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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2014

Los sicarios de Fernando Vallejo

Camilo de los Milagros
Rebelin


 

cuando a Medelln le da por llover es como cuando le da por matar, sin trminos medios con todas las de la ley y a conciencia Fernando Vallejo, La Virgen de los sicarios. [1]

 

Medelln tuvo das azules. Bellos a pesar del aroma parroquial. Tanto costumbrismo pacato. Das de tradicin conservadora. Tambin tuvo -tiene?- das terribles, empaados, nublados. Medelln tuvo cinco mil asesinatos anuales, ms de un centenar de iglesias y el metro ms grande de Colombia. Cmo no, si es el nico.

Girar de Los das azules, la descripcin de una ciudad pueblerina donde la nica perdicin transitaba la calle Guayaquil, a La Virgen de los sicarios, representa el desmoronamiento de la sociedad paisa, cercada por comunas repletas de asesinos consumados o en potencia. Nadie mejor que Fernando Vallejo para escenificarlo; a la postre su supuesta iconoclastia encubre un conservador en estado puro, un monrquico sin Rey, encajando a la perfeccin en esa Antioquia de abolengos y seoras rezanderas que se fue a la mierda. Vallejo dej una Medelln que apenas suba hasta Manrique y retorn al infierno de las motocicletas envenenadas.

Al principio imposible creer la relamida diatriba del autor, aquello de miserable escritor en primera persona que slo sabe hablar de s mismo. Se resiste uno a contemplar los hechos de esa novela como autobiogrficos. Vallejo cmplice y determinador de homicidios? Amante de jvenes asesinos que matan increblemente, naturalmente, porque s? Vallejo consiguindole balas a su novio? Cuando la trama deriva al romance del escritor con el asesino de su primer amante, de su nio, su enamorado, la luz de sus ojos, cambia la conclusin: todo el relato tiene que ser verdico por completo, es necesario que sea preciso. Esta pluma demasiado inteligente, piensa uno, sera incapaz de forzar aquel delirio donde l narrador acaba acostndose con el matn de su primer enamorado. Un final de esos, de telenovela mexicana, slo es posible si (y slo si) el escritor lo experiment en carne propia. Toda la narracin del maldito es cierta, una desafortunada coincidencia. Incluye matanzas de taxistas, ataques de pistola o pasin, rabietas vallejianas exuberantes de odio, impulsos extraos de ternura. El clmax: Vallejo, un viejo descredo de la vida pero obsesionado con sus jovencitos delincuentes. El segundo mata al primero. Ah se supone la tragedia del asunto.

Se nota que Vallejo recarga las pginas de crmenes exagerando una poca de por si exagerada. Un muchacho con cien asesinatos impunes? Matar peatones por la calle slo porque andan alborotados por la calle? Seguro que son posibilidades de esta Colombia hundida en s misma, sin embargo son posibilidades obvias, de crnica judicial, de periodista mediocre, y empieza uno a dudar otra vez del escritor en primera persona que no falsea hechos ni se inventa ficciones. Ese Vallejo revolcndose en la sangre que ensuci su vieja Medelln de curas y matronas es el ms endeble que he ledo. Lstima que sea el ms famoso. Dio incluso para pelcula.

La Virgen de los sicarios vale por la descripcin ntima del fracaso de aquella tacita de plata, la capital de la montaa orgullo de nuestra cultura paisa. Vale por ser testimonio de los aos ms duros que tuvo Colombia en pocas recientes a travs de una vivencia personal del sicariato. Ser de lejos el gran relato sobre aquel fenmeno al combinar la pasin por la sangre con la pasin de un erotismo entre iguales, que de forma maravillosa, no incurre en tpicos. Ac Vallejo acierta. No es un erotismo sucio como el de tantos autores que abordan la homosexualidad con el cristal de los prejuicios. Por eso otra vez toca abandonar la duda y creerle al autor sus aventuras en la Medelln desquiciada. Importa acaso que exagere, si sigue siendo brillante y feroz, sublime y brutal.

Pero viene el final y con el final de nuevo la sospecha. Tres lneas de un estribillo vulgar rematan la narracin emocionante. Sera sublime si el estribillo no fuera un mal chiste, una chanza mortfera que, otra vez, le cambia el sentido al texto, porque slo a Fernando Vallejo se le ocurre finalizar una novela esencialmente trgica con una broma de mal gusto, como queriendo insinuar que no, que todo es una tomadura de pelo, que l nunca desvisti esos pistoleros ni durmi abrazado a sus cuerpos homicidas, que jams fue en taxi a la comuna nororiental, que no celebr cuando su muchacho despachaba a bala una mujer embarazada. Vallejo es as de impredecible. Vallejo, el gran oxmoron antioqueo, aunque esto es redundancia.

 

@camilagroso


NOTAS:

[1] Fernando Vallejo, La Virgen de los sicarios, Alfaguara, Bogot, 1998, pp. 88.


 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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