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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2014

Un siglo despus: Jean Jaurs
El segundo muerto de la primera guerra mundial

Gonzalo Sarasqueta
Rebelin


El magnicidio del archiduque Francisco Fernando es tela compartida por la mayora de los historiadores. A izquierda y derecha, los hombres de las efemrides coinciden: el heredero al trono del imperio Austro-Hngaro fue, aquel 28 de junio de 1914, el cadver que inaugur ese colosal cementerio ecumnico, ms conocido como la primera guerra mundial. Ni siquiera el revisionismo ha osado husmear en los dos disparos ejecutados por el joven nacionalista bosnio, Gavrilo Princip, perteneciente a la agrupacin Mano Negra.

En cambio, a cien aos del inicio de la contienda blica, se ha hablado poco o nada sobre la segunda vida que se cobr dicha batalla. Varios deben suponer, con razn, que fue un soldado raso alemn. Quizs un cabo serbio. O un teniente turco. Pero no. Se trata de un francs, que no portaba ningn fusil. Mucho menos un rango militar. Nada relacionado al mundo castrense. Al contrario: estamos hablando de un pacifista que rechaz visceralmente la guerra entre naciones hermanas. Un socialista humanista que pele, desde su banca en el Congreso, hasta los ltimos instantes de su vida por la concordia entre los seres humanos. Un demcrata radical que aborreca el olor a plvora y la prepotencia de las armas. Lo suyo era la palabra elocuente, la reflexin de calado, el verbo intrpido: la Poltica con mayscula.

Como Francisco Fernando, tambin muri acribillado lejos de las trincheras. Tambin por dos balazos. Tambin de forma cobarde. Tambin por la clera de un nacionalista, que no toler su slida oposicin al conflicto armado que se estaba desatando en Europa. Roberto Arlt, en el diario El Mundo, hacia 1937, hizo un estupendo retrato periodstico de aquel homicidio acontecido el 31 de julio de 1914, en el Caf du Croissant de Pars. Raoul Vilain, su asesino, fue absuelto de inmediato. El Demonio Blanco as lo llamaban, se exili en Ibiza, Espaa. All lo encontr una bomba perdida de la aviacin franquista, en plena guerra civil. Un chauvinista vctima del chauvinismo? Y s: los patriotas del odio siempre son parias en el circo ajeno.

Volviendo a la figura que nos incumbe. Educador. Filsofo. Orador brillante. Con gran aplomo, haca retumbar el hemiciclo. Frreo defensor de la escuela pblica, popular y laica. Compaero de los desposedos. Amigo de la clase obrera. Luch tercamente por desenrollar las tres banderas olvidadas ya en el ocaso del siglo XIX de la Revolucin Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Crea que la III Repblica (1870-1940) era el camino para culminar con la tarea inconclusa de aquellos hroes que enterraron a la monarqua. A travs de ella llegaran los derechos, la justicia social y la vida digna para el proletariado.

Alrgico a los sectarismos infantiles, al igual que Eduard Bernstein y otras personalidades de la II Internacional, propuso la va pacfica y gradual hacia el socialismo. Desconfi de todo sendero radical teido de sangre. No hay hoy da para el socialismo sino un mtodo soberano: conquistar legalmente la mayora. La Revolucin es el fin y este fin no puede ser obtenido sino al trmino de una evolucin en que las transiciones sern dirigidas y respetados los legtimos derechos. El llamado revolucionario a la fuerza no puede ser en la actualidad, para el proletariado, sino una prodigiosa mistificacin, en sus propias palabras. El salto hacia una sociedad ms justa deba fermentarse mediante la concientizacin del pueblo. Slo a travs del compromiso y la participacin popular, la humanidad podra superar el capitalismo y alcanzar el siguiente estadio. De nada servira la conduccin de un lder iluminado o una vanguardia si la mayora permaneca en las sombras del analfabetismo.

Su humanismo y sus convicciones democrticas le costaron un caudal importante de enemigos. De un lado, la derecha reaccionaria, ultra catlica y nacionalista, que lo detestaba por su solidaridad, su internacionalismo y su idealismo; del otro, el marxismo ortodoxo que lo calificaba como un hereje al servicio de los intereses de las clases poseedoras. Todos hilvanados por el dogmatismo ciego, ese amuleto que, ante el dficit argumentativo, ostentan los fanticos en cualquier pulseada.

Aun as, el Lion di Midi (Len del medioda) como se lo conoca se gan el respeto de grandes hijos de la historia. Algunos de ellos? El escritor mile Zola, con el que defendi codo a codo a Alfred Dreyfus, capitn del ejrcito galo perseguido por su condicin de judo. Justamente de este caso el novelista parisino engendrara el legendario texto denominado Yo acuso. Y para los que ya estn sospechando que se trata de un reformista burgus ms, otro admirador que tuvo fue ni ms ni menos que el propio Len Trotsky. Un ao despus de la muerte de este socialista oriundo de Castres, el autor de Historia de la Revolucin Rusa escriba: Su arte oratorio, su poltica, a pesar de las inevitables convenciones, revelaban una personalidad regia con una verdadera musculatura moral y una voluntad entregada ntegramente a la victoria. De Latinoamrica, por mencionar tres, Maritegui, Ugarte y Justo que lo recibi en Argentina en 1911 recogieron desde diferentes perspectivas su labor y la ajustaron a la realidad de la Patria Grande.

Pero la accin no era su nico deporte poltico. Este corpulento hombre de aguda sensibilidad tambin era un extraordinario intelectual. Con sus escritos aport a los diferentes debates que sobrevolaban la poca: la secularizacin de la educacin, la democratizacin del ejrcito y la organizacin en cooperativas de los sindicatos, entre otros. Sus obras ms trascendentales: La instruccin moral en la escuela, Historia Socialista de la Revolucin Francesa y Socialismo y Libertad. Como dato colateral, pero no menor: fund el diario L'Humanit, en un principio, rgano oficial del Partido Socialista, y luego, en los aos veinte, del Partido Comunista. El peridico persiste hasta hoy, aunque sin ningn vnculo estrecho con dichas fuerzas polticas.

El siglo XX tardara varias dcadas en sacar a la luz un personaje de su envergadura, que conjugara socialismo, libertad y democracia. Con el mismo idealismo fecundo, Salvador Allende Gossens intent materializar el sueo de un Chile ms justo y equitativo. Pero, otra vez, las fuerzas oscuras de la reaccin se lo impidieron. Y el desenlace, como si la historia estuviese empecinada en martirizar a estos intrpretes de las mayoras populares, tambin estara dominado por la tragedia: el presidente andino, en medio del asedio militar por parte de los golpistas a La Casa de la Moneda, le dar fin a su propia vida con el fusil AK 47 que le haba obsequiado Fidel Castro.

Hoy reposa en el Panten de Pars. Es vecino de Voltaire, Rousseau y Vctor Hugo. Su entraable amigo, mile Zola, para no perder el arte de conversar, lo sigue desde cerca; a tan solo unos metros. Por las noches, segn cuentan los vigilantes del lugar, se escucha a una voz tronar: La violencia es una debilidad. Es l, que, incansable y tenaz, sigue pregonando la paz. Pero, como atestiguan la Franja de Gaza y Ucrania, parece que nadie lo oye.

En eso anda, un siglo despus: Jean Jaurs.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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