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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2014

Podemos y lo posible

Javier Mestre
Rebelin


Hay dos reflexiones pertinentes que hay que hacer sobre Podemos y que tienen mucho que ver con el s se puede que la formacin promete y que ha sido recogido con ilusin por una parte importantsima de la sociedad. Tras los intentos de desestabilizar el invento a partir de tratar de sacar supuestos trapos sucios a las cabezas ms visibles, ahora los crticos ms pertinaces han pasado a una combinacin de amenaza y reproche en torno al utopismo o supuesto populismo del programa electoral. Afirman que es una irresponsabilidad y un engao prometer a la gente lo que quiere escuchar y que, sin embargo, es completamente impracticable. Y amenazan con el desastre si se ponen en prctica las medidas necesarias para que sea, digmoslo as, practicable lo impracticable. Al mismo tiempo, se vierte todo el escepticismo del mundo ante la propuesta de construir una organizacin basada fundamentalmente en la participacin popular.

Programa imposible?

Se puede garantizar una renta bsica universal o nacionalizar la banca o sectores estratgicos? Podemos reducir la jornada laboral y la edad de jubilacin e invertir en los servicios pblicos para superar los recortes y hasta mejorarlos? Se puede cobrar impuestos a los grandes capitales con la debida progresividad y aumentar drsticamente el gasto pblico? Para algunos crticos, este es el ncleo central del despropsito. Podemos tiene una cara bonita y otra oculta, esta del populismo, de la promesa fcil, que presagia inestabilidad e incumplimiento en el caso de que llegue a gobernar. Sencillamente nos dicen que no podemos, que es imposible, que se est prometiendo la luna y hay una realidad que impide que jams llegue a ser verdad ese discurso. Acusan a los portavoces de Podemos de estar jugando con la ilusin de la gente, porque hacen suyas unas aspiraciones que no pueden ser de nadie porque nadie en su sano juicio entiende que se pueda dar una cosa as en el sistema econmico actual.

Basta con seguir un pasito ms el modo de razonar de todos estos intelectuales del tingladillo acadmico-meditico para atisbar un sentido comn contradictorio y chocante. Con todo el empaque, asumen que los derechos humanos son irrealizables y que es imposible la democracia. No se puede gobernar para garantizar una vida digna a todos los ciudadanos porque no es realista en absoluto. En verdad, igual resulta que son muy sinceros: el gobierno no puede tomar ninguna decisin que no sea obedecer las decisiones que han tomado otros, sean los voceros de los planteamientos liberales, sean los mercados y sus tteres institucionales. Y si la voluntad popular no puede gobernar, en qu se ha quedado la democracia?

La insistencia de Podemos en un discurso radicalmente democrtico es una de sus mejores apuestas. Sin duda ha roto uno de los cercos a los que estaba sometida la voluntad de cambio cuando se vea encajada en los moldes del izquierdismo. Ha roto el encantamiento al que tanto han contribuido muchos individuos sin dos dedos de frente bien armados de las banderas del movimiento obrero, el marxismo, el socialismo y qu s yo cuntos ismos ms. Bastaba con poner la democracia y el estado de derecho, y su pilar constitucional ms elemental, a saber, los derechos humanos, en el primersimo plano de la poltica. Cuando las clases dominantes han aprovechado la crisis para, siguiendo al dedillo lo que Naomi Klein acertadamente denomin doctrina del shock, apretar doblemente las tuercas a la clase obrera, se han creado las condiciones para que una parte muy importante de la ciudadana exija precisamente ms democracia. El aparato institucional de Izquierda Unida nunca ha llegado a entender del todo el potencial de este planteamiento, de ah la necesidad de que surgiera algo que aproximara la poltica al pueblo de manera radical e hiciera posible una incorporacin masiva a la sencilla idea de que es necesario recuperar la soberana y gobernar desde el pueblo y para el pueblo.

Podemos habla de hacer posible lo que nos estn diciendo todo el tiempo que es imposible aunque sea de sentido comn. Cul ha de ser la prioridad del gobierno? Hacer posibles los derechos humanos, garantizar una vida digna para todos. Eso choca con el sistema econmico y sus poderosos y privilegiados? La consecuencia es clara: habr que cambiar algunas cositas para que lo prioritario sea de veras prioritario, y no una esperanza colateral y engaosa de polticas cuyo resultado real, evidente, es la generalizacin de la desgracia. Podemos est diciendo exactamente lo mismo que deca Julio Anguita en los aos noventa: gobierno democrtico de la economa. IU no fue capaz de superar entonces sus lmites, de puertas para adentro y en su relacin con la cultura poltica firmemente asentada en las mayoras. Pero esta vez el pueblo espaol se est dando cuenta de hasta dnde nos puede llevar otra utopa, la neoliberal, que es en realidad una distopa brutal a la que nos conducen sin freno. El futuro se est haciendo presente y desmiente todas las promesas del batalln de economistas e ilusionistas profesionales del pensamiento que ha intentado en vano hacerse nico.

En cualquier caso, Podemos no puede cometer el error de suponer que con ganar las elecciones est todo hecho. Sera mucho, llegar al gobierno pero no suficiente en absoluto. Es muy importante cuidar dos aspectos que han de ser centrales en el desarrollo de la actividad poltica del movimiento (o como quiera que lo llamemos).

En primer lugar, es sabido que en Podemos hay mucha gente activista de los movimientos sociales. La relacin con ellos, sobre todo para fortalecerlos en una sinergia de apoyo mutuo, es fundamental. La calle es el mayor contrapoder ante el msculo que la oligarqua ser capaz de desplegar el da en que una opcin verdaderamente democrtica y ciudadana llegue al gobierno del Estado. Irene Montero, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, deca en la asamblea estatal de las Marchas de la Dignidad en Mrida a finales de junio que se han dado cuenta de que no pueden seguir toda la vida parando desahucios; es una tarea muy dura que tiene una solucin mucho mejor que consiste en cambiar las leyes para que sea el Estado, es decir, el representante democrtico de la voluntad colectiva, el que los pare. Los movimientos sociales dan la pista y Podemos ha sido hasta ahora muy permeable a las propuestas que se han fraguado en las luchas. Sirva de ejemplo el caso, tan criticado por los voceros del poder econmico, de la renta bsica: el Movimiento contra el Paro y la Precariedad, junto con toda una mirada de organizaciones, est sacando adelante la recogida de firmas de la Iniciativa Legislativa Popular por una Renta Bsica, de cuyos planteamientos se hace eco, sin duda, el programa electoral de Podemos.

En segundo lugar, Podemos tiene la obligacin histrica de reparar la fractura que se produjo, con la manida transicin, entre la izquierda social y la gente. Juan Andrade, en su libro El PCE y el PSOE en (la) Transicin, explica muy bien cmo el PCE, que era una organizacin de masas, perdi sus propios mecanismos de interlocucin con el pueblo y se entreg a los medios de comunicacin de masas, con unos resultados desastrosos que todos conocemos. Tejer una organizacin que garantice precisamente esto es el objeto de lo que viene a continuacin.

Se puede construir una organizacin que sea radicalmente democrtica al tiempo que operativa y consistente en sus planteamientos polticos?

Una conocida del que escribe, notoria progresista en el pueblo en el que vive, se dedic hace poco a enviar a todos sus contactos de correo elctrico un artculo espantoso de Antonio Elorza, para curarnos a todos del enamoramiento con el fenmeno Podemos. Lo curioso es que dio con una clave fundamental para ponerle mucha esperanza al proceso de constitucin poltica en el que se ha embarcado la nueva formacin. La gente est muy ilusionada, hay entusiasmo, y mucha confianza. Justo lo que hace falta para obviar al mximo planteamientos tradicionalmente forjados desde el miedo. Es tan poco lo que hay que perder, y tantsimo lo que hay que ganar, que Podemos se est permitiendo el lujo de confiar en la gente, y eso le est dando una inmensa fuerza popular. La confianza es la carta en la manga, mucho ms importante que el brillo meditico. La gente est haciendo suya una organizacin cuyos dirigentes asumen permanentemente riesgos inauditos cuando presentan sus propuestas porque tienen confianza y estn atinando todo el tiempo a la hora de recoger el discurso y las inquietudes de las ya inmensas bases de Podemos. Mandar obedeciendo, dijo no hace mucho Pablo Iglesias parafraseando a los zapatistas mexicanos, y se puede conseguir porque en la inmensa mayora de los crculos predominan actitudes tremendamente constructivas. Hay un buen rollo arrollador en Podemos, y sobre l se puede articular una propuesta organizativa coherente con la radicalidad democrtica que quiere representar.

Podemos est contribuyendo a cambiar la cultura poltica de este pas porque mucha gente se est haciendo responsable, a travs de los crculos, de los problemas de todos. Se est fomentando, casi sin darse cuenta, una potente cultura de la responsabilidad. En todos los crculos la gente se hace la misma pregunta: podemos? Y la respuesta es que s, que el pueblo quiere el poder, que ya est bien de delegar en los de siempre. Sin embargo, este emocionante proceso de empoderamiento, que por lo masivo hace compleja la discusin global, en ningn momento pone en cuestin el carcter necesariamente representativo de la democracia. Esto es fundamental para poder funcionar, lo mismo que respetar y hasta aplaudir la iniciativa del grupo de personas que en la prctica dirige Podemos. Lo importante es poder revocarlos entre todos si la cagan, pero mientras sigan hacindolo as de bien, adelante!

Podemos ha de ser ms que sus crculos. La disponibilidad militante de la gente es muy variable, y ms en los tiempos que corren. Es necesario construir algo que funcione con un modelo de militancia a la carta. La tensin entre la fuerza de los crculos y los sistemas elctrico-centralizados de decisin se tiene que resolver desde la generosidad de la militancia ms activa, que se est consagrando, afortunadamente, a poner la participacin ciudadana por todos los medios en el primersimo plano de la actividad poltica.

Porque la responsabilidad de los crculos, ms all de construir las alternativas locales y participar en los procesos estatales de decisin, est en la interlocucin con la sociedad. La sombrilla meditica ha hecho posible el crecimiento de los crculos en nmero y presencia social, pero se avecinan tiempos en los que posiblemente el silencio suceder a los chaparrones de mierda. Es un guin que el histrico PCE conoce muy bien. Mientras no haya medios de comunicacin verdaderamente masivos que compitan con fuerza con los de la oligarqua, ser necesario hacer de los crculos el entramado del dilogo capaz de puentear, en un momento dado, la agenda meditica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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