sus siglas en francs), que rene a la mayor parte de los cultivadores del pas. Aproximadamente un 55% de 500.000 hectreas de algodn han recibido este ao semillas transgnicas.

El oro blanco es vital para este pas, primer productor de frica Occidental: representa ms de una tercera parte del producto interior bruto y un 60% de la recaudacin de la exportacin. Tres millones de personas, una quinta parte de la poblacin, vive indirectamente del algodn. Pero desde hace poco tiempo este monocultivo se vio impotente ante las plagas, que se han vuelto resistentes a los insecticidas clsicos. Las autoridades apostaron entonces por el algodn transgnico con la esperanza de superar la crisis: un variedad desarrollada por la empresa estadounidense Monsanto y el Instituto del Medioambiente e Investigacin burkins (INERA, por sus siglas en francs) que integra genes de la bacteria Bacillus thuringien sis (Bt), la cual produce unas toxinas mortales o disuasorias para algunos insectos.

Promesas de unos rendimientos fabulosos

Cuando se lanz el algodn Bt las autoridades predijeron unos rendimientos fabulosos (un 45 % ms que con el cultivo tradicional!). Pero del laboratorio al campo las promesas se han convertido en un espejismo. En el poblado de Banwaly, en el centro de la regin algodonera de Bobo-Dioulasso, cinco de las ocho cooperativas de productores adoptaron el algodn Bt. Seydou Ciss le dedic sus 4,5 hectreas de tierra. El beneficio anual que obtiene por hectrea es de unos 60.000 francos CFA (90 euros). Apenas mejor que con la variedad convencional. Ningn campesino de las decenas de ellos entrevistados se acerca, ni de lejos, a los rendimientos anunciados. Algunos incluso afirman que abandonaron rpidamente la variedad transgnica al tener unas cosechas inferiores a las precedentes. Solo abonamos con compost natural, las plantas daban principalmente hojas!, testimonia Sid Mamadou Sawadogo, en Koumana.

En las explotaciones ms grandes, donde se respetaron todas preconizaciones, se obtiene hasta 2,7 toneladas por hectrea, revela Dhou Dakuo, director de desarrollo de la produccin en la sociedad Sofitex, la principal de las tres sociedades algodoneras del pas que controla un 80% de la produccin. Sin embargo, en el conjunto de las producciones, el beneficio de productividad media asciende al 15 %. En este pas muy rural, uno de los ms pobres del mundo, un 60% de los campesinos solo posee parcelas pequeas y trabajan todava con el binador tradicional (daba): su rendimiento gira en torno a 500 kilos por hectrea. El gran salto adelante no es para ellos. Se les atrajo con unas perspectivas muy optimistas, reconoce Dhou Dakuo que, sin embargo, les hace responsables: se tomaban demasiadas libertades con las instrucciones del paquete tecnolgico, segn la jerga de la agroindustria.

Del laboratorio a la realidad

Muchos cultivadores pensaron que podran prescindir completamente de los insecticidas: trabajo menos duro, menos intoxicaciones, ms tiempo para de los cultivos, etc. Estas ventajas del algodn transgnico son muy populares. Ahora bien, hay que mantener dos aspersiones de insecticidas de las seis necesarias en los cultivos convencionales, ya que la variedad Bt no es eficaz contra los picadores-chupadores (pulgones, mariquitas). El algodn transgnico tambin requiere mucho abono. Las sociedades algodoneras han identificado una anomala generalizada: el desvo de al menos un 30% del abono algodn a las parcelad de maz. Por ms que hemos explicado los daos provocados por el algodn, no hay nada que hacer!, suspira Dhou Dakuo.

La estrategia de recuperacin de la industria algodonera por medio de la adopcin del algodn Bt, promovida con entusiasmo por los investigadores, las sociedades algodoneras y el Estado, choca con la lgica de los campesinos. Estn ms preocupados por asegurar su subsistencia que por especular acerca de los ingresos de un cultivo de renta y contribuir a la entrada de divisas en el pas. Tambin es la consecuencia de un sistema de financiacin por adelantado especfico de este sector: la sociedad algodonera adelanta todos los factores de produccin a las cooperativas locales de productores, los cuales lo devuelven cuando se les pague la cosecha.

El coste de los derechos de propiedad intelectual

Una mayora de los campesinos entra en el circuito del algodn con el fin de acceder a unos abonos a crdito, un factor de produccin caro que de otra manera no se podran pagar, confirma Aline Zongo, responsable de la formacin destinada a los campesinos ofrecida por la ONG africana INADES [1]. Al agricultor le importa poco que su cosecha de algodn sea modesta con tal de que esta le permita al final de la temporada saldar cuentas con la sociedad algodonera. Si bien la evasin de abonos no es un fenmeno reciente, es ms perjudicial para los rendimientos con la variedad transgnica. Por agotamiento, Sofitex ha consentido recientemente entregar a las cooperativas de productores un excedente de abono, pero solo a los cultivadores que siembren ms de tres hectreas de algodn. Por consiguiente, se excluye deliberadamente a la mitad de ellos. En contrapartida, la sociedad se plantea convertirlos a otros cultivos de renta, como el girasol.

El malestar principal concierne a la apuesta econmica impuesta por el modelo Monsanto. A todos los campesinos se les atraviesa, sobre todo, el precio de las semillas. A principios de la temporada 2012 el saco de semillas necesario para sembrar una hectrea costaba 27.000 FCFA (41 ) frente a 814 FCFA (1,2 ) de las variedades convencionales! El Estado subvenciona un 80% de estas, pero la ayuda no explica semejante diferencia, ni tampoco los costes de elaboracin: desde hace poco las semillas transgnicas ya no provienen de Monsanto, sino de campos clsicos dedicados a multiplicarlas.

Riesgo financiero

Este enorme sobrecoste proviene del diezmo que se cobrado debido a la propiedad intelectual. En Estados Unidos la diferencia de precios entre semillas convencionales y transgnicas no ha dejado de aumentar hasta llegar a una relacin de uno a seis en 2009, calcula Charles Benbrooke, director cientfico de US Organic Center. Dan qu pensar tanto el modo de calcular el valor aadido obtenido por esta innovacin como su reparto, escriben Camille Renaudin, Hugo Pelc y Julien Opois, autores de un estudio sobre el algodn transgnico en Burkina [2].

En Burkina Faso Monsanto se lleva el 28% de los 27.000 FCFA [del precio de cada saco]. La investigacin y otras estructuras profesionales reciben un 12% y los productores un 60%. En teora Las partes que reciben Monsanto y las instituciones son fijas, pero lo que reciben los campesinos se calcula sobre el rendimiento previsto inicialmente [3]. En realidad, la ganancia a menudo es tres o cuatro veces menos importante para los productores. De hecho, los productores asumen el riesgo financiero que comporta esta tecnologa y as tienden a convertirse en los principales gestores de incertidumbres inherentes a su actividad agrcola, opinan los investigadores.

Un algodn transgnico de menor calidad

Los cuadros del sector disimulan mal cierto malestar tras su apoyo oficial a la opcin transgnica. Y es que los productores han tenido que asumir otros desengaos, aparte del de los rendimientos. En 2011 se pusieron en huelga en todo el pas, a veces con violencia (destruccin de campos, muerte de una persona), para protestar por el elevado coste de los factores de produccin (incluso de las variedades convencionales, concernidas por los abonos y pesticidas), pero tambin por la baja remuneracin del algodn. Hace unos meses se baj de categora a la calidad burkinesa, habitualmente apreciada por los mercados, ya que la fibra de la variedad transgnica es claramente ms corta. Se ha identificado la razn de ello: un efecto secundario no esperado de la manipulacin gentica y que la investigacin est corrigiendo, aseguran en Sofitex.

Este es el discurso dominante que, sin embargo, no suscribe Maxime Sawadogo, responsable tcnico en la UNPCB, que culpa en primer lugar a las mquinas de desgrane de las sociedades algodoneras, adaptadas para las flores convencionales. Ser necesario cambiar las herramientas? Cambiarlas y, con que fondos? Y eso no es todo El desajuste climtico, que perturba las estaciones de lluvia, complica cada ao el trabajo de los agricultores. No es raro tener que volver a sembrar, porque no ha brotado, tanto ms cuanto que la variedad Bt es sensible a la sequa. Entonces hay que volver a comprar sacos de semillas. Pero a un precio elevado cuando son transgnicas!, explican en Koumana.

Unos transgnicos contaminados por... la naturaleza

Es indefendible. Finalmente en 2010 el sector logr que la tasa de Monsanto se calculara sobre la base de la superficie cultivada efectivamente de transgnicos y no sobre la cantidad de sacos de semillas empleados. Sin embargo, si bien se entregan gratis las semillas segunda siembra, solo es despus de constatar el fracaso de la primera cosecha. Y la Sofitex lo reconoce: el retraso a la hora de intervenir ocasiona daos suplementarios para los campesinos. El sector tambin trat de luchar contra el precio de los sacos. Pero no se avanza, Monsanto quiere conservar sus mrgenes, reconoce Maxime Sawadogo.

La variedad transgnica todava provoca otras preocupaciones: el volumen de la produccin de semillas no est a la altura de las expectativas. Ms que un inicio de desafeccin por parte de los campesinos, esto explicara el estancamiento de las superficies cultivadas desde el auge de 2010 (un 66% de las 370.000 hectreas administradas por Sofitex). El problema es una falta de pureza de las semillas, debido a mezclas en todo el sector explica Dhou Dakuo. Ya no son las semillas transgnica las que contaminan a las convencionales, sino al revs! Con ayuda de Monsanto, la empresa multiplica los cursos de formacin para los productores de semillas, ms de la mitad de los cuales fueron desechados debido a la insuficiente calidad de las semillas que entregaron. Al grupo restante se le confi un plan semillero destinado a proporcionar rpidamente cantidad y calidad. Uno de los requisitos es mantener una distancia mnima de 300 metros del campo convencional ms cercano

Transgnicos por toda frica Occidental?

En India, que cultiva algodn Monsanto desde 2002, han aparecido insectos resistentes a los txicos Bt, lo que ha obligado a volver a las aspersiones de pesticidas: una catstrofe econmica acompaada de un fiasco sanitario. La cada de la rentabilidad provoc la ruina de decenas de miles de campesinos, unos movimientos de protesta muy violentos e incluso oleadas de suicidios. Por ahora no ha habido nada de eso en Burkina Faso, donde el algodn Bt se acept oficialmente en 2008. Pero lo cierto es que la sociedad civil se opuso a l desde el principio. El genetista Jean-Didier Zongo, que anima la Coalicin de Vigilancia ante los Transgnicos, critica duramente la precipitacin del gobierno y la opacidad de sus decisiones: Las primeras pruebas, en 2003, fueron clandestinas y estuvieron muy mal confinadas!. Y hubo que esperar a 2006 para que se establecieran leyes, procedimientos y organismos de direccin, tres aos despus de las primeras pruebas y contraviniendo completamente el Protocolo de Cartagena sobre bioseguridad.

En 2010 Monsanto solicito una renovacin de diez aos de su permiso. Y present su estudio de impacto socioeconmico [4]. Lo rechazamos, era demasiado insustancial, explica Chantal Zoungrana-Kabor, directora de la Agencia Nacional de Bioseguridad (ANB). El principal reproche es la ausencia de interpretacin a escala de las familias, punto crucial para evaluar el beneficio del algodn transgnico. Sin embargo, la ANB concedi a Monsanto una proroga de dos aos en espera de un informe ms conforme a su pliego de condiciones. A finales de febrero de 2013 el informe segua sin estar sobre la mesa de la ANB. Cuando va a empezar la temporada 2013-2014 el algodn Bt ya no dispone de permiso desde finales de 2012 Pero, qu margen de maniobra disponen las autoridades entre el callejn sin salida del algodn convencional y la huida hacia adelante del transgnico? El xito de la experiencia burkinesa es fundamental para la estrategia de implantacin de Monsanto en frica Occidental, escaparate para las potencias algodoneras vecinas, el primera fila de las cuales se encuentra Mali.

Dominio de las biotecnologas?

La empresa, que mantiene un equipo discreto en Burkina Faso, est muy atenta a las actividades de la Unin Econmica y Monetaria de frica Occidental (UEMOA, por sus siglas en francs). Desde 2006 esta unin de ocho pases de esta regin podra adoptar de aqu a 2013 un marco de regulacin del flujo de los transgnicos. Es un enfoque ambiguo: a da de hoy solo Burkina Faso est concernido, los dems pases (Benin, Costa de Marfil, Guinea Bissau, Mali, Niger, Senegal y Togo) prohben los transgnicos. Los promotores, entre los que se encuentra Monsanto, aducen que una armonizacin de las legislaciones nacionales y una puesta en comn de los medios de control facilitaran la prevencin de las intrusiones clandestinas de transgnicos.

As, este marco permitira que una planta transgnica obtuviera en una demanda un permiso vlido para toda la Unin Econmica y Monetaria de frica Occidental! Monsanto, con su caballo de Troya burkins, est muy bien situado para tentadoras consecuencias econmicas. Se estn haciendo pruebas con transgnicos para una juda local (nib) y pronto para un sorgo. Es extremadamente preocupante. Ya no se trata de una apuesta econmica sobre una produccin de renta, sino de un dominio de las biotecnologas sobre cultivos alimentarios de base de millones de personas , se alarma Aline Zongo.

Notas:

[1] Una de las raras ONG panafricanas, que opera en diez pases. Apoyada en Francia por CCFD-Terre Solidaire, fue fundadora de la Coalicin para la Proteccin del Patrimonio Gentico Africano (COPAGEN, por sus siglas en francs), una red que se opone a los transgnicos en frica Occidental.

[2] Cahiers de lagriculture, noviembre de 2012.

[3] Esto es, tericamente, un 35% superior al algodn convencional.

[4] Realizado con el INERA.

Fuente: http://www.bastamag.net/Apres-le-coton-Monsanto-cherche-a



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