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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2014

Las disyuntivas del movimiento estudiantil

Editorial Nuestra Amrica
Rebelion


El movimiento estudiantil ha sido un importante dinamizador de las luchas polticas durante los ltimos aos en Chile. Si bien, no son el nico eje de acumulacin-movilizacin social, s ha logrado convertirse en la punta de lanza de un movimiento de masas mucho ms vigoroso que cualquier otro visto despus del fin de la dictadura pinochetista y del comienzo de los gobiernos capitalistas de la Concertacin. Como decamos, el movimiento estudiantil ha podido alimentar con sus fuerzas y ejemplo a los movimientos territoriales (desarrollados en varias regiones de nuestro pas), como tambin, a los trabajadores movilizados por sus demandas, siendo el ms claro ejemplo el de la lucha portuaria desde hace unos meses atrs.

No obstante, pese a los avances evidentes en cuanto a contenidos y definiciones polticas respecto a aos y dcadas anteriores, el movimiento estudiantil -en este preciso instante- se encuentra detenido, a media mquina, anquilosado. Desde el ao pasado, pero especialmente durante este, las fuerzas polticas insertas en dicho movimiento de masas (y con capacidad real de conduccin) no han desarrollado realmente una poltica tendiente a intensificar la lucha de masas o de avanzar -al menos- en cuanto al desarrollo de un proyecto poltico que represente y sintetice los largos aos de lucha y confrontacin.

Esto es especialmente importante cuando, a todas luces, la fuerza del movimiento estudiantil sigue en un estado latente (la disposicin y la voluntad de movilizacin as lo demuestran). Ninguna de las pocas marchas convocada este ao, desde la Confech, baj de los 80.000 o 90.000 estudiantes movilizados en Santiago. Los 150.000 estudiantes movilizados a lo largo de todo Chile, han demostrado que la voluntad de lucha se encuentra intacta, y que las demandas construidas al calor de la movilizacin se encuentran plenamente vigentes en la conciencia de nuestros estudiantes.

Pero, a qu se debe la situacin de anquilosamiento?

Creemos que esta relevante pregunta tiene dos aristas importantsimas que hay que desarrollar para llegar a una respuesta coherente:

Por un lado, en la medida que la Concertacin y las Juventudes Comunistas (JJCC) han sido desplazadas del movimiento estudiantil, reduciendo su influencia y perdiendo importantes espacios de representacin a lo largo y ancho de todo el pas, nuevas fuerzas polticas se han logrado posicionar en su lugar. Esto les ha permitido ir afirmando sus definiciones polticas y dotando al movimiento estudiantil de contenidos programticos mucho ms avanzados. De hecho, ms concretamente, dos han sido los sectores que han ido consolidando el capital poltico del movimiento estudiantil.

Desde una vereda, el autodenominado bloque de conduccin (en esta ocasin no nos referimos a las pomposas y egocntricas auto-referencias de estas fuerzas polticas, aunque nos parece un tema significativo de abordar) se ha dado un importante aire, instalando sus posiciones dentro de destacadas federaciones (como la FECH, pero perdiendo -dicho sea de paso- la emblemtica FEC a manos una solida alianza poltica entre las organizaciones revolucionarias: Juventud Guevarista, Consejos Estudiantiles y Para Todxs Todo). Tambin han ido ampliando su influencia a sectores de obreros (Unin Portuaria, Siteco) o movimientos medioambientales (Movimiento Defensa por el Derecho al Agua y Proteccin del Medio Ambiente, Modatima). De todas formas, dicho marco de influencia, sigue siendo extremadamente limitado en cuanto a extensin y profundidad.

El bloque de conduccin viene funcionando (operando en la vulgar jerga maquinera) desde fines del 2012 y est compuesto por la Nueva Accin Universitaria (NAU, de la Pontfice Universidad Catlica), la Izquierda Autnoma (IA, en alianzas desde hace un tiempo con el Partido Progresista), el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL) y la Unin Nacional Estudiantil (UNE). Juntos renen a una cantidad importante de federaciones estudiantiles y mantienen un estrecho vnculo que les permite mantener una orientacin tctica ordenada dentro del movimiento estudiantil.

No obstante, en general, no han pretendido llevar adelante una poltica de confrontacin (de clase) entre el movimiento estudiantil y el nuevo gobierno (principalmente contra el Mineduc). Ms bien, de forma reiterada han desplegado una poltica de contencin de conflicto buscando, por medio de las negociaciones con el gobierno, la mayor cantidad de concesiones posibles para el movimiento estudiantil (no logrando ninguna hasta el momento).

No creemos que por parte de estos sectores haya una pretensin maliciosa enfocada a vender el movimiento estudiantil y sus demandas. Creemos que en verdad estn guiados por una concepcin de la lucha de clases extremadamente gradualista y etapista (incluso con importantes rasgos de conservadurismo de izquierda), incapaz de comprender los conflictos de forma dialctica, donde el factor movilizacin-confrontacin de clases (polarizacin de los antagonismos) es el ms importante a impulsar, desde una perspectiva estratgica.

Como decamos, lo importante para el desarrollo-profundizacin de la conciencia poltica de clase del movimiento estudiantil, es conseguir triunfos como consecuencia directa de la movilizacin y no por medio de la negociacin sesgada, donde en ltima instancia, siempre el poder ejecutivo tendr la potestad de reconocer o no las propuestas el movimiento estudiantil (evidentemente, si no hay fuerzas en las calles demostrando la voluntad de confrontacin, esta posibilidad aumenta exponencialmente).

Estos sectores facilitan el desarrollo de una nueva poltica de los consensos, pero esta vez de forma dual: desde un lado, la Concertacin-PC negocia las reformas polticas con el ala derecha del bloque poltico en el poder, mientras el ala izquierda, negocia (coopta) con todos aquellos que estn en el ala izquierda de este mismo bloque. Con esto, el ejecutivo, logra hacer un juego de bisagra donde, por un lado, sale ganando el agente poltico-conductor del bloque dominante (Concertacin-PC), sobre todo en cuanto a la recuperacin de su capacidad hegemnica y subordinacin de los sectores, capas y clases subalternas. Y, por el otro lado, las fuerzas motrices del movimiento estudiantil son desarmadas polticamente, ya que subordinan su actuacin al agente poltico-conductor del bloque dominante, perdiendo -claramente- toda capacidad de maniobra ofensiva dentro del movimiento estudiantil y parte importante de la legitimidad (hegemona) alcanzada en aos de lucha y organizacin. Todo lo anterior es consecuencia de lo que ya sealbamos: el gradualismo, el etapismo y el conservadurismo que, en el fondo, expresa la desconfianza en las fuerzas propias del movimiento estudiantil, como tambin en su capacidad de transformar la voluntad movilizadora en un proyecto poltico coherente, independiente y antagnico al del bloque dominante.

Por otro lado, a la izquierda de dicho bloque, se ha venido configurando y articulando un incipiente bloque poltico revolucionario, donde diferentes fuerzas polticas y federaciones estudiantiles se han estado organizando en funcin de sacar adelante propuestas polticas que busquen mantener la dinmica de movilizacin (reconociendo los vaivenes y reflujos propios de la lucha de clases) y centrando su apuesta en la conquista de las demandas emanadas desde el movimiento estudiantil durante aos.

No obstante, pese a que se han logrado importantes triunfos (por ejemplo: la instalacin de seis ejes programticos in-transables, cuestin que han recogido incluso los sectores moderados de la izquierda estudiantil), en trminos prcticos no ha gozado de la homogeneidad del bloque de conduccin.

Creemos que esto no sera, en primer lugar, una expresin de la heterogeneidad lgica de cualquier alianza poltica entre diferentes fuerzas (de todo el pas), sino ms bien, expresin de una izquierda revolucionaria muchas veces incapaz de articular propuestas polticas coherentes que adems comprenda la necesidad de disputar los espacios de conduccin. Muchas fuerzas, ms que disear propuestas polticas y articular tcticas enconadas de implementacin, apuestan -pobremente- a desarrollar tcticas de rompimiento con el reformismo bajo el objeto de visibilizar las diferencias presentes en el movimiento estudiantil.

Dicha poltica, fundamentalmente reactiva, convierte a algunas fuerzas en simples grupos de agitacin que no coadyuvan a la disputa de los espacios de representacin o -en los espacios de representacin propiamente tal- no contribuyen a la disputa de polticas revolucionarias frente a las propuestas reaccionarias o moderadas. La historia a demostrado una y otra vez que este tipo de comportamientos es, a lo menos, estril.

En otro plano, pero en la misma vereda, se da que sectores revolucionarios estn siendo cooptados por las lgicas de los moderados, no siendo capaces de disear una poltica propia, asumiendo -de paso- gran parte de los preceptos propios de los gradualistas (como el aliciente permanente a que no hay condiciones polticas para desarrollar la movilizacin). Dicho argumento (tpico del conservadurismo de izquierda) expresa ntidamente la ausencia de una poltica revolucionaria audaz que se enfoque precisamente en crear las condiciones polticas y sociales (algo que, por cierto, debiesen hacer precisamente los revolucionarios) para la confrontacin entre sectores dominantes y dominados.

La izquierda revolucionaria debe enfocar su accionar en la construccin de condiciones adecuadas para la movilizacin radical, no esperar que e creen por s solas (o que pasen los mundiales de futbol, las copas Amrica, etc., como tristemente hemos escuchado este ao) y centrar su praxis en el diseo de tcticas que expresen una poltica centrada en la polarizacin de clases: desarrollo de los antagonismo entre los sectores en el poder y los sectores en lucha. Ello, y solo ello, nos llevar a pararnos de forma ordenada y relativamente homognea frente a las polticas impulsadas por los moderados y gradualistas que curiosamente tildan de maximalista o ultra-izquierdista a toda propuesta que se presente como una alternativa real de lucha para el movimiento estudiantil, mismo vocablo utilizado colricamente por los obtusos partidos reformistas latinoamericanos frente a los revolucionarios durante dcadas y dcadas.

El movimiento estudiantil debe desarrollar el dilogo con el gobierno, slo en la medida que exista un pleno ascenso-fortalecimiento respecto a su capacidad de movilizacin (condicin favorable para imponer criterios de todo orden) y, por tanto, como expresin de una correlacin de fuerzas favorable para los intereses y demandas de nuestros estudiantes. Establecer dilogos hoy, es equivalente a subordinarse absolutamente a una tctica de la Concertacin-PC que busca revitalizar la poltica de los consensos que permiti la estabilizacin del rgimen de explotacin econmica y dominacin poltica, y el retroceso del movimiento obrero y popular construido en casi dos dcadas de lucha contra la dictadura militar.

El gobierno no posee la capacidad de aislar las demandas estudiantiles o de desplazarlas hacia la marginalidad por medio del discurso de la supuesta intransigencia de los actores en conflictos. Aquello es darle mucho crdito a un bloque en el poder que atraviesa una crisis de hegemona: crisis de legitimidad, de representacin y de participacin desde hace ms de una dcada (crisis que, por cierto, debemos profundizar con fuerza y no contribuir a su saneamiento jugando bajos las reglas poltico-institucionales de la clase dominante) y desconfiar, a la vez, de lo arraigadas y legitimadas que se encuentran las demandas y los objetivos programticos del movimiento estudiantil en todo nuestro pas, sobre todo entre los sectores ms explotados que depositan sus esperanzas en un movimiento estudiantil clasista y combativo.

Por lo tanto, debemos definir hacia qu lado apostamos nuestras cartas: confiar en el gobierno y su (re-editada) poltica de los consensos? O confiar en las fuerzas propias de un movimiento estudiantil consolidado en aos de lucha y organizacin? La correcta definicin de esta respuesta orientar la salida tctica para esta coyuntura y, por tanto, el destino del movimiento estudiantil en el corto plazo.

Salida moderada o salida rupturista? Para los revolucionarios, est claro que es la segunda opcin la ms pertinente, en funcin de los objetivos antes sealados y de la profundizacin de los antagonismos de clases, y para la ignominia caterva de moderados y sofistas, cul ser la apuesta? Su obsesin por defender a ultranza las conversaciones con el gobierno, demuestra claramente cules son sus vulgares y mediocres intenciones.

http://revistanuestramerica.wordpress.com/2014/07/21/las-disyuntivas-del-movimiento-estudiantil/



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