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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2014

La ciudad, el ocano y sus cines

Jos Ramn Otero Roko
La Marea


Espaa ha visto en los ltimos aos como su mapa de festivales perda relevancia internacional a fuerza de efectuar recortes que no se justificaban ni en trminos econmicos, ni en trminos sociales, sino en aras de un populismo vertical para el que la Cultura es un gasto superfluo que deviene de una naturaleza, para ellos, ornamental y decorativa.

Hoy, de los tres principales Festivales de Cine de creacin que se realizaban en este pas, slo queda uno, el de Las Palmas de Gran Canaria. Un proyecto que an goza de mltiple eco en los crculos de autores, crticos y cinfilos en todo el mundo, y que sin embargo ha tenido que llevar a cabo la edicin de este ao, concluida hace pocos das, entre la falta de presupuesto, la hostilidad de un sector de la prensa local y el amedrentamiento de su pblico. Pblico al que, desde determinadas instancias, se pretende atemorizar llenndole de prejuicios sobre la calidad de unas pelculas que, como la mayora de las que se muestran en este tipo de eventos en todas partes, no suelen llegar a las salas comerciales, lo cual debiera de ser una prueba a favor de su inters y no en contra.

El Festival de Las Palmas no pudo realizarse el ao pasado. Todos los que vemos ste cine, y escribimos sobre l, temimos que sucediera lo mismo que con las otras dos grandes citas del cine de vanguardia en Espaa, Pamplona y Gijn, que ya haban sido anuladas con la excusa de la crisis eterna, de un tramposo relanzamiento, o de ese comodn del tahr que proclama sin sonrojarse que tiene la intencin de acercarse ms a un pblico al que en el fondo desprecia.

En Gijn su festival goz del apoyo masivo de los espectadores. Su director Jos Luis Cienfuegos haba consolidado, con la complicidad de ciudadana, prensa y crtica, el certamen entre los ms importantes de Europa. En Navarra, gracias a su equipo artstico, el Festival Punto de Vista sum para la capital pamplonesa una programacin del mximo riesgo creativo unida a la vindicacin de una modernidad que las fiestas de San Fermn o la lucha por la permanencia del Osasuna nunca proporcionaran. Los dos fueron descabezados por razones mezquinas destinadas a convencer a quienes no les interesa el cine ni lo que sucede cuando se le habita.

Para una ciudad, tener un festival de prestigio no supone, ni debe suponer, un beneficio econmico directo. Lo que ofrece es dar densidad a su nombre, permitir que no caiga bajo la tirana de una etiqueta turstica o folclrica, concederle el estatuto de metrpoli ms all de esas postales sin textura que adornan los programas electorales. Y el prestigio, o como dicen los asesores de imagen la marca, no lo proporcionan las pelculas comerciales, aunque haya quien quiere hacer creer que s.

Por ello, la edicin de este ao del Festival de Las Palmas ha estado marcada por un contraste muy significativo entre lo que suceda en la pantalla y lo que determinados elementos pretendan que sucediera en las salas. Por un lado, la programacin trat de suplir la falta de ciclos paralelos pensando en cinfilos de todo tipo. En la seccin oficial compartan sitio pelculas triunfadoras en Sundance con ensayos visuales brasileos o franceses, o pelculas de ciencia ficcin rusas, todo ello sin perder rigor ni amplitud de miras. Y mientras, con el apoyo de parte de la prensa y televisin regionales, no se trataba de comunicar esa realidad a los ciudadanos sino de disuadirles por todos los medios de que acudieran a los cines, a menudo incluso con bochornosos comentarios a gritos en la sala por parte de algn periodista local, como si la ignorancia ya hubiera sido entronizada a costa del sentido comn.

Las Palmas es un festival de cine excepcional, en el sentido de lo raro, de lo inslito o de lo inusitado, que significa proyectar pelculas que recorren algunos de los certmenes ms singulares del mundo (Rterdam, Buenos Aires, Locarno, Cannes) en una ciudad, en las orillas de una isla, en medio de un ocano, que tuvo la costumbre de mirar de cerca a lo que estaba ms lejos y en la que hay quien ansa que esa forma de ver se pierda ya para siempre. Un cine de archipilagos, que s representa la modernidad y la modernidad siempre est a contracorriente- y que se puede ubicar geogrficamente en un lugar como Canarias; cara a cara con un continente que representa la realidad que discuten, en gran parte, los valores ticos de la contemporaneidad.

Esa mirada, contigua, en ocasiones se enajena por la felicidad o por el odio. Le sucedi el domingo pasado a los aficionados del club de ftbol de Las Palmas que, arrebatados por la alegra de ver ganar a su equipo, lo llevaron a la derrota. Y le sobrevino igualmente a los que en la ciudad aborrecen ese festival porque, aquejados del sndrome de Mnchhausen, inventaron dolencias inexistentes para postularse como sus curadores, pretendieron acuchillarle para luego decir que una herida desconocida era la causa de su afliccin, fingieron un festival irreal en el intento de que las salas no estuvieran repletas, procurando que les oyeran quienes sentan vergenza ajena al escucharles.

El problema del acoso y derribo a los festivales de cine de vanguardia, cosa que sucede en Espaa a contracorriente de casi todos los dems lugares del mundo, sea cual sea la cultura o el signo poltico de sus ciudades, es que con ello se renuncia a ser otra cosa diferente a lo que el mercado, o los grandes intereses econmicos, tienen reservado a una regin, o una isla como es el caso. Se entrega a la ciudadana a un modelo en el que ya no puede concebirse la diferencia como un valor social positivo, que todos estamos llamados a proteger puesto que de ah a menudo surgen las ideas, y muchas veces las soluciones, que deben trascender lo que los intereses macroeconmicos a corto plazo pretenden dictar al cuerpo social.

Es muy fcil decir que el pblico no se identifica con su Festival mientras que por todos los medios se trata de ofrecer una visin negativa de lo extraordinario y lo inslito, a la vez que su anlisis recae en quienes lo detestan. Ciertas actitudes corresponden, por particulares, a aquella frase de Goering de Cuando oigo hablar de la Cultura echo mano a mi pistola, o a la de Milln Astray de Muera la inteligencia!, y no a una labor pedaggica que explique a sus conciudadanos el valor del descubrimiento y el compromiso de la colectividad con la excepcionalidad. Lo singular en el arte a menudo no agrada a la mayora, porque la alienacin pesa ms que la originalidad, pero es esa mayora la que padece a los que estn empeados en que el mundo de pasos atrs para que sus lderes de opinin puedan ir ms lejos en sus ambiciones personales.

Igual que se extinguen las especies o las estrellas se puede extinguir un Festival de Cine. Lo sabe el que exige que ha de ser un negocio, como si ese argumento fuera vlido, incluso desde su propia lgica, con los programas sociales de las empresas privadas, por poner un ejemplo con el que puedan sentirse identificados. Hay determinados campos que estn fuera del concepto de rentabilidad incluso en las instituciones econmicas ms infames del planeta. Si ello se invoca a propsito de la Cultura lo mejor ser que escondamos nuestras pertenencias cuando les veamos pasar, porque son los mismos que, pretendiendo ahorrarse el futuro, saquearn el presente.

Fuente: http://www.lamarea.com/2014/06/27/la-ciudad-el-oceano-y-sus-cines/



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