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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2014

Recuperar la soberana lejos de yihadismo e injerencia

Pedro Rojo
Iraqsolidaridad


Califato yihadista en Iraq? Nueva intervencin militar estadounidense? Acuerdo pblico entre el lder del eje del mal y su Satn occidental? Cmo ha llegado un pas laico donde, en 2003, el 70% de los matrimonios era mixto a ser el campo de batalla de los anhelos de grandeza de las potencias sectarias?

El principio del actual caos se sita sin ningn tipo de dudas en 2003, en la ocupacin estadounidense, mal planificada y peor ejecutada. En la soberbia de unos gobernantes ideologizados que supeditaron la visin mesinica de sus consejeros neoconservadores a los informes tcnicos de sus profesionales de la informacin y la planificacin militar. Al desor las alertas sobre la importancia de la resistencia iraqu y la capacidad de injerencia iran, Paul Bremer, el procnsul estadounidense para Iraq, un hombre sin experiencia en batalla ni en el mundo rabe, slo avalado por su compromiso con el credo neocon, sembr las semillas del caos que ha gobernado Iraq durante la ltima dcada.

La implacable tenacidad de la resistencia iraqu oblig a Washington a buscar un aliado para intentar dominar un pas que nunca lleg a controlar. No tena otro aliado posible que los partidos polticos proiranes que desembarcaron en Iraq en 2003 reclamando el gobierno para la llamada mayora chi. El sectarismo en el que se basa este planteamiento necesitaba una contraparte en el lado sunn. No la hallaron en la resistencia armada, que desde sus inicios ha defendido un Iraq unido, verdaderamente democrtico y plural, lejos de las cuotas confesionales impuestas desde la ocupacin.

El papel de Al-Qaeda

Para el papel de demonio sunn extremista, cuyo objetivo es exterminar a todo infiel (incluidos chies y sunnes poco observadores), se ofreci Al-Qaeda. Sus seguidores encontraron en el caos en el que se sumi Iraq tras el desmantelamiento por parte de Paul Bremer, del Ejrcito, el partido Baaz y los servicios de seguridad, la tabla de salvacin y recuperacin para una organizacin que entonces vagaba por las montaas que separan Afganistn y Paquistn tras la ocupacin del primero por tropas occidentales. Las barbaridades cometidas por el grupo liderado por Zarqawi contra la poblacin civil chi (condenadas siempre por la resistencia iraqu) sirvieron de excusa para ahondar en la poltica sectaria de los gobiernos de la ocupacin y la permisibilidad para que las milicias proiranes como el Ejrcito del Mehdi o las Brigadas Bder llevasen a cabo limpiezas tnicas de barrios enteros de Bagdad, que antes eran mixtos, con el objetivo de cambiar la composicin plural y entrelazada de la capital iraqu en una ciudad de mayora chi con barrios segregados sectariamente.

Al tiempo, la presencia de Al-Qaeda dio por fin la oportunidad a los neoconservadores de encuadrar la invasin de Iraq en el marco de la guerra contra el terrorismo, aunque ese terrorismo hubiese llegado fruto de su desastrosa actuacin en el pas. Pan para hoy y hambre para maana. La estrategia cortoplacista de los polticos estadounidenses hizo que lenta pero inexorablemente el control de los asuntos iraques (que no del terreno que nunca controlaron) se les fuese escurriendo entre las manos para ir cayendo en las de Irn, mucho ms hbil y paciente en su forma de maniobrar. En diciembre de 2011, la mayora de las tropas estadounidenses abandonan oficialmente Iraq, fruto de la presin de su opinin pblica y la creciente vulnerabilidad de sus hombres, acantonados en las bases desde el verano de 2010 pero objetivo de un doble fuego: la resistencia, que segua su acoso con morteros, a los que desde el comienzo de la revolucin siria se sumaron los bombardeos ms sofisticados de las milicias proiranes que presionaban as a Washington para que no apoyase la cada del rgimen de Asad.

Salida del ocupante

La salida del ocupante estadounidense aceler la poltica autoritaria sectaria de Nuri al-Maliki, que desde la formacin del Gobierno de su segundo mandato en 2011 ostentara una de las carteras de seguridad, adems de dejar las otras dos durante toda la legislatura en manos de ministros interinos bajo su control. La corrupcin y la falta de atencin a los servicios ms bsicos de su poblacin provocaron en 2009 y 2011 manifestaciones a lo largo de todo el pas, desde Basora, en el sur, hasta Suleimaniya, en el Kurdistn.

En diciembre de 2012 se reaviva la protesta de forma especialmente numerosa en las seis provincias al norte y oeste de Bagdad, donde se ocuparon pacficamente plazas pblicas en ciudades como Ramadi, Samarra o Faluya, siguiendo la estela de la plaza Tahrir de El Cairo. La represin a sangre y fuego de las fuerzas de Maliki de estas ocupaciones pacficas se convirti en un enfrentamiento armado cuando las tribus tomaron las armas en diciembre de 2013 para defender a sus gentes ante las incursiones de las tropas de Maliki, como la matanza de Hawiya, en abril de 2013, en la que murieron ms de 80 acampados desarmados cuando el Ejrcito desmantel el campamento. En enero de 2014, la ciudad de Faluya es controlada por los rebeldes, as como buena parte de Ramadi. Rpidamente la retrica del Gobierno en Bagdad se pone en marcha y se acusa al Estado Islmico de Iraq y el Shams de ser quien controla la ciudad. En su siguiente viaje a Washington, Maliki presenta su lucha como parte de la batalla internacional contra el terrorismo.

Consejos Militares

Nada ms lejos de la realidad: quienes controlaron Faluya, al igual que quien controla desde el 10 de junio Mosul y la mayor parte del territorio al norte y oeste de Bagdad, son los Consejos Militares de los Rebeldes, compuestos por antiguas facciones de la resistencia, jvenes de la revolucin y miembros de las tribus locales que, hartos de la represin, corrupcin y marginacin de los sucesivos gobiernos de Maliki, se han levantado para exigir la cada del rgimen y la fundacin de un verdadero Estado democrtico, alejado del sectarismo y de los radicales de todo signo.

La presencia minoritaria de los yihadistas radicales del Estado Islmico (antiguo Estado Islmico de Iraq y el Shams) slo sirve a los intereses de Maliki, que puede presentarse ante la comunidad internacional como un adalid de la lucha contra el terrorismo enmascarando la verdadera naturaleza de su gestin, que slo ha trado sangre, pobreza y divisin a Iraq. Slo el programa unitario y realmente democrtico del levantamiento popular que marcha hacia Bagdad puede acabar tanto con la herencia de la ocupacin como con el extremismo del Estado Islmico que se ha colado en el pas aprovechando el caos. A Occidente slo le queda retirar sus tentculos de Iraq y reconocer el derecho a que sean los propios iraques los que decidan su futuro. Seguir apoyando al rgimen de Maliki slo alargar el bao de sangre.

*Pedro Rojo es arabista, miembro de la CEOSI y presidente de la Fundacin Al Fanar

Fuente original: http://www.iraqsolidaridad.org/2014/07/iraq-recuperar-la-soberania-lejos-de-yihadismo-e-injerencia/

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