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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2014

De Cuba, el culto a la personalidad y una respuesta impropia

Luis Toledo Sande
Cubarte


No me atribuyo ningn mrito raro si digo recordar, o eso creo, la generalidad de los coloquios profesionales en que he participado dentro y fuera de Cuba, particularmente en Espaa, donde lo he hecho con relativa frecuencia a lo largo de un cuarto de siglo. Con especial precisin me vienen a la memoria algunos celebrados en los aos 90 de la pasada centuria. El inicio de esa dcada coincidi con la proclamacin, en Cuba, del llamado perodo especial; y sus finales los marc la recordacin de los sucesos de 1898.

A mitad de camino estuvo la conmemoracin del centenario del proyecto revolucionario con que Jos Mart prepar la guerra que estall en 1895, enfilada a impedir lo que acab sucediendo en aquel 98, fatdico no solo para Cuba, nuestra Amrica y Espaa, sino para el conjunto de la humanidad: ese ao se decidi la arrancada de una voraz potencia imperialista, que rompera para su provecho el equilibrio del mundo, a menudo con el estandarte de un mesianismo digno de mucho mejor causa.

Por eso en algunos de los foros, en Cuba y fuera de ella, habl de 95 vs. 98, para abordar un hecho a menudo olvidado: problemas y planes de alcance planetario se han dado tambin en nuestra Amrica. No ha ocurrido solo en Europa, donde alguna interpretacin, bien intencionada, y prestigiosa, ha considerado que el siglo XX empez de veras con la llamada Primera Guerra Mundial, aunque esta fue la ampliacin internacional de lo iniciado en Cuba en 1898, con episodios y consecuencias directas para Puerto Rico y otros pueblos.

Con el eurocentrismo mal o bien disimulado, y que no ha prosperado solamente en Europa el pensamiento dominante prende tambin, y por eso domina, en el dominado, tienen que ver muchas de las calamidades de este mundo. Y con el eurocentrismo coexiste su variante que tiene estado mayor en otra porcin europea, la ms dominante de todas hace aos: la Roma imperial implantada en un rea del continente americano, ms amplia an por el territorio que le saque a Mxico, y por una compra cmica hecha a la Rusia zarista.

Tambin con el eurocentrismo, y con la herencia colonial en general, se vinculan algunas ancdotas que pudiera contar de aquellos foros espaoles, a pesar de haber sido preparados por personas de claro pensamiento y honrada actitud, a quienes no se debe responsabilizar por males que ellas han repudiado tan sincera como inteligentemente. Una de las ancdotas sera la del profesor que sali en defensa de Valeriano Weyler aduciendo que no es cierta la suma de muertos que en Cuba se atribuye a la Reconcentracin, anticipado ensayo fascista. No hay que recordar cifras exactas basta lo esencial ni reproducir puntillosamente lo dicho por el acadmico, quien sostuvo que Weyler no era el responsable digamos de trescientos mil muertos, sino de cien mil, nada ms. Ese nada ms valdra para una pera satrica de Bertolt Brecht o para una guaracha de ico Saquito, o de Carlos Puebla.

En otro foro me sent llamado a intervenir sobre el culto a la personalidad, una de las acusaciones hechas con saa durante dcadas a la Revolucin Cubana, y quizs a todas las que, por lo menos durante algn tiempo, han valido de veras la pena y han tenido lderes emblemticos. No pretendo ahora teorizar sobre realidades y ficciones del tema. El culto a la personalidad parece una tendencia humana de larga data, bien vista cuando se rinde a conos religiosos o artsticos, y discutida, desde la acera opuesta, en poltica. Ya en mayo de 2011 publiqu en este mismo Portal [Cubarte] el artculo Persona e instituciones (Detalles en el rgano. VII), que ni remotamente agota el asunto, pero citarlo me ahorra extenderme en l.

Ahora apenas apunto que el peso de las personalidades no se debe minimizar ni desconocer, y que, mientras algunos movimientos revolucionarios, y expresiones artsticas, han contado con representantes merecedores de admiracin, camino por el cual se puede llegar al culto e incluso al delirio, difcilmente eso ocurra con cabecillas imperialistas como aquel W. Bush que fue un peligroso hazmerrer. Y cuando el imperio ha logrado fabricar una figura atractiva, con inmoral otorgamiento incluso de un Premio Nobel, y lo ha lanzado como seal de cambio, no tarda en verse que el odioso imperio es el odioso imperio, y punto.

Va dicho eso sin ignorar que algunos caballeros de luz poltica confiaron y quizs sigan confiando elegantemente en Obama, como algunas damas de cierta izquierda se han rendido a la sonrisa del inquilino de la Casa Blanca. Por ello a un sabio honrado le o este sarcasmo: Qu encanto la sonrisa! Si Hitler hubiera tenido el don de sonrer, tal vez an estara instalado en el Reichstag, o habra muerto de viejo all. No obstante, a esa idea podra objetrsele que el general Francisco Franco, quien no tena gracia ni para sonrer, muri de viejo en su puesto de mando, luego de haber ensangrentado a Espaa y educado al monarca que garantizara la pretensa transicin de ese pas a la democracia.

Sobre el culto a la personalidad achacado a Cuba me limit a decir en aquel foro lo siguiente, que recuerdo sin mayor esfuerzo. Entro en casa de mis colegas espaoles y veo que su ttulo universitario est otorgado en nombre del monarca, y nada pregunto; pero algunos de mis colegas me interrogan sobre el culto a la personalidad en mi pas, donde el ttulo lo emite el rector de la universidad correspondiente. En mi pas ninguna moneda, ni metlica ni de papel, tiene la efigie del jefe de Estado, ninguna calle tiene su nombre ni en sitio alguno hay esculturas que lo ensalcen; pero a menudo en Espaa debo responder preguntas u or comentarios sobre el culto a la personalidad en Cuba. En mi pas no se pone el nombre de familiares del jefe de Estado, por muy infantiles y hermosos que sean, a instituciones pblicas; pero es en mi pas donde se practica el culto a la personalidad.

Comino ms, comino menos, esas fueron las comparaciones que hice en la intervencin aludida, nica de las mas que no se public en el libro donde se recogieron las memorias del encuentro. Se me dijo que se haba excluido por razones de espacio, y porque ya haba otras aportaciones mas en el volumen, y lo creo: ya me refer a la calidad humana, y aado la profesional, de quienes organizaron aquellos foros y editaron sus actas. Pero me habra gustado que se publicara, para que a nadie se le fuera a ocurrir que se exclua porque mencion la soga en casa del ahorcado, y no de un ahorcado cualquiera, sino de uno bien pagado y rodeado de inmunidad quin sabe hasta cundo! para que pueda actuar a sus anchas, y seguir enriquecindose. Tampoco ignoro que aquella nota hubiera sido una hojita borrada por la mar de propaganda contra Cuba.

Con el descomunal per cpita de metros cuadrados de papel y no digamos ya digitales, as como de espacio en radio y televisin, y de conversacin cotidiana, que en el mundo se propala acerca de ella, no parece comparable ningn otro caso, si bien eso ha cambiado no poco en los ltimos tiempos. Tal cambio no se debe a que haya mermado la campaa anticubana, sino a que, de unos aos para ac, ha resultado que ya Cuba no est en tanta soledad como al desplomarse el campo socialista (europeo) y disolverse la Unin Sovitica. Ocurri luego lo que muchos, por no decir muchsimos, no esperaban.

Un apogeo emancipador, de transformaciones, brot volcnicamente en nuestra Amrica, donde digan lo que digan los voceros del imperio se ha fomentado un proyecto de ALBA que fue un golpe demoledor contra el ALCA imperialista, y se ha consolidado la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos, expresin del inicio de un proceso unitario por el cual clamaron Simn Bolvar y Jos Mart, este ltimo ya encarando la emergencia del imperialismo estadounidense. S, de esa potencia que tanto coyundea y humilla a una Europa que no supo, no quiso o no fue capaz de quitrsela de encima cuando desapareci lo que haba por all de peligro rojo. Y conste que esto va dicho sin desconocer las potencialidades revolucionarias de trabajadores llevados a una crisis cada vez mayor, y de una poblacin en general en que la indignacin acaso no haya hecho ms que asomar.

A inicios de los aos 90 del siglo pasado, con Cuba en medio de un fenmeno como el denominado perodo especial, haba quien no arriesgaba nada por ella, y abundaron los que vieron el momento de decir cosas como esta: Las ilusiones de socialismo no tienen cabida en parte alguna de este mundo, y nadie ver mal que me pase, con bagaje y todo, a la seguridad capitalista. Nada ms aconsejable, pues, que arremeter contra Cuba, y mostrar que no tena la menor posibilidad de mantenerse en pie ms all de dos o tres aos. Algn error de clculo hubo, porque Cuba sigue en pie, y vamos por 2014. De 1990 para ac ha transcurrido casi un cuarto de siglo.

Pero fue cerca de 1990 1993, 1995? cuando tuvo lugar otro de los foros que recuerdo con especial claridad, en particular por una charla que, antes de celebrarse aquel, se me organiz en la Universidad Complutense de Madrid. El tema era el nico o uno de los pocos que interesaban entonces: la realidad de Cuba. Mientras la verdadera izquierda sufra por el temor a que este pas colapsara, o por el precio que tendra que pagar para mantenerse en pie, la falsa izquierda estaba de fiesta. Supona que tena a la vista la inminencia del hundimiento de Cuba, de su rendicin a los reclamos del imperio, pues su otra opcin sera convertirse en una Numancia intil, como en su momento alguien ganado por el espritu del Zanjn llam Cristo intil a Mart.

La verdad es que aquella charla empez pareciendo un pluriloquio en el que solamente no poda hablar el encargado de hacerlo. Iba a empezar una respuesta, y enseguida algn apasionado vaticinador saltaba para negarle a Cuba la menor posibilidad de sobrevivir, de mantenerse en su camino. Algunos, adems de la sapiencia oracular, tenan de su lado el testimonio de su conocimiento de Cuba, donde haban pasado unos das de vacaciones, tiempo suficiente para disertar sobre la realidad de este pas como verdaderos expertos: que te lo digo yo!, y no haba ms que hablar. A duras penas el conferenciante poda hilvanar algunas frases, porque sabios de turno le salan al paso. Estuvo a punto de perder la compostura, lo ltimo que poda hacer como invitado en un recinto de ndole acadmica, por ms seas. Pero casi la pierde.

Alguien se encarg de ayudarlo, de aliviarle la vida y allanarle el camino. Ese alguien levant su ndice, puso rostro de quien se las sabe todas, y pregunt, seguro de que pona el detonante ltimo, tras el cual el pobre conferenciante no tendra ms que retirarse, callarse o acaso echarse a llorar. Realmente, haba tardado mucho en aparecer la preguntica: Qu va a pasar en Cuba cuando muera Fidel? El conferenciante se relaj, no pens mucho, y solt su respuesta: Espero que no tenga el mal gusto de dejarnos un rey.

Fue una respuesta indelicada, porque le recordaba al auditorio algo que tal vez muchos de los all presentes preferan ignorar, e impropia, porque en Cuba donde en 1959 triunf una revolucin popular, no el fascismo no ha habido monarquas, el pueblo, o su vanguardia, ha tenido el coraje de echar a las tiranas que la han enlutado, y a dos imperios, y hoy vive una institucionalizacin dirigida, entre otras cosas, a evitar perpetuaciones que pudieran compararse con prcticas monrquicas. Pero los nimos en aquel saln se aquietaron y el conferenciante complet su tarea sin que nadie ms lo interrumpiera, como si se hubiese producido en el auditorio, o en gran parte de l, una anagnrisis colectiva y dolorosa.

En todo eso he pensado con intensidad en estos das, cuando en Espaa cuyo pueblo est sembrado entre mis mayores afectos se produce una sustitucin monrquica que nada tiene que ver con democracia alguna, aunque la monarqua haya sido enarbolada, desde el sanguinario caudillo Franco, como garanta para una Transicin Democrtica cuya naturaleza est a la vista. Y no precisamente en medio de bonanza alguna, ni real ni artificial.

Todo ocurre cuando la crisis sistmica ha propiciado el aumento del desempleo, mientras una Casa Real, envuelta en grandes escndalos, seguir costndole millones de euros a la nacin: una fortuna que no sale de actos de magia, sino de una economa que en pocos aos pas de jactarse quimricamente de andar por el octavo puesto en el mundo a descubrirse en plena debacle, sin los brotes verdes que alguien anunci en el afn de que se mantuviera en la presidencia su partido, que no es ni obrero ni socialista, como tampoco es popular el otro que alterna con l en la Moncloa. La crisis no la sufren los ricos, quienes se enriquecen an ms, ni los gobernantes que los representan, sino el pueblo trabajador, que se ve sin la ilusin de burbujas fabricadas para simular el esplendor de una democracia transaccional, falsa. A grandes males, grandes remedios?

http://www.cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/de-cuba-el-culto-a-la-personalidad-y-una-respuesta-impropia/25719.html



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