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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2014

Resea de la novela Made in Spain de Javier Mestre
Al margen del hombre

Carlos Fernndez Liria
Rebelin


Desde un punto de vista literario, Made in Spain es un experimento impactante y tambin -me parece- una verdadera leccin sobre eso que suele llamarse novela social o novela comprometida polticamente. Lo que tiene de impactante es su sencillez. Es muy difcil lograr decir tanto con tan poco. Pues se trata de una novela desnuda, franca y directa. Para ser una novela de esas que antes se llamaban de tesis, no puede ser menos pedante. Sin embargo, Made in Spain, es cierto, transforma en relato una tesis fundamental de El capital de Marx, una tesis, adems, que fue muy discutida en los aos sesenta en una famosa polmica sobre el antihumanismo y el estructuralismo. Como tesis es larga de exponer, aunque polticamente contundente. En forma de novela, choca por su trgica simplicidad. La novela termina como empez. Se trata de un experimento humano que ha durado un puado de meses, doscientas pginas. Y humanamente no ha ocurrido casi nada. Y sin embargo, detrs de un escenario humano tan esculido, se sospecha una maquinaria compleja y gigantesca, que ha funcionado entre la lneas. El protagonista, un muchacho muy callado, apodado el Bho, apenas dice dos o tres frases en todo el libro. El otro protagonista, el capital, tampoco habla mucho, pero hace un ruido ensordecedor.

Como se observa en seguida, Made in Spain reproduce el ndice de el Libro I de El Capital. Como digo, una argucia literaria que podra haber resultado de una pedantera insufrible y que resulta ser todo lo contrario: en lugar de toparse con largas explicaciones en boca de personajes muy entendidos, nos encontramos con un personaje medio mudo y atontado, en una trama tan simple como una telenovela. Ni una concesin al academicismo. El secreto es una historia anodina con un efecto demoledor. En realidad, El Capital, en el marco de la economa poltica fue tambin algo parecido. Simple y demoledor. Al transformar El Capital en una novela, el resultado es humanamente banal. Porque, para el capitalismo el ser humano es una banalidad. En el mundo del capitalismo, podramos decir, siempre hay cosas ms importantes en las que pensar.

En el prefacio al Libro I de El Capital -es un texto muy conocido-, Marx nos dice que si bien es cierto que en su obra no ha podido morderse la lengua, de modo que no ha pintado precisamente de rosa al capitalista y al terrateniente, en realidad, la cosa no iba de eso. El capitalista y el terrateniente, en El capital, no interesan en tanto que personas (buenas o malas), sino en tanto que personificacin de categoras econmicas. No se trata de responsabilizar a los capitalistas por lo que hacen y deciden, sino de responsabilizar a todo un sistema de produccin respecto al cual, nos dice Marx, ellos no son sino criaturas.

Made in Spain es como si hubiera querido comprobar qu significa esto humanamente hablando. Un porrero colgao -muy buena persona, sin duda- hereda una fbrica de zapatos. Y como persona se resiste a personificar las categoras econmicas correspondientes. Javier Mestre parece limitarse a esperar a ver qu pasa. No hay que esperar mucho. Por eso la novela es bastante corta. Marx tena razn.

La conclusin es, en realidad, estremecedora. La tica del siglo XX y XXI debera haber reflexionado mucho sobre semejante problema. Pero, por lo visto estuvo muy ocupada dando vueltas y vueltas al dilema del prisionero. Como ya he dicho otras veces, slo la Teologa de la Liberacin acept pensar en la gravedad del problema, acertando con el concepto de pecado estructural, sin duda alguna el ms interesante del pensamiento tico contemporneo.

Podemos intentar resumir este otro dilema, mucho ms interesante que el del prisionero. Hay que comenzar reparando en que el capitalismo no se puede explicar por la maldad de sus protagonistas. Y lo que no es sino la otra cara de la moneda: desdichadamente, tampoco se puede remediar con la bondad de los protagonistas. No es sumando millones de microscpicas maldades humanas como se constituye la maldad del capitalismo. La cosa es grave, porque, en suma, se est diciendo con ello que en este mundo capitalista la mayor parte de los problemas que afectan a la vida de los seres humanos no tienen solucin moral. Como veremos -y como supo muy bien hacer ver la Teologa de la Liberacin- eso no quiere decir que la moral no tenga aqu nada que decir. S tiene mucho que decir, pero en un sentido bastante inesperado. Tan difcil, que, en verdad, podra decirse que el problema an est esperando su Crtica de la razn prctica. Para eso, me temo que habr que esperar bastante, porque no veo yo mucha voluntad. Made in Spain ilustra bien el tipo de problema al que me estoy refiriendo.

El capitalismo no deja a los hombres la opcin de ser buenas personas. Tampoco es que las haga especialmente malas. Quien s entendi esto perfectamente fue Bertolt Bretch. Eres un buen to, por eso te vamos a fusilar en un buen paredn, con unas buenas balas...

Algunas preguntas para un "hombre bueno"

Bueno, pero para qu?

Dices que no eres sobornable,

pero el rayo que cae sobre la casa tampoco es sobornable.

De lo que una vez has dicho no te retractas.

Pero, qu has dicho?

Dices que eres honesto, que lo que piensas lo dices.

Pero, qu piensas?

Que eres valiente. Contra quin?

Que eres sabio. Para quin?

No te preocupa tu beneficio personal.

El de quin entonces?

Que eres un buen amigo. De buena gente?

Entonces escucha: sabemos que eres nuestro enemigo.

Por eso ahora vamos a mandarte al paredn.

Pero teniendo en cuenta tus mritos y tus buenas cualidades,

ser un buen paredn,

y te dispararemos con buenas balas de buenos fusiles

y te enterraremos con una buena pala en una buena tierra.

La irona de Marx en El Capital tambin es demoledora en este sentido. En principio, nos dice, el capitalista, en tanto que personificacin de categoras econmicas, se dice a s mismo: mi disfrute es un robo a mi funcin. En efecto, el ciclo capitalista no es slo D-M-D'. Al da siguiente, el capitalista no puede sencillamente haberse fundido en lujos la diferencia entre D' y D, porque, en ese caso, tendra que abrir la fabrica en la misma situacin que el da anterior: D-M-D'. Pero eso no es lo que est haciendo su competencia. Ellos, ms austeros y recatados, han reinvertido todo lo que han ganado: D'-M-D'', y al da siguiente, harn la misma jugada: D''-M-D'''. As pues, se pueden diferenciar dos tipos de capitalistas, los catlicos y los protestantes. De eso saba mucho Max Weber. Los catlicos se lo funden todo en orgas, yates y cocana. Luego se confiesan y ya est. Eso les vale para ir al cielo de todos modos, pero su empresa est perdida, porque, mientras tanto, los protestantes y los calvinistas, que no pueden confesarse, reinvierten todo lo que ganan y viven pobres como ratas. Un capitalista que no invierte hoy ms que ayer pero menos que maana es un capitalista sentenciado. La economa crece, y si tu empresa no crece, porque te lo fundes todo en lujos, la suerte est echada.

Seguro? No tanto, nos explica Marx. Al final, este Weber de manual no es tan definitivo. En realidad, el capitalista protestante est haciendo la siguiente jugada:

D-M-D'

D'-M-D''

D''-M-D'''

etc.

Pero, el capitalista catlico, no est haciendo lo que antes dijimos, sino ms bien esto:

D-M-D'

D'''-M-D''''

etc.

Y cmo lo logra, si se lo gasta todo en lujos? Muy sencillo, como es catlico, se dedica a hacer fiestas y a invitar banqueros. Les hincha a cocana y prostitutas, y luego les pide un crdito. As consigue buenas amistades, montando una casta social de lujos, distincin y buenas relaciones.

El capitalismo no puede vivir sin crditos. Pero no te dan crditos si eres pobre como una rata, si no juegas al golf con tus compinches, si no invitas a buenas cenas en un buen palacio. Hay que ser un poco catlico para acceder a lneas de crdito, hay que poder dejar un buen coche aparcado a la puerta del banco. As pues, nos viene a decir Marx, el capitalista disfruta de su riqueza en tanto que personificacin de ciertas categoras econmicas: el lujo, el derroche, el placer y la ostentacin, son parte de su funcin. Las reuniones importantes, los capitalistas las hacen en los campos de golf. Si eres un capitalista protestante, austero y asctico como un monje de clausura, te quedas fuera de juego.

Si esto es as respecto al disfrute de la plusvala, no digamos ya respecto a su produccin. Por lo mismo que los pobres capitalistas se sacrifican jugando al golf por el bien de su empresa, tambin es por el bien de su empresa que a veces tienen que sacrificar y mutilar el bienestar de sus trabajadores. No les pagan poco por tacaera, sino por su bien. Esto no es una irona. Hay que tener en cuenta que un empresario que no explote mximamente a sus trabajadores no les est haciendo precisamente ningn favor. Quizs parezca que los beneficia hoy o maana, pero no pasado maana o al otro. Mientras l se hace el generoso con sus empleados, sus competidores estn economizando costes y reinvirtiendo beneficios. Ser cuestin de tiempo que sus productos no puedan competir en el mercado. Al final, su empresa quebrar y sus trabajadores, adems, no le estarn agradecidos. Tendr que hacer un ERE o cerrar. Los obreros quedarn en paro, su vida ser una tragedia. Y todo por culpa de un empresario bienintencionado que intent ser justo.

Si mato de hambre a mis perros no es por crueldad, es que si los alimentara, me arruinaran el negocio, dice un emprendedor meritorio en una novela de Bretch. Los capitalistas no son malas personas por maldad -aunque es cierto que acaban cogindole gusto-, sino porque es parte de su funcin. Es su manera de hacer bien su trabajo. Igual que la hilandera tiene que prestar atencin a su trabajo y procurar que no se le parta el hilo o se le enrede la madeja, el capitalista tiene que bajar los salarios, endurecer las condiciones, intensificar el ritmo de trabajo. Ser la nica forma de que su empresa prospere y de que esa prosperidad brinde puestos de trabajo a una poblacin que sin su concurso se pudrira en el paro.

El Bho, el protagonista de la novela, hace un experimento, por lo tanto, muy irresponsable: intenta ser responsable, cumplir la ley, ser justo, incluso ser buena persona. Como se ver, el resultado no es bueno para nadie. Al final, todos tienen que prestarle un poco de maldad y un poco de injusticia para que su empresa pueda seguir adelante y evitar as una tragedia humana irreversible. Si la novela no termina en el arroyo, es porque el Bho se retira a tiempo con todas sus buenas intenciones.

La misma encrucijada que marca la vida del capitalista, marca, en realidad, la vida del obrero. Los asalariados dependen a vida o muerte de la suerte de su empresa. Y saben que las empresas dependen a vida o muerte de la buena salud de eso que los peridicos llaman la economa, los mercados, el IBEX 35, la prima de riesgo... Ellos no estn muy seguros de que una subida de sueldo sea buena para la prima de riesgo o los mercados. Pero s saben muy bien por experiencia que si a los mercados les va mal, a ellos les va peor. As pues, votan a los que saben gestionar bien esas cosas complicadas, no a cualquier Bho colgao que prometa hacerles un favor. La poblacin vota al PP o al PSOE porque reconoce ah dos estilos de hacer lo mismo: beneficiar a los que tienen la sartn por el mango. Ojal se tratara de luchas de clases -vienen a decir-, ojal se tratara de que lo que pierde el capital lo gana el obrero. No es as: si a los capitalistas les va mal, es peor an. Aqu no hay ningn Robin Hood que robe a los ricos y se lo entregue a los pobres. Si los pobres se ponen tontos, los capitalistas deslocalizan la empresa o quiebran. Eso no es bueno para nadie. En las negociaciones sindicales, por eso mismo, los obreros se suelen cuidar mucho de pedir la Luna; ms bien, proponen bajarse el sueldo a s mismos, despedirse por turnos, dejar de cobrar las horas extras, cualquier cosa con tal de que no cierre la empresa o tenga que optar por la deslocalizacin. Al final es verdad: una empresa es una gran familia. Si al cabeza de familia le va mal, todo se va a pique.

Esto ni es una irona de marxista, ni es un delirio de empresarios con cara de cemento. Es la cruda realidad y punto. Se llama capitalismo. Los empresarios saben lo que dicen y no bromean cuando dicen eso de que aqu estamos todos en el mismo barco. Ya hemos visto que ellos tampoco son los dueos todopoderosos. Son criaturas del capital, personificacin de categoras econmicas. El capitalismo no es menos inflexible con ellos que con el ltimo de sus obreros. En lugar, por tanto, de la lucha de clases, es muy humano pensar que a cualquier empleado le conviene arrimar el hombro y procurar que la empresa prospere. Si en la Edad Media, preguntas a los trabajadores de una cantera qu hacen, contestarn que picar piedra. En nuestros tiempos contestarn con orgullo que estn construyendo una catedral. As pues, los ricos son ricos porque lo exige su funcin, y los pobres son pobres por el bien de su empresa. Lo peor, en cualquier caso, es que no haya empresa. Esto es una familia y a cada cual le corresponde ocupar su lugar.

El lado oscuro de todo este asunto es que una familia es lo contrario de una sociedad. Al menos lo contrario de una repblica de ciudadanos. Los ciudadanos se definen por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Lo de la fraternidad tiene que ver, precisamente, con eso de no depender de nadie para existir, con eso de no depender de un amo, de un padre, de un marido, de un seor. Una repblica no tiene nada que ver con una gran familia. En este sentido, el capitalismo tiene algo de paradjico y de ridculo. Sin duda que potencia un progreso tcnico muy poderoso. Pero, al mismo tiempo, supone un retroceso antropolgico a un tiempo prerrepublicano, en el que la ley de familia se impone sobre cualquier otra consideracin. Esto, naturalmente, desemboca en una infantilizacin indita de la poblacin. En verdad, nunca la poblacin ha sido tan menor de edad como bajo el capitalismo. Nunca ha tenido de forma tan general hipotecada su vida a la voluntad de otro, de un otro que ahora ya no es un padre o un seor, sino una instancia annima y caprichosa que habla todos los das de forma imprevisible a travs de las subidas y bajadas de la Bolsa. Nunca los dioses estuvieron tan locos.

El famoso antihumanismo de Althusser, tan denostado dentro y fuera del marxismo, tena mucho que ver con este asunto. No era Althusser quien era antihumanista, sino el capital. La cuestin radicaba en la siguiente constatacin: es intil intentar encontrar las leyes econmicas del capitalismo interrogando a la naturaleza humana. El capitalismo es una realidad prctica tozudamente antihumanista. Darle vueltas a los instintos humanos el egosmo, la ambicin, la racionalidad instrumental, etc.- es la peor manera de apresar las leyes del capital. Haba que tomar la decisin terica de poner al hombre entre parntesis, precisamente para comprender el sobrecogedor parntesis practico con el que el capitalismo encierra al ser humano. Por eso, deca Althusser, haba que ser antihumanista terico. Eso no tena nada que ver con ninguna suerte de antihumanismo prctico.

Lo que demuestra la historia del Bho es que este mundo no tiene una solucin moral. Al capitalista -por decirlo en resumen- le queda poco margen de juego entre el catolicismo y el protestantismo. Tiene que ser protestante para acumular y catlico para conseguir crditos. Pero la enseanza inquietante es que este mundo tampoco tiene una solucin poltica que no est dispuesta a cambiar el tablero de juego. Esto del tablero es una buena metfora que ya he utilizado otras veces. No se puede intentar ganar al parchs en el tablero del ajedrez. Hay veces que no basta con ganar o perder. Hay veces que no hay ms remedio que cambiar de juego. Con el capitalismo pasa eso. El problema no es quin gana cada partida, sino el juego al que se est jugando. Lo malo no es perder, lo malo es jugar, porque el juego mismo es un juego nefasto. Entre otras cosas, es nefasto porque, para algunos, para la mayor parte de la poblacin, perder es lo menos malo que puede pasarles.

El que la cosa no tenga solucin moral, no quiere decir que no sea una cuestin moral. Lo que significa, ms bien, es que la moral y la poltica se mezclan. Hemos dicho antes, parafraseando a Marx un poco en broma, que los capitalistas no son responsables de lo que hacen en tanto que capitalistas. Pero s son responsables de querer el capitalismo. Los trabajadores son sensatos, sin duda, al apretarse el cinturn por el bien de su empresa. Es sensato dentro de un juego insensato. Una vez que ests en el juego, las cartas estn echadas, no hay tiempo ni espacio para inoportunos escrpulos morales. Pero s hay una cuestin moral sobrevolando el tablero de juego: la de elegir que el juego sea ese cuando podra, sin duda, ser otro bien distinto.

Se trata de una cuestin moral o poltica, ahora es difcil hacer esa distincin. No hablamos ya de la responsabilidad del empresario, que puede ser un buen o un mal empresario y una buena o mala persona. Lo que demuestra Made in Spain es que es muy difcil saber lo que es un buen o un mal empresario y, lo que es peor, que es muy difcil saber lo que es una buena persona cuando eres empresario. El Bho es una buena persona, intenta ser un buen empresario. Resulta ser un empresario fatal. Y es muy difcil distinguir si es fatal en un sentido moral o econmico, porque un empresario que arruina econmicamente su empresa por escrpulos morales, no es exactamente lo que consideraramos una buena persona, pues alguna responsabilidad moral tendr respecto al desastre humano generado por sus buenas intenciones. Estamos, por tanto, hablando de una cosa bien distinta. Se trata de un tipo de responsabilidad moral que nos obliga a pensar en algo as como el mundo inteligible platnico. No es ya que los capitalistas, los banqueros o los trabajadores pueden ser ms o menos buenas personas. Se trata de preguntarnos qu responsabilidad moral y poltica tenemos con aquello que hace banquero al banquero, obrero al obrero, capital al capital. Eso es lo que Platn, en efecto, llam edos. Aquello en lo que consiste un caballo no es ningn caballo. Se puede galopar mejor o peor sobre un caballo, alimentar mejor o peor a los caballos. Pero no se puede galopar sobre aquello en lo que consiste ser caballo. Y no est muy claro qu significara alimentar mejor o peor aquello en lo que consiste ser caballo, es decir, aquello que hace caballo al caballo. El problema es que, respecto a cosas histricas tales como el capitalismo, el problema no radica (aunque tambin, sin duda) en lo que hacen los capitalistas mejor o peor, sino en la estructura que hace capitalista al capitalista (en el edos capitalista, dira Platn).

En suma, se trata de pensar nuestra responsabilidad respecto a las estructuras. Las estructuras no son personas. Pero afectan a la vida de las personas mucho ms que las buenas o malas intenciones personales. Vivimos en un mundo en el que las estructuras son mucho peores que las personas. Las estructuras matan con mucha ms eficacia que las personas. Y e n un mundo en el que las estructuras son de una inmoralidad omnipresente, la moralidad personal se infecta con todo tipo de paradojas. Lo resuma en una sola frase en un viejo artculo sobre el tema: en un mundo en el que las estructuras violan los mandamientos con una eficacia colosal e ininterrumpida, es inmoral limitarse a respetar los mandamientos y las estructuras (El Viejo Topo, n251: Los diez mandamientos del siglo XXI).

Hay que preguntarse qu significa este problema moralmente. Es difcil de explicar en pocas palabras, pero el problema est sobre la mesa desde los tiempos de Platn. Sera muy sencillo que todo residiese en luchar contra la corrupcin de los banqueros, por ejemplo. Una cosa es que los banqueros sean malos y otra muy distinta plantear que lo malo es que los banqueros sean banqueros. No se lucha de la misma forma contra una cosa y contra otra. Las estrategias polticas son muy distintas y las implicaciones morales muy diferentes. Made in spain ilustra perfectamente este dilema.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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