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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2014

La poesa y la guerra (de nuevo)

Arturo Borra
Rebelin


Escribir un poema contra la guerra no va evitar que los seres humanos sigan matndose entre s. No persuadir a quienes ejecutan prolijamente las rdenes genocidas ni, mucho menos, a quienes las imparten sin conmiseracin. No alterar las decisiones estratgicas que las promueven ni permitir cerrar una sola fbrica de misiles; no modificar los hilos de esa farsa que llaman opinin pblica ni favorecer el boicot a los que lucran con los muertos; no erosionar los silencios que se ciernen sobre los que sufren ni consolar a los que sobreviven. Un poema contra la guerra ni siquiera puede justificarse como catarsis. Horada, quizs, el curso sereno de la escritura, pero no subvierte las estructuras que sostienen la regularidad de ese crimen institucionalizado que es la guerra.

Escribir poemas contra la guerra no otorga a nadie un ttulo de nobleza y hasta puede convertirse en una manera oportunista de procurar notoriedad (ms fantaseada y efmera que otra cosa). La polmica es parte del espectculo y escribir un poema sobre las penosas circunstancias de una guerra siempre corre el riesgo de convertirse en una de sus formas.

Todos saben de la soberana inutilidad de escribir un poema contra la guerra. No supone mrito esttico alguno y su calidad es tan variable como quien lo escribe. Un poema semejante es como un poema sobre el hambre o el sufrimiento humano, el amor o la soledad, la dicha o la muerte. Siempre corre el riesgo de recaer en tpicos tan obvios como falaces, de repetir motivos que se apagan en su grandilocuencia, de insistir en el mismo gesto simplista o ingenuo. Quien sabe que un poema contra la guerra es intil, tampoco puede confortarse con escribirlo. Quien se conforma con escribir esa clase de poemas no vive el desconsuelo: se limita a atenuar la estocada, toda esa vergenza annima que nos cae encima por permitir que una guerra siga siendo posible.

Sin embargo, quien carga contra un poema semejante, no debera cargar tambin contra cualquier gnero de escritura que cuestione la guerra (comenzando por los ensayos y las novelas)? Y por qu limitarse a estos escritos? No tendra que arremeter, asimismo, contra la pintura, el cine, el teatro, la msica o cualquier otra produccin artstica que se manifieste contra la guerra? Y por qu habra de detenerse ah? Roto ya el dique del arte o la escritura, no estara obligado a disparar contra los tratados filosficos o las ciencias sociales, en suma, contra cualquier discurso que no se conforme con aceptar la guerra como hecho inexorable? Cundo esos discursos han detenido alguna vez un disparo (en el caso de que ese hubiera sido su objetivo)?

Tampoco hay razones para limitarse a los discursos artsticos, cientficos o filosficos. Al fin de cuentas, cuntas muertes han evitado los movimientos pacifistas? Y para apurar el razonamiento: por qu no cuestionar a los gobiernos nacionales que cuando no entran directamente en guerra la permiten, a los gremios que organizan sus cuerpos militares, a las iglesias que enfervorizan a sus feligreses con llamados santos, a los medios que no median para evitar la masacre, a los periodistas convertidos en profesionales de la desinformacin, a la educacin escolar que prepara la barbarie en nombre de la civilizacin, a las ONG que humanitariamente ayudan a enterrar a los muertos, a los ciudadanos y ciudadanas que se pronuncian intilmente contra tanto estrago? Qu decir de esos rganos gangrenados que organizan la desunin y hacen autopsias de los crmenes de guerra que pronto olvidarn con su retrica pacificadora? Qu hay del Fondo Miserable Internacional y del Banco Mundial de la Injusticia, que vienen a alzar esplndidas autopistas con el montculo de cadveres que deja la guerra?

Todos presumen saber que la impotencia es el signo de nuestra poca. Impotencia para detener una guerra, evitar el holocausto cotidiano, encarcelar a los payasos cleptocrticos que declaran la guerra en sus despachos, enjuiciar a los amos que hacen de la guerra a muerte su ley de vida, revertir el saqueo que la guerra corporativa instaura como moneda de cambio, impedir el estado en guerra y su expansin de escombros.

Todos saben que vivimos en guerra y ms todava quienes escribimos contra ella. Escribir contra es una forma de luchar, ms all de la lgica de la guerra, aun si hubiera ocasiones en que parece ineludible. No es una simple declaracin de amor o una negativa abstracta a toda forma de violencia, sino apuesta por una lucha sin guerra. La confusin de la lucha con la guerra es parte de la derrota. La impotencia colectiva es efecto de la guerra que perdimos los que vivimos contra.

Todos saben de la declaracin de guerra que los poderes han lanzado contra las mayoras fracturadas, convertidas en minoras. Es cierto que las guerras actuales son cada vez menos guerras: se limitan a la masacre -el mero barrido del otro. No por ello habramos de dejar inclume la lgica de la guerra como enfrentamiento a muerte con un enemigo en ltima instancia espectral. La guerra de fuerzas que deliran su omnipotencia construyen impotencia en cada barrido. Tambin esa impotencia ante la guerra, consecuencia de la derrota, es lanzadera para construir otras posibilidades humanas ms all de la guerra, una potencia otra que se niega a lo que las elites de la guerra ordenan.

Llegados a este punto, qu sentido tiene no ya escribir un poema sino una vida contra la guerra? A la inversa, qu sentido tiene el ser humano que ha desistido de luchar contra los ejecutivos y empresarios de la guerra -esos operadores de la catstrofe?

Todos presumen saber que la impotencia potica es parte de la impotencia generalizada ante la guerra. No convertiremos ms que a los convertidos, no disuadiremos a los seores de la guerra, no impediremos que sigan ejerciendo su poder de muerte o hagan del crimen un negocio rentable. Defender los armisticios, reivindicar el dilogo, apostar por el reconocimiento no va a detener el curso indiferente de la aniquilacin. Incluso sus cronistas terminan formando parte de la guerra como frmula suprema de la nulidad.

Pero aun si no supiramos nada del sentido de esta prctica de lucha, podramos sealar que escribir y vivir contra la guerra puede contribuir a sustraernos de la cadena de la impotencia y cuestionar la resignacin ante lo que declaran imposible. Puede que escribir contra la guerra sea una forma de no sumarse al estado de guerra o al orden social de los escombros, a la excepcionalidad permanente de la guerra convertida en regularidad de la tristeza.

Entonces, no slo escribir un poema contra: vivir, manifestarse, resistir a la guerra. Ejercer la libertad de cuestionar el estado de guerra, poner bajo suspenso la impotencia generalizada en la que vivimos. Quizs no todos saben que escribir poemas contra la guerra es una forma de no habituarse a ella, que formular un discurso contra la guerra es un modo de no aceptar la indiferencia zoolgica que da por inexorable una existencia en guerra. Quizs no todos saben que el llamado contra la guerra, incluso si su fin no fuera divisable, es una forma de recordar una sociedad deseable antes que un orden temido, una interrogacin por la justicia antes que una justificacin del derecho (a la guerra), una reivindicacin de la igualdad humana antes que una constatacin de las jerarquas (militares) de la vida en guerra.

No todos saben que parte de la guerra es impedir la imaginacin de un tiempo sin guerra, un porvenir en que no ya no es necesario escribir o vivir contra la impotencia ante la repeticin escandalosa de la guerra. No todos saben que la formulacin de la promesa de una sociedad ms all de la guerra es parte del deseo revolucionario de sabotear las mquinas de guerra que cada da nos aplastan. Luchar contra la guerra es erosionar la vida en guerra en que malvivimos incluso si escribimos contra. Escribir contra es dar testimonio de un dolor sin testigos y a travs de ese acto testimoniante rebelarse contra los que deciden que la guerra sea el nico discurso posible -la evidencia de nuestra impotencia.

Un discurso contra la guerra -lo sabemos?- es mejor que aquel que la defiende como mal necesario en la medida en que tambin se hace prctica contra el espectculo que niega la masacre de toda guerra, la muerte irreductible del otro que sigue ah, sin sepultura ni testimonio. Escribimos contra para cambiarnos a nosotros mismos y desafiar el mutismo obediente a los seores de la guerra. Qu sera de nosotros si esos discursos y prcticas se anudaran, construyeran una cultura contra, trazaran lazos entre los cuerpos, ltimo soporte de la guerra, incluso si fuera tele-dirigida? Qu clase de omnipotencia megalmana podra condenar a la impotencia una contracultura en comn?

Tambin la escritura puede resistir al canto de las sirenas, tambin la vida puede resistir, rebelarse como sueo, ayudarnos a confiar en las posibilidades humanas ms all de la guerra (aun si su fin no cesara de postergarse), en el reconocimiento del otro como semejante, en la promesa de comenzar a cambiar el mundo en que malvivimos desmotando la guerra que llevamos dentro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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