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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2014

De la ciudadana florero a los nuevos sujetos polticos

Joaquin Garca
Rebelin


La crisis econmica, el descrdito de los partidos polticos que han mantenido el bipartidismo durante estos aos, la tensin social, el aumento de la represin, la corrupcin institucional, las tensiones territoriales nacionalistas, la cronificacin del paro, la emergencia de nuevos partidos sin el lastre de gestiones anteriores Hay bastantes indicios que apuntan a que podemos estar ante una encrucijada: avanzamos hacia una segunda Transicin, o bien se abren vas hacia lo que podramos considerar como la primera Ruptura.

El primer escenario hay quien lo relaciona con el cambio generacional en la corona, en el PSOE o en IU; con algunas concesiones en el terreno de la transparencia institucional; con la necesidad de modificar la Constitucin en su modelo territorial pero tambin en otros aspectos como los que se pueden derivar del Tratado de Libre Comercio e Inversiones con EE.UU que est negociando a espaldas de la ciudadana la Unin Europea; con una desregulacin progresiva de los derechos laborales y la privatizacin de los bienes y servicios pblicos. La necesidad de esta segunda Transicin se suele fundamentar en el hecho de que el Consenso del 78 est siendo desmantelado, y lo curioso es que no ha sido la gente de la calle que sufre la crisis quien lo ha roto, han sido las lites econmicas y polticas las que lo han hecho asignando ayudas masivas a los sectores financieros con el dinero de todos a fondo perdido, con las sucesivas reformas laborales que permiten que la precariedad campe a sus anchas, o con la reforma constitucional del artculo 135 que antepone el pago de la deuda a la cobertura de las necesidades bsicas de la poblacin. El PP no da abasto con tanto Real Decreto, tiene que sacar adelante paquetes legislativos que aprueba por esa va sin pasar por el Congreso un da s y otro tambin, y es que hemos llegado a una situacin en la que el poder no puede cumplir ni sus propias leyes.

Junto a este primer escenario hay un segundo, el de la primera Ruptura, ese que se expresaba en las marchas de la dignidad del 22-M, aquellas marchas que el poder poltico y meditico redujeron a unas imgenes de altercados con decenas de manifestantes y policas heridos. Esas marchas exponan 4 reivindicaciones calificadas por el presidente de la Comunidad de Madrid en sede parlamentaria como propias de neonazis:

- No al pago de la deuda

- Ni un recorte ms

- Fuera los gobiernos de la Troika

- Pan, trabajo y techo para todos y todas

Es penoso tener que usar la palabra Ruptura para pedir estas cosas, pero desgraciadamente hay que utilizarla. Estamos en un escenario que David Harvey denomina de acumulacin por desposesin o que el Papa Francisco describe como economa que mata, y muchos califican todava estas reivindicaciones como de intolerables, de estar anclados en el siglo pasado, de negar la cultura del esfuerzo y cmo no, de ser anti-sistema. Calificativo este al que tendremos que ir cogiendo cario, les dejo un par de lemas de pancartas y una definicin para que lo mediten: El capitalismo no funciona, la vida es otra cosa, No somos anti-sistemas, el sistema es anti-nosotros, y del diccionario de la RAE, y para quienes se preocupen por la recta moral, la definicin de virtud moral: Hbito de obrar bien, independientemente de los preceptos de la ley, por sola la bondad de la operacin y conformidad con la razn natural.

Para hablar de nuevos sujetos polticos en la encrucijada actual no tiene demasiado sentido detenerse en la segunda Transicin, es casi seguro que la figura de la ciudadana florero que promocion con tanto xito la primera Transicin, una ciudadana que dejaba la construccin social y poltica en manos de profesionales de los partidos y de tecncratas, seguir teniendo un papel demasiado relevante. Para hablar de nuevos sujetos polticos hay que hacer referencia a lo instituyente, no a lo instituido; hay que referirse a ese momento de la vida poltica en la que sta se percibe como algo intermitente, no exenta de conflictos, desacuerdos, tensiones y nuevos repartos de fuerzas; hay que centrar la atencin en esa parte de la sociedad que comprende que su papel activo y protagonista en la construccin del bien comn es irrenunciable; en definitiva, hablar de nuevos sujetos polticos es hacerlo de transformaciones posibles en las que conviven dos procesos: uno destituyente y otro constituyente.

El proceso destituyente

Es el ms fcil de identificar para la gente. Al que ms y al que menos le han llegado las imgenes por la tele de las mareas ciudadanas, del 25-S o quiz del mismo 15-M con las plazas llenas de gente reunidas en asambleas gritando aquellas frases: No nos representan, Lo llaman democracia y no lo es, No hay pan para tanto chorizo Mensajes que ponen de manifiesto la existencia de una profunda crisis del ordenamiento poltico, una crisis que ratifican las encuestas cuando en ellas se identifica a la clase poltica como una de las principales causas de preocupacin entre la ciudadana, una crisis de la que los medios de comunicacin se hacen eco denunciando casi a diario tan solo una pequea parte de los casos de corrupcin institucional existentes.

La gente percibe cmo el sufrimiento no se reparte por igual, cmo la austeridad no se aplica de forma equitativa, cmo los bancos vuelven a presentar beneficios mientras que las familias y pequeas empresas siguen sin poder acceder al crdito, cmo la impunidad acompaa a los grandes defraudadores mientras la ley se endurece para quienes salen a la calle a denunciar tanta injusticia. Socialmente crece la percepcin de que vivimos en un sistema cargado de contradicciones, que extiende la desigualdad, que es opaco en muchos aspectos de su funcionamiento y que est reido con la coherencia y la honradez intelectual. Y un sistema as hay que cambiarlo.

Se habla de destitucin porque desde posiciones de poder la palabra dimisin no tiene buena prensa, se la percibe como un gesto de debilidad y de reconocimiento del propio fracaso, adems de acarrear la prdida de privilegios. Sin embargo, desde otras perspectivas, hoy por hoy, y con la que est cayendo, dimitir suena a capacidad de autocrtica y coherencia, pero eso no abunda. Echando la vista atrs se constata cmo los derechos sociales nunca fueron concesiones de los poderosos de su tiempo sino conquistas de quienes estaban sometidos, y esa misma lgica la podemos extender a casi cualquier mbito y escenario, tambin en nuestra crisis.

Cuando se utiliza el trmino destituyente no slo se hace pensando en personas que se han aprovechado de su cargo o que han participado en redes corruptas, se utiliza para referirse tambin, y principalmente, a todo un entramado institucional que ampara y favorece ese tipo de comportamientos. El ejemplo de esta semana nos puede ayudar a ilustrar un poco esta dinmica: el Tribunal de Cuentas, inoperante ante tanta corrupcin en las administraciones pblicas ha esperado a que se le acusara pblicamente de nepotismo al contar con una plantilla en la que 14% de sus componentes tienen lazos familiares, para sacar a la luz el lamentable estado de cuentas de al menos 9 partidos polticos que estn en quiebra tcnica. La informacin se usa como instrumento de poder no como herramienta de lucha contra el fraude, aunque es indudable que saca a la luz una estructura partidista que depende en tal grado de los prstamos bancarios que es inevitable preguntarse por el margen de independencia que les queda, ms all de discursos retricos.

Todo el mundo sabe lo que quitara, lo que sobra, pero saberlo y desearlo no es suficiente, hay que tener fuerza social como para poder hacerlo posible y ese es un punto fundamental que reclama la creacin de nuevos sujetos polticos. Destitiuir supone disputar el sentido comn establecido que acepta como inevitable la desigualdad, disputar las fuentes de legitimidad que amparan comportamientos y estrategias reproblables y, finalmente, disputar los mbitos polticos con capacidad de decisin.

Pero el proceso destituyente no solo tienen ojos para erradicar lo que es intolerable, ese proceso supone tambin una oportunidad para descubrir lo que es necesario, lo que hay poner en marcha y lo que hay de bueno en lo que ya funciona.

Proceso constituyente

Se trata de abrir un espacio en el que la ciudadana pueda debatir, participar y construir un nuevo pacto, una nueva dinmica social y poltica que responda a sus necesidades reales y con la que se pueda sentir identificada.

Es un proceso que converge con las reivindicaciones y las luchas que hoy tienen lugar, y no al margen de ellas. Conviene tener presente que las demandas sociales suelen estar fundamentadas en unas necesidades que nos dan pistas sobre lo que debemos construir y, por tanto, que el trabajo reivindicativo tiene un valor constituyente no solo destituyente, an cuando el objetivo no se llegue a conseguir.

Hay que ser creativos porque el sistema ha renunciado a ello y solo ofrece una frmula: la precarizacin progresiva y la cronificacin de la desigualdad. No aporta nada nuevo, tan solo el proceso de desregulacin progresiva de todo aquello que pueda suponer trabas o barreras al incremento del lucro privado de unas minoras, y todo es todo, incluido los Estados. Llegados a este punto por qu no abrir un proceso constituyente en el que la ciudadana exprese sobre qu pilares y con qu instrumentos quiere construir las relaciones, dinmicas y prioridades que permitan organizar la vida social, poltica, econmica y cultural? El momento por el que pasamos requiere afrontar estas iniciativas.

Habr quien argumente que el pueblo no est preparado para abordar tal empresa, y eso desplegara un campo de accin inmediata en ese proceso constituyente, pero lo que no es aceptable es que ese argumento se dilate ms y ms en el tiempo sin ponerle remedio porque si el pueblo no est preparado para afrontar esas tareas podemos afirmar que en l reside la soberana?, quin decide si el pueblo est o no preparado?, podemos hablar de democracia o habra que decir que en realidad estamos en un sistema en el que los partidos polticos tutelan a un menor de edad? En la Transicin ya asistimos a un proceso tutelado con un puado de padres constitucionales, hoy en da esa frmula sera inaceptable. Conviene recordar que los partidos polticos no son los sujetos constituyentes tan slo son instrumentos de representacin formal, en realidad, lo poltico se construye tambin en otros mbitos principalmente de carcter social, y es desde ah desde donde hay que arrancar para transformar la situacin existente.

Los partidos deberan desempear un papel que facilitara la transformacin de los sujetos sociales en poderes constituyentes, sin embargo, este proceso no se da. La partidocracia no tiene problema en convivir con sujetos sociales desarticulados, sin toma de conciencia de su papel y polticamente dependientes. Es por esto que urge politizar la sociedad para que sta no se acostumbre a poner la gestin del bien comn en manos de personas cuya experiencia vital dista mucho de la de aquellos a los que acaban no slo representando sino tambin suplantando.

Un proceso constituyente no se abre y se cierra en un par de tardes y no se resuelve con decir lo que otros hacen mal. Exige ser propositivos; tener los pies en la tierra y al tiempo sentido utpico; confiar pero sin renunciar a la rendicin de cuentas; desarrollar una nueva institucionalidad pero para servir mejor a los ciudadanos; escuchar mucho y hablar poco; saber ceder pero enriqueciendo al contrincante; saber ganar aceptando lo que del otro hace mejor nuestra propuesta; reclamar derechos y exigir deberes... Pero tambin implica saber decir no a las dinmicas impositivas, a las instrumentalizaciones y dirigismos, a las propuestas que ponen en riesgo la dignidad de las personas, a los procesos que niegan la transparencia en la gestin y la rotacin en las responsabilidades, a las propuestas que afirman privilegios, consolidan la impunidad o favorecen la concentracin de poder Y, finalmente, requiere saber gestionar los conflictos de intereses, no dejando que los intereses particulares se impongan a los intereses generales.

Los nuevos sujetos polticos

Como es obvio el poder establecido no va a permitir que los procesos destituyentes y, menos an, los constituyentes tengan el menor recorrido. Han dado ya sobradas muestras de esta forma de comportarse. A este tema le dedicaremos otro espacio de reflexin, pero dejando al margen esta consideracin, de momento conviene detenerse en qu son y qu hay que poner de nuestra parte para que surjan nuevos sujetos polticos.

Siguiendo a una autora argentina podramos referirnos a sujetos polticos como sujetos colectivos y organizados que irrumpen en el espacio poltico constituido a travs de discursos, gestos y actos, fragmentando los lugares en los que aparecen de forma abrupta (aunque no necesariamente violenta), hablando y actuando en claves de universalidad ms all de su propia contingencia, con la perspectiva de un mundo que se ha de relacionar de un modo nuevo, mostrando otra racionalidad, y todo ello a pesar de no haber sido contados como existentes.

Un ejemplo de sujeto poltico lo tuvimos en el Movimiento Obrero, pero hoy la clase obrera no desempea la funcin transformadora que debe tener un sujeto poltico, a lo sumo nos podemos referir a ella como un actor social ms. Los desposedos de esta crisis podran convertirse en un sujeto poltico, pero todava no se han articulado polticamente. El 15-M pudo dar pasos en esa direccin pero no ha sabido dotarse de unos objetivos polticos concretos y de una organizacin que le permitiera dinamizar las realidades supraasamblearias. En definitiva, los sujetos polticos no abundan porque no existen como tal realidad a priori. El sujeto poltico no es una condicin anterior al proceso de transformacin, es en el proceso mismo de transformacin en el que se revela su condicin.

El tener conciencia poltica no puede entenderse como un don innato o una cualidad que puede instalarse en cada sujeto individual desde el exterior de sus modos y condiciones de vida, al margen de sus formas de participacin en las luchas. Las personas toman conciencia participando en el proceso de cuestionamiento-transformacin de su realidad, sobre todo, cuando ste se articula con procesos de reflexin y maduracin colectiva acerca de los resultados de cada lucha o movilizacin, analizando crticamente aciertos y deficiencias, fracasos y logros.

Y cmo podemos favorecer la constitucin de esos sujetos polticos?

Hay un recorrido de base que debemos hacer acompaando y acompaados por otros para avanzar en un camino que desemboca en construirnos mutuamente como protagonistas de la vida poltica y social. Un recorrido que ha de partir de lo cotidiano, de los problemas del da a da, valorando los espacios para afrontar junto con otros esas dificultades, porque el quehacer poltico vivido individualmente nada tiene que ver con su vivencia de forma colectiva y comunitaria. Desde ah habr que ir elevando la mirada para conjugar lo local con lo global, al tiempo que se van dan pasos desde el mundo de los valores, que hacen referencia a las cualidades, al mundo de las virtudes que se vinculan al modo de proceder. Y desde ah elaborar propuestas polticas que transformen la realidad existente. Lo podramos resumir en los siguientes pasos:

- Dejarse afectar por la realidad

- Desarrollar una conciencia crtica formar criterios

- Descubrimiento del sentido social

- Forjar una voluntad social

- Disputar el sentido comn

- Hacer una propuesta poltica

- Debatir esa propuesta con otros, enriquecerla y buscar apoyos intra e intersectoriales

- Consolidar los cambios propuestos sin descartar que esto se pueda hacer desde nuevas formas de institucionalizacin.

Este recorrido, entre otras cosas, permitira estar socialmente en lo poltico y polticamente en lo social. Pero no es este el punto de llegada del recorrido, hay que hacer referencia a la vida interasociativa.

- Cada grupo autorganizado debe tener claro los elementos que le identifican, aquellos que son fundantes de su identidad y que, por tanto, son esenciales en su aportacin a la construccin de lo comn.

- Hay que poner recursos para identificar otras experiencias con las que converger en actividades y fines, creando redes colaborativas.

- Hay que trabajar los mbitos sectoriales desde un anlisis universal, al tiempo que identificando aquellas claves que pueden ser transversales a otros sectores y campos de quehacer.

- Hay que determinar cules son los problemas centrales, aquellos que estn presentes en distintas realidades y que, por tanto, son los elementos fundamentales a afrontar en la tarea transformadora. Y hay, adems, que priorizarles para poder ser operativos.

- Hay que hacer una tarea de construccin de la unidad desde la pluralidad entre colectivos, que no se agota en la accin. Unidad que es fundamental para poder presionar e implantar las propuestas transformadoras y sin la cual no podremos hablar de sujetos polticos sino slo de actores polticos.

Necesitamos hacer posibles los procesos destituyentes y los constituyentes, necesitamos esos sujetos colectivos que los encarnen, y todo ello sin perder de vista aspectos que son fundamentales:

- Que la persona ha de ser el centro de toda construccin social, poltica, econmica y cultural.

- Que no se trata tanto de tomar el poder como de construirlo desde abajo.

- Que todo poder est llamado a transformarse en servicio.

- Que la unidad exige esfuerzo y dedicacin pero tambin eleva y enriquece cualquier proyecto que llevemos entre manos.

- Que el control desde lo social y la construccin de una institucionalidad son dos elementos necesarios para que los procesos de transformacin puedan ser una realidad.

Est en tus manos, est en nuestras manos.

Joaquin Garca, agradeciendo el trabajo de construccin de pensamiento colectivo llevado a cabo desde la Escuela Poltica del 15-M en el Barrio del Pilar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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