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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2005

Alguien se acordaba de Mauritania?

Rubn Martnez Dalmau
Rebelin


Permitidme, Seor Presidente, que levante mi copa por vuestra ventura personal, la de vuestra distinguida esposa y familia, por la prosperidad del querido y noble pueblo mauritano y por la fraternal amistad entre Mauritania y Espaa. Con esta frase dio por finalizado su discurso el Rey de Espaa frente a una mesa nutrida de comensales, en el Palacio Real, aquella calurosa noche de julio de hace apenas dos aos. Era la cena de gala que los reyes ofrecan al ahora derrocado Presidente Taya.

No fue el ms acertado de los discursos. El Rey enfatiz las magnficas relaciones con Mauritania por el curso de la historia y por intensas relaciones de vecindad entre los dos pases, y olvid que fue justamente la poltica de abandono de los saharauis a su (desafortunada) suerte la que cre una situacin de inestabilidad y guerra en la regin y propici en 1978 el gobierno militar en Mauritania, que durara catorce aos. Juan Carlos hizo referencia continua a la huella dejada por los almorvides en Espaa, crisol de culturas con los rasgos indelebles de la presencia rabe, cuando es justamente el predominio rabe un 30% de la poblacin del pas, frente a otro 30% de negros y un 40% mixto- una de las principales razones de la tensin tnica que se vive en la nacin. Se elogi en el discurso a Mauritania como un pas moderno, dinmico y emprendedor, cuando la expectativa de vida es de 52 aos y el 40% de la poblacin vive por debajo del umbral de la pobreza que, en Mauritania, es ser pobre entre los pobres.

Pero la cara de estupefaccin del Presidente Taya debi ser mayscula cuando el Rey ley aquello de Representis, adems, a un pas con el que compartimos la defensa de unos valores y principios que inspiran todo modelo de sociedad en libertad: la democracia, el estado de derecho y los derechos humanos y libertades pblicas. Cualquier otra persona con algo de dignidad se hubiera levantado de la mesa y hubiera resistido a la tentacin del cctel de langosta y la copa de Rias Baixas. Ninguna organizacin internacional seria ha avalado las sucesivas relegitimaciones de Taya, que lleg al poder tras el golpe de Estado de 1984 y se hizo reelegir, en diciembre de 1997, con un indecente 90,2%; el ordenamiento jurdico mauritano est conformado por una barroca mezcla entre el derecho civil francs, secuela de la poca de la colonia, y la Sharia, ley islmica, la misma que queran imponer los talibanes y que sirvi de excusa para la invasin de Afganistn; hace apenas algunos meses, Amnista Internacional denunciaba la lamentable situacin de los derechos humanos en Mauritania, donde las torturas, los malos tratos, los juicios sin garantas y los presos polticos estn a la orden del da.

Todas estas cosas se le pasaron por alto al redactor del discurso del Rey, supongamos con algo de ingenuidad que por celo diplomtico. Pero lo que es un error incomprensible o, si no, un ejemplo mximo de cinismo- es la afirmacin tajante del Rey de que Espaa y Mauritania participaban conjuntamente del Proceso de Barcelona, cuando a los mauritanos se les excluy expresamente de tal posibilidad. Quin sabe, si no, si las cosas hubieran tomado otro rumbo en el pas.

En 1995 tuvo lugar la largamente esperada institucionalizacin de las relaciones entre la Unin Europea y el Mediterrneo. Libia, por razones obvias, y Mauritania, por no tan obvias, no se incorporaron al que sera conocido como proceso de Barcelona, que este ao cumple su dcimo aniversario y el regalo de cumpleaos fue declarar 2005 como Ao del Mediterrneo. Mauritania, se deca, no es un pas mediterrneo en un sentido reducido del adjetivo como si, por ejemplo, se pudiera negar la mediterraneidad de Portugal por contar slo con costa atlntica. Se olvid la imbricacin mauritana al Magreb, las condiciones de cohesin con la regin, sus necesidades sociales, y se margin al pas que slo acude como invitado especial a las Conferencias Euromediterrneas. Los importantes proyectos de desarrollo e inversin que desarrolla la Unin Europea en los pases terceros de la asociacin mediterrnea slo llega en sus migajas a Mauritania, an cuando ms de la mitad de sus exportaciones e importaciones tienen como origen/destino los pases europeos. Diez aos despus de la Conferencia de Barcelona, todava se le hacen promesas a los mauritanos sobre la posibilidad de su prxima entrada en el proceso. Los europeos deberan preguntarse si la exclusin mauritana del proceso de Barcelona no ha sido una de las causales que han propiciado la desestabilizacin, la falta de democracia, la pobreza y, en definitiva, la infelicidad de la poblacin mauritana.

Porque, realmente alguien se acordaba de Mauritania? Pareciera que no, salvo cuando las noticias se hacan eco de los lucrativos convenios sobre pesca que firmaba el gobierno mauritano con la Unin Europea, o cuando Taya era reelegido una y otra vez con una suculenta proporcin de los votos, lo que llenaba alguna columna en la seccin de Internacionales. Los presos polticos, las fatdicas condiciones sociales de su poblacin o la oposicin en el exilio (una gran parte de la cual ha aplaudido el golpe de Estado) permanecan ms olvidados, si cabe, que el propio pas. En los ltimos tiempos, las expectativas de produccin de petrleo levantaron el inters de las multinacionales, vidas de sociedades desestructuradas y gobiernos corruptos a los que pagar barato lo que vendern muy caro. Por eso, la salida de Taya se produce en el peor de los momentos para los intereses de las multinacionales.

Y es que, aparte del petrleo, poco importaba un pas complicado, en la frontera con el frica negra, sin posiciones convincentes sobre el Shara y con una poblacin deprimida. Siete de cada diez mujeres mauritanas no saben leer ni escribir, setenta de cada mil nios no sobreviven al nacimiento y la mitad de la poblacin subsiste milagrosamente de la agricultura en un terreno rido, pedregoso y desrtico en su buena parte. Por eso no deja de extraar el repentino inters por la situacin poltica mauritana y el comunicado de condena hacia los golpistas de los Estados Unidos, la Presidencia de la Unin Europea, la ONU, la OTAN, incluso la Unin Africana.

Desde luego, ningn golpe de Estado es, por principio, justificable, ni legitima a ningn gobierno. Slo las elecciones limpias, la Constitucin vinculante y democrtica y el respeto de los derechos humanos lo hacen. Por eso, el gobierno que merecen los mauritanos no es ni el del derrocado Taya ni el del actual consejo militar.

Rubn Martnez Dalma. Universidad de Valencia.Instituto Mediterrneo de Estudios Europeos (IMEE)



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