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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2014

El verdadero enfoque del punto sobre las vctimas

Timolen Jimnez
http://farc-ep.co/

En la Mesa de conversaciones de La Habana no contamos con ms fuerza que la de las ideas, ni con ms armas que la de la verdad.


El tema de vctimas que ser discutido prximamente en la Mesa de Conversaciones de La Habana ha generado una andanada enorme contra las FARC-EP en la gran prensa. Incluso quienes se esfuerzan por parecer neutrales, tras advertir que la responsabilidad de los agentes estatales comprometidos judicialmente en conductas ilcitas tambin debe ser sealada, terminan haciendo parte del coro general segn el cual los peores delincuentes somos nosotros.

Entre sus principales valoraciones figura sin duda que la responsabilidad de los agentes del Estado tender siempre a ser individualizada, ovejas negras o chivos expiatorios, por los que el propio Estado a lo sumo ser obligado a responder patrimonialmente y quizs constreido a pedir perdn en cuanto omisiones o errores, sin que ello implique ninguna otra consecuencia jurdica o poltica. Una plata y una placa para la memoria bastarn para que nada cambie en Colombia.

Del lado del poder, desde luego. Porque del lado de la rebelda s que habr terminado todo para siempre. Porque todos a una parten de que en ella las responsabilidades individuales no existen, pertenecen a toda la organizacin y en gracia de discusin a sus mandos o dirigentes principales. Ellos personalmente debern dar cara a sus vctimas, contarles toda la verdad, pedir perdn por sus crmenes y aceptar cabizbajos la condena ms o menos generosa de la sociedad condolida.

Todo el Establecimiento apuesta a que seremos hechos picadillo. Desde ya invitan al gran pblico a la plaza, a presenciar el espectculo de ver arder en la hoguera a los peores enemigos de la patria. As que la cuestin para nosotros no es fcil, se trata en realidad de otro escenario del combate, tan desigual y asimtrico como el que se presenta en los campos del pas. En la Mesa no contamos con ms fuerza que la de las ideas, ni con ms armas que la de la verdad.

Sabemos que harn cuanto est a su alcance para silenciarnos, para ensombrecer los testimonios que les resulten incmodos, para magnificar cuanto resulte til a sus propsitos. Pero nos anima que no se trata de un debate inocuo entre la palabra de ellos y la nuestra, sino de una exposicin de hechos cumplidos, una reconstruccin histrica de los orgenes y realidades del conflicto, elaborada en conjunto con el pueblo colombiano, y en la que no tenemos nada que temer.

Somos guerrilleros colombianos, militantes activos de una organizacin revolucionaria que recin cumpli cincuenta aos de lucha invencible. Nos sentimos orgullosos de ello, no nos arrepentimos ni siquiera por un instante de lo hecho. Y jams vamos a hacerlo. Porque nacimos y crecimos en este pas que amamos como a nuestra madre, y al que desgraciadamente hemos visto baado en sangre y persecuciones desde nuestra infancia. Es eso lo que hemos combatido siempre.

Poderosos terratenientes que contaron siempre con hombres armados a sueldo para imponer su voluntad y desterrar propietarios de tierras que codiciaban para ellos. Jefes polticos liberales y conservadores acostumbrados a ejercer poder absoluto en regiones enteras, dispuestos a cualquier cosa para impedir el desarrollo de otras alternativas polticas. Acaudalados empresarios fastidiados con la organizacin sindical de sus trabajadores y pagando por su eliminacin.

Reputadas compaas trasnacionales sobornando altos funcionarios estatales a objeto de obtener las mejores condiciones para el saqueo de los recursos del pas, enemigas por conviccin de cualquier asomo de lucha por condiciones dignas entre sus trabajadores. Comandantes militares y jefes policiales corruptos siempre prestos a poner sus tropas al servicio de la causa de tales empresas, de tales terratenientes, de tales jefes polticos y de su propia avaricia.

El poder imperial de los Estados Unidos defendiendo su hegemona en el continente mediante intervenciones y pactos militares, que sujetaron a sus intereses las fuerzas militares y policiales colombianas. Generales y tropas convencidos de que los partidos y movimientos de oposicin, las organizaciones sociales y populares y cualquier otra expresin de inconformidad equivalan a subversin al servicio de la Unin Sovitica, por lo que haba que exterminarlos a todos.

Preceptos constitucionales como el Estado de Sitio, o legales como la justicia penal militar aplicada a civiles, o de defensa nacional que autorizaron y desarrollaron la creacin de los grupos paramilitares en Colombia, bajo la conduccin directa de mandos militares, todo eso existi en nuestro pas, y se ha prolongado con otras formas hasta nuestros das, desde mucho antes de que hubiera brotado aqu el primer movimiento alzado en armas contra el Estado.

El rgimen antidemocrtico y excluyente caracterstico de tan impdica confluencia, que garantiz siempre el enriquecimiento creciente y los privilegios a una elite econmica, poltica y militar, y que se encarg de abrir una brecha de inequidad social asombrosa, requiri de la violencia y la aliment en proporciones aterradoras, para mantenerse inamovible y detener la generacin de movimientos y grupos polticos que pudieran significarle una seria competencia.

Por eso el crimen de Jorge Elicer Gaitn y la matanza de casi medio milln de colombianos en la dcada del cincuenta, por eso la presencia absurda del Ejrcito Nacional combatiendo en Corea, y su conversin al regresar al pas en fuerza de choque mortal contra el comunismo y cualquiera de sus presuntos aliados, por eso la guerra declarada contra Villarrica y ms tarde contra las llamadas repblicas independientes de Marquetalia, Riochiquito y dems.

Por eso la salvaje represin contra las zonas rurales, los sicarios contra el movimiento sindical y popular, por eso el florecimiento de las poderosas mafias del narcotrfico, siempre a la sombra de los jefes polticos ms importantes del pas, hasta el punto de discutirse hoy si fue que las mafias cooptaron los partidos polticos tradicionales o estos a los narcotraficantes. Por eso tambin la alianza entre los grandes capos y altos mandos militares y policiales.

Por eso el exterminio miserable de la Unin Patritica y gran parte de la dirigencia poltica y social de oposicin en el pas. Por eso la expansin del paramilitarismo con sus horrores hoy tan convenientemente echados al olvido, considerados ya juzgados y prximos a la reivindicacin poltica. Por eso las espantosas masacres, los despedazados con las motosierras, los echados a los caimanes, las casas de pique. Por eso los ms de seis millones de desplazados y desterrados.

Por combatir ese rgimen de terror estatal que debe acabarse, miles y miles de hijas e hijos de este pueblo entregan sus vidas en los campos y ciudades de Colombia. Miles han ido a parar a las crceles, miles fueron desaparecidos para siempre, devorados por las torturas y la brutalidad. Miles estn invlidos, mutilados, escondidos para siempre de los sabuesos del crimen. Esos son las guerrilleras y guerrilleros colombianos que Santos y Uribe suean tener en la picota pblica.

No va y les salga el tiro por la culata.

Montaas de Colombia, 26 de julio de 2014.


Fuente: http://farc-ep.co/?p=3557



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