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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2014

Polvorones amargos

Isidoro Moreno
Diario de Sevilla


Desde hace unos das, Estepa es noticia y no porque vaya a iniciarse la anual campaa de produccin de los polvorones y mantecados que consumiremos millones de familias en la prxima Navidad. No se trata, esta vez, de publicitar la puesta en marcha de los trabajos con los que, durante unos meses, cientos de mujeres del propio pueblo y de otros cercanos conseguirn paliar, al menos en parte, los efectos del desempleo estructural que, antes y an ms ahora, agobia a esta comarca, como a tantas otras de Andaluca.

En estos das previos al comienzo de la campaa, Estepa era (o pareca ser) un tranquilo pueblo como tantos otros, con su acrpolis, visible desde kilmetros, dominando el blanco casero. Un lugar de horas lentas bajo ese sol padre y tirano que gobierna el ritmo de la vida andaluza en los meses veraniegos. Pero ese ritmo se ha quebrado y sus gentes viven en permanente tensin e incluso en una situacin desquiciada, tras el asalto y destruccin de varias casas de familias gitanas y el incendio de dos de ellas. La guardia civil controla, o trata de controlar, el pueblo, los nimos estn muy exaltados y todo nos recuerda, aunque a escala menor, los luctuosos sucesos que tuvieron lugar en El Ejido, hace ms de una dcada, cuando los barrios de inmigrantes, incluidos comercios y mezquitas, fueron atacados durante varios das por una multitud enfurecida. Y podran agregarse otros varios casos, anteriores y posteriores, que la prensa nos ha recordado ahora y que tienen siempre como elemento comn la violencia contra los definidos como otros: gitanos, magrebes u otras minoras tnicas.

Por supuesto, quienes ejercen esta violencia niegan sistemticamente que se trate de una violencia racista. Siempre sealan que est motivada porque los otros son gente asocial que se dedica con impunidad a la delincuencia, cuando no al crimen, haciendo imposible la convivencia ciudadana. Pero nunca, o casi nunca, las acusaciones van dirigidas contra personas concretas, con nombre y apellidos, sino contra colectivos -un clan, una etnia- que son definidos como inasimilables y, por tanto, objetivos de eliminacin necesaria: Que se vayan, aqu no los queremos! Por eso se queman o saquean sus viviendas, se hacen pintadas amenazantes y se repite el grito: Que no vuelvan! Es, o no, esto terrorismo? Una pregunta dura pero necesaria.

Para analizar con perspectiva, conviene preguntarnos si existen muchas diferencias, en cuanto a las motivaciones e intentos de justificacin, entre lo que sucede estos das en Estepa, y ha sucedido o puede suceder en otros lugares, y los asaltos a las juderas en la Baja Edad Media, el antisemitismo y antigitanismo que condujo al holocausto perpetrado por los nazis, o el aplauso a las deportaciones, aunque sean ilegales, contra quienes, provenientes de frica, suean con un futuro mejor en la civilizada Europa.

Tampoco estara de ms indagar en la relacin posible entre situaciones de crisis econmica y poltica y exacerbacin del rechazo a los definidos como otros. No es irrelevante la cuestin de a quin beneficia la violencia, latente o explcita, contra estos. No ser que conviene a los responsables de los graves problemas que tenemos la mayora de nosotros, tanto econmicos como polticos y de todo tipo, incluidos los de seguridad ciudadana, que las explosiones de violencia se encaucen contra los otros, no vaya a ser que se dirijan contra los delincuentes de cuello blanco, los que desahucian o no dan trabajo a pesar de multiplicar sus cuentas corrientes, o los polticos corruptos? Qu ocurrira si una multitud indignada asaltara y saqueara las casas de estos? Con qu trminos se calificara a los asaltantes y qu penas se les impondra?

El Defensor del Pueblo Andaluz y diversas organizaciones han condenado la razia antigitana de Estepa, a la vez que exigido que el peso de la ley caiga sobre quienes han ejercido esta barbarie. Tambin es preciso demandar responsabilidades por la falta de reaccin adecuada ante el aumento de la delincuencia local, si es que realmente la hubo, que ha sido la base para que los racistas sin duda, una minora- hayan conseguido llevar a su terreno a muchos vecinos que no lo son pero han actuado como tales. Y no estara de ms recordar que los recortes en educacin y otros servicios pblicos no son ajenos al aumento de los problemas sociales y a la degradacin de las condiciones de vida de los de abajo, tanto de quienes pertenecen a los diversos y minoritarios otros como al mayoritario y, en realidad, muy heterogneo nosotros. Son urgentes medidas que garanticen la convivencia pluritnica, encarando las causas profundas de hechos tan lamentables como estos. Slo as los polvorones no tendrn, este ao, sabor amargo.

 

Isidoro Moreno. Catedrtico de Antropologa de la Universidad de Sevilla

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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