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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2014

"Desrdenes" de David Eloy Rodrguez: el asombro ante lo imprevisible

Arturo Borra
Rebelin


Los nios son presos polticos deca Deleuze, tal como recuerda David Eloy Rodrguez en Desrdenes (Amargord, 2014, Madrid). La pertinencia de la cita no puede ser mayor y no porque vayamos a mitificar la infancia, sino porque preserva el momento de asombro que es la condicin de una autntica interrogacin. Mirar, entonces, con esa extraeza que produce, aunque se empecinen en domesticarla, bajo mil formas, taponando el deseo de saber, de hurgar lo real en lo que tiene de ms sorprendente y recndito. Es sobre esa mirada que cabe volver. Porque lo que Desrdenes pone en juego es una cuestin de perspectiva de tomar distancia de aquello que hemos normalizado, de un orden social basado en el sacrificio (de los otros) y la negacin del movimiento (de la historia). No por azar el libro comienza por una aventura, el ltimo da del comienzo del mundo, contrapunto del apocalipsis que nos anuncian cada maana los profetas de la desdicha.

Desde esa perspectiva, desordenar un sistema asfixiante es la posibilidad misma de abrir grietas que dejen respirar o, si se prefiere, la posibilidad de amar en medio de tantos archivos de la desolacin. Convertir el verbo en accin no deja de ser una tarea difcil. Pero Ms vale temblar que someterse. //Cada uno es su fuga/ todo lo que afronta.

Quizs la poesa de David Eloy parte de ah y abre por ello un punto de fuga que contribuye a concebir otras formas de existencia en comn, desde la conciencia de la finitud o, para decirlo en sus trminos, en tanto moradores del trnsito. Se trata, as, de una escritura que se entrega al instante imprevisible, al descubrimiento de ciudades subterrneas, a la singularidad del otro y a esa vida que llega tantas veces por primera vez. De ah su hospitalidad tanto al que viene como a lo que adviene, a ese husped o ese porvenir que, precisamente porque no conocemos, ms necesita nuestro cobijo. Hospitalidad, entonces, a lo indito. O, como dice el autor, fuera de todo clculo: El viejo trato: aprender/ algo juntos. No queda sino el riesgo de vivir ms all de las jaulas, en el asombro ante un mundo inesperado que la previsibilidad de las rutinas cotidianas pierde.

Desde esa osada, que habla como si todo estuviera por decir, la escritura se hace palabra comunitaria, fuera de toda voluntad de protagonismo, capaz de desafiar un paisaje escombrado e imaginar un movimiento ms all: En la frontera hay un lugar para el amor:/ ese tiempo que deshace el tiempo,/ ese espacio en el que nos descubrimos.

Desrdenes, as, del deseo que interroga un rgimen de falsas evidencias, all donde los otros no tienen lugar o, lo que es peor, son arrojados al vertedero humano. Ante esas condiciones, cabe contraponer una revuelta que tambin es ntima, en tanto comienza por nosotros mismos, nuestras formas de sensibilidad, nuestros modos de vincularnos con los dems y de aprender a ser con ellos. Lo ha dicho de forma inmejorable David Eloy en su poema "Marat-Sade, 1998", donde condensa ese querer-vivir de otro modo, fuera de las jaulas que llevamos dentro. Lo sabemos: no es sencillo sostener un poema con la vida ni la vida con un poema. Y, sin embargo, quien se interne en este espacio potico sabe tambin que esa extraa coherencia es posible.

Desorden, entonces, en el que se juega nuestra vida, un compromiso tico-poltico que va ms all de cualquier declaracin de principios, de todas esas declamaciones que forman parte del espectculo indiferente en el que sobrevivimos. Como msica errante, una poesa as va a contramano de unas prcticas literarias hegemnicas, pero sobre todo, de unas formas de vida empecinadas en devastar otras posibilidades de lo humano. En esta bsqueda interminable de una comunidad abierta, abrazar otra vida que anticipamos vuelve a ser concebible. La apertura ante el porvenir es tambin proteccin de lo frgil. Ser en la intemperie, no imperar nos dice el autor, que no slo no se conforma con alterar la medida de la injusticia sino que, en un mismo acto, como su contrapartida utpica pero efectiva, celebra esos lujos del corazn que dan sentido a nuestra fugacidad. Puede que en un contexto histrico marcado por antagonismos sociales diversos, no haya nada ms revolucionario que sacar el pjaro de la jaula, dejar que el instante abra su puerta, conseguir otros ojos para ver y, por ms inciertas que sean, aceptar sus consecuencias.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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