Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Nueva masacre en Gaza
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2014

Palestina en contexto

Maria Waleska Vivas
Rebelin


Aunque el drama palestino comienza quizs en 1897, con el Programa de Basilea del Primer Congreso Sionista y prosigue con las campaas de terror del Haganah y el Irgn contra objetivos britnicos en Palestina entre 1945 y 1947, yo empezar este escrito tomando como punto de partida el proceso que llevara a la adopcin de la resolucin 181 (II) de Noviembre de 1947.

En esta resolucin, la ONU, en cuya Carta -por cierto- no exista ni existe ningn mandato que la facultara para ello, propuso la particin de Palestina en un territorio judo y otro rabe. La propuesta fue presentada no como una base para la negociacin, sino como un fait accompli, a pesar del total rechazo palestino y a pesar de que una accin como la que se planteaba violaba abiertamente el principio de auto-determinacin de los pueblos, ese s consagrado en la Carta de la ONU.

Esta propuesta, sin embargo, no fue la nica iniciativa sobre la mesa. La propuesta alternativa que gozaba del apoyo de un nmero importante de Estados miembros (y que despus fue reconocida por los Estados Unidos como una mejor opcin) era comenzar en 1948 bajo los auspicios de la ONU- un proceso de negociacin que al cabo de algunos aos permitiera una solucin de consenso. Como sabemos, la imposicin de la visin exclusiva de uno de los lados gan la partida, creando un terreno frtil no para la paz, sino para la guerra.

La resolucin de particin, adoptada en medio de una campaa de presiones bien documentadas a un gran nmero de Estados miembros de la ONU, otorgaba el 56% del territorio palestino bajo mandato britnico a una poblacin juda que, hasta la fecha, rondaba el 30% del total y posea slo el 7% de las tierras del territorio que la ONU se aprestaba a dividir. No sorprende, pues, la negativa rabe a aceptar una situacin que no habra sido aceptada sin resistencia por ningn otro pueblo del planeta, porque representaba la puesta en marcha de una aventura colonial y racista que traa aparejada una iniciativa clara de limpieza tnica, explcitamente reconocida por Ben Gurin en su idea del compulsory transfer o transferencia obligatoria de la poblacin rabe fuera de Palestina.

Una revisin rpida de la historia universal sirve para entender, por otra parte, que el antisemitismo es ms una invencin europea que rabe. Palestina, en especial, fue testigo de una convivencia armoniosa de milenios entre rabes y judos . Resultaba pues injusto desposeer a los palestinos para limpiar la culpa europea generada por el genocidio brutal del Holocausto. La geopoltica, sin embargo, suele triunfar siempre sobre cualquier consideracin abstracta de justicia y, a partir de la adopcin de la resolucin de particin, el pueblo palestino no ha dejado de sufrir los desmanes de una potencia ocupante empeada no solamente en limpiar de rabes lo que alguna vez fuera Palestina, sino tambin en borrar de la memoria universal la existencia de un pueblo entero.

Los datos sacados a la luz pblica por historiadores israeles (Morris, Papp y otros) nos dicen que en 1948, la campaa de limpieza tnica llevada a cabo por los fundadores de Israel destruy 500 aldeas y 11 barrios urbanos, expuls a 700 mil palestinos y masacr a otros tantos miles. La mitad de las aldeas palestinas desaparecieron de la faz de la tierra aplanadas por bulldozers y los nombres rabes que haban tenido desde haca siglos se tornaron hebricos: Lubya se convirti en Lavi y Safuria, por ejemplo, en Zipori.

Una orden operativa tpica de mayo de 1948 al Haganah (las fuerzas armadas oficiales del pre-Estado israel) citada por el historiador israel Benny Morris instruye lo siguiente: expulsar al enemigo de las aldeas limpiar la lnea del frente conquistar pueblos, limpiarlos de sus habitantes (las mujeres y los nios [tambin] sern expulsados), tomar prisioneros [y] quemar el mayor nmero de casas.

Pero la tragedia ms grande consiste en que la limpieza tnica no ha terminado y se sigue poniendo en prctica hoy en da a travs de mecanismos sofisticados y no tan sofisticados construidos por un Estado que, cada vez ms claramente, slo puede ser considerado como un Estado de apartheid. As, la poltica de construccin de asentamientos ilegales, las detenciones administrativas (sin acusaciones formales y sin juicios) de nios y adultos, la confiscacin de tierras, las humillaciones diarias en los puestos de control y los obstculos a la circulacin vial que impiden a los palestinos acceder a sus campos de cultivo, a sus lugares de culto, a sus escuelas, y a la simple y bsica interaccin social entre familias y comunidades, adquieren sentido como instrumentos para forzar la famosa transferencia a la que se refera Ben Gurin.

Como bien nos recuerda el historiador israel Ilan Papp en su maravilloso ensayo State of Denial: The Nakba in Israeli History and Today, los captulos vergonzosos de la fundacin del Estado israel han sido borrados de la memoria colectiva juda. El sionismo le ha vendido al pueblo judo un mito fundacional del Estado de Israel en el cual a travs de acciones heroicas y en un contexto de pureza moral y de justicia absoluta- se cumple el sueo de un pueblo de regresar a su tierra prometida. La Nakba o catstrofe palestina se invisibiliza y la resistencia ante la colonizacin se torna no slo ilegtima, sino tambin incomprensible. La tierra de los palestinos se ha convertido, en el imaginario occidental, en la patria ancestral de una poblacin juda moderna originaria en su mayora no de Palestina, sino de Europa, para dejar de ser el hogar de un pueblo que haba habitado all durante siglos.

Ya deca Edward Said que la creacin del Estado israel en 1948 se haba concretado en parte porque el Sionismo haba adquirido el control de la porcin ms grande del territorio palestino y en parte porque haba ganado la batalla en el mundo de las ideas, de las representaciones, de las imgenes y de la retrica.

Dirn algunos que la preservacin del carcter judo del Estado de Israel se justifica para defender la existencia de la nica democracia del Oriente Medio y, desde ya, contesto: un Estado que pone el nfasis en la afiliacin tnica/religiosa de sus ciudadanos y que -por ello mismo- se obliga a poner en prctica mecanismos que garanticen la continuidad de ese carcter tnico/religioso, enfrenta enormes obstculos para seguir siendo democrtico (y, para muestra, el entramado institucional discriminatorio israel, que en la prctica ha creado dos tipos de ciudadanos diferentes!).

El drama palestino se perpeta, lamentablemente, gracias a la complicidad de la Autoridad Palestina, una institucin que ha servido para aligerar las cargas financieras que a Israel -como potencia ocupante- le correspondera asumir en los territorios Ocupados y para poner en prctica dentro de las reas A y B, bajo control parcial o completo de la Autoridad, las polticas de seguridad destinadas a reprimir y desarticular la resistencia de la propia poblacin palestina.

Hoy por hoy, la Autoridad est dispuesta a sacrificar lo que sea, y en particular el derecho de retorno de los refugiados, para que Israel le permita crear en un territorio fragmentado, sin continuidad geogrfica y sin control sobre el agua, el espacio areo o las fronteras, ese bantustn inviable (12% de la Palestina histrica!) que han querido presentar al mundo como proyecto de Estado Palestino y que ayudara al gobierno encabezado por Abbas a mantener una cuota de poder nada despreciable.

Cuidando de los intereses de su lite gobernante ms que de los de su propio pueblo, sometida a presiones israeles, estadunidenses y europeas, la Autoridad se ha negado a hacer uso del estatus de Estado Observador que le fuera concedido por la Asamblea General de la ONU en noviembre de 2012, y que le permite por primera vez subscribir tratados internacionales y en particular- acceder al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Esta conducta negligente ha permitido a Israel evadir la jurisdiccin del Estatuto sobre los crmenes cometidos en territorio palestino y le ha negado a las vctimas de crmenes de guerra o crmenes contra la humanidad el acceso a la justicia internacional.

Es hora de que el mundo reconozca que la solucin de dos Estados promovida por los Acuerdos de Oslo est muerta. No existe, ni nunca ha existido, un verdadero "proceso de paz", slo una farsa que le ha permitido a Israel colonizar ms territorio palestino y desplazar ms poblacin rabe, haciendo crecer la poblacin de los asentamientos ilegales de 250 mil colonos en 1991, a ms de medio milln el da de hoy. La Autoridad Palestina, ante este panorama desolador, se ha limitado a garantizar la seguridad de Israel y a desarticular la resistencia palestina, dejando sin voz ni representacin internacional a la dispora, a la poblacin de Gaza y a los palestinos que poseen la ciudadana israel.

El camino para construir la paz pasa, pues, por la disolucin de las estructuras creadas por el proceso de Oslo (la Autoridad Palestina entre ellas) que, al desnudar la responsabilidad de la potencia ocupante y su poltica de apartheid y destruir la ilusin de la igualdad de las partes en un supuesto proceso de negociacin, har evidentes las constantes violaciones al derecho internacional humanitario por parte de Israel, y perentoria la necesidad de integrar -en condiciones de igualdad y justicia- a la poblacin palestina dentro del Estado israel, para evitar el total aislamiento internacional. Esta alternativa, a pesar de los obstculos enormes para ponerla en prctica, llevara en un tiempo prudencial y por razones demogrficas inevitables a la construccin de un verdadero Estado binacional y multicultural rabe-israel.

Y, para documentar el optimismo, una ancdota de cierre: hace algunos aos, al recibir en Ramallah el pasaporte que lo identificaba como nuevo ciudadano palestino, el pianista y director de orquesta israel Daniel Barenboim dijo: Creo que los destinos de el pueblo israel y el pueblo palestino estn inextricablemente ligados. Hemos sido bendecidos -o malditos- con la necesidad de vivir juntos. Yo prefiero lo primero.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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