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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2014

Violencia sexual y capitalismo: un crculo vicioso

ngela Solano
La Hiedra

La autora se aproxima a un tema tan sensible como la violencia sexual contra las mujeres. Vincula esta violencia a la reduccin de las mujeres a mujer objeto y a la hipersexualizacin de sus cuerpos. Al mismo tiempo, rompe con la idea de que esta violencia est anclada irremediablemente en la naturaleza humana.


Cuando hablamos de violencia sexista, tendemos a centrarnos en la violencia ms visible, la fsica, y no es de extraar. Segn el Consejo de Europa, la violencia de gnero es la primera causa de invalidez y muerte para las europeas de entre 16 y 44 aos. En el Estado espaol, 48 mujeres perdieron la vida a manos de su pareja en 2013; entre enero y marzo de 2014, ya han sido asesinadas 18. Sin embargo, existen muchos tipos de violencia contra las mujeres, aqu nos centramos en la violencia sexual.La violencia sexual hace referencia a cualquier acto que coaccione a otra persona para manifestar una determinada conducta sexual en contra de su voluntad. Puede ir desde el mal llamado piropo a la violacin. Aunque en distinto grado, siempre se trata de presumir que el cuerpo femenino es un espacio que cualquiera puede tocar y del que puede opinarse libremente. Se trata de un reflejo del sexismo que las mujeres sufrimos a diario, una violencia que se ejerce contra nosotras en todos los mbitos: el domstico, el laboral y tambin en la calle. Cuando hablamos de la cultura de la violacin (1), en realidad nos estamos refiriendo a esto. Podemos detectarla en canciones, pelculas y chistes; los medios de comunicacin y la publicidad la normalizan, visualizando a una mujer objeto, complemento de su homlogo masculino, cuyo cuerpo hipersexualizado se expone pblicamente como si de una invitacin se tratara.

A menudo tenemos tan interiorizado este tipo de violencia que ni siquiera nos damos cuenta, pero su aceptacin supone la banalizacin de la desigualdad entre hombres y mujeres, lo que conlleva que el foco se ponga demasiadas veces en la responsabilidad de estas ltimas, culpabilizndonos en cierto grado de las agresiones sufridas. De hecho, las declaraciones de Michael Sanguinetti polica que durante una conferencia en 2011 sobre seguridad civil en la Osgoode Hall Law School de Toronto sentenci que las mujeres deben evitar vestirse como putas para no sufrir violencia sexual dieron lugar a la primera de las Marchas de las putas, organizadas en ms de 60 ciudades del mundo para reclamar el derecho de las mujeres a vestirse como quieran sin sufrir agresiones sexuales por ello.

Pero el incremento de la violencia sexual tambin se relaciona con los cambios en la concepcin de la sexualidad y de la posicin de la mujer en la sociedad capitalista. El impacto del trabajo fuera del hogar, la disponibilidad de anticonceptivos o el aborto, unido a otras reivindicaciones feministas, ha proporcionado a las mujeres un mayor peso social y ha aumentado sus expectativas acerca del control de suscuerpos y sus vidas. Estos cambios han influido en la familia, disminuyendo su tamao. Hoy es posible para hombres y mujeres experimentar relaciones personales y sexuales antes del matrimonio, hay algn tipo de educacin sexual en las escuelas aunque insuficiente y sesgada y se reconoce a las mujeres como seres sexuales capaces de experimentar placer por s mismas. Estas victorias fueron impulsadas por campaas polticas como el acceso al divorcio y al aborto, as como contra la criminalizacin de la homosexualidad, contra el maltrato y la violencia sexual. Las mujeres queremos ser tratadas en igualdad, con respeto y dignidad, y mantener relaciones personales satisfactorias. Sin embargo, los mensajes que se difunden desde los medios y la cultura dominante continan retratndonos como objetos sexuales, siempre disponibles y accesibles para satisfacer a los hombres. La violencia sexual se recrudece cuando, en este contexto, las mujeres tenemos ms poder y autonoma para decidir sobre nuestra sexualidad, cuestionando las antiguas formas de dominacin.

Violencia y naturaleza humana

Debemos sealar que la violencia no es intrnseca a la naturaleza humana y que por lo tanto las relaciones entre hombres y mujeres tampoco han estado siempre regidas por la violencia y la desigualdad; sino que son susceptibles a los cambios sociales. Desde sus orgenes el ser humano ha sido un ser social. Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, seala las formas en las que la sociedad humana ha ido transformndose a partir de cambios cruciales en sus tcnicas de produccin. Para Engels, las sociedades cazadoras y recolectoras que haba conocido estaban basadas en una divisin sexual del trabajo en la cual hombres y mujeres cooperaban para asegurar su existencia, pero la divisin del trabajo era igualitaria, concebida en funcin del hbitat y no dictada por el conjunto de los hombres, pues el trabajo de ambos sexos resultaba imprescindible para la supervivencia. Tambin seala que estas sociedades eran de pequeo tamao, todos se conocan dentro del grupo y no existan distinciones entre la esfera pblica y la privada. De esta forma, promovan la socializacin de hombres, mujeres, nias y nios basndose en principios de cooperacin libres de violencia interpersonal. La cooperacin econmica favoreca la cooperacin social en todos los sentidos: entre ciertos grupos indios norteamericanos, el reconocimiento del derecho de las y los nios a elegir su rol de gnero era algo plenamente aceptado. Teoras similares sobre la socializacin quedan recogidas por Eleanor Leacock en Myths of Male Dominance y por Colin Turnbull en The Wayward Servant.

Peggy Sanday (2) tambin afirma que los roles de gnero son culturales, no biolgicos, y derivan de las circunstancias polticas e histricas en que las personas interactan entre ellas y con el medio que les rodea. De otro modo no encontraramos la variedad de formas en las que estos roles han sido repartidos entre distintas sociedades. Pero hace mucho que los seres humanos no inventamos nuevos caminos de una generacin a otra. De hecho, estamos irremediablemente influidos por los patrones de nuestros padres y madres y siempre sentimos el peso de nuestra cultura e historia. Estos roles de gnero slo cambian cuando la cultura es modificada por exigencias sociales o del medio en el que se desarrollan. En The State Formation in Sumer and the Subjugation of Women, Ruby Rohrlich habla de la consolidacin de las clases sociales como un proceso simultneo a la formacin del Estado, la subordinacin de la mujer a travs de la familia y el fortalecimiento de todo ello mediante la Ley. La propia existencia de penalizaciones para las mujeres muestran que se resistieron a esta subordinacin y que esa fuerza legal fue necesaria para acabar con su resistencia: si las mujeres siempre hubieran estado subordinadas a los hombres, estas sanciones no habran sido necesarias.

Podemos concluir entonces que ni la violacin ni la violencia contra las mujeres son premisas universales de la sociedad humana; tampoco son un producto de la biologa masculina. La explotacin de clase, la desigualdad y la violencia sistemtica incluyendo la violencia contra la mujer, seguramente aparecieron de forma tarda en las sociedades humanas. Como afirma Chris Harman, si hay una naturaleza humana biolgica, sus caractersticas deben haberse definido en el presente perodo.

Violacin sexual: un concepto relativamente nuevo

La mayor expresin de violencia sexual la encontramos en la violacin. Actualmente, la violacin se concibe como una ofensa a la persona violada, hacia su autonoma, no hacia su padre o marido. La violacin se produce cuando el cuerpo de una mujer es asaltado sin su consentimiento, sin posibilidad de contraatacar o demasiado atemorizada para negarse, e incluye tambin la posibilidad de la violacin entre personas LGTBI o dentro del matrimonio; pero estas acepciones son muy recientes. La violacin en el matrimonio no se reconoci como delito hasta 1990 y durante muchos aos, mdicos, abogados y jueces no estaban dispuestos a considerar la negativa de las mujeres durante una violacin si no existan evidencias de violencia, algo que todava a da de hoy se pone en tela de juicio.

Para llegar a esta definicin, ha sido fundamental el desarrollo de tres cuestiones bsicas: 1) la posibilidad de sufrir una violacin dentro del matrimonio, 2) indicar qu personas son susceptibles de ser violadas y 3) los indicios necesarios parar probar la falta de consentimiento. La organizacin y manifestacin activa de hombres y mujeres para cambiar el significado del consentimiento y ejercer presin sobre polticos, jueces y fuerzas policiales jug un papel importante. Este reconocimiento refleja un crecimiento en los derechos de las mujeres y de las luchas para alcanzar un mayor grado de igualdad de la mujer ante la Ley. Pero aunque el capitalismo ha permitido un espacio para el surgimiento de los derechos del individuo una autonoma relativa que se ha logrado por medio de las ideas de igualdad y libertad burguesas, condiciones necesarias para la aparicin del concepto moderno de violacin, se halla muy lejos de erradicar la violencia sexual. Ms bien al contrario, como veremos a continuacin.

Hay dos tipos de violacin que estn directamente influidos por las condiciones de la sociedad capitalista: la violacin dentro del matrimonio y la violacin por parte de un extrao. Un dato llamativo es que slo una minora de las violaciones son cometidas por desconocidos, mientras que el 75% de los violadores pertenecen al entorno de la vctima (novios, citas, amantes, examantes o conocidos), segn demuestra el estudio de Ruth Hall (3), Ask Any Woman. Por otra parte, la promocin del sexo como reafirmacin de la virilidad, as como la inexperiencia en relaciones personales y sexuales, tambin juegan un papel importante. Muchos de esos productos difusores de la cultura de la violacin de la que hablbamos al principio ya sean televisivos, cinematogrficos o incluso literarios y que naturalizan la figura de la mujer objeto, van dirigidos a un pblico adolescente cuya principal fuente de informacin sobre sexualidad es a menudo la pornografa, industria que reproduce actitudes de dominacin absoluta del hombre sobre la mujer, incluyendo en muchos casos violaciones reales o excediendo los trminos del acuerdo previo, como han denunciado algunas actrices del sector.

En las violaciones por parte de un extrao suele existir un mayor ndice de violencia, muchas incluso se producen en el transcurso de algn otro crimen. La delincuencia est claramente relacionada con las condiciones sociales: una sociedad basada en una distribucin desigual de la riqueza favorece los crmenes de propiedad. Bajo el capitalismo, la mayora de la poblacin depende de su fuerza de trabajo para cubrir sus necesidades, si el salario es demasiado bajo o est desempleada, la nica forma de satisfacer sus necesidades es robando o endeudndose. No sorprende que, en una sociedad que nos bombardea con imgenes de cuerpos femeninos y alienta a los hombres a reafirmarse a s mismos mediante el sexo, una parte de ellos decida robar sexo. Llegado este punto podra sugerirse que las clases con menor poder adquisitivo son ms vulnerables ante cualquier forma de crmenes violentos, incluida la violacin.

Fue Susan Brownmiller (4) la primera en decir, en 1981, que la violacin no es una conducta aislada de individuos inadaptados. Su teora era que este terror funcionaba como un mecanismo para condicionar el comportamiento de las mujeres. Desde una perspectiva socialista, lo interesante de su afirmacin reside en la desmitificacin de la figura del violador en relacin a un sector especfico y marginal de la sociedad. El mayor mito de todos es creer que la violacin es una aberracin en extincin, heredada de las formas en las que los hombres se acercaban a las mujeres emocional, sexual y fsicamente, y constreida a un nico sector de la sociedad. Pero si la violacin por parte de un extrao es menos comn que otras formas de violacin, aunque se denuncie con mayor frecuencia, esto significa que la mayora de las violaciones que son las que se producen en un entorno conocido no quedan registradas.

El hecho de que las mujeres se sientan ms seguras para denunciar cuando se trata de un desconocido es lo que explica que las estadsticas basadas en informes policiales perfilen al violador como un hombre joven de clase baja, lo que a veces se traduce como persona inmigrante. Tambin define a las vctimas. Segn el estudio de Ruth Hall, dos de cada cinco mujeres negras entrevistadas en Gran Bretaa, fueron asaltadas por su etnia o su nacionalidad. Muchas de estas mujeres tambin se sienten sealadas y marcadas con un estereotipo racista como exticas y sexuales. Al racismo y sus dificultades econmicas se suma, en el caso de las inmigrantes sin papeles, el miedo a ser deportadas si acuden a la polica. Las mujeres de clase media y alta, en cambio, cuentan con una mayor seguridad para enfrentarse a este tipo de violaciones que las mujeres de clase trabajadora, dado por un lado su posicin en la sociedad y por otro factores circunstanciales: los lugares que frecuentan no son los mismos, ni tampoco su uso del transporte pblico, sus horarios de trabajo, la ubicacin de su residencia y similares. Por otra parte, Sharon Marcus asegura que la habilidad de un violador para atacar depende ms de cmo se posiciona socialmente en relacin con la mujer que de su supuesta fuerza fsica superior.

Mecanismos para abarcar la violencia sexual

Existe una importante contrapartida cuando se asume que la violacin y la violencia son algo innato a la naturaleza masculina: el foco vuelve a colocarse sobre nosotras. A las chicas se les ensea a tener cuidado, pero no a defenderse. As, desarrollamos un miedo y una incapacidad de respuesta que recuerda al sndrome de indefensin aprendida del que hablaba Seligman, convirtindonos en vctimas potenciales. Los hombres y la calle se convierten en amenazas, lo que consecuentemente limita la autonoma y la libertad sexual de las mujeres. Sin embargo, tal y como afirma la sociloga Lohitzune Zuloaga (5), el miedo que sentimos las mujeres a ser vctimas de una agresin sexual grave es muy desproporcionado en comparacin con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla.

Por otro lado, la victimizacin resulta perjudicial para la recuperacin de la persona que ha sufrido una agresin, traumatizndola y estigmatizndola a la vez. Sharon Marcus lamenta que, ante estas situaciones, se inste a las mujeres a no oponer resistencia, algo que tambin repercute en la autoestima, la seguridad y confianza. Segn ella, dicho razonamiento convierte a las mujeres en objetos de violencia y sujetos del temor, y aporta datos acerca de que una resistencia activa frente al violador bloquea gran parte de las agresiones. Maitena Monroy (6) apoya esta reflexin: para ella, este tipo de mensajes transmiten que la nica solucin a la violencia es que las mujeres dejen de hacer cosas, lo cual implica negar derechos como el de estar solas. Segn Monroy, nuestro objetivo debe ser que las mujeres adquiramos la actitud vital de reclamar nuestro derecho a existir sin violencia, refirindose a todas esas agresiones machistas que vivimos diariamente y que hacen que las mujeres caminemos ms inseguras por las calles, hacindonos ms vulnerables y dependientes. Esto tambin significa analizar la forma en la que las mujeres ocupamos el espacio pblico, y para ello contempla la necesidad de identificar las agresiones a las que se enfrenta la poblacin femenina en todos los mbitos, buscar el origen de esa violencia y entonces armarse de recursos para enfrentarla.

Algunos sectores del feminismo explican la posicin de las mujeres en base a una violencia masculina ejercida a nivel individual, pero esta aproximacin oscurece lo que necesitamos explicar y reduce procesos muy complejos a la dimensin del comportamiento masculino. En lugar de contemplar la continuidad de la violencia sexual como el resultado de una falta de poder en la mayor parte de la poblacin, indistintamente de su sexo, ciertas teoras atribuyen dicha permanencia al poder masculino. El resultado es dirigir la atencin de las mujeres a combatir el sexismo en sus vidas personales sin llegar a combatirse con eficiencia las ideas de la clase dominante. Para lograr un cambio a nivel global, debemos atajar el problema de raz, localizando el origen de la violencia sexual en el contexto de los cambios producidos en la sociedad capitalista y en la vida de las mujeres dentro de este sistema. Debemos desarrollar estrategias para luchar contra la opresin de la mujer en el plano individual, pero sobre todo colectivamente, buscando soluciones concretas a problemas concretos. Se trata de aunar fuerzas para superar una sociedad la capitalistaque ha creado las condiciones para que se d y se perpete dicha violencia.

Por todo esto, resulta imprescindible la organizacin y la solidaridad entre mujeres, pero tambin la implicacin de nuestros compaeros a la hora de combatir la violencia sexista y cuestionar la concepcin tradicional de los roles de gnero. Esta tarea no debe delimitarse nicamente a espacios feministas, sino que debemos manifestar nuestro rechazo a la violencia sexual de cualquier clase a diario y en todos aquellos mbitos en los que intervenimos, especialmente el laboral. Pongamos en jaque al capitalismo, tambin a travs de la igualdad.

Notas:

1 M., Mara, 2013: La cultura de la violacin. Proyecto Kahlo, 1/08/2013. Disponible en: http://www.proyecto-kahlo.com/2013/08/la-cultura-de-la-violacion/

2 McGregor, Sheila, 1989: Rape, pronography and capitalism. International Socialism 2:45, Winter 1989, pp.3-31.

3 Mc Gregor, Sheila, 1989: op.cit.

4 Renton, David, 2013: Three essays on violence: When did rape begin?. http://livesrunning.wordpress.com/2013/10/08/when-did-rape-begin/ 8/10/2013.

5 Fernndez, June, 2013: No vayas sola, te puede pasar algo, eldiario.es, 13/10/2013.

6 Goti, Nerea, 2011: Igualdad de derechos contra la violencia sexista, Gara, 25/11/2011

ngela Solano (@Angela_Freebird) es militante de En lucha / En lluita

Fuente: http://lahiedra.info/violencia-sexual-y-capitalismo-un-circulo-vicioso/



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